La historia de la migración interna en España ha generado fenómenos sociales y culturales complejos, especialmente en regiones de fuerte atracción económica como Cataluña. Uno de los términos más emblemáticos y controvertidos asociados a este proceso es el de "charnego", que describe a los migrantes que llegaron a Cataluña de otras partes de España, particularmente de Andalucía, Extremadura y Murcia, en las décadas de 1920 y 1950, y a sus descendientes nacidos en la región.
Origen y Evolución del Término "Charnego"
Etimología y Primeros Usos
La Real Academia Española (RAE) sugiere que "charnego" debe su etimología a lucharniego, un perro "adiestrado para cazar de noche" y de poco pedigrí, un chucho mestizo. Esta connotación inicial ya sugería una falta de origen claro o una mezcla de procedencias.
Curiosamente, las comunidades de migrantes franceses que llegaron a Cataluña en el siglo XVII fueron los primeros en ser llamados charnegos. En aquel entonces, el término los aglutinaba en torno a su condición de precarios y no catalanoparlantes. A estos se les denominaba también Gabachos o gavatxos. Unos siglos más tarde, el término sería reciclado con las oleadas de migrantes españoles del sur.
En gascón, charnègo tenía el sentido de mestizo o forastero no adaptado. En la Comunidad Valenciana, la denominación xarnego también se usaba para referirse a la mezcla de valenciano con castellano, y así se denominaba a los murcianos, siendo un apelativo más cariñoso que despectivo en ese contexto.
Significado Despectivo en Cataluña
En las décadas de 1950 y 1960, con una fuerte inmigración castellanohablante proveniente del resto de regiones españolas, se extendió su uso en Cataluña para referirse de forma despectiva a los nuevos residentes. El término "charnego" denotaba un poco de todo y nada bueno: marginalidad, analfabetismo, vagancia, delincuencia, pobreza. La Gran Enciclopèdia Catalana lo define como un término "ofensivo" y su uso, "éticamente reprobable".
El escritor Francisco Candel describió esta situación en su influyente obra Los otros catalanes (1964), dando voz a las experiencias de esta comunidad. La palabra "charnego" siempre ha tenido un carácter despectivo, más relacionado con la lengua que con el origen geográfico. Despectivamente, se usa para referirse a las personas que viven en Cataluña y proceden de otras regiones, siendo este su uso más común.
La "Charneguidad" y la Identidad
Definición y Grados de "Charneguidad"
Por "charnegos" se entiende aquellos residentes en Cataluña de origen español no catalán. La "charneguidad" sería una característica "relativa" y no absoluta. Los "charnegos puros" serían los nacidos en Andalucía, Extremadura y Murcia, que constituyeron la gran mayoría de quienes emigraron a Cataluña en las décadas finales del siglo pasado. Serían menos charnegos o "charnegos impuros" en grado descendente, los nacidos en Madrid, las dos Castillas y León, y los de origen norteño.
El epíteto de charnegos también se aplicaría a las dos generaciones siguientes a las de esos charnegos originales, solo que, como sucede con los mulatos y mestizos en algunas regiones del Caribe y excolonias, la charneguidad se iría diluyendo a medida que los hijos de los charnegos iniciales se hubiesen emparejado con catalanes/catalanas. Lo más habitual es encontrarse con charnegos-mulatos, hijos de padres catalanes y madres charnegas, donde el estatus socioeconómico del padre sería muchísimo más alto que el de la madre. Menos habitual es el caso de mestizo-charnegos, hijos de padres charnegos y madres catalanas, donde con seguridad, el estatus socioeconómico de la madre sería bajo.
En la RAE, la definición de "charnego" incluye, de forma despectiva, al hijo nacido en Cataluña de un progenitor catalán y un progenitor no catalán, proveniente de otro territorio español.
Ejemplos de figuras públicas que encajan en estas categorías son Gabriel Rufián Romero, considerado charnego de primera generación puro, y Jordi Cuixart y Jordi Sánchez Picanyol (los "Jordis"), quienes son charnegos de primera generación impuros o mulato-charnegos, siendo el primero hijo de padre catalán y el segundo de padre "español". Xavier Sala-i-Martín, el economista, también es mulato-charnego. Incluso Carles Puigdemont es un charnego-mestizo en muy pequeño grado, con solo cuatro de sus tatarabuelos no catalanes.
Reapropiación y Resignificación del Término
Aunque el término "charnego" ha sido históricamente despectivo, hoy varias personalidades se declaran charnegas (de origen no catalán o ascendientes no catalanes) reivindicando una situación de normalidad social. Uno de los primeros en hacerlo fue Joan Manuel Serrat. Tras incidentes relacionados con el uso del término, incluso se han declarado charnegos figuras políticas como Pasqual Maragall (PSC) y Josep-Lluís Carod-Rovira (ERC).
El futuro de la palabra "charnego" parece encaminarse hacia una reapropiación como nuevo elemento del discurso de clase. El término ha ido perdiendo su carga peyorativa cuando se emplea en castellano, aunque algunas personas aún lo consideran despectivo, racista y xenófobo. En 2018, el 70% de los nacidos en Cataluña tenían ascendencia migrante, y según el Instituto de Estadística de Cataluña, ninguno de los 25 apellidos más comunes de la región es de origen catalán, lo que subraya la naturaleza mestiza de la sociedad catalana actual.
