La Terra Preta, que significa «tierra negra» en portugués, es un término utilizado para referirse a una forma de tierra muy negra y extraordinariamente fértil encontrada en la cuenca del Amazonas. También se la conoce como «tierra negra del Amazonas» o «tierra negra india». Desde hace tiempo, estos misteriosos suelos procedentes de la selva amazónica han despertado gran interés entre edafólogos y científicos, siendo descritos como «oro negro» debido a sus formidables propiedades como fertilizante orgánico.

Contexto Histórico y Descubrimiento
La historia de la Terra Preta está íntimamente ligada a la exploración de la Amazonia. En 1542, el conquistador Francisco de Orellana, durante uno de los viajes más épicos del descubrimiento de América, descendió el Amazonas. A lo largo de su travesía, se topó con fértiles poblaciones seguidas muy juntas durante 150 kilómetros y ciudades de hasta nueve kilómetros de largo, que podrían haber albergado a decenas o cientos de miles de personas. Durante siglos, se trató a Orellana de fantasioso porque las decenas de pueblos cuya existencia había indicado sobre el Río Amazonas y el Río Negro nunca se encontraron.
Francisco de Orellana, la odisea del primer explorador del Amazonas
Sin embargo, gracias a la Terra Preta descubierta en muchos lugares a lo largo de estos ríos, se sabe ahora que decía la verdad. Francisco de Orellana fue el primero, y ciertamente el último, en observar esta civilización. Antropólogos y científicos se preguntaban cómo era posible que una selva tan exuberante como el Amazonas creciera sobre un suelo tan pobre. Hoy, las evidencias sugieren que la Amazonia albergó hasta la llegada de los españoles a un verdadero imperio digno de los mayas o de los incas, cuya base cultural residía en estos suelos.
Primeras Observaciones Científicas
El interés por el "oro negro" del Amazonas despertó en los occidentales por primera vez en la década de 1870. La primera descripción de Terra Preta (do Índio), o tierra negra, es de Hartt en 1871, quien la denominó «terra cotta». En el final del siglo XIX, Smith (1879) y Hartt (1885) se preguntaban sobre su origen, vacilando entre el vulcanismo y la sedimentación de lagos desaparecidos.
Fue necesario esperar los años 60 (Cunha-Franco, 1962; Sombroek, 1966) para descubrir que este color negro procedía de micropartículas de carbón de madera, probablemente aportadas allí por grupos humanos. Al mismo tiempo, se hicieron descubrimientos asombrosos en el suroeste de la cuenca amazónica. Explorando el paisaje de los llanos inundables de los Mojos, en Bolivia, el arqueólogo Bill Denevan notó la presencia de largas líneas rectas y numerosas formas geométricas, fantasmas de campos, canales de riego y carreteras. Treinta años más tarde, el arqueólogo Clark Erickson advirtió que los islotes de bosques tropicales que salpican este llano de los Mojos contenían minúsculos cascos de alfarerías, señal de un empleo humano sedentario e importante. Arqueólogos como Bill Woods también encontraron ruinas de alfarerías a lo largo del río Tapajos, en la selva amazónica, mezcladas con la materia fértil de la Terra Preta, estableciendo rápidamente el vínculo con una civilización precolombina.
Origen y Composición de la Terra Preta
La teoría más aceptada actualmente es que la Terra Preta amazónica es el producto de la actividad de las sociedades humanas que habitaron la región antes de la llegada de los europeos. Se trata de suelos antropogénicos, es decir, creados por el hombre.

Evidencia Antropogénica
- La prueba más clara de su origen antropogénico es la presencia de cerámica en su seno.
- Otro indicio es que las parcelas de Terra Preta suelen coincidir con poblados humanos actuales o pasados.
- La teoría actual dice que los suelos de Terra Preta se encuentran sobre antiguos asentamientos indígenas.
