Desarrollo embrionario y procesos reproductivos en los lagartos
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Guía sobre cómo gestionar el uso del biberón para do
Durante muchos años, ha persistido la afirmación de que «un biberón asegura toda la noche durmiendo», sugiriendo que los niños alimentados con leche artificial dormían más y mejor que los amamantados. Sin embargo, estudios como el publicado en Breastfeeding Medicine por las doctoras Amy Brown y Victoria Harries, que investigó la relación entre el biberón o papilla abundante antes de dormir y el sueño infantil, desmienten esta creencia popular.
De hecho, este estudio reveló que el 78,6% de los bebés se despertó al menos una vez durante la noche, y el 61,4% tomó leche (materna o de fórmula) al menos una vez a lo largo de la noche. Esto subraya que la creencia de que una toma abundante garantiza un sueño ininterrumpido es un mito.
Contrario a las leyendas urbanas de décadas pasadas, la evidencia científica demuestra que los niños amamantados duermen más y mejor que los niños alimentados con leche artificial. La lactancia materna ofrece dos ventajas fundamentales para el sueño del bebé:
La Sociedad Española de Sueño destaca la relación «íntima» entre la lactancia materna y el sueño. Es crucial que tanto profesionales sanitarios como madres comprendan esta evolución en la relación entre lactancia y sueño para evitar que la lactancia materna, de ser un facilitador, se convierta en un elemento que dificulte el descanso debido a una posible dependencia.
Es comprensible que los padres deseen que sus hijos duerman y recurran a métodos que parecen funcionar, incluso si implican tiempo o esfuerzo. Sin embargo, el biberón nocturno puede convertirse en una «herramienta temporal», o como algunos asesores del sueño lo califican, una «muleta» o «mal hábito».
Apropiado en los bebés más pequeños para la alimentación, el biberón se vuelve problemático cuando los niños crecen y lo utilizan no solo para llenar su barriga, sino también como un medio para iniciar el sueño y volver a dormir durante los microdespertares.
Cuando los bebés tienen alrededor de 6 meses (ajustado para prematuros), muchos expertos coinciden en que la mayoría de los bebés con un desarrollo típico no necesitan los nutrientes ni las calorías de las tomas nocturnas, ya que suelen consumir lo suficiente durante el día. Al cumplir el primer año, la necesidad nutricional nocturna es aún menor.
El problema surge cuando el bebé va creciendo y los despertares ya no se deben al hambre, sino a la dependencia del biberón. Al seguir ofreciéndolo, se refuerza la necesidad de "reenganchar" el sueño con el biberón, dificultando que el niño aprenda a dormirse de forma autónoma y logre tiradas de sueño más largas.
Todos experimentamos microdespertares de los que no somos conscientes al día siguiente, como beber agua o recolocar las sábanas. Los bebés, al tener estos microdespertares, suelen buscar lo mismo que necesitaron para conciliar el sueño inicialmente. Si dependen del biberón para dormirse, estos microdespertares se convertirán en despertares completos, requiriendo ayuda para volver a dormir.
El sueño infantil es evolutivo y madurativo. Para un descanso verdaderamente continuado y reparador, un bebé debe dormirse sin la necesidad de muchas ayudas, sentirse seguro en su espacio de dormir y haber llegado a la noche con una presión de sueño adecuada. El equilibrio del sueño diurno es fundamental: demasiado o muy poco sueño durante el día puede afectar negativamente el sueño nocturno.
Es apropiado dar el biberón a los bebés más pequeños, ya que necesitan fórmula o leche materna para alimentarse. Sin embargo, a partir de los 6 meses (ajustado en el caso de bebés prematuros o con otras consideraciones especiales de salud como problemas digestivos o de crecimiento), la mayoría de los bebés con un desarrollo típico no necesitan los nutrientes y las calorías de las tomas nocturnas, pues sus necesidades nutricionales suelen estar cubiertas durante el día. Al cumplir el primer año, ya no necesitan las calorías de la leche materna o de fórmula para pasar la noche.
Los expertos recomiendan dejar de dar biberón a los bebés entre el primer y segundo año de vida. Cuanto más tarden los padres en iniciar esta transición, más apegados estarán los niños a sus biberones, haciendo más difícil el proceso de retirarlo. Es crucial hablar con el médico del bebé antes de realizar cambios en sus horarios de alimentación si existen dudas o condiciones de salud particulares.
Retirar el biberón nocturno de la rutina del bebé es importante por varias razones:
Muchos niños pequeños desarrollan un fuerte apego a sus biberones. Es fundamental que los padres comiencen la transición hacia las tazas y vasos hacia el final del primer año de vida, ya que cuanto más se demore, más difícil resultará romper el hábito.
Si el bebé se despierta por la noche y solo logra calmarse y dormirse de nuevo con el biberón, estas estrategias pueden ser de ayuda. Es importante recordar que un bebé que se ha acostumbrado a tomas nocturnas podría experimentar hambre real si se le retira el alimento de golpe; es vital que su estómago se habitúe progresivamente a recibir menos alimento por la noche.
Retirar el biberón a la hora de dormir es más difícil para un niño pequeño que para un bebé, ya que los hábitos están más arraigados. Para tener éxito con este grupo de edad, a menudo es necesario un cambio "de golpe", es decir, eliminar los biberones por completo.
Una estrategia motivacional divertida puede ser "El Hada del Biberón". Aproximadamente una semana antes de la fecha elegida, se le comunica al niño que es mayor y que el Hada del Biberón vendrá pronto para recoger todos sus biberones y llevárselos a los bebés que los necesitan. Es importante mantener esto por un período corto (unos pocos días a una semana) para evitar ansiedad. El día señalado, entre la siesta y la hora de acostarse, se convierte en un juego. Cuando el niño no esté mirando, se recogen los biberones y se sustituyen por un regalo del Hada del Biberón. A la hora de dormir, si el niño busca el biberón, se le recuerda al Hada y que ya es un niño grande. Se le explica que ya no hay biberones en casa, ya que el Hada del Biberón se los llevó a los bebés que los necesitan. Confíe en que el pequeño eventualmente beberá leche en tazas para sorber o normales durante el día.
La realidad es que un bebé debe despertarse; es sano y seguro que así lo haga, aunque para los padres la falta de sueño sea agotadora. Los niños necesitan dormir más que los adultos, aproximadamente el doble, pero no lo hacen de forma continua, sino durmiendo a ratos y necesitando dormir cada menos tiempo.
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