A medida que los niños crecen y exploran el mundo que los rodea, afrontando nuevas experiencias y retos, los miedos ocasionales son comunes. El miedo es una emoción básica y universal en todos nosotros, cuya función es activarnos al percibir un peligro o amenaza para nuestra vida. Actúa como un recurso de protección que previene la ocurrencia de determinadas situaciones temidas. Los miedos son evolutivos y “normales” a cierta edad, cambiando el objeto temido a medida que el niño crece y su sistema psicobiológico va madurando. Durante la infancia, el cerebro todavía está aprendiendo a distinguir entre amenazas reales, amenazas posibles y amenazas imaginadas. Por eso un niño puede experimentar un miedo intenso ante una sombra, un ruido, una habitación a oscuras o un personaje inventado. Entender esto es muy importante para las familias.

La evolución de los miedos infantiles
La presencia de miedos durante la niñez y adolescencia suele ser frecuente y forma parte del desarrollo evolutivo normal. A medida que los niños crecen, los tipos de miedos que experimentan tienden a cambiar.
Miedos comunes en diferentes etapas de la niñez
Aunque nuestra atención se centra en la preadolescencia, es útil comprender la progresión de los miedos:
- Durante las primeras semanas de vida, el bebé discrimina entre reacciones positivas y negativas.
- A partir del segundo año, descubren animales que pueden hacer daño, les disgusta la oscuridad, no pueden dormirse solos y se angustian con heridas o lo desconocido.
- Con 3 y 4 años, sus miedos se hacen más patentes, generando fantasías acerca de fantasmas, monstruos o "malos de los cuentos" que se esconden en la oscuridad.
- Entre los 5 y 9 años, mantienen el miedo a separarse de sus padres, a los animales, a la oscuridad y al daño físico, sumando el temor a seres malvados (ladrones, secuestradores), personajes imaginarios (brujas, fantasmas, el "coco") y/o seres sobrenaturales. A los 7 y 8 años, añaden su temor a hacer el ridículo.
Miedos específicos de los 9 a 12 años
Entre los 6 y los 11 años el niño empieza a tener la capacidad de diferenciar las representaciones internas de la realidad objetiva. Los miedos serán más realistas y específicos, y desaparecen los temores a seres imaginarios o del mundo fantástico. En esta etapa, los miedos pasan de ser más concretos y ligados a la fantasía a ser cada vez más cognitivos, anticipatorios y sociales.
En el rango de edad de 9 a 12 años, los miedos suelen parecerse cada vez más a formas de ansiedad que también se verán en la adolescencia. Ganan peso los temas relacionados con el rendimiento, la evaluación social, el juicio de los demás, los cambios físicos y algunas preocupaciones más abstractas como la enfermedad, la muerte o la seguridad personal y familiar. A esta edad, muchos niños empiezan a compararse más, a notar más al grupo, a preocuparse más por la imagen y a vivir los errores con más vergüenza.
Los principales temores a esta edad incluyen:
- El temor al fracaso escolar, que a menudo está asociado a problemas de autoestima.
- El miedo a la separación de los padres en aquellos casos en que el niño percibe un ambiente inestable en la familia. Es un miedo muy frecuente a esta edad.
- El miedo a la soledad, que los hace sentir indefensos, incluso cuando están rodeados de gente pero no se sienten aceptados (en el colegio) o solos en su habitación.
- La posibilidad de accidentes y catástrofes: En esta etapa los niños son muy sensibles a los problemas que puedan ocurrir en la realidad.
- La muerte: ya entienden que ellos también van a morir algún día.

Cuando el miedo se convierte en un problema: Fobias y trastornos de ansiedad
La mayoría de los miedos en la infancia son leves y, con palabras reconfortantes y apoyo, suelen desaparecer por sí solos al cabo de un tiempo. Sin embargo, en ocasiones, los miedos pueden volverse tan extremos, persistentes y focalizados que se convierten en fobias.
