El Estigma de la Madrastra: Reconfigurando el Vínculo Familiar

La figura de la madrastra ha sido históricamente asociada con connotaciones negativas, alimentadas por cuentos populares y representaciones mediáticas. Sin embargo, en las nuevas composiciones familiares, esta palabra adquiere un significado mucho más complejo y desafiante. Dos terapeutas especializadas, Aina Buforn (36 años) y Berta Capdevila (38 años), han emprendido la tarea de resignificar el término "madrastra" a través de su proyecto "Ser Madrastra", buscando construir una red de apoyo para las mujeres que asumen este rol.

Esquema de las connotaciones históricas de la palabra madrastra vs. su significado actual.

El Origen del Estigma

Hace una década, Aina Buforn buscó la palabra "madrastra" en internet y solo encontró "noticias escabrosas y películas pornográficas". Esta experiencia resalta la arraigada percepción negativa del término. Tanto Aina como Berta coinciden en que el sufijo "-astra" tiene una connotación despectiva, sugiriendo una "madre de segunda".

La demonización de la madrastra se vincula a la idea de una familia tradicional, donde solo hay un lugar para la mujer en el rol de madre. Berta explica que la maternidad, en este modelo, tiene una "carga tremenda", con "mandatos casi incumplibles" que exigen una mujer "santa, siempre bondadosa, atenta, dispuesta a sacrificarse". La madrastra, en contraste, representa la "cara opuesta", una figura que amenaza el "misticismo de la maternidad".

La Necesidad de Nombrar el Vínculo

Para Berta, usar la palabra "madrastra" fue crucial para nombrar el vínculo con su hijastro, ya que para él era "traumático que me confundieran con su madre". Al decir "yo soy tu madrastra y tú eres mi hijastro", se establece una relación directa y se evita la "comparación eterna con la madre", que resultaba problemática para el niño.

Aina subraya la importancia de que las mujeres se reconozcan como madrastras. Si cada una usa un nombre distinto, "no podemos darnos cuenta de que lo que nos pasa es lo mismo". Ambas terapeutas buscan transformar el estigma, promoviendo la idea de que "madrastra es un espectro" que abarca diversas experiencias.

Infografía:

Asumir el Rol de Madrastra: Un Camino de Desafíos

El camino para asumir el rol de madrastra está lleno de complejidades emocionales y desafíos prácticos. Tanto Aina como Berta compartieron sus experiencias iniciales, que reflejan la dificultad de esta transición.

La Experiencia de Aina: Madrastra de Bebés

Para Aina, el proceso fue "complicado" porque sus hijastros eran bebés (uno de 2 años y medio y otro de 9 meses) cuando comenzó su relación. Al principio, le costó discernir "qué es y qué no ser una madrastra". Después de un período de vivirlo "regular", empezó a "gestionar mucho mejor lo que significaba" para ella ser una madrastra. Al final, lo habló con los niños y las "piezas del puzzle" empezaron a encajar, dándole sentido a todo.

La Experiencia de Berta: Desarraigo y Búsqueda de Pertenencia

Berta conoció a su pareja cuando su hijo tenía 3 años y decidió trasladarse de Barcelona a Santiago de Compostela, a 1.200 km de distancia, donde vivía la madre del niño. Este cambio radical le generó un "nudo de sentimientos muy complejos" que le costó "años y años entender". Aunque el niño la aceptó y valoró, el mayor malestar de Berta fue la "sensación de querer encajar". La falta de amigos y familia cerca intensificó su necesidad de sentirse parte de la familia.

El primer día que intentó preparar un biberón, Berta se dio cuenta de su inexperiencia, lo que la llevó a una "crisis absoluta". Sintió que era "incapaz de hacer lo mínimo necesario para conseguir tener un lugar en esta familia".

La Crisis de la Expectativa vs. la Realidad

Berta explica que "nadie sabe lo que es ser madrastra hasta que lleva por lo menos unos meses de convivencia". La crisis surge de no haber buscado ese rol. Mientras se espera una "luna de miel" con la pareja, "entra el niño por la puerta y de repente tú pasas a ser la forastera, la que tiene que luchar y demostrar que merece tener un lugar dentro de la familia".