Según Javier López Menacho, autor del libro Yo, charnego, se trata de un término socialmente superado. Hoy, llamar charnego a alguien está muy mal considerado, salvo en "reductos de una burguesía que está fuera de la realidad".
Discriminación y Aporofobia

La repulsa inicial no se trataba solo del rechazo al no catalán, sino de la aporofobia, el rechazo al pobre, un concepto acuñado por Adela Cortina. Nadie afeaba el gesto al turista escandinavo o al inversor saudí, ni se llamaba charnego al señorito andaluz que venía a cerrar tratos con la burguesía catalana. El charnego, como cualquier inmigrante, fue visto desde dos ángulos opuestos: el de un otro necesario, el componente enriquecedor de una sociedad diversa, y la mano de obra barata.
La condescendencia era la vía de la demagogia para negar una fuerza de poder objetiva que mantiene arriba a unos pocos a costa de los de abajo, según Bourdieu. Algunas declaraciones del pasado reflejan esta visión despectiva, como la que describe al hombre andaluz como "un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido poco amplio de comunidad" y la "muestra de menor valor social y espiritual de España".
Los Hijos de Andaluces y el Contexto Político
Participación Política y el "Diamante Político en Bruto"
En los años setenta llegaron a residir en Cataluña 1,1 millones de andaluces. Los "charnegos" siempre fueron un diamante político en bruto, pero nadie parecía saber sacarle todo el provecho. En 1980, el Partido Socialista Andaluz (PSA), luego Partido Andalucista (PA), obtuvo dos diputados en el Parlament de Cataluña, un hecho inédito para un partido de carácter regional en otra autonomía.
Con el relevo generacional, la presencia de lo "charnego" en la opinión pública era cada vez menor. Sin embargo, el "Procés" independentista sirvió de espoleta para reavivar este viejo estigma como sinónimo de rédito político. Lo que antes había sido motivo de desprecio o burla se volvió ahora un valor identitario ante el que "sacar pecho".
Gabriel Rufián, en su primera aparición en el Congreso de los Diputados en 2016, encarnó esta reapropiación al decir: "Soy nieto e hijo de andaluces llegados hace 55 años desde Jaén y Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman charnego e independentista". Con ello, los charnegos volvían a ser parte del juego político.
El "Síndrome del Charnego" y el Independentismo
Resulta sorprendente que las tesis independentistas cuenten con cierto respaldo en el colectivo charnego, a pesar de que estas ideas, explícita o implícitamente, desprenden un "tufillo" chovinista y desprecian al resto de pueblos de España, especialmente a los andaluces y extremeños, a quienes se asocia con "paletez", "incultura", "pereza" y "vivir a costa de otros". El desprecio no se dirige explícitamente contra los españoles, sino contra "España" o "lo español", como si pudiera existir la nación al margen de sus habitantes.
A esta aquiescencia de muchos charnegos con tales ideas e insultos se le ha denominado el "síndrome del charnego". Este síndrome no afecta a todos los charnegos ni por igual, con figuras como Inés Arrimadas o Joan Manuel Serrat que no lo padecen, y otros como Gabriel Rufián que lo padecen en grado sumo.
Análisis desde el Modelo de Hirschman
Para explicar este "síndrome", se puede recurrir al modelo de Albert O. Hirschman de comportamiento expuesto en su obra Salida, Voz y Lealtad. Hirschman plantea que ante el deterioro en la calidad de una institución o sociedad, los individuos pueden optar por la "salida" (irse a otro lugar) o la "voz" (la queja, el uso de la política).
Los charnegos que emigraron a Cataluña en las décadas finales del siglo pasado optaron por la "salida" en lugar de la "voz", buscando una vida mejor que no encontraban en sus lugares de origen. En la época de Franco, la dictadura imposibilitaba el ejercicio de la "voz", y muchos mantuvieron "lealtad" a sus patrias sentimentales.
Sin embargo, quienes emigraron después de 1977, ya con la democracia y el Estado de las Autonomías, eligieron la "salida" libremente. Se presume que muchos de ellos no sentirían demasiada "lealtad" o compromiso con sus "patrias" sentimentales de origen, siendo, por así decirlo, "apátridas sentimentales". Su decisión fue el resultado de un análisis coste-beneficio.
La Señalización de la "Catalanidad"
El "síndrome del charnego" a menudo viene acompañado de un comportamiento independentista radicalizado. Para estos charnegos "apátridas" sentimentales, no bastaría con serlo para progresar en una Cataluña dirigida por el nacionalismo. Necesitan enviar una señal creíble de "catalanidad".
Según la Teoría de la Señalización, para que una señal sea efectiva, debe ser costosa para quien la emite. No basta con decir "me siento catalán"; hay que demostrarlo. De ahí que figuras como Rufián se desgañiten para que sus proclamas de que su "patria" sentimental es Cataluña sean creíbles. Deben ser "los más catalanes entre los catalanes, los más independentistas entre los independentistas", para "ocultar" sus orígenes o mostrar que ya no guardan relación con ellos.
