El embarazo, la anticoncepción, el parto y las enfermedades del aparato reproductor femenino eran temas de estudio y tratamiento en el Antiguo Egipto. Aunque gran parte de la práctica médica estaba basada en la magia, los papiros que se refieren al tema contienen diagnósticos y tratamientos específicamente dedicados a eventos relacionados con la mujer.
Los papiros de Ebers, Berlín, Westcar y especialmente el de Kahun, dan cuenta de una serie de observaciones y «medicinas» utilizadas en el Antiguo Egipto para tratar problemas de ginecología y obstetricia. El estudio de este tema presenta algunas dificultades, especialmente por el mal estado de las fuentes primarias de información. Gran parte de su texto está incompleto o es difícil de leer, y muchos de los «ingredientes» de las recetas médicas no han podido ser traducidos o interpretados, dejando numerosa información en la incógnita.
Sin embargo, el trabajo de egiptólogos y arqueólogos ha permitido un acercamiento a las prácticas de los swnw (médicos) en el diagnóstico y resolución de problemas relacionados con la mujer.

El Papiro Westcar: Contexto y Contenido
Datación y Ubicación
El Papiro Westcar, también conocido popularmente como Papiro Berlín 3033, se data en el siglo XVII a.n.E. Posee algo más de metro y medio de largo y se halla hoy en el Museo Egipcio de Berlín con el número de inventario P 3033. El manuscrito data del Segundo Periodo Intermedio (1782 - en torno a 1570 a.C.) y fue adquirido por Henry Westcar alrededor de 1824.
Características del Manuscrito
El papiro se escribió en la clásica escritura hierática del Egipto Medio y data del periodo de los hicsos (Lichtheim, 215). Es un palimpsesto, lo que significa que en algún momento del Imperio Medio Tardío (2040-1782 a.C.) o del Segundo Periodo Intermedio, un escriba eliminó una obra anterior del rollo para escribir una historia ambientada en el Imperio Antiguo. Sobreviven doce columnas de unas 26 líneas cada una, y probablemente faltan dos columnas al inicio del texto.
Los Cuentos de la Corte del Rey Jufu
El Papiro Westcar preserva la única copia existente de los "Cuentos de la Corte del Rey Jufu" (Keops). El texto inicia con una serie de cuentos desarrollados en varias cortes del Reino Antiguo (Dyeser, Nebka, Seneferu), que son contados al rey Jufu por sus hijos. Originalmente, el rollo contenía cinco historias, pero la primera se ha perdido, excepto por las últimas frases.
- Primer Cuento: Se desconoce, salvo por la respuesta del rey. Pudo haber estado compuesto por un prólogo narrativo en el cual el rey pidió entretenimiento.
- Segundo Cuento (contado por Jafra o Kefrén): Habla de un sacerdote jefe del faraón Nebka, cuya esposa tiene un amorío. El sacerdote crea un cocodrilo de cera hechizado que cobra vida para castigar al amante, hundiéndolo en el fondo del lago. El rey Nebka condena al joven y a la mujer.
- Tercer Cuento: El rey Seneferu está aburrido y su sumo sacerdote le sugiere un viaje en barco con las mujeres más bellas de su harén. Cuando una de ellas pierde una joya, el sacerdote separa las aguas del lago para recuperarla.
- Cuarto Cuento: Hardedef, hijo de Jufu, le cuenta al rey sobre un mago llamado Dyedi, que puede realizar magia grandiosa, como recolocar una cabeza cercenada, y conoce secretos esotéricos. Jufu, intrigado, manda a su hijo traer a este sabio. Djedi demuestra su poder en animales, pero se niega a hacerlo en un ser humano, afirmando que va contra el deseo de los dioses.
- Quinto Cuento: Retoma las últimas frases de Dyedi sobre Reddedet y su parto difícil. Los dioses Neftis, Isis, Mesjenet, Jnum y Heket, por mandato de Ra, la ayudan a dar a luz a tres hijos, quienes serán los tres primeros reyes de la Dinastía V (Userkaf, Sahure y Kakai). Los dioses dejan tres coronas reales escondidas en un saco de cebada. La historia concluye con la preocupación de Reddedet por lo que pueda ocurrir si Jufu descubre el secreto de sus hijos reales.
La mayor parte del texto contiene un mensaje político-literario que explica la transferencia de poder de los gobernantes de la Cuarta a la Quinta dinastía, pues el mago predice el nacimiento de los trillizos que han sido engendrados por el dios sol Ra y que gobernarán Egipto en el futuro.
Cinco PAPIROS Egipcios que DEBES CONOCER
Conocimientos Ginecológicos y Obstétricos en el Antiguo Egipto
Control de la Natalidad
El control de la natalidad fue una preocupación en el Antiguo Egipto. Las jóvenes en edad reproductiva contaban con métodos anticonceptivos. Estos consistían en preparados que se ponían dentro de la vagina. Según el papiro Kahun, se podían elaborar a base de miel mezclada con un poco de natrón (sal de carbonato), o bien a través del uso de excremento de cocodrilo y leche agria. También se ocupaba la resina de Acacia, productora de ácido láctico, como espermicida. Estudios recientes han demostrado que esta última es efectiva en anular la acción de los gametos masculinos.
Concepción y Fertilidad
Los antiguos egipcios conocían la relación entre los testículos, el pene y el embarazo. Sin embargo, creían que el semen se originaba en el corazón del hombre y que, a través de dos conductos, era enviado hacia las gónadas para luego pasar al útero. De ahí que, al describir el acto sexual, hablaran de «el hombre que pone su corazón dentro de la mujer».
Por otro lado, el útero era visto como un órgano cuya estructura consistía en una matriz doble, producto de las observaciones realizadas en animales como la vaca. No conocían los ovarios.
Determinar si una mujer podía o no concebir hijos era un factor importante para el egipcio, ya que de eso dependía su perpetuidad tanto en el mundo de los vivos como de los muertos. Uno de los exámenes consistía en que la mujer se introdujera una cebolla o un ajo en la vagina. Si al otro día su aliento olía a alguno de estos bulbos, significaba que era fértil. Esta conclusión provenía de la creencia de que el esófago, la cavidad abdominal y el útero estaban unidos (papiro Kahun). Si la mujer no era estéril y, por lo tanto, sus conductos estaban libres, el olor de los elementos introducidos debía despedirse por la boca.
Diagnóstico del Embarazo y Sexo del Bebé
La declaración del embarazo no se hacía por ausencia de menstruación, sino por el vómito que los restos en putrefacción de cerveza o dátiles molidos esparcidos por el suelo producían en la mujer. El texto también puede ser interpretado como una manera de conocer si una mujer es fértil.
Las egipcias del 1800 antes de Cristo deseaban saber el sexo del hijo en camino. El papiro de Berlín establece un método peculiar: la embarazada debía orinar varios días sobre un montón de trigo y de cebada contenidos cada uno en un saco. Si germinaba el trigo sería una niña, si germinaba la cebada sería un niño (papiro Berlín). Estudios actuales demuestran que este tipo de examen era totalmente ineficaz. Sin embargo, los antiguos médicos pensaban que a través de la orina la mujer liberaba elementos que generaban vida, los cuales debían favorecer la germinación de los granos. Si bien se equivocaron en el pronóstico del sexo, no estaban tan perdidos en el hecho de que la orina efectivamente elimina hormonas que revelan el embarazo.
Duración del Embarazo y Cuidado Corporal
La duración del embarazo se definía entre los 271 y 294 días. Algunos textos hablan de 10 meses, otros de 294 días, que corresponde al tiempo de gestación de Horus, según establece el mito.
Como las actuales, las mujeres egipcias, especialmente las aristócratas, deseaban evitar a toda costa la aparición de estrías. Para prevenirlas, se recomendaba el uso de un suave aceite obtenido del fruto del árbol de rábanos picantes.

