La figura de Federico García Lorca, uno de los poetas y dramaturgos más influyentes del siglo XX, está rodeada de un halo de misterio y tragedia, no solo por su prematura y violenta muerte, sino también por las complejidades de su vida personal y la forma en que su familia ha custodiado su memoria y legado. Cuanto más se profundiza en su universo, más extraños aparecen los juegos de misterio y muerte que lo conforman.

Los Sobrinos de Federico García Lorca: Herencia de Sangre y Memoria
Federico García Lorca mantuvo una estrecha relación con su familia. Una fotografía de 1935 lo muestra en la Huerta de San Vicente, vivo y feliz, en compañía de sus sobrinos Manuel (izquierda) y Vicenta (derecha) Fernández-Montesinos García. Ambos eran hijos de su hermana Concha y su cuñado Manolo. En ese momento, Vicenta acababa de cumplir 5 años y su hermano era solo un año menor. El gesto tierno de Vicenta (Tica), agarrando a su tío por el brazo con las dos manos, simbolizaba no solo el cariño de una niña hacia un familiar tan cercano, sino también un intento de retener junto a ella a alguien que desaparecería para siempre un año después.
La Guerra Civil Española marcó para siempre el destino de la familia Lorca. Manuel Fernández Montesinos, padre de Vicenta y Manuel, y alcalde de Granada, fue fusilado el 16 de agosto de 1936 en las tapias del cementerio de esta ciudad junto a varios concejales y militantes socialistas. La guerra, el exilio y el regreso a la España de Franco no fueron las únicas desgracias para la familia. En 1956, Concha García Lorca fallecía en un accidente de automóvil, precisamente cuando se dirigía desde Madrid a Fuente Vaqueros.
Del matrimonio entre Concha García Lorca y Manuel Fernández-Montesinos nacieron tres hijos:
- Vicenta (Tica), en 1931, quien publicó los libros Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra y El sonido del agua en las acequias.
- Manuel, en 1932, quien fue senador socialista por Granada en 1977 y es portavoz de la comunidad de herederos del poeta. Es autor del libro Lo que en nosotros vive.
Otro de los hermanos de Federico, Francisco García Lorca, escritor, profesor y crítico literario, se casó en 1944 en Estados Unidos con Laura de los Ríos Ginés (hija de Fernando de los Ríos y de Gloria Ginés). Tuvieron tres hijos:
- Gloria, en 1945, pintora.
- Isabel, en 1947, actriz y bailarina.
- Laura, en 1954, quien estudió arte dramático en Nueva York y es la actual presidenta de la Fundación García Lorca.
La hermana pequeña de Federico, Isabel García Lorca, fue la primera presidenta de la Fundación, pero no tuvo descendencia.
La Gestión del Patrimonio y la Búsqueda de sus Restos
La saga de los García Lorca siempre ha tenido fama de ser gente con mucho carácter y, quizás por eso, jamás han dejado de controlar directamente su pasado y han gestionado de manera muy privada muchos de sus recuerdos, empezando por su patrimonio. Desde Nueva York y durante la década de los 40, sus padres, Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca Romero, tramitaron la declaración de herederos del poeta para poder repartir su herencia y gestionar los derechos de autor sobre sus obras. Para ello, tuvieron que conseguir un certificado de defunción fechado en Granada el 21 de abril de 1940, lo que supuso un mero trámite legal, ya que los dos testigos que afirmaban haber visto el cadáver de Federico el 20 de agosto de 1936 eran, en realidad, el alguacil del juzgado y el primer escribiente del mismo.
Esta visión patrimonialista de la familia de Federico respecto a la herencia del poeta ha sido muy criticada, sobre todo durante los últimos