Las señas de identidad de los andaluces según José María Pérez Orozco
Reflexiones sobre la Identidad "Charnega"
La Complejidad de la Identidad en Cataluña
La constitución del charneguismo como una "tercera identidad" pura en su mezcla, fija y ancla la catalanidad y la castellanidad/españolidad. Decir que los charnegos no pertenecen a ningún sitio o que no son ni una cosa ni la otra presupone que los catalanes y los castellanos son de algún lugar, que podemos establecer claramente quiénes son unos y quiénes son otros.
La realidad de Cataluña es compleja: hijos de emigrantes castellanohablantes hablan catalán diariamente, y otros no; hay charnegos independentistas, y otros no; hay catalanes "de cuajo" unionistas, y otros no. Tenemos que cambiar cómo entendemos la demografía y la historia, entendiendo que la Cataluña catalanófoba y la que acuñó el término charnego son la misma Cataluña. Las opresiones y la intolerancia hacia la diferencia se encuentran en todas las formas, tamaños, colores y sexualidades, sin jerarquía entre ellas.
La cotidianidad es instrumentalizada por los diferentes agentes de forma simplificada, resaltando aquello que creen más relevante de esta "realidad de muñecas rusas repartidas por el poliedro que es Cataluña".
La Experiencia Personal y la Reivindicación
No todas las personas de ascendencia andaluza nacidas en Cataluña se identifican como "charnegas". La identidad "charnega" pretende ser una identidad marginal, que habita la frontera. Cualquier intento de definirla circunscribiéndola a un relato determinado que cree una población tipo comporta el peligro de limitar su potencial transformador y de invisibilizar las experiencias de muchos migrantes y, sobre todo, de sus hijos.
La pobreza se torna exótica, lo marginal se mercantiliza. Que el término "charnego" sobreviva quizá ni siquiera dependa de aquellos a quienes señalaba, exentos incluso de ejercer de albaceas de su propia marginación. Si el término sobrevive, será para el beneficio de una clase política y a costa de rentabilizar la memoria de aquellos a los que Galeano llamaba "los nadies". Avivar el emblema de lo charnego "le hace el juego al poder", que le otorga el mérito a unos mientras sigue proyectando la culpa sobre los recién llegados.
El Trasvase de Prejuicios
La cuestión de si magrebíes, sudamericanos, subsaharianos o asiáticos han heredado el recelo que antes existía hacia los charnegos es compleja. Existe un trasvase de prejuicios de una comunidad a otra. En este "macabro juego de la silla", los unos aprovechan los huecos que los otros van dejando libres, y así los recién llegados heredan los estigmas del pasado.
Como explica López Menacho, el "charneguismo ha tenido vida propia", pero "la realidad es tan líquida que todo está asociado". Las nuevas comunidades migrantes están "durmiendo en el colchón caliente de las antiguas comunidades migrantes". Hay un relevo, una "globalización de la clase migrante y también de la precariedad", una "clase obrera multinacional". Sin embargo, no cree que la llegada de nuevas comunidades haga que las antiguas sean mejor consideradas. De hecho, en ocasiones, "quien un día fue víctima adopta el papel de verdugo".
La frase "Ser charnego no te da la condición de persona perfecta" resume esta realidad, donde la pobreza y la marginalidad siguen siendo objeto de desprecio, aunque los "chinos de mierda" o los "moros" tomen el relevo de los "charnegos".
"Los Otros Catalanes": Legado y Reconocimiento
En el pasado, Cataluña fue un destino para miles de personas, mayoritariamente de Andalucía y Galicia, que buscaban reconstruir sus vidas tras la Guerra Civil Española. Aunque muchos de ellos ya no están, "en honor a la verdad hay que reconocer que en su gran mayoría se integraron totalmente y se consideraron tan catalanes como los originarios de la tierra que les acogió."
Un ejemplo muy representativo del "xarnego" podría ser el del cantautor Joan Manuel Serrat. "Seguramente nadie duda de la catalanidad de el noi del Poble Sec (el muchacho del barrio de Pueblo Seco de Barcelona, como se le conoce en Catalunya), o el nano (el niño, como se le apoda cariñosamente en toda América latina)".
Personajes como Joan Manuel Serrat o José Montilla (presidente de la Generalitat, criticado por Marta Ferrusola por llamarse José y no Josep) demuestran que la identidad catalana es amplia y diversa, trascendiendo el lugar de nacimiento de los padres. El "problema catalán" revela una fuente inagotable de temas a los que hacer frente, donde la complejidad de la identidad "charnega" es clave.
Es necesario que todo el mundo que viva y trabaje en Cataluña, y que se sienta interpelado a hablar sobre su identidad (catalana, castellana o charnega, con cualquier género, religión, cultura o raza), lo haga, entendiendo que "nuestra realidad no es ni única ni definitoria", y con conciencia de cómo nuestra experiencia puede ser instrumentalizada para hacer daño a los vecinos.