Las Salamandras: Anfibios Fascinantes y Anamniotas

La salamandra es un anfibio urodelo (con cola en estado adulto) capaz de adaptarse a diversos medios. Existen más de 600 especies diferentes de salamandras en todo el mundo, con una gran diversidad de características y tamaños. Aunque a menudo se asemejan a lagartos con sus cuerpos delgados, patas cortas y colas largas, su piel húmeda y su ciclo de vida las clasifican firmemente dentro de los anfibios.

Es fundamental señalar que, al ser anfibios, las salamandras son animales anamniotas. Esto significa que sus embriones se desarrollan sin la protección de un amnios, una membrana característica de los amniotas (reptiles, aves y mamíferos). Su desarrollo embrionario ocurre generalmente en el agua o en ambientes húmedos, donde los huevos no necesitan esta capa protectora para evitar la desecación.

Características Físicas y Sentidos

Foto de una salamandra común mostrando sus características físicas

Las salamandras varían en tamaño, desde especies pequeñas hasta gigantes. La salamandra común, por ejemplo, puede alcanzar los 20-25 cm de longitud. Su cabeza es robusta, con ojos redondeados y prominentes, tras los cuales se observan poros glandulares. La piel es lisa y brillante, con una coloración variable; por lo general, presentan un fondo negro con manchas amarillas de tamaño y forma diversas según la subespecie. Se han registrado casos de albinismo y melanismo.

Visión

Los ojos de la mayoría de las salamandras están principalmente adaptados para la visión nocturna. En algunas especies acuáticas, los ojos se reducen de tamaño y poseen una retina simplificada, mientras que en habitantes de cuevas, como la salamandra ciega de Georgia, están ausentes o cubiertos por una capa de piel. Las especies anfibias tienen una visión de corto alcance en el aire y una buena visión en el agua. Las especies completamente terrestres poseen una lente más plana que puede enfocarse en un rango de distancias mucho más amplio. Para localizar a sus presas, las salamandras utilizan una visión tricromática que se extiende al rango ultravioleta.

Cola

La cola desempeña múltiples funciones vitales. En su estado larval acuático, las salamandras la utilizan, aplanada lateralmente, para propulsarse a través del agua con movimientos ondulatorios. En las familias Ambystomatidae y Salamandridae, la cola del macho, que es mayor que la de la hembra, se usa durante el apareamiento para ayudar en el acoplamiento. En especies terrestres, la cola equilibra el peso del animal, mientras que en salamandras arbóreas es prensil. Algunas especies también la emplean para saltar.

Dientes y Alimentación

Las salamandras son depredadores oportunistas y carnívoros. Generalmente, no se limitan a alimentos específicos, sino que se alimentan de casi cualquier organismo de tamaño razonable. La mayoría de las especies de salamandra tienen dientes pequeños tanto en la mandíbula superior como en la inferior. A diferencia de las ranas, incluso sus larvas poseen estos dientes. Aunque los dientes de las larvas tienen forma de conos puntiagudos, los de los adultos están adaptados para sujetar fácilmente a la presa.

Cuando la presa lucha, las puntas de los dientes se relajan y se doblan en la misma dirección, facilitando el movimiento hacia la garganta y resistiendo el escape de la presa. Una salamandra terrestre atrapa a su presa con un movimiento rápido de su pegajosa lengua, en una acción que dura menos de medio segundo. Las secreciones de moco de las glándulas en la punta y en el techo de la boca vuelven la lengua pegajosa. Las secreciones de la piel de la salamandra tigre (Ambystoma tigrinum) han demostrado producir aversión al sabor en los depredadores.

Hábitat y Distribución

Mapa de distribución de la salamandra común en la Península Ibérica

Las salamandras son anfibios sedentarios que habitan en zonas húmedas y de umbría con vegetación mojada, a menudo bajo la hojarasca y siempre cerca de algún punto de agua. Necesitan estar cerca del agua porque su piel se deseca rápidamente y para la reproducción. Las larvas se desarrollan en pequeños cuerpos de agua, ya sean naturales, como arroyos y charcas, o artificiales, como abrevaderos, fuentes y manantiales.