Identificación de fobias
Las fobias, que son miedos intensos e irracionales, pueden interferir de manera significativa en las actividades diarias habituales de un niño. Por ejemplo, un niño de 10 años podría sentirse tan aterrorizado por los informativos sobre un asesino en serie que podría insistir en dormir con sus padres por la noche. Esto se diferencia de un miedo evolutivo normal en que la fobia es desproporcionada y persistente, afectando la vida cotidiana.
Tipos de trastornos de ansiedad relevantes
Además de las fobias específicas, los niños en esta etapa pueden experimentar otros trastornos de ansiedad:
Ansiedad por separación
La ansiedad por separación es común en los niños y puede intensificarse cuando la familia se muda a un nuevo vecindario o los niños comienzan una nueva etapa escolar. Estos niños podrían tener miedo a ir a un campamento de verano o incluso asistir a la escuela. El niño muestra un miedo intenso y desproporcionado cuando se separa de sus padres, creyendo que puede pasarle algo malo a él o a sus padres. Lo manifiesta no queriendo ir al colegio, ni a otros lugares en los que va a estar sin sus padres (excursiones, casa de amigos, etc.). Pueden aparecer síntomas físicos como dolores de cabeza, de estómago, vómitos y mareos, que mejoran rápidamente al volver con los padres. Si el niño no pierde el miedo al colegio y sigue teniendo síntomas, debe ser evaluado para descartar un problema de ansiedad por separación.
Fobias sociales
Algunos niños tienen fobias hacia las personas que conocen a diario. Esta timidez grave puede impedirles tener amigos en la escuela y relacionarse con la mayoría de los adultos, especialmente con los extraños. Pueden evitar a propósito situaciones sociales como fiestas de cumpleaños, reuniones de clubes o entrenamientos deportivos. Puede resultarles difícil hablar a gusto con cualquier persona que no pertenezca a su familia directa.
Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)
En el trastorno de ansiedad generalizada el niño tiene una preocupación constante y desproporcionada, así como una sensación continua y muy molesta de que algo malo va a suceder. Los niños suelen preocuparse demasiado sobre si hacen bien las cosas, son muy inseguros, excesivamente rígidos y preocupados con la puntualidad, entre otros aspectos.
Trastorno por ataques de pánico o de angustia
A diferencia del trastorno de ansiedad generalizada, en este trastorno el niño o adolescente tiene ataques recurrentes de crisis de pánico o de angustia. Estos ataques se caracterizan por la aparición brusca e inesperada de síntomas físicos como taquicardia, sudoración intensa, temblor, respiración rápida, sensación de falta de aire, de ahogo, o de que no puede tragar, sensación de frío o calor. También presentan síntomas psicológicos como temor a morirse, a perder la razón o a perder el control. La aparición de estos síntomas se suele confundir con ataques de asma o episodios de taquicardia de origen cardiaco.
Trastorno de estrés postraumático (TEPT)
Cuando un niño se expone o es víctima de una situación catastrófica en la que corre peligro su vida (accidente, desastre natural, violencia familiar o terrorismo), o a una situación crónica como un maltrato físico, puede responder con síntomas depresivos y de ansiedad característicos. Varios factores pueden afectar la respuesta de un niño ante este tipo de catástrofe, incluyendo la forma en que los niños perciben la respuesta de sus padres, la "cantidad" de destrucción y muerte presenciada, y la cercanía de la catástrofe a su familia. Los niños con este trastorno a veces creen que el suceso traumático está sucediendo de nuevo (los llamados "flash-backs") y repiten la catástrofe en sus juegos, o tienen pesadillas intensas. Es crucial que los padres de niños que hayan sufrido o presenciado un evento traumático estén alerta ante posibles cambios en el comportamiento, como el rechazo a la escuela, miedos persistentes relacionados con el evento, alteraciones del sueño, irritabilidad, problemas de conducta o quejas físicas sin causa aparente.

