La pobreza infantil en España representa uno de los desafíos centrales del país, con cifras que sitúan a España a la cabeza de la Unión Europea en riesgo de pobreza y exclusión social entre los menores de 18 años. El XV Informe anual 'El Estado de la Pobreza en España', presentado por la Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), revela datos preocupantes sobre la situación de la infancia y adolescencia en el país.
La Tasa de Pobreza Infantil en Cifras Alarmantes
La tasa de pobreza en España se sitúa en el 25,8% de la población, lo que equivale a unos 12,5 millones de personas. Aunque esta cifra representa una ligera disminución respecto al año anterior, siendo la más baja en una década, el panorama para los menores de 18 años es considerablemente más sombrío. El riesgo de pobreza y exclusión social entre este grupo ha crecido hasta el 34,6%, afectando a aproximadamente 2,7 millones de niños, niñas y adolescentes.
Si nos centramos exclusivamente en la tasa de pobreza infantil, España presenta la cifra más alta de la Unión Europea. Un 29,2% de niños, niñas y adolescentes se encuentran en riesgo de pobreza, lo que se traduce en 2,3 millones de menores. Estos datos son especialmente alarmantes si se comparan con los países del entorno.

España en el Contexto Europeo: Un Panorama Preocupante
En cuanto a la tasa AROPE (riesgo de pobreza y/o exclusión social), España ocupa el segundo puesto en la Unión Europea, solo superada por Bulgaria (35,1% frente al 34,6%). Le siguen de cerca Rumanía, Grecia, Italia y Francia. El informe destaca que, mientras muchos países con elevadas cifras de pobreza infantil han logrado reducir su tasa AROPE desde 2015, en España este indicador se mantiene prácticamente igual.
Más de una cuarta parte de la población menor de edad vive en pobreza, una situación que se arrastra desde 2008. Los menores sufren esta tasa en mayor medida: un 29,2% (2,3 millones) se encuentra en riesgo de pobreza, frente al 19,7% de la población general. En un contexto internacional, España registra la peor tasa de pobreza de toda la UE, seguida por Bulgaria y Rumanía.
La pobreza infantil en España se caracteriza por ser más extensa y más intensa, agravándose significativamente entre los niños que viven en hogares monomarentales y en familias numerosas. La tasa del 34,8% de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social sitúa a España en la segunda posición más elevada de la Unión Europea, comprometiendo no solo el bienestar inmediato, sino perpetuando ciclos intergeneracionales de precariedad y desigualdad.
Causas Estructurales de la Pobreza Infantil
Diversos factores explican esta preocupante situación. El estudio "La pobreza infantil en España: evolución reciente y políticas" señala que, a pesar de disponer de recursos comparables a otros países, la configuración de las prestaciones sociales dirigidas a la infancia, su escasa cuantía y la falta de universalidad reducen su efectividad. En comparación con modelos más robustos y generalizados de países como Francia, Alemania o los escandinavos, España se encuentra en una posición intermedia que no logra romper la mala evolución de la pobreza infantil.
El Déficit de Vivienda Social y Asequible
Otro factor crucial es el déficit estructural de vivienda social y de alquiler asequible. Mientras que el promedio europeo de vivienda protegida o subvencionada se sitúa en torno al 7%, en España la cobertura apenas llega al 2%. Esta carencia de acceso a una vivienda digna y asequible impacta directamente en la capacidad de las familias para salir de la pobreza.

El Nivel Educativo y el Mercado Laboral
El nivel educativo de los progenitores también juega un papel relevante. En España, un nivel educativo más alto de los padres no ofrece una protección tan eficaz contra la pobreza infantil como en otros países europeos. La tasa de pobreza infantil entre hijos de padres con educación terciaria alcanza el 18,9%, frente a la media del 11% de la UE.
El mercado laboral español actúa como un factor estructural de riesgo. Los hogares donde ningún adulto trabaja padecen un incremento de hasta 34 puntos porcentuales en la probabilidad de pobreza infantil. Las mejoras relativamente reducidas en los ingresos laborales del hogar pueden tener un efecto muy importante en la reducción del riesgo de pobreza infantil, lo que subraya la importancia no solo del empleo, sino también de la calidad y suficiencia de los ingresos generados.
