Durante cinco años, un equipo internacional de científicos en la Reserva Natural Nacional de Shennongjia, ubicada en el centro de China, se ha dedicado a observar a un grupo de monos dorados (Rhinopithecus roxellana), y concretamente, a las monas y a sus bebés. Este exhaustivo estudio reveló un comportamiento extraordinario y poco común en primates del Viejo Mundo: más del 87 % de las crías fueron amamantadas por hembras que no eran sus madres.
¿Qué es la lactancia alomaterna?
Este fenómeno, denominado lactancia alomaterna o crianza cooperativa, se da en algunas especies de mamíferos, desde roedores hasta primates. También en humanos, donde las amas de crianza fueron comunes desde la Prehistoria hasta el siglo XIX para alimentar a lactantes cuyas madres no podían o no querían darles el pecho. Sin embargo, nunca antes se habían observado nodrizas entre las monas del Viejo Mundo de manera sistemática.
"Este comportamiento es común en algunas especies de prosimios, monos y humanos del Nuevo Mundo, pero no es común en primates del Viejo Mundo", explica Zuofu Xiang, de la Universidad Central Sur de Silvicultura y Tecnología de Hunan (China), quien ha liderado parte de la investigación.

El estudio de los langures chatos dorados en Shennongjia
Un entorno desafiante
En los bosques de las montañas Shennongjia, entre el río Yangtze y el Río Amarillo, a más de dos mil metros de altitud, las hembras del langur chato dorado han desarrollado una solidaria adaptación evolutiva. Esta especie de mono, endémica de esta región central de China y en peligro de extinción, sufre terribles temperaturas de hasta 14 grados bajo cero en invierno, lo que provoca la muerte de la mitad de las crías que nacen en primavera.
El primatólogo Zuofu Xiang señala que "si los lactantes no han alcanzado un nivel mínimo de desarrollo antes del inicio del invierno, es probable que no sobrevivan". Por ello, estas hembras amamantan entre todas a cada una de las crías del grupo, para conseguir darles un empujón nutritivo que garantice la supervivencia de toda la prole.

Metodología y participantes del estudio
Zuofu Xiang, del Instituto de Zoología de la Academia China de Ciencias, forma parte del equipo de científicos que ha documentado esta peculiaridad. Basándose en más de ocho años de observaciones en la naturaleza de las crías, sus madres y sus antecedentes reproductivos, el estudio proporciona la primera evidencia de este comportamiento en primates africanos o asiáticos.
Aunque la lactancia alomaterna se había observado anecdóticamente en simias de algunas especies de estos continentes, esta es la primera vez que se registra como una estrategia sistemática adoptada por toda la comunidad. Los monos observados por Zuofu y su equipo formaban un grupo que varió entre los 62 y los 82 individuos, divididos en cuatro grupos sociales. Cada una de estas "familias" estaba controlada por un macho del que dependían varias hembras que se apareaban con él, según publican en la revista Science Advances.
Mecanismos y beneficios de la lactancia alomaterna
Alta prevalencia y reciprocidad
Según los investigadores, el cuidado alomaterno se dio sobre todo entre monas parientes y fue recíproco. A lo largo de cinco temporadas de cría, 40 de 46 monos lactantes fueron amamantados por hembras que no eran sus madres, y a 22 de 46 (48 %) los alimentaron al menos dos hembras adicionales. El cuidado alomaterno se observó principalmente durante los primeros tres meses de vida de los monos dorados.
La reciprocidad fue casi total: el 90% de las madres cuyas crías fueron amamantadas por otra hembra respondieron y cuidaron del hijo de esa compañera en los meses siguientes. Sin embargo, se documentaron seis hembras que rechazaron cuidar de crías ajenas; cuando fueron madres, sus propias crías fueron rechazadas por las demás, y cuatro de ellas murieron.
