Cuando hablamos de embarazo y parto, generalmente pensamos en la belleza del nacimiento de un nuevo ser, y rara vez pasan por nuestra mente los riesgos que este estado fisiológico conlleva. Uno de estos peligrosos riesgos -más común de lo que podríamos pensar y hasta mortal- es una complicación llamada sepsis puerperal.
La sepsis es la segunda causa directa de muerte materna, de acuerdo con la OMS. En el siglo XIX, tuvo proporciones epidémicas, pero con la implementación de técnicas asépticas, es decir, con mayor higiene cotidiana y durante el parto, se redujo su frecuencia en los países desarrollados. Hoy en día, aunque las infecciones posparto están mejor controladas, la sepsis puerperal sigue siendo una condición médica seria que puede afectar a mujeres después del parto, poniendo en riesgo la vida de la mamá.

Definición y Terminología
La sepsis puerperal, conocida también como fiebre puerperal o infección puerperal, es una condición médica seria que puede afectar a mujeres después del parto. Históricamente, ha sido una causa significativa de mortalidad materna, pero gracias a los avances en la medicina y la higiene, su incidencia ha disminuido notablemente. Se trata de una infección bacteriana que puede ocurrir después del parto, caracterizada principalmente por fiebre alta.
Aunque técnicamente no es lo mismo, lo más habitual es que los conceptos de fiebre puerperal e infección puerperal se utilicen de forma sinónima. La fiebre puerperal, por su parte, se trata de una manifestación clínica de la sepsis o infección puerperal.
La sepsis puerperal es una complicación grave que puede ocurrir en mujeres después del parto. Se trata de una infección sistémica que se origina en el tracto genital y se propaga a través de la circulación sanguínea, afectando diversos órganos y sistemas del cuerpo. Es considerada una emergencia médica y requiere atención inmediata debido a su potencial gravedad y riesgo para la vida de la madre.
Causas de la Sepsis Puerperal
La sepsis puerperal es causada por la entrada de bacterias en el útero durante el proceso de parto o en el puerperio. El proceso comienza generalmente con la entrada de microorganismos al tracto genital durante el parto o los procedimientos relacionados. Una vez que los microorganismos ingresan al tracto genital, pueden colonizar la cavidad uterina y los tejidos circundantes, desencadenando una respuesta inflamatoria y una posible infección.
En general, las infecciones puerperales son consecuencia de una falta de higiene en la atención durante el parto o el puerperio, aunque también puede suceder que una parte de la placenta se quede en el interior del útero y dé lugar a complicaciones. La sepsis puerperal puede generarse cuando se rompen las membranas (situación que ocurre antes del nacimiento, sobre todo si es de forma espontánea) o después del nacimiento.
Las principales causas que dan lugar a la fiebre puerperal incluyen:
- Endometritis puerperal: Es una infección bacteriana que se halla en el interior uterino, específicamente en el endometrio, donde ha estado anclada la placenta durante los 9 meses de gestación. Además de fiebre, suele presentar dolor abdominal bajo, útero aumentado de tamaño y doloroso, sangrado continuado y flujo (loquios) maloliente. Solo el 15% de los cuadros es tardío, debutando a partir de la primera semana de postparto.
- Infección de la herida quirúrgica: Ya sea por la episiotomía en el parto vaginal o por la incisión abdominal de una cesárea. En general, ocurre aproximadamente en el 5% de los partos, debutando en los primeros 7 días tras la cirugía. Los microorganismos causantes de la infección generalmente proceden de la piel, como Staphylococcus Aureus.
- Mastitis puerperal: Consiste en una infección de los pechos debida a la lactancia. La fuente de infección proviene de los microorganismos de la boca o faringe del bebé lactante (estreptococos y anaerobios) y con menor frecuencia de la piel (Staphylococcus Aureus), por lo que es necesario un tratamiento antibiótico de cobertura amplia. Suele debutar a las 2 - 3 semanas del inicio de la lactancia, con una frecuencia del 2-10% de las madres que lactan.
- Infecciones urinarias: Generalmente debidas a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural. Son provocados por bacterias del tracto genital como Staphylococcus Aureus o Escherichia coli. Aparecen en los primeros días postparto (2-5 días).
- Otras infecciones sistémicas: Tales como pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, entre otras.
Los microorganismos más frecuentes causantes de la fiebre puerperal son los que se encuentran en la flora vaginal, en la piel o en la flora intestinal, como Streptococcus agalactiae, Streptococcus pyogenes, Staphylococcus Aureus, Escherichia coli, etc.
Factores de Riesgo
Los factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto). La Dra. Dannixene Martínez Aguilar, especialista en medicina interna y medicina crítica, detalla que entre estos factores se encuentran:
- Una técnica quirúrgica inadecuada en la cesárea.
- Tener relaciones sexuales en las últimas cuatro semanas del embarazo.
- Trabajo de parto prolongado o excesivo.
- Múltiples exploraciones vaginales.
- Rotura prematura de membranas.
- Retención de tejido de la placenta y necesidad de extracción manual.
- Vaginosis bacteriana durante el embarazo.
- Grandes pérdidas de sangre durante el parto.
- Parto con fórceps (parto instrumental).
- Control prenatal deficiente (cuando no hay un seguimiento adecuado, se pueden detectar situaciones como anemia, infecciones de vías urinarias y vaginales, y controlar enfermedades crónicas como la diabetes, donde si la glucosa está mal controlada, hay una mayor incidencia de procesos infecciosos).