Técnicas de Formación
Se cree que estos suelos podrían ser el producto de una técnica indígena denominada «tala y carbonización» (slash-and-char en inglés), consistente en someter la madera a una combustión incompleta a baja temperatura. Esta técnica es diferente de la «tala y quema» (slash-and-burn) usada por los agricultores brasileños actuales, en la cual la madera se quema completamente dejando solo cenizas en el suelo. Las cenizas son arrastradas fácilmente por el agua de lluvia, dejando el suelo desprovisto de nutrientes y estéril. Con la carbonización, por el contrario, el carbón vegetal formado retiene los nutrientes y conserva la fertilidad.
Básicamente, las Terras Pretas consisten en una adición de restos orgánicos (unos carbonosos, otros no) y de artefactos humanos (generalmente cerámicos) sobre los suelos naturales de las regiones en donde aparecen. Los indígenas modificaron la fertilidad del suelo con la quema de troncos, ramas, malezas, rastrojos, capa vegetal de los bosques cercanos, y también con el carbón de las cocinas y las cenizas de las casas.
Componentes Clave
Esta preciosa capa contiene una potente mezcla de material inorgánico, como cenizas, cerámica, huesos y conchas, junto a materia orgánica, como restos de comida, estiércol y orina. El elemento decisivo es el carbón vegetal de origen vegetal contenido en la Terra Preta. Es este último el que llama más la atención, ya que no ha sido descrito con propiedades tan "casi mágicas" en otros lugares.
En suahili, este tipo de carbono se ha denominado «biochar» (de "bio" biológico y "char" de charcoal, o carbón). Hablamos de una degradación térmica de la biomasa del tipo de la pirólisis (oxidación lenta). Esta técnica, utilizada para la producción de bioenergía, deja un subproducto que es el biochar. Se ha descubierto que, dependiendo del tipo local de los suelos y de los materiales disponibles, la composición de las enmiendas variaba sustancialmente, por lo que sus propiedades pueden ser heterogéneas, pero solo hasta cierto punto, si consideramos las enigmáticas particularidades de sus materiales carbonosos.
Características y Propiedades Únicas
La Terra Preta es muy fértil y esto representa una anomalía respecto a los relativamente estériles suelos de la Amazonia.
Fertilidad Excepcional
Las Terras Pretas poseen horizontes oscuros, de más o menos 50 cm de espesor, aunque pueden alcanzar hasta los dos metros de profundidad. Son suelos antrópicos muy fértiles que contrastan con la pobreza en nutrientes y carbono típicos de los suelos naturales de la zona (Acrisoles, Ferralsoles y Arenosoles, entre otros).
Los suelos amazónicos normales son profundos, evolucionados, muy ácidos y poco aptos para la agricultura, industrial o artesanal. Debido a las condiciones óptimas de humedad y temperatura, su materia orgánica se descompone y mineraliza velozmente, además de padecer otros limitantes, como arcillas caoliníticas, que absorben poca agua y retienen peor los nutrientes. Por lo tanto, la estructura y fertilidad de los suelos naturales de las selvas amazónicas no es favorable para la producción de cosechas, presentando colores amarillentos o rojizos, y no negruzcos como los de las Terras Pretas.
En contraste, la Terra Preta es rica en nutrientes esenciales para los cultivos, como nitrógeno, fósforo, potasio y calcio. Mientras que los suelos amazónicos normales requieren periodos de barbecho de entre 8 y 10 años, con la Terra Preta pueden bastar 6 meses de descanso para que la tierra se recupere. Además de su marcada fertilidad, otro rasgo característico es la presencia de cerámica, carbón y sustancias ácidas muy aromáticas.

Persistencia y Retención
Las propiedades de la Terra Preta no residen solo en los elevados contenidos de carbono que atesoran, sino en la naturaleza de sus sustancias carbonosas, enormemente resistentes a la mineralización. Tanto es así que tales compuestos alcanzan miles de años de antigüedad. La materia y los efectos de la Terra Preta duran miles de años, por lo que bastaría una aplicación con vistas a convertir un yermo en un paraíso para la producción agrícola.