Los científicos también observaron que las crías recibían leche de hembras distintas de su madre desde el mismo día del nacimiento, lo que muestra una confianza absoluta entre ellas. Este amamantamiento solidario se mantenía hasta el tercer mes de las crías, justo antes de que comenzaran a comer alimentos sólidos a partir de los cuatro meses. Sus madres biológicas, en cambio, los amamantan hasta el año de edad.
Impacto directo en la supervivencia de las crías
Se trata de una estrategia de éxito probado. De las seis crías que no recibieron atención de otra madre distinta a la suya, cuatro fallecieron durante el invierno. En contraste, de los 40 monitos que sí recibieron cuidado alomaterno, solo murieron seis (15%), y dos de ellos a manos de un nuevo macho alfa que decidió matarlos. Este hallazgo subraya cómo la lactancia alomaterna aumenta significativamente la supervivencia infantil.
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Lazos sociales y dinámicas de grupo
Cuando los investigadores empezaron a registrar las lactancias cruzadas entre distintas hembras del grupo, observaron que el amamantamiento de crías ajenas solo se realizaba dentro del mismo subgrupo. Es decir, las hembras del mismo harén cuidan entre todas de las crías de sus compañeras de familia, pero no de otras familias dentro del mismo grupo, lo que sugiere una fuerte conexión basada en lazos de sangre estables entre las hembras de esta especie.
Ventajas energéticas para las crías
"Las crías amamantadas por otras madres reciben en total más tiempo de amamantamiento que si solo recibieran leche de su madre", confirma Zuofu Xiang. Así, esta solidaridad entre todas consigue que sus criaturas reciban durante los primeros tres meses de vida una ingesta de energía adicional necesaria para lograr un crecimiento suficiente antes del duro periodo invernal. Además, los científicos sugieren que al dar más el pecho, estas hembras podrían experimentar un aumento en la producción de leche que beneficia tanto a sus propias crías como a las de sus parientas.
Factores que impulsan esta adaptación evolutiva
Altos costos reproductivos para las madres
Este hallazgo puede ayudar a comprender el papel del comportamiento del cuidado alomaterno en la evolución humana. Se cree que no solo aumenta la supervivencia infantil, sino que también reduce los costos reproductivos posnatales para la madre de la cría. Estos costos son particularmente altos para las monas doradas que viven en bosques templados, a gran altitud, con inviernos extremadamente fríos de cinco meses de duración, donde sufren fuertes cambios estacionales en su hábitat que limitan drásticamente la disponibilidad de alimentos.
Aunque los científicos aseguran que, en condiciones de acceso limitado a los recursos, esta generosidad con otras crías puede afectar negativamente a la salud materna por estrés fisiológico y nutricional, reduciendo sus posibilidades de supervivencia y reproducción futura, el beneficio colectivo para la prole parece compensar este "sacrificio".
Relación con el tamaño del cerebro y el hábitat
En otras especies, un análisis comparativo reciente mostró que el cuidado alomaterno en mamíferos se relaciona con las exigencias energéticas asociadas con una gran camada, el tamaño del cerebro o lo extremo que sea su hábitat.
Por ejemplo, los lémures viven en grupos pequeños, tienen tamaños de camadas relativamente más grandes y su reproducción se limita a la estación húmeda. Por otra parte, los monos capuchinos tienen cerebros altamente encefalizados, un período prolongado de lactancia, desarrollo infantil y juvenil, forman grupos matrilineales y viven en hábitats estacionales.
Las necesidades energéticas varían en función de estos factores, como explica Zuofu Xiang. Precisamente, los monos dorados tienen el mayor volumen de cerebro adulto de todos los primates de su familia y habitan en bosques con largos inviernos en los que las temperaturas nocturnas generalmente caen por debajo de 0°C, donde la escasez de recursos puede poner en peligro la supervivencia. "Estos rasgos sociales y ecológicos son propicios para la evolución de la crianza alomaterna", concluye el primatólogo.