El agua es el componente más abundante en el cuerpo humano y desempeña un papel esencial en el mantenimiento de todas sus funciones. La distribución del agua corporal total (ACT) varía significativamente a lo largo de la vida, influenciada por la edad, el sexo y la composición de los tejidos. Mientras que en los adultos el agua constituye alrededor de un 50% a 60% de su peso corporal, en los niños, especialmente en los lactantes, esta proporción es notablemente superior.

El agua en la composición corporal del lactante
El desarrollo fisiológico durante la infancia es complejo y las necesidades de agua cambian progresivamente con el crecimiento. En el momento del nacimiento, el porcentaje de agua puede alcanzar entre un 70% y un 80% del peso corporal. En promedio, el agua representa el 75% de la masa corporal de un lactante durante los 6 primeros meses de vida.
Esta cifra disminuye gradualmente a medida que el niño crece:
- Lactantes (0-6 meses): ~75%.
- 12 meses: ~61% (nivel similar al del adulto).
- Etapa escolar: 60% a 65%.
Este descenso en el porcentaje de agua depende fundamentalmente de la disminución del líquido extracelular, que pasa del 45% al 28% del peso corporal, mientras que el líquido intracelular se mantiene relativamente constante. Asimismo, el aumento del tejido adiposo, que contiene menos agua que el tejido magro, influye directamente en esta reducción del porcentaje total con el paso de los años.

Hidratación en los primeros meses: el papel de la lactancia
La Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con otras instituciones como la Academia Americana de Pediatría (AAP), recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Durante esta etapa, no es necesario administrar ningún otro líquido, incluyendo el agua, ya que la leche materna posee un 90% de agua en su composición y cubre todas las necesidades de hidratación del bebé, incluso en condiciones de temperaturas elevadas.
La capacidad renal de los lactantes alcanza su madurez hacia los 2 años de edad. Debido a que su superficie corporal es proporcionalmente mayor y su capacidad de sudoración es inmadura, los bebés son más susceptibles a la privación de líquidos que los niños mayores y los adultos. Por ello, es fundamental mantener la alimentación a demanda.
Transición a la alimentación complementaria
Una vez iniciada la alimentación complementaria (alrededor de los 6 meses), se comienza a ofrecer agua al bebé para fomentar el hábito de consumo. A medida que el niño ingiere alimentos sólidos, aumenta la ingesta de solutos que deben ser eliminados por vía renal, lo que incrementa la necesidad de agua para facilitar el tránsito intestinal y la excreción de productos metabólicos.
| Etapa | Fuente principal de hidratación |
|---|---|
| 0 a 6 meses | Leche materna o fórmula exclusivamente |
| A partir de los 6 meses | Leche (principal) + agua en pequeñas cantidades |
| Niñez avanzada | Agua como primera opción de bebida |
Signos de alerta y recomendaciones de ingesta
Aunque la sed es un mecanismo de defensa, en los niños pequeños puede ser difícil de interpretar. Los padres deben estar atentos a los signos de deshidratación, tales como:
- Sequedad de labios y boca.
- Ojos hundidos.
- Ausencia de orina durante varias horas.
- Debilidad general.
Por el contrario, un niño que produce lágrimas al llorar y orina con regularidad suele estar bien hidratado. En situaciones de riesgo, como gastroenteritis o temperaturas extremas, las necesidades de líquidos pueden multiplicarse, haciendo necesaria la consulta con un especialista para evaluar el uso de soluciones de rehidratación oral.
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