La estructura de sus sustancias carbonosas es enormemente porosa, lo que favorece la retención del agua en grandes cantidades, permitiendo una notable eficiencia en el uso de los recursos hídricos. La elevada capacidad y eficiencia de retener los nutrientes del suelo evitaría aplicar las enormes cantidades de fertilizantes que usa la agricultura productivista, disminuyendo drásticamente los problemas de contaminación de tierras y aguas que generan.
La gran porosidad de las sustancias carbonosas incrementa la superficie útil para albergar comunidades microbianas y, por tanto, su capacidad de carga. La actividad biológica del suelo se dispara, cambiando también la composición de especies y grupos tróficos, aumentando las poblaciones bacterianas en detrimento de arqueas y hongos. Además, los indígenas añadían espinas de pescado (ricas en fósforo), huesos y otros productos que al descomponerse liberaban nutrientes que, a la postre, eran retenidos por el biochar.
Potencial de Autoregeneración
Algunos expertos señalan que la Terra Preta tiene la sorprendente capacidad de autoregenerarse. El geógrafo William Woods ha descubierto al menos un caso en el que la Terra Preta es capaz de regenerarse con el tiempo. En una finca de Brasil, los campesinos extraen la tierra negra para venderla como abono a explotaciones vecinas, pero se han dado cuenta de que, si dejan una capa de unos 20 cm en el suelo, al cabo de 20 años el estrato de Terra Preta vuelve a alcanzar su espesor inicial. Woods cree que este fenómeno es debido a los microorganismos que habitan en la Terra Preta.
Investigadores brasileños del Instituto Nacional de Investigación Amazónica (INPA), junto con universidades norteamericanas y alemanas, han examinado esta Terra Preta. Las pruebas de cultivo confirmaron su extraordinaria fertilidad comparada con la del suelo ordinario. Bruno Glaser, de la Universidad de Bayreuth, ha destacado que la magia del carbón reside en su estructura porosa, que le permite almacenar y retener en el suelo las sales minerales generalmente lavadas por las lluvias. Este carbón de madera alberga también una microflora mucho más eficaz para la vegetación que la de un suelo ordinario. De ahí la creencia de que la Terra Preta parece reproducirse como un organismo vivo.
Distribución Geográfica y Extensión
Las Terras Pretas, conocidas desde hace tiempo como «Terra preta do índio» o «Terra preta de índio», salpican la «Terra comun» o suelos naturales que existen a lo largo y ancho de la cuenca del Amazonas. No se trata de una distribución aleatoria, sino que jalonan el cauce principal del Amazonas, justo en los lugares donde Francisco de Orellana dijo haber visto y convivido con aquella civilización perdida.

Este tipo de suelos también aparece en otras áreas de cultura precolombina, como Ecuador, Perú, Guyana y la isla de Marajó, así como en el África Occidental (Benin, Liberia) y las sabanas sudafricanas. Suelos antropogénicos parecidos también se han encontrado en Bretaña bajo dominio del Imperio Romano y en varios países de Europa (España, Alemania, Dinamarca, etc.). Sin embargo, es importante destacar que no todos los suelos antrópicos con restos carbonosos atesoran las fantásticas propiedades de las Terras Pretas amazónicas.
En la Amazonía, la extensión que ocupa varía, según algunos autores, del 0,1 al 0,3% de la baja Amazonía forestada (unos 6.300-18.900 Km²), mientras que otros elevan la cifra hasta el 1%, lo cual equivaldría al doble del tamaño de las islas Británicas. Se trata de una enorme extensión que forma un corredor estrecho que bordea el cauce principal del Amazonas.
En la clasificación brasileña de suelos, la Terra Preta es considerada como un tipo de latosol con un alto contenido de carbono orgánico en su horizonte A (superior al 13 o 14%), pero sin rasgos hidromórficos.
Implicaciones y Aplicaciones Modernas
El gran interés por la Terra Preta ha impulsado la investigación científica y el desarrollo de nuevas prácticas agrícolas, especialmente en el contexto de la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático.
