La sexualidad femenina es un ámbito complejo y dinámico, especialmente afectado por etapas como el embarazo y el posparto, donde la lactancia materna juega un papel central. Este artículo explora la intersección de la lactancia con diversas manifestaciones de fetichismo, desde el placer natural y a veces malinterpretado de la mujer que amamanta, hasta las complejas dinámicas de la lactofilia y la lactancia adulta, analizando sus implicaciones sociales, económicas y personales.
La Sexualidad Femenina y la Lactancia
Cambios durante el embarazo y el posparto
El importante aumento de estrógenos y progesterona que se produce durante el embarazo hace que zonas erógenas como los genitales externos y los pechos estén mucho más irrigadas e inervadas y que su tamaño aumente, lo que conduce a un incremento importante de la sensibilidad. Cuando una mujer embarazada se excita, aumenta el volumen de sangre con oxígeno que llega a toda la pelvis. En general, aquellas mujeres que viven los cambios en su cuerpo con alegría, que se ven guapas y radiantes en el espejo, suelen tener también una vida sexual más activa durante su gestación. Las reacciones de los hombres también son diferentes: a algunos, tanta curva y redondez les dispara la libido.
Pero todo cambia en el posparto, cuando la libido baja hasta cotas insospechadas en la mayoría de mujeres. De hecho, ninguna hembra mamífera se pone en celo durante la lactancia; sus pretendientes lo perciben por el olor y ni se acercan. Las únicas especies mamíferas que mantienen relaciones sexuales durante el periodo de lactancia son los humanos y los canguros. La causa más importante es hormonal. De tener cifras astronómicas de estrógenos y progesterona segregadas por la placenta, tras el alumbramiento nos quedamos a cero de esas hormonas. La mujer que amamanta, durante los primeros 6 meses está hormonalmente en una situación parecida a la menopausia. El parto tiene una influencia muy grande en la sexualidad de una mujer. Dar a luz es un suceso muy impactante e intenso. En estas situaciones, es mejor posponer las relaciones sexuales con penetración. Se puede practicar el sexo sin penetración de forma muy variada, y las caricias cobran especial importancia en esta etapa. En todo caso, aunque se siga dando el pecho, alrededor de los 6 meses la prolactina ya no alcanza valores tan altos como en el posparto inmediato, pues la producción de leche deja de ser un fenómeno endocrino (controlado por las hormonas) y se mantiene gracias a la succión y vaciado frecuente de los pechos.
El vínculo madre-bebé y la intimidad de la pareja
Después del parto, la madre ha creado un vínculo intenso con el bebé; las endorfinas segregadas a raudales durante el parto han creado una especie de nube de amor en la cual solo entran el recién nacido y la madre. En el posparto, la mayoría de madres necesita el amor, afectividad y protección por parte de su pareja. Quieren abrazos y palabras de cariño, pero no les apetece practicar el sexo. El padre puede malinterpretar la demanda de cariño con demanda de sexo, y sentirse mal al ser rechazado. La madre puede intentar solucionarlo evitando el contacto físico y no demandando más cariño. Para superarla, es crucial la comunicación. Él debe saber que existen unos factores físicos y emocionales importantes que hacen que su mujer no sienta deseo sexual, pero que le sigue amando y necesitando más que nunca. Y ella debe saber que él quizás se siente solo y excluido de la nube de amor, quiere ayudar y no sabe cómo hacerlo.
Placer y culpa en la lactancia materna
Algunas mujeres experimentan placer mientras dan el pecho a sus hijos, lo que puede generarles un gran desconcierto e incluso sentimientos de culpa. El tabú del incesto es muy fuerte, y cualquier sensación sexual directamente relacionada con los hijos se interpreta por lo general como algo que debe reprimirse. Pero no hay que perder de vista que la lactancia, al igual que el embarazo, forma parte del ciclo sexual y reproductivo de las mujeres, y el baile hormonal que se produce cuando el bebé succiona el pezón de su madre bien puede desencadenar sensaciones de placer físico. No es de extrañar que así sea. Al fin y al cabo, la naturaleza siempre se ha asegurado de que todas aquellas actividades que son imprescindibles para el mantenimiento de la vida (comer, reproducirnos, dormir) nos resulten sumamente placenteras. La lactancia no es una excepción, y en condiciones normales amamantar es una experiencia muy agradable para ambos, madre e hijo. Algunas mujeres, además, pueden llegar a experimentar sensaciones más intensas e incluso excitación sexual.