La salamandra común (Salamandra salamandra) tiene una distribución amplia, siendo uno de los anfibios más comunes en la región paleártica occidental y prácticamente por la totalidad del viejo continente. En España, está presente en todas las regiones húmedas de Galicia, la cornisa Cantábrica y todos los Pirineos, siguiendo los contornos de las sierras del Sistema Central, Montes de Toledo, Sierra Morena y las sierras Béticas. En la Península Ibérica, su densidad es mayor en el norte y Galicia.

En Málaga, es frecuente en zonas de montaña, distribuyéndose por toda la Serranía de Ronda y sus estribaciones, aunque es más rara hacia el este, donde se encuentra en las sierras de Antequera, Villanueva del Rosario y Villanueva del Trabuco. Las salamandras malagueñas pertenecen a una subespecie (Salamandra salamandra longirostris) endémica de las provincias de Cádiz y Málaga, y sus poblaciones más orientales se encuentran en regresión. Está incluida en el Listado Andaluz de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.

Respiración y Metamorfosis

La salamandra no cumple la regla general de los anfibios que desarrollan pulmones al llegar a la edad adulta. En función de la especie, existen tres formas de respiración: por pulmones, por branquias o a través de la piel. Algunas especies solo tienen branquias y nunca llegan a desarrollar pulmones. Los adultos terrestres tienen pulmones y solo acuden al agua cuando las hembras alumbran a las larvas, mientras que las larvas tienen branquias.

Esquema del ciclo de vida de la salamandra, incluyendo metamorfosis

El proceso de metamorfosis, donde las larvas acuáticas pierden las branquias y desarrollan pulmones para la vida terrestre, está bajo el control de las hormonas tiroideas. Sin embargo, no todas las especies de salamandras siguen este camino. La neotenia, también conocida como pedomorfosis, se ha observado en todas las familias de salamandras y puede ser universalmente posible en todas las especies. En este estado, un individuo puede retener sus branquias u otros rasgos juveniles, mientras logra la madurez reproductiva.

En neotenes obligados, como el ajolote (Ambystoma mexicanum), los tejidos aparentemente no responden a las hormonas tiroideas. En otras especies, los cambios no se desencadenan debido a una hipoactividad del mecanismo hipotálamo-hipófisis-tiroides, lo que puede ocurrir cuando las condiciones en el medio terrestre son demasiado inhóspitas.

Reproducción

La salamandra se aparea en tierra, normalmente en primavera u otoño. A diferencia de ranas y sapos que presentan una fecundación externa, el 90% de las especies de salamandra tienen una fecundación interna. Los machos depositan en el suelo unas bolsas de esperma (espermatóforos), que luego las hembras recogen para fecundarse. Una vez las han tomado, pueden retener los espermatozoides dentro de su cuerpo hasta un año y medio.

Las salamandras pueden poner huevos, ser ovovivíparas o vivíparas, en función de la subespecie. La salamandra común es una especie ovovivípara: las larvas (entre 25 y 45 por parto) nacen en el interior del útero de la madre, que más tarde las alumbrará necesariamente en algún punto de agua. La madre debe desplazarse por el suelo del bosque buscando un punto de agua donde dar a luz a sus crías. Es frecuente encontrarlas en fuentes y abrevaderos, sobre todo en las sierras calizas, donde escasean las charcas y arroyos debido a la naturaleza permeable de sus rocas. El desarrollo de las larvas dura entre 3 y 5 meses, tras los cuales realizan una metamorfosis en la que adquieren las características de la fase adulta y abandonan el agua. Resulta sencillo observar larvas de salamandra común en el agua entre los meses de enero y febrero.

Regeneración y Defensa

Infografía sobre la capacidad de regeneración de las salamandras

Una de las capacidades más asombrosas de las salamandras es su habilidad para regenerar extremidades, y la velocidad a la que lo hacen depende de su edad y especie. Además de las extremidades, también pueden reemplazar partes dañadas de sus pulmones, corazón y cerebro. A diferencia de los mamíferos, no cicatrizan; un ajolote joven puede regenerar una extremidad en tan solo 40 días, mientras que una salamandra terrestre más vieja puede tardar más de un año.