Estrategias de los padres para ayudar a sus hijos a superar los miedos
Los padres pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a sus hijos a comprender y superar sus miedos. Aquí hay algunas sugerencias prácticas:
Comunicación y comprensión
Hable con su hijo sobre sus preocupaciones y sea comprensivo. Explíquele que muchos niños tienen miedos, pero que con su apoyo él puede aprender a superarlos. Identifique el miedo que tiene y hágalo sentir comprensión y seguridad. Reaccione de forma relajada y tranquila, sin regañarle. Prueba a decirle: "Es normal que te sientas así." Validar es reconocer lo que el niño siente: “entiendo que te asusta”, “veo que esto te da miedo”, “sé que ahora lo estás pasando mal”. Esta diferencia es importante, no es lo mismo que confirmar que existe peligro real. Ridiculizar, enfadarse o responder con un “no pasa nada” muy rápido suele funcionar mal, porque el niño necesita sentirse comprendido antes de poder aprender algo nuevo.
Lo que debe evitarse:
- No menosprecie ni ridiculice los miedos de su hijo, especialmente delante de sus compañeros. La burla o el ridículo de sus temores no es una ayuda para superarlo, sino que hace que sienta menos confianza en sí mismo y que trate de ocultar su miedo.
- No intente presionar a su hijo para que sea valiente. Le llevará tiempo afrontar y superar gradualmente sus ansiedades.
- Evitar asustar para que obedezca, por ejemplo, diciendo: “si no comes viene el coco”.
- Evitar reasegurar sin fin, es decir, responder una y otra vez a la misma duda.
- Evitar explicar demasiado cuando el niño está activado por el miedo.
Control del entorno y exposición
Controle el uso que su hijo le da a los medios electrónicos. Esto incluye la exposición a imágenes aterradoras en películas, videos en línea y videojuegos violentos. Asegúrese de que los medios electrónicos sean apropiados para su edad. Es buena idea elaborar un plan de consumo digital familiar. Limite las imágenes, las películas y los programas que asustan, ya que estas cosas pueden provocar miedos. Ayude a los niños y a los adolescentes a aprender a prepararse para los desafíos, como los exámenes o los trabajos escolares, y hágales saber que cree en ellos. Los horarios y las rutinas claras, junto con el establecimiento de expectativas, ayudarán a reducir la ansiedad.
No evite los miedos. Si a su hijo no le agradan los perros, no cruce la calle deliberadamente para evitar encontrarse con uno. Esto solo reforzará la idea de que está bien tenerles miedo a los perros y evitarlos. Cuando su hijo tenga miedo, mantenga la calma. Después, ofrézcale contención y cariño mientras se acercan al objeto o la situación que le causa temor. Si el niño evita siempre la situación temida, el cerebro aprende que "evitar es seguro", y entonces el miedo crece.
Herramientas prácticas para el afrontamiento
- Concretar el miedo: Muchos niños expresan el miedo con conducta, no con palabras (lloran, se enfadan, se pegan al adulto, evitan entrar a un sitio). Ayuda muchísimo preguntar: “¿qué crees que puede pasar?”, “¿qué es lo peor que imaginas?”, “¿qué te asusta más de todo eso?”. Cuando el miedo se concreta, deja de ser una nube enorme y se convierte en algo abordable.
- Explicación sencilla: Explíquele los hechos de manera sencilla, adecuando el contenido a su edad.
- Herramientas de regulación emocional: El miedo activa el cuerpo. Por eso no sirve centrarse solo en hablar. Conviene enseñar una herramienta sencilla y repetible, como respirar más lento, notar los pies en el suelo o usar un pequeño anclaje sensorial.
- Exposición gradual: La exposición gradual rompe el aprendizaje de la evitación. No se trata de obligar de golpe, sino de proponer pequeños pasos, como quedarse un poco más, acercarse un poco más o tolerar un poco más de incomodidad. Busquen soluciones conjuntamente para ayudarle a que se enfrente de forma gradual a sus temores. Al principio con vuestra ayuda, dándole tiempo para que lo vaya haciendo poco a poco solo o sola, siendo constantes pero sin exigirle.
- Fomentar autoestima y autonomía: Favorezca su autoestima y autonomía para que vaya tomando sus propias decisiones sobre cómo afrontar sus miedos.
- Visión adecuada del día a día: Ofrézcale una visión adecuada del día a día, enséñele a no preocuparse excesivamente por lo que ocurre, y a que lo mejor es buscar soluciones a los problemas.