- Empleo de anestesia general.
- Obesidad.
- Nivel socioeconómico bajo.
- Antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales.
- Anemia o desnutrición.
- Cesárea de urgencia.
Es importante destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones van a padecer una infección puerperal.
ENDOMETRITIS PUERPERAL: FACTORES de RIESGO, SÍNTOMAS, TRATAMIENTO... - Ginecología y Obstetricia -
Síntomas
Los síntomas de la sepsis puerperal pueden variar de leves a graves y generalmente comienzan dentro de las primeras 24 a 72 horas después del parto. La fiebre alta es el síntoma principal de una infección durante el posparto.
Los signos y síntomas más comunes de una infección puerperal incluyen:
- Fiebre alta (superior a 38 °C).
- Escalofríos.
- Malestar general.
- Palidez.
- Sudoración fría.
- Taquicardia (aumento del ritmo cardíaco).
- Cefalea (dolor de cabeza).
- Dolor pélvico o abdominal intenso.
- Flujo vaginal anormal o fétido (loquios abundantes y malolientes).
- Retardo en la involución uterina.
- Cambios en el estado mental.
- Signos de compromiso de otros órganos, como dificultad respiratoria o disfunción renal.
En algunos casos, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal puede ser una fiebre baja.
Diagnóstico
Para hacer el diagnóstico de sepsis puerperal, además de la presencia de los síntomas, el gineco-obstetra deberá realizar una valoración completa de la paciente. El diagnóstico de la sepsis puerperal se basa en la evaluación clínica de los signos y síntomas, así como en pruebas de laboratorio.
Para considerarse que existe una infección o sepsis puerperal, la aparición de fiebre en los días posteriores al parto debe cumplir con ciertos requisitos:
- La fiebre debe ser igual o superior a los 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
- La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
- En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.
Es importante diferenciar que la subida de leche también puede provocar un aumento de la temperatura de la madre durante unas horas, pero no cumple con los requisitos para considerarse que existe una sepsis puerperal.
Durante el diagnóstico, es necesario identificar el foco de infección y cuál es el agente causante, es decir, los microorganismos infecciosos. Para ello, el médico valorará los posibles factores de riesgo intrínsecos de la madre y los relacionados con el parto. Además, realizará una exhaustiva exploración física, incluyendo las mamas y la revisión vaginal.
Se mandarán realizar las pruebas complementarias que sean necesarias, tales como analítica de sangre, hemocultivo, cultivo de orina, cultivo endometrial, entre otras. Es crucial poder identificar los microorganismos causantes de la infección para poder aplicar el tratamiento más adecuado.
Complicaciones y Gravedad
La sepsis puerperal es una urgencia obstétrica que puede poner en riesgo la vida de la madre. Las consecuencias de la sepsis puerperal pueden variar en gravedad dependiendo de varios factores, como la prontitud en el diagnóstico y tratamiento, la salud general de la paciente y la presencia de complicaciones adicionales.
Sin tratamiento, esta condición puede llevar a complicaciones potencialmente mortales como septicemia, shock séptico y fallo multiorgánico. Las complicaciones más severas incluyen:
- Daños en diversos órganos del cuerpo, como los riñones, el hígado, los pulmones y el corazón.
- Shock séptico, en los casos más severos, donde la fiebre puerperal puede desencadenar que la presión arterial disminuya peligrosamente y el flujo sanguíneo a los órganos vitales se vea comprometido.
- Muerte materna, en los casos más graves y no tratados adecuadamente.
En la mayoría de los casos, estos procesos infecciosos son cuadros limitados por el uso de antibióticos (del orden de 7-10 días) que controlan la situación. Sin embargo, en algunos casos se requiere completar el tratamiento de manera quirúrgica, como en el caso de la mastitis con un legrado aspirativo, o bien con el drenaje de la herida quirúrgica de la cesárea o el drenaje de un absceso del pecho en el caso de una mastitis.
Tratamiento
El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre, ya que requiere una intervención médica inmediata. La detección temprana y el tratamiento son cruciales para prevenir complicaciones graves.
En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor. Es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro, como la amoxicilina. La selección del antibiótico dependerá del organismo causante de la infección y de su sensibilidad a diferentes medicamentos. En función de los resultados de los cultivos y el antibiograma, podrá modificarse el antibiótico para curar la infección.
Los casos más graves de infección puerperal requieren el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.
Prevención y Cuidados
La prevención de la sepsis puerperal es fundamental en el cuidado obstétrico y postparto. Comienza con una atención prenatal adecuada, donde se pueden detectar y controlar situaciones como la anemia, infecciones de vías urinarias y vaginales, y enfermedades crónicas como la diabetes, que, si está mal controlada, aumenta la incidencia de procesos infecciosos.
Para reducir el riesgo de infección, se deben seguir prácticas de higiene adecuadas durante el parto y el posparto, incluyendo:
- La limpieza y desinfección de los equipos médicos.
- El lavado de manos riguroso por parte del personal sanitario.
- La administración de antibióticos profilácticos en casos seleccionados.
Además, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día. Para poder prevenir la infección puerperal, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.
Después del parto y especialmente ante una infección puerperal, es muy importante lavar y desinfectar la herida de la episiotomía o la cesárea según sea el caso. Se aconseja utilizar una solución desinfectante, pero nunca jabón en la herida abierta. Una vez lavada y desinfectada la zona adecuadamente, será necesario secar la herida completamente, utilizando un paño limpio. Finalmente, el especialista tapará la herida con un apósito estéril.