El cáncer de ovario es el tercer tumor ginecológico más frecuente a nivel mundial. A pesar de su incidencia, continúa siendo la principal causa de mortalidad por cáncer ginecológico, principalmente debido a que suele diagnosticarse en estadios avanzados. Esta enfermedad se origina cuando las células en los ovarios, o cerca de ellos (como en las trompas de Falopio), desarrollan mutaciones en su ADN que les indican crecer de manera descontrolada, formando una masa o tumor.

Factores de riesgo y causas
La causa exacta del cáncer de ovario sigue siendo objeto de investigación. No obstante, se han identificado diversos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar la enfermedad:
- Edad avanzada: El riesgo incrementa con el paso de los años.
- Alteraciones genéticas: Mutaciones hereditarias en genes como BRCA1, BRCA2, BRIP1, RAD51C y RAD51D.
- Historia familiar: Antecedentes de cáncer de mama u ovario en familiares directos.
- Factores reproductivos: Nuliparidad (no haber tenido hijos) y edad temprana de la menarquia o tardía de la menopausia.
- Otros factores: Endometriosis, obesidad, terapia de reemplazo hormonal solo con estrógenos y antecedentes de tratamientos inductores de la ovulación.
Tipos de cáncer de ovario
El tipo de célula donde se origina el cáncer determina su clasificación y el tratamiento más adecuado:
- Tumores epiteliales: Son los más frecuentes (más del 90%). Comienzan en las células que recubren el exterior de los ovarios.
- Tumores de células germinales: Se originan en las células que forman los óvulos. Son más comunes en mujeres jóvenes.
- Tumores estromales: Surgen de las células liberadoras de hormonas que conectan las estructuras ováricas.
Diagnóstico y estadificación
Dado que el cáncer de ovario puede crecer de manera silente, el diagnóstico precoz es fundamental. Las herramientas utilizadas incluyen:
- Ecografía transvaginal o transrectal: Alta precisión para identificar tumores.
- Marcadores tumorales: Especialmente el CA-125 en sangre.
- Pruebas de imagen: TAC, resonancia magnética (RNM) o PET-TAC para evaluar la extensión de la enfermedad.
- Laparotomía y biopsia: Indispensables para confirmar el diagnóstico y realizar la estadificación quirúrgica.

Abordaje terapéutico
El tratamiento requiere un equipo multidisciplinar que incluye ginecólogos oncólogos, oncólogos médicos, radioterapeutas, patólogos y especialistas en medicina nuclear.
Cirugía
El objetivo principal es la citorreducción óptima: la extirpación completa de todo el tumor visible. En casos seleccionados, se emplea la radioterapia intraoperatoria, una técnica de alta precisión aplicada durante el acto quirúrgico sobre el lecho tumoral.
Tratamiento médico
- Quimioterapia: Basada generalmente en combinaciones de carboplatino y paclitaxel. Se estudia la administración intraperitoneal (directamente en la cavidad abdominal), incluso en condiciones de hipertermia.
- Terapias dirigidas: El uso de bevacizumab (antiangiogénico) ha demostrado beneficios en estadios avanzados.
- Inhibidores de PARP: Fármacos como Olaparib, Niraparib y Rucaparib, eficaces en pacientes con alteraciones en las vías de reparación del ADN (mutaciones BRCA).
Cuidados paliativos y apoyo emocional
Enfrentar este diagnóstico es un proceso difícil que impacta tanto en la salud física como emocional. Los equipos de cuidados paliativos son fundamentales para gestionar síntomas como el dolor, las náuseas, la fatiga y la obstrucción intestinal, mejorando así la calidad de vida de la paciente. Asimismo, el soporte psicológico ayuda a las mujeres a integrar la enfermedad como un paréntesis en su vida, manteniendo el autocuidado, la alimentación saludable y la actividad social.
Enfermería en cuidados paliativos
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