“Te usa de chupete”, “es imposible que tenga hambre de nuevo”, “solo quiere jugar”... son frases que se suelen oír cuando un bebé pasa mucho tiempo en el pecho de su madre. La realidad es que, además de los momentos en que está comiendo, la lactancia le proporciona otras muchas cosas que él necesita y busca a través de lo que se denomina succión no nutritiva.

Más que una forma de alimentarse
En el pecho de la madre, el bebé encuentra mucho más que alimento. “En la teta se come, se duerme, se relaja, se siente seguro, se siente protegido...”, comenta la experta en lactancia Laura Villanueva. Así, la función de la lactancia materna excede mucho la tarea que popularmente se le reconoce: la de nutrir al bebé. Especialmente en sus primeras semanas de vida, el niño necesita de ese contacto tan estrecho con su madre para sentirse ‘a salvo’.
“Es puro instinto de supervivencia, que le dice que no puede alejarse de su mamá. Busca la teta todo el rato, aunque no sea para comer”, insiste la consultora. De ese modo, el bebé ‘vuelve’ al entorno que conoce: el del olor, el calor y la cercanía con su madre.
Diferencias entre succión nutritiva y no nutritiva
Cuando el niño está mamando, pasa por distintas fases que definen el tipo de succión:
- Succión nutritiva: Es la principal manera de recibir alimentación y requiere la habilidad de integrar la respiración, succión y deglución para una alimentación coordinada. En esta, el bebé succiona y luego deglute la leche.
- Succión no nutritiva (o afectiva): Se realiza sin la intención de obtener alimento. Es superficial, rápida y se caracteriza por pausas. A diferencia de la alimentación, tiene un efecto calmante y permite explorar el entorno.
Para diferenciar entre los dos tipos, hay que tener en cuenta que en la succión no nutritiva solo hay succión con distintas pausas, mientras que en la succión nutritiva el niño traga leche (hay deglución). A menudo, la toma termina con otra fase de succión no nutritiva, similar a la del inicio, que indica que el bebé está relajado y puede dormirse con el pecho en la boca.
Lactancia materna | Clínica Alemana
El papel del chupete y la succión digital
El niño puede pasar mucho tiempo al pecho para sentirse seguro, lo cual supone una disponibilidad casi completa de la madre. Por este motivo, y para calmarlo, a veces se recurre a un chupete o a la succión digital (chuparse el dedo). No obstante, es fundamental considerar lo siguiente:
- Cuándo ofrecer el chupete: Los expertos insisten en no ofrecerlo al recién nacido hasta que la lactancia esté bien establecida (generalmente pasadas las 3-4 semanas).
- Uso puntual: Se recomienda usarlo de manera puntual y no habitual, evitando que el niño lo tenga pegado al labio de forma constante.
- Riesgos a largo plazo: El uso continuado del chupete o la succión del dedo más allá de los 2 años puede producir alteraciones dentales, como la mordida abierta o cruzada, y dificultades en el habla.
La succión no nutritiva en prematuros
El uso de la succión no nutritiva es especialmente relevante en el entorno hospitalario para bebés prematuros. Un análisis global sugiere que practicarla con chupete reduce el tiempo que necesitan los bebés para pasar de la alimentación por sonda a la oral completa y disminuye la duración de la estancia hospitalaria. Además, ayuda a reducir el estrés y el dolor, favoreciendo el desarrollo neurológico y la estabilidad fisiológica del neonato.

Recomendaciones para los padres
La necesidad de succión disminuye gradualmente a partir del primer año de vida, a medida que el niño comienza a hablar, caminar y comer sólidos. Ante el uso de estos métodos de calma, los especialistas aconsejan:
- No convertir el chupete en una herramienta para retrasar las tomas de alimento.
- Fomentar un destete gradual y paciente a partir de los 2 años.
- Priorizar el contacto piel con piel o el uso de portabebés si la madre necesita realizar otras actividades mientras el bebé busca su cercanía.
En definitiva, la succión no nutritiva es una herramienta natural de autorregulación emocional. Comprender que no se trata de un comportamiento caprichoso, sino de una necesidad biológica y afectiva, permitirá a los padres responder a las necesidades de su hijo con mayor eficacia y tranquilidad.