La predisposición a sentirse rechazada, debido al estigma social de la madrastra, complica aún más la situación. Incluso cuando los niños o la pareja facilitan las cosas, la experiencia puede ser "desagradable". Berta relata que al principio, la pareja desea una "relación pseudomaternal", donde la llegada del niño sea un placer y su partida una tristeza. Sin embargo, la madrastra se enfrenta a un "niño que no has elegido, que no conoces, que tiene todas las tradiciones, hasta incluso la cara de la expareja de tu pareja". El comienzo es "duro", aunque luego la relación mejore.

Foto: Los primeros meses como madrastras pueden ser una

El Amor de una Madrastra

Cuando se le preguntó si llega el "amor maternal", Berta enfatizó que es "otro tipo de amor", y que cada madrastra tendría una respuesta diferente. En su caso, cuando su hijastro le preguntó si lo quería igual que a su hijo biológico, Berta fue honesta:

«Les dije que no los quería igual, que tenía una relación diferente con los dos, una historia muy diferente, y que por lo tanto, mi vínculo era diferente. Para mí él es entrañable, forma parte de mi familia. A veces lo amo y a veces lo quiero matar como a mi hijo. Pero para mí son amores y sentimientos muy diferentes.»

La Maternidad y el Rol de Madrastra

La experiencia de ser madrastra también influyó en la decisión de Aina y Berta de ser madres.

  • Berta: Quería ser madre, pero su pareja le propuso esperar dos años. Aunque ahora reconoce que fue un acto de cuidado, le resultó difícil digerir que él no se lo hubiera planteado con su expareja. Ver la paternidad de su pareja mientras ella deseaba intensamente ser madre fue "muy duro". Durante el embarazo, tuvo el pensamiento recurrente de que su pareja "no iba a querer tanto a nuestro hijo como al primero", lo que fue un "infierno personal" hasta el nacimiento de su hijo.
  • Aina: No tenía planes de ser madre, pero la "experiencia de ser madrastra" le gustó tanto que "de pronto quise tener". La decisión de tener hijos fue compartida con sus hijastros, quienes se mostraron "emocionados" y participaron en una ecografía, lo que Aina describió como una "experiencia muy bonita".
Foto: La sensación de soledad lleva a crear proyectos de apoyo entre madrastras.

¿Y los Padrastros?

Berta y Aina también abordan la situación de los padrastros, señalando similitudes y diferencias con las madrastras.

Los padrastros "también están experimentando, cada vez más, el malestar de intentar entrar en una familia donde hay hijos que no son propios". Comparten algunas dificultades, como "no saber nunca cuál es su lugar en esa familia, de sentirte un extraño en la propia casa".

Sin embargo, existe una "diferencia central": mientras a las mujeres "se las ha valorado siempre por el hecho de ser madres y cumplir roles de cuidado de manera abnegada hacia los hijastros", al padrastro "con qué aporte de manera económica o tiempo de ocio es suficiente". Berta destaca que a la madrastra "se le piden tareas de cuidado", mientras que al padrastro "por poco que haga por ellos, se lo ve como alguien implicado". Esta diferencia en la percepción social crea un "punto de partida muy distinto" entre ambos roles.

Rompiendo Tabúes y Creando Redes

Durante años de trabajo, las fundadoras de "Ser Madrastra" han tenido que romper "muchos tabúes". Berta explica que "es muy raro que tú vayas a cualquier persona y digas: 'Mira, yo soy madrastra, tengo un hijastro'". Hablar de las dificultades con los hijastros está "super estigmatizado", ya que enseguida se te etiqueta como "mala" o "bruja".

La ausencia de recursos, psicólogos especializados o libros sobre el tema fue un factor clave para crear el proyecto. Su objetivo es construir una "base de conocimiento de qué es lo que nos pasa a las madrastras, cuáles son las herramientas que tenemos y qué información necesitamos para poder vivir con dignidad, en paz y con alegría este rol tan especial y difícil".

Aina y Berta reciben a diario mensajes de mujeres agradecidas, muchas de las cuales encuentran en sus podcasts un "salvavidas". A pesar de recibir "mucho hate", saber que hay mujeres que lo agradecen es lo que las impulsa a seguir adelante, reconociendo que "todavía queda mucho mucho por desandar".

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