Desarrollo de Agricultura Sostenible
Si se logra entender su estructura y la forma en que los aborígenes del Amazonas las elaboraron, podríamos aplicar una nueva (o vieja) generación de fertilizantes de fantásticas propiedades que posibilitarían la puesta en cultivo de zonas que actualmente no lo son debido a la mala aptitud de sus suelos, ya sean de zonas áridas o tropicales. Se trataría de aprovechar áreas marginales y/o restaurar suelos degradados. La FAO ha analizado las implicaciones productivas y culturales de la Terra Preta y ha sugerido que la misma podría servir de base para desarrollar nuevos modelos de agricultura sostenible.

Lucha contra el Cambio Climático
La Terra Preta contiene mucho más carbono que el suelo amazónico normal (150 g C/kg frente a 20-30 g C/kg), y además sus estratos son mucho más espesos. Por ello, la cantidad de carbono almacenada en una hectárea de Terra Preta es muy superior a la de una hectárea de suelo normal. Curiosamente, este tipo de suelo no solo es extraordinariamente rico en nutrientes, sino que son poderosos sumideros de carbono, con hasta 7,5 veces más carbono en su interior en comparación con los suelos cercanos.
A medida que este tipo de suelo se acumula, el carbono queda atrapado bajo tierra, donde permanece estable durante cientos de años, encerrándose y retrasando su entrada en la atmósfera. Dado que el almacenamiento de carbono en el suelo es uno de los mecanismos clave para la reducción de la concentración de CO2 en la atmósfera, la producción y uso de Terra Preta podría convertirse en un medio significativo para luchar contra el efecto invernadero, además de aumentar la productividad agrícola.
La estabilidad del carbono de las Terras Pretas permitiría practicar una agricultura con un elevadísimo potencial para el secuestro de carbono, ya que su tasa de residencia en el suelo supera con creces la de cualquier fertilizante o enmienda orgánica utilizados por nuestra civilización.
Reducción de la Contaminación
Otra ventaja que podría aportar la Terra Preta es una reducción de la contaminación del agua potable por nitratos debido al uso excesivo de fertilizantes. Su elevada capacidad y eficiencia de retener los nutrientes del suelo evitaría aplicar las enormes cantidades de fertilizantes con que juega la agricultura productivista, disminuyendo drásticamente los problemas de contaminación de tierras y aguas que generan, y reduciendo los gastos de combustibles fósiles requeridos para la fabricación de estos últimos.
La Producción de Biochar (Agrichar)
La degradación térmica de la biomasa mediante pirólisis, técnica utilizada para la producción de bioenergía (a partir de residuos orgánicos de todo tipo), deja un subproducto que es el biochar. Numerosas empresas se han lanzado a analizar la viabilidad de producirlo y comercializarlo, recuperando así una de las tecnologías más antiguas que se conocen con vistas a solucionar los graves problemas ambientales y agrarios que afectan a la civilización moderna.
Johannes Lehmann, un experto en el tema, informa de que, en principio, no existe problema tecnológico alguno para producir el biochar (también conocido como agrichar). La producción de biochar puede realizarse localmente por los agricultores, lo cual abarataría más aún el proceso y evitaría los gastos energéticos asociados al transporte de fertilizantes.
Actualmente, las empresas intentan sacar partido de este antiguo método para ayudar a los agricultores a mejorar su suelo y, al mismo tiempo, combatir el cambio climático. Por ejemplo, Carbon Gold es una empresa que produce biochar para utilizarlo como fertilizante orgánico sin turba. Además de retener carbono, el biochar mejora la estructura, la aireación, la capacidad de retención de agua y la retención de nutrientes, lo que favorece el crecimiento sano de las plantas.
Sin embargo, está resultando difícil recrear Terra Preta con la tecnología actual. Los experimentos muestran que no basta con fabricar carbón vegetal y añadirle excrementos animales, ya que en ese caso la fertilidad declina a partir de la tercera cosecha, mientras que la productividad de la auténtica Terra Preta se mantiene estable. Un reciente estudio llevado a cabo en Suecia muestra que el biochar que aplicaron distaba mucho de atesorar las propiedades de las Terras Pretas en todos los aspectos aludidos.