En la Edad Media se consideraba impuro mantener relaciones sexuales con una madre lactante, puesto que se pensaba que el semen podía contaminar la leche. Por ello, los maridos de las clases pudientes pagaban una nodriza.

Lactofilia y los "Vampiros Blancos"
Desde hace ya unos años sabemos de la existencia de unos personajes llamados “vampiros blancos”. Se trata de hombres que tienen un tipo de fantasía sexual relacionada con la leche materna: beber o tomar leche directamente de los pechos de una mujer lactante. Bien, la lactofilia es una parafilia más que consiste en la búsqueda de la excitación sexual al succionar el pecho como si se estuviera amamantando. Cuando esta situación se da dentro del ámbito de la pareja, no tenemos nada que decir. Pero cuando la situación se desborda y estos tipos pasan a perseguir a las madres, a ofrecer dinero por hacer realidad sus fantasías, la cosa toma otro matiz.
Estos tipos pueden perder el sentido común obsesionados con sus deseos. Suelen empezar la conversación haciéndose pasar por padres, sanitarios o estudiantes de nutrición, enfermería, etc. Una vez estés segura de que es un vampiro blanco, haz un pantallazo de su perfil y no dudes en difundir la información entre los grupos de lactancia que conozcas. Es una pregunta complicada de responder. Si les cierran una cuenta, suelen abrir otras o modificar su nombre y abrir otra. Nuestra reacción e insistencia para frenarles depende de los ánimos que tengamos para ello. Podemos perseguirles y molestarles, o podemos simplemente proteger más nuestras redes. Cada persona debe encontrar la solución que mejor le convenga. No aceptes a personas que no conozcas, aunque tengan amistades con otras personas que sí son amigas tuyas. Pregunta a tu amiga de qué conoce a esa persona. Internet nos ha permitido aproximar a todo el mundo el conocimiento de lactancia y eso es maravilloso. Así que ya sabéis, no se trata de tenerles miedo, se trata de estar alerta y detectarlos.
La Lactancia Adulta: Interpretaciones y Controversias
Argumentos de sus defensores
Desde hace años se está extendiendo una práctica llamada lactancia adulta, es decir, adultos que desean ser amamantados. Es evidente que la sociedad debería dejar a un lado las miradas juiciosas, esas que dictaminan muy rápidamente -sobre todo basándose en la moralidad- y que no respetan la diversidad. Quienes defienden la lactancia adulta argumentan que son decisiones libres adultas, que no hacen mal a nadie y que solamente comparten el placer de tomar leche materna.
También hacen referencia a la historia y a la mitología, buscando numerosos ejemplos de lactancia adulta en pinturas y esculturas. Con un humor muy inteligente, Partera Guerrillera hizo recientemente en sus redes una fantástica recopilación de estas escenas. Escenas donde se incluyen una hija amamantando a su padre o a su madre, condenados a morir de hambre; a una mujer amamantando a su bisabuela que no puede alimentarse de otra forma; o, en la mayoría de ocasiones, a hombres amamantados como metáfora de la obtención de la condición divina o de la sabiduría que se obtiene a través de la leche de la madre (de la diosa o, en el ámbito del cristianismo, de la virgen). En la mayoría de estos ejemplos se puede observar la voluntad de la mujer así como el poder simbólico que tienen sus fluidos.

Crítica a la lactancia adulta: La erótica del pecho y la desigualdad
En primer lugar, llama la atención cómo, a pesar de que es vendido como el simple placer de tomar leche materna, es una práctica realizada en exclusiva por hombres heterosexuales (según se ha podido observar, aunque hay sexólogas que mencionan la existencia de parejas lesbianas en esta práctica). Tenemos que recordar que las mujeres también hemos sido amamantadas en nuestra infancia (si nuestras madres así lo hicieron). Por lo tanto, si no llevara implícita una cuestión erótica del pecho femenino, deberían existir mujeres asiduas a la práctica de mamar del pecho de otras mujeres. Si la erótica no estuviera presente no encontraríamos un catálogo de pechos femeninos, voluminosos y tersos, fotografiados de forma pornográfica (que nada tienen que ver con la diversidad de pechos que amamantan). Además, en las descripciones de las chicas podemos encontrar “delgada y atractiva” o “rellenita con curvas”. Resulta que nuestros cuerpos deben cumplir una serie de requisitos estándares para el amamantamiento, quizás no seamos tan perfectas para estos hombres como nos hacen ver nuestros bebés lactantes cada día.