Las salamandras se protegen de depredadores gracias a una sustancia neurotóxica que segregan por los poros del cuerpo y las glándulas parótidas, lo que repele a muchos animales. Su llamativa coloración, con patrones de negro y amarillo, tiene un significado aposemático (apo, lejos; sema, señal): emiten señales de advertencia para mantener alejados a sus depredadores, indicando que son tóxicas y de muy mal sabor. Muy pocos depredadores se atreven con ellas; los que lo hacen, como las nutrias, han aprendido a despellejarlas hábilmente antes de consumirlas.

Evolución y Adaptación

Las salamandras llevan en el planeta Tierra al menos 230 millones de años. Se separaron de los otros anfibios durante mediados y finales del Pérmico, siendo inicialmente similares a los miembros modernos de la Cryptobranchoidea. Su parecido con los lagartos es el resultado de simplesiomorfia (un rasgo ancestral compartido), y no están más relacionadas con los lagartos de lo que lo están con los mamíferos. Se cree que los primeros peces que se aventuraron a salir del agua dieron lugar a anfibios como la salamandra, de donde descendieron posteriormente reptiles y mamíferos.

En 2020 se descubrió en Kirguistán el fósil de una salamandra más antiguo jamás hallado, Triassurus sixtelae, que vivió hace 230 millones de años durante el período Triásico. Este hallazgo muestra el desarrollo temprano de estos animales y brinda antecedentes sobre la divergencia entre las salamandras y otros anfibios modernos, como las ranas.

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Curiosidades y Especies Especiales

  • Especies gigantes: Aunque la creencia popular es que la salamandra es un animal pequeño, existen especies muy grandes. La salamandra gigante japonesa (Andrias japonicus), casi amenazada, puede crecer hasta un metro y medio de largo, mientras que la salamandra gigante china, aún mayor, puede alcanzar casi los dos metros. Se cree que hay cinco especies distintas de salamandras gigantes, aunque algunas ya podrían estar extintas.
  • Sirenas: Existe un suborden de salamandras llamadas sirenas. No atraen con sus canciones, aunque dos especies pueden producir vocalizaciones. Tienen cuerpos parecidos a anguilas con pequeñas patas delanteras vestigiales y sin patas traseras. A diferencia de la mayoría de otras salamandras, poseen branquias externas incluso en la edad adulta. Todas las sirenas se encuentran en los Estados Unidos.
  • Comunicación: La salamandra no tiene cuerdas vocales. Cuando se siente amenazada, hace ruidos parecidos a un chasquido, chillidos, clics o sonidos como de beso, al chasquear la mandíbula o dejar escapar exhalaciones agudas. Con los demás ejemplares de su especie, se comunica principalmente a través de señales químicas y del tacto. Algunas investigaciones sugieren que pueden comunicarse con clics de alta frecuencia, aunque no parecen tener las estructuras auditivas necesarias para detectarlos.
  • Resistencia al frío: Las salamandras son muy resistentes a las bajas temperaturas. En áreas con clima frío, hibernan enterrándose profundamente en la hojarasca o sumergiéndose en el lodo del fondo de arroyos y ríos. Algunas especies entran en un estado de latencia parecido a la hibernación para sobrevivir al frío invierno. La increíble salamandra siberiana tiene una habilidad aún más asombrosa para sobrevivir: puede ser congelada durante un tiempo, ya que genera una especie de "anticongelante" para proteger sus órganos internos. En períodos secos o sequías, excavan bajo tierra y entran en letargo para conservar la humedad.

Las Salamandras como Bioindicadores

Las salamandras son un barómetro de la salud de su hábitat. Como especie clave, a menudo son los depredadores más numerosos en su ecosistema. Comen mosquitos, insectos y otras plagas, incluidas las musarañas. También sirven como alimento para especies depredadoras más grandes. Las poblaciones de este anfibio reflejan la salud de los ecosistemas y sirven como un sistema de alerta temprana cuando disminuyen, debido a contaminantes como los PCB y los metales pesados.

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