Consecuencias a Largo Plazo de la Pobreza Infantil
La incidencia de la pobreza infantil es uno de los indicadores más relevantes para cualificar los datos generales sobre pobreza, ya que no solo refleja problemas actuales, sino que se relaciona directamente con la incidencia de la pobreza en la vida adulta. Quienes de niños viven en un hogar pobre tienen un elevado riesgo de ser pobres en su vida adulta.
Las consecuencias de la pobreza infantil son profundas y duraderas. Los niños y niñas en esta situación tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas y problemas de salud mental, con una probabilidad un 36% mayor de padecer sobrepeso. En el ámbito educativo, se asocia con un menor rendimiento académico, mayor tasa de abandono escolar y menor acceso a oportunidades de educación superior, perpetuando el ciclo de la pobreza.
A nivel social y emocional, la pobreza infantil puede tener efectos devastadores en la autoestima, la autoconfianza y las relaciones interpersonales. La falta de recursos materiales y el estrés asociado pueden generar sentimientos de vergüenza, ansiedad y depresión. En la edad adulta, quienes han sufrido pobreza en la infancia ganan, en promedio, 5.130 euros brutos anuales menos.
¿Por qué nos debe preocupar la pobreza infantil? | Pau Marí-Klose | TEDxSantAntoni
Políticas Públicas y Medidas para Reducir la Pobreza Infantil
Para abordar este desafío, se han implementado políticas públicas, como el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y su complemento de ayuda para la infancia (CAPI). Sin embargo, el informe destaca que estas medidas no han tenido un impacto significativo en la reducción de la pobreza infantil en España y que el 72% de las familias potencialmente beneficiarias no recibe esta ayuda.
UNICEF España aboga por herramientas de transferencia de rentas como la manera más efectiva de reducir la pobreza infantil, defendiendo la implementación de una prestación universal por crianza. Esta medida, de carácter progresivo y con una inversión significativa, podría reducir la pobreza infantil en un 11,2% (3,6 puntos). El coste de la pobreza infantil se estima en hasta el 5,1% del PIB, lo que equivale a 63.000 millones de euros anuales, una cifra considerablemente superior al coste de implementar políticas efectivas.
Otras medidas complementarias clave incluyen favorecer el incremento de la intensidad laboral, políticas de conciliación y el acceso a la vivienda. La Comisión Europea, en sus recomendaciones, señala que España afronta desafíos persistentes con el abandono temprano de la educación y la formación, y que, a pesar de la mejora del mercado laboral, la tasa de empleo se sitúa por debajo de la media de la UE, considerándose una situación crítica.
La Comisión también advierte sobre el riesgo de incumplir el crecimiento máximo recomendado del gasto en 2026 y señala que España es uno de los pocos países de la UE sin un plan presupuestario enviado, lo que dificulta la implementación de medidas efectivas.
El Papel de la Sociedad Civil y la Urgencia de la Acción
Organizaciones como la Plataforma de Infancia y la Fundación Marianao denuncian esta situación como una emergencia social insostenible. Insisten en que la realidad de la pobreza infantil es evitable y que España dispone de margen para actuar y de evidencias claras sobre qué políticas funcionan. La falta de ayudas universales, la escasa cuantía de las prestaciones y la vinculación del CAPI al IMV son barreras que dificultan el acceso a la ayuda.
La reducción de la pobreza infantil no puede depender de mejoras coyunturales ni de esfuerzos parciales. Requiere una apuesta política decidida y sostenida en el tiempo, así como un compromiso de toda la sociedad para construir un presente y un futuro más justo y equitativo para todos los niños y niñas del país. Es fundamental visibilizar la realidad, asumirla como un reto compartido y construir comunidad y redes de apoyo, ya que la pobreza no es solo carencia de recursos, sino también soledad y ausencia de vínculos.