Francisco de Orellana, la odisea del primer explorador del Amazonas
Cómo Recrear la Terra Preta (Métodos Aproximados)
Aunque no se sabe exactamente cómo fabricaban los indios del Amazonas la Terra Preta, existen maneras aproximadas de obtenerla:
- Crear biochar a partir de restos orgánicos: Desmenuzarlo en trozos pequeños, pero no hasta hacerlos polvo, ya que se perdería su valiosa estructura porosa. Este carbón, al microscopio, tiene millones de poros, lo que le confiere una superficie específica inmensa (hasta 2200 m² por gramo). El biochar es un sustrato perfecto: es un acumulador y un súper distribuidor, permitiendo un acceso rápido a los nutrientes albergados en sus poros. Cuando hay exceso, retiene, y cuando hay escasez, provee. Se supone que los indígenas quemaban sus restos en montones dentro de una zanja, tapándolos de alguna manera para que se carbonizaran sin oxígeno.
- Añadir nutrientes y microorganismos: Utilizando, por ejemplo, té de compost, residuos orgánicos, estiércol, tierra fértil, esporas de hongos, etc. Los microorganismos efectivos (EM) favorecen la descomposición de la materia orgánica.
- Añadir minerales de fuentes diversas: Arcilla, trozos de cerámica pequeños, ceniza, huesos triturados, etc.
- Mezclar todos los componentes: De manera que se "active" el biochar. Se necesitan aproximadamente 8 semanas para que la mezcla de sustratos fermente. Para la fermentación al aire libre, los meses de abril a julio son más adecuados, ya que las heladas y el frío (por debajo de 8 grados), así como la sequía, ralentizan el proceso.
Es importante tener en cuenta algunas precauciones al intentar recrear este tipo de suelo. No se debe sustituir el carbón vegetal de origen vegetal por carbón para barbacoas, ya que este presenta una alta carga de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) que no siempre son degradados por los microorganismos. Además, la tierra negra tiene un pH alto y puede hacer el suelo más básico (nunca debe superar 7). Por ello, no debe utilizarse ni como tierra para siembra ni como sustrato para todas las plantas amantes de los suelos ácidos (como rododendros, azaleas, hortensias, arándanos, etc.).
El Legado de las Civilizaciones Indígenas
Los estudios recientes demuestran que las prácticas agrícolas de las antiguas comunidades indígenas siguen dando forma a la selva tropical. La "tierra negra" está muy extendida por toda la Amazonía, y cada vez se hace más evidente que gran parte de lo que consideramos "selva primaria" ha sido profundamente influenciada por la actividad humana milenaria. En 2017, una investigación reveló que los árboles domesticados tienen cinco veces más probabilidades de ser dominantes en el Amazonas que los no domesticados, apareciendo con más frecuencia cuanto más cerca se está de los antiguos asentamientos.
Aunque muchas de las comunidades indígenas del Amazonas han desaparecido, aniquiladas por los colonialistas occidentales y las enfermedades que portaban, su legado permanece. Las capas más antiguas de estos suelos negros tienen unos 5.000 años, pero la mayor actividad y cambios culturales se observan hace unos 4.000 años, alcanzando su punto álgido hace unos 2.000 años. La disminución de la producción de tierra negra hace unos 500 años se cree que refleja las consecuencias de la llegada de Cristóbal Colón a América Latina, un evento que marcó el inicio de una "gran agonía" y una drástica reducción de la población indígena.
Un hecho digno de resaltar es que, al parecer, los campesinos aborígenes de la región no crean Terras Pretas nuevas, sino que cultivan las de sus antepasados (gracias a la persistencia de sus propiedades) o las venden como compost. Esta última práctica debería cuestionarse, por cuanto se trata de un patrimonio natural y cultural que debiera ser preservado. El profesor Mark Robinson cree que copiar el método de los antiguos indígenas del Amazonas será esencial para las generaciones futuras, especialmente ante la proyección de que en 2050 la mitad de la población mundial vivirá en los trópicos, con una gran migración hacia los bosques tropicales. Es fundamental encontrar formas en que las comunidades sean más sostenibles, y hay mucho que aprender del pasado.
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