- Apoyo del entorno: Ayúdele a que los demás en su entorno también comprendan sus temores.
- Reforzar el afrontamiento: Elogie y premie a los niños por enfrentar situaciones de ansiedad. Cuando los niños afrontan un problema, elógielos y tranquilícelos. Esto los ayudará a aprender que pueden afrontarlos una vez más en el futuro. Puede considerar ofrecerles una pequeña recompensa.
- Uso del humor: Y sonría. Si algo es aterrador, con un toque de humor será mejor.
- Rutinas de sueño: Permitir dormir con los padres debe ser algo muy excepcional, como motivo de fiesta, pero nunca como medio para solucionar el problema. Para un niño con miedo a dormir solo, una rutina tranquila puede incluir una luz tenue, comprobar la habitación una sola vez, practicar respiración lenta un minuto y quedarse unos minutos en la cama sin llamar.
El MIEDO para niños 😱 ¿Qué es el miedo? 😰 Emociones para niños
Tratamiento especializado para miedos y fobias persistentes
La mayoría de los niños hacen frente a los miedos y las preocupaciones normales con el apoyo de sus padres. Sin embargo, algunos niños necesitan más ayuda. Si los miedos y las preocupaciones son muy intensos o impiden que un niño lleve una vida normal, podrían ser un indicador de un trastorno de ansiedad.
Cuándo buscar ayuda profesional
Su hijo podría beneficiarse de reunirse con un psiquiatra o psicólogo infantil especializado en el tratamiento de fobias si sus ansiedades persisten e interfieren en la posibilidad de disfrutar de la vida cotidiana. Las señales para buscar ayuda profesional incluyen miedos que le provocan síntomas físicos (como dolor de estómago, dolor de cabeza o ritmo cardíaco acelerado), o si su hijo nota que le falta el aire, se marea o tiene náuseas. Si el problema se mantiene semanas o meses sin mejorar, conviene observarlo más de cerca. A nivel clínico se usan marcos de referencia como DSM-5-TR, recomendaciones NICE o la clasificación OMS/CIE-11 para valorar el impacto, el contexto, el mantenimiento y los recursos del niño.
Terapia conductual: Desensibilización gradual
Afortunadamente, la mayoría de las fobias son bastante tratables. Como parte del plan de tratamiento para las fobias, muchos terapeutas sugieren exponer al niño al origen de su ansiedad en pequeñas dosis, que no representen una amenaza. Con la orientación de un terapeuta, un niño que le tiene miedo a los perros, por ejemplo, podría comenzar por hablar de este miedo y mirar fotografías o un video sobre perros. Luego, podría observar a un perro del vecindario detrás de la seguridad de una ventana. A continuación, con uno de los padres o un terapeuta a su lado, podría pasar unos minutos en la misma habitación con un cachorro tierno y amistoso. A la larga, podrá acariciar al perro. Con el tiempo, se acostumbrará a situaciones en las que haya perros más grandes y desconocidos.
Este proceso gradual se llama desensibilización, lo que significa que su hijo será un poco menos sensible al origen de su miedo cada vez que lo enfrente. Por último, el niño ya no sentirá la necesidad de evitar la situación que fue la base de su fobia. El tratamiento de la ansiedad por separación, por ejemplo, es sencillo y eficaz, y consiste en una exposición repetida y gradual al estímulo que crea su ansiedad (ir al colegio).
Otras herramientas terapéuticas
A veces la psicoterapia también puede ayudar a los niños a aumentar la seguridad en sí mismos y ser menos temerosos. Los ejercicios de respiración y relajación también pueden ayudar a los niños en circunstancias estresantes. La terapia conductual es la primera línea de tratamiento de las fobias. En ocasiones excepcionales, cuando la terapia conductual no ayuda lo suficiente, el médico de su hijo puede recomendar medicamentos como parte del programa de tratamiento, siempre como complemento de la terapia conductual y no como única herramienta terapéutica. Estos medicamentos pueden incluir antidepresivos, diseñados para aliviar la ansiedad y el pánico.