El Parto en el Antiguo Egipto: Rol de las Matronas
Asistencia al Parto
Al momento del parto, la joven pasaba a ser atendida por dos matronas, sin que el médico tuviese participación alguna en el acontecimiento. La mayoría de las representaciones de alumbramientos indican la aparición de la cabeza y los brazos del niño en primera instancia, lo que sugiere que entendían por parto normal un nacimiento de estas características (y no, por ejemplo, en podálica).
El recién nacido era recogido por una de las comadronas, mientras la otra sostenía a la madre por la espalda. Según el Papiro Westcar, se cortaba el cordón umbilical y luego se lavaba al niño. No hay registros de que se le vendara el ombligo. El jeroglífico para «parto» se encuentra en el Templo de Kom Ombo.
Partos Difíciles y Trastornos Ginecológicos
Para los partos difíciles había una serie de recetas que ayudaban a acelerar el nacimiento del niño (o quizás a producir un aborto terapéutico). Algunos de ellos se ponían vendados en el abdomen, otros se tomaban o bien se introducían en la vagina. También pueden haber servido para contraer el útero o ayudar a expulsar la placenta (papiro Ebers), aunque su función todavía no está muy clara para los expertos.
Aunque el médico egipcio trataba los trastornos ginecológicos, nunca lo hizo a través de la cirugía. Conocían la amenorrea y la dismenorrea (desaparición de la menstruación y menstruación con dolor, respectivamente) como fenómenos anormales. Administraban aceites aromáticos y ungüentos para las inflamaciones de los genitales.
El prolapso (la caída) del útero y la vagina, producto de numerosos o complicados partos, era solucionado, según el papiro Ebers, con fumigaciones. Estas consistían en la quema de diferentes elementos, como excrementos y aceites de trementina que, según la creencia, obligarían a la matriz a volver a su lugar. La paciente debía estar parada o sentada sobre el humo que despedía la fórmula.

Ginecología y Obstetricia: Una Perspectiva Integral
Si bien la ginecología y obstetricia tal como las conocemos hoy en día no existían en el Antiguo Egipto, sí hubo un ordenamiento en sus escritos sobre el diagnóstico y tratamiento de ciertas dolencias femeninas. Muchas de sus conclusiones fueron producto de la observación y la experiencia más que del estudio fisiológico y anatómico del cuerpo.
Gran parte del éxito de los tratamientos pasaba por la magia, por un adecuado uso de rezos y amuletos. También estaban las diosas y dioses encargados de velar por un buen parto, nacimiento, para favorecer la fertilidad y la procreación. Ellos eran un elemento fundamental de la práctica médica. Sin embargo, a pesar de que muchas de sus terapias estaban lejos de ser eficaces, otras sí contaban con las propiedades curativas de hierbas y aceites.