La lactancia en la pornografía
De hecho, la erótica del pecho que amamanta ha entrado también en el mundo de la pornografía donde se pueden encontrar escenas de hombres que extraen manualmente la leche materna de mujeres mientras estas parecen estar excitadas a pesar del grado de estrujamiento de sus pechos lactantes. Podemos encontrar este tipo de vídeos en relaciones BDSM (de sumisión-dominación) donde habitualmente un hombre ordeña a una mujer cual animal o, más minoritario, donde una mujer obliga a mamar de sus pechos a un hombre.
También encontramos vídeos de mujeres solas que simplemente se extraen la leche con un sacaleches eléctrico, de esos que hacen un ruido agotador, que muchas madres no pueden soportar. Estos últimos vídeos seguro que podrían venir muy bien para algún curso de extracción y conservación de la leche materna para la vuelta al empleo de las madres, cuando deben dejar a sus bebés de menos de cuatro meses. Aunque, quizás, colocarlos en estas páginas de pago le sirvan a estas madres para generar los recursos económicos necesarios para permanecer algo más de tiempo con sus bebés.
Documental EDULACTA "AMAMANTAR, el verdadero significado de la LACTANCIA MATERNA"
Comercialización de la leche materna
También encontramos un aumento de personas que desean consumir leche materna, pero normalmente realizan compras por internet de leche extraída y no tienen la intención de mamar de los pechos de una madre. La ingesta de leche materna suele venderse como remedio para enfermedades, como complemento para deportistas o para personas que quieren perder peso.
El comercio y negocio de leche materna para personas adultas lleva a plantear dos cuestiones: por un lado, cómo por una moda, un capricho o un fetiche se está usando para fines comerciales un bien demasiado escaso, como podemos ver en los bancos de leche materna, que solo alcanzan para aquellos bebés más vulnerables, generalmente prematuros. Por lo tanto, mientras algunos adultos compran leche materna para adelgazar, muchos bebés están alimentándose con sucedáneos. Por otro lado, nos encontramos con los motivos que llevan a algunas madres a vender su leche. Una mujer comentaba: me decían que era oro líquido y, efectivamente, lo era. Por supuesto, una mujer puede hacer lo que desee con su leche materna.
Las "Nodrizas" para Hombres Adultos: Un Análisis Crítico
Orígenes y contexto actual
Respecto a las “nodrizas” que amamantan a hombres, en primer lugar, debemos hablar del término, que daba nombre a aquellas trabajadoras pobres y precarias que amamantaban a descendientes de familias ricas (porque ni la lactancia materna, ni la crianza en general, eran propias de mujeres de alta cuna). Contratos que además, como todo en aquella época, solían firmar los maridos de ambas mujeres. En el caso de la lactancia adulta, las mujeres que acuden a amamantar a hombres, normalmente en hoteles, suelen estar criando, en ocasiones, a bebés de un mes o menos. En la ficha técnica de la “nodriza” se pone esta información como un dato relevante. También se aconseja a los hombres que las avisen con tiempo (un día antes) para que puedan dejar con alguien a sus bebés.
Explotación y desigualdad
Comentan que es un trato justo que estos hombres ayuden a esas mujeres, dándoles una ayuda económica para sus bebés, tan solo a cambio de sus “pechos llenos de leche materna”. Al menos, en esta ocasión, no ocurre como con los vientres de alquiler y las mujeres no son representadas como ángeles, como esas criaturas solidarias que van a cubrir el deseo de otra persona, en este caso, el deseo de mamar de un hombre. Aquí queda bien claro: existe un pago y la mujer necesita dinero para poder cuidar de sus criaturas. Nos tendríamos que preguntar ahora cómo nos empobrece ser madres. Cómo esta sociedad invisibiliza la maternidad, nos deja sin derechos, sin recursos y, en ocasiones, incluso sin empleo.
Estoy prácticamente convencida (sin querer ser paternalista) de que a una madre con un bebé de apenas un mes, en pleno posparto, no le apetece demasiado dejar a su bebé (quizás con leche extraída en un biberón para que alguien se la dé) e irse a un hotel para que un señor desconocido le chupe las tetas. Esas tetas que están haciendo díada con su bebé. Y sí, digo chupe porque probablemente esos hombres hayan perdido la capacidad de succión después de unas cuantas decenas de años. He visto niñas y niños destetados que al cabo de los meses no sabían ya cómo mamar. La mayoría de personas adultas piensan erróneamente que el pecho se succiona cual pajita, aunque no dudo que los aficionados a esta práctica hayan hecho cursos de asesoría de lactancia y buen agarre. La cuestión, en definitiva, es que esta práctica no deja de ser el capricho de unos cuantos hombres ricos cubierto por unas mujeres pobres.
La herida materna y la búsqueda de apego
Sin embargo, también encontramos el argumento de que “son hombres que se llevan mal con sus madres”. Efectivamente, la ausencia del amor materno puede causar una enorme herida primal. En esta sociedad patriarcal que elimina a la madre, esta herida es bastante frecuente. Las madres patriarcales existen y son víctimas de un patriarcado que borró su ser entrañable en la relación con sus criaturas, quienes han sufrido por ello esta ausencia de la madre. Es normal que tengamos como sociedad una gran carencia materna y una gran necesidad de apego no cubierta. Aunque llama la atención que, en este caso, la necesidad de volver a la madre ocurra mayoritariamente en hombres.
La Lactancia Erótica en Pareja (Adult Nursing Relationship - ANR)
Pero entonces nos encontramos con otra práctica, la lactancia erótica que se hace en pareja, donde podríamos encontrar una relación más cercana a la igualdad. No me refiero a que la pareja tenga curiosidad en conocer el sabor de la leche materna, sino en querer ser amamantado al igual que su propio bebé. Aquí encontramos de nuevo una serie de cuestiones en las que indagar.
En primer lugar, la lactancia materna, al igual que el resto de procesos reproductivos de las mujeres, es un acto sexual dentro de una sexualidad no falocéntrica. Como bien explica Casilda Rodrigáñez, responde a una sexualidad subversiva orientada al bebé. Por lo tanto, las mujeres pueden sentir placer al lactar y ese deseo es compartido directamente con la criatura. Algunas mujeres pueden sentir incluso orgasmos. El problema lo tenemos cuando miramos con una mente patriarcal este proceso y es entonces cuando se le otorga un carácter sexual adulto falocéntrico que no tiene. Sería interesante que las sexólogas que hablan de todo tipo de experiencias sexuales, incluyan la sexualidad materna en sus discursos, al menos, las feministas.
El vínculo madre-bebé trae de cabeza a muchos padres, quienes de repente se sienten desplazados por esa díada. La madre durante su lactancia no suele tener deseo sexual con su pareja y esto causa, como ya se explicó en otro artículo sobre el sexo de las madres, problemas en su relación. De hecho, en muchas ocasiones, algunas mujeres no dejan y no les gusta que sus parejas les acaricien los pechos mientras ellas están transitando la lactancia.
La inducción de la lactancia para ANR: Sacrificio femenino
Existen páginas donde nos intentan convencer de esta práctica: “Si amamantas a tu hombre puede sentirse relajado, nutrido, cómodo” y ya de paso “te ayuda si necesitas aumentar la producción” para tu bebé. Necesitan buscar algún tipo de beneficio para la mujer que, como siempre, es un beneficio práctico (dinero, aumentar la producción). A nadie se le ocurre pensar si la madre querrá estar también cómoda, nutrida y relajada: nutrida, con una pareja que haga la comida a diario y relajada, por ejemplo, dándole tiempo para simplemente ducharse, esa actividad tan complicada durante el puerperio.
Pero es que además encontramos casos donde las mujeres que van a amamantar a sus parejas ni siquiera son madres. Entra dentro de lo que denominan adult nursing relationship (ANR), que se da mayoritariamente en relaciones heterosexuales donde “alguien” amamanta a la otra persona. Llama la atención ese “alguien” como si al querer hablar de consenso en la pareja no se pudiera especificar que es la mujer quien amamanta.
En estos casos, por un lado, podría decirse que es más sencillo emocionalmente para ellas, pues estas mujeres se encuentran fuera del vínculo materno y quizás puedan ponerle otro significado a este acto, incluso quizás sentir placer al estimular sus pechos y en el intercambio de fluidos. Sin embargo, físicamente deben pasar por una serie de procesos que ni siquiera muchas madres están dispuestas a llevar a cabo por sus criaturas: una inducción. Lo primero que las asesoras de lactancia y dentro de los grupos de apoyo decimos a las madres ante relactaciones complicadas y ante una inducción es que no es nada fácil y va a ser muy sacrificado, que piense de verdad si quiere y puede, si está dispuesta y si tiene el soporte necesario para hacerlo.
Estamos hablando de madres que darían todo por sus bebés, pero su propia felicidad y una buena salud mental es siempre mejor para la criatura que la lactancia materna. Pues en este caso se pretende que, por amor a la pareja, una mujer pase por todo un proceso de toma de fármacos y del uso de sacaleches cada dos horas, incluso por la noche, y de un hombre que succionará ¿a demanda? de sus pechos. Jamás podemos comparar la dependencia de un bebé y el deseo materno con este tipo de relación entre personas adultas. Por supuesto, la mujer puede elegir libremente e igual siente curiosidad por esta práctica que, sin embargo, no está exenta de mucho trabajo y complicaciones para ella y muy poco trabajo y mucho placer para él. La balanza no parece estar en absoluto equilibrada, cosa que vemos demasiado a menudo en muchas prácticas sexuales heterosexuales en esta sociedad patriarcal que aún nos lleva a las mujeres al placer unidireccional y de complacencia.

La Hipersexualización de la Lactancia Materna y sus Consecuencias Sociopolíticas
“Y si tenían la duda, estaba tapada”, dijo Mara, aunque no haberlo estado tampoco habría justificado las acciones del personal del Museo. El caso de Mara fue una muestra más de las cientos de agresiones que viven las mujeres que amamantan. La hipersexualización ha convertido un acto tan natural como es amamantar en público, en una fuente de estigma y violencia. Como respuesta al acto de discriminación sufrido por Mara, varias mujeres se manifestaron en la entrada del Museo Soumaya en aquel año en una de las primeras “Tetadas Masivas” que se hacían en la Ciudad de México.
Así vemos cómo un sistema machista y misógino desvaloriza la lactancia y el cuidado infantil, priorizando el deseo masculino. La lactancia materna requiere esfuerzo y dedicación, aspectos que no son valorizados. Esto puede llevar a que la leche materna sea vista como un producto que puede ser comercializado sin considerar los derechos y necesidades de las madres y las infancias. La sexualización de la lactancia contribuye a que la leche materna sea vista como un producto de fetiche, y las madres como “contenedores” sin identidad, ahondando la violencia que viven las madres.
Este fenómeno, sin embargo, va más allá del deseo masculino, también deja ver cómo las políticas laborales y sanitarias del Estado son insuficientes y reflejan una visión machista que no prioriza el apoyo a las madres lactantes, pues la falta de espacios adecuados para amamantar o extraer leche y la insuficiencia de licencias de maternidad y lactancia obligan a las madres a buscar alternativas en el mercado negro. En un contexto donde la falta de conciliación, la explotación de los cuerpos y el machismo se intersectan, las mujeres son explotadas y muchas se sienten presionadas para vender su leche materna. Esto perpetúa la objetificación y el control sobre el cuerpo femenino, socavando su autonomía. Otra de las posibles causas que podrían estar nutriendo este fenómeno -como se documenta también en la investigación- es la presión de la industria de fórmulas infantiles que lleva al personal de la salud a recomendar estas fórmulas en lugar de apoyar la lactancia materna.
La lucha por el reconocimiento de la lactancia materna en nuestro país ha sido ardua y constante. Las mujeres han logrado importantes avances en términos de legislación, apoyo institucional y sensibilización. Sin embargo, aún quedan desafíos significativos por superar, especialmente en cuanto a la creación de entornos laborales y públicos más amigables para la lactancia. Ya recordábamos esta semana a propósito de la Semana de la Lactancia Materna que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los bebés sean amamantados exclusivamente durante los primeros seis meses de vida, y después introducir alimentos complementarios nutricionalmente adecuados y seguros, mientras se continúa con la lactancia materna hasta los dos años de edad o más. Las políticas de licencia de maternidad en México hacen esta meta virtualmente imposible de conseguir. En 2012, la Asamblea Mundial de la Salud (WHA) aprobó el objetivo global de nutrición de aumentar la tasa de lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses de edad al menos al 50% para el año 2025.
La lactancia materna no es una cuestión exclusivamente biológica, sino que es también una práctica política. La presión que el sistema patriarcal ha ejercido casi siempre sobre las madres para que den de mamar y la resistencia frente a esta obligatoriedad es notable. Desde la segunda mitad del siglo XX la práctica de la lactancia se hace más complicada y se sitúa en el centro tanto de las políticas neoliberales que buscan acabar con los servicios públicos como de un sector del feminismo que busca resignificarla positivamente. Coincidiendo con esto, la lactancia se convierte también en el centro de una nueva identidad femenina confrontada con la posición de otras madres que no desean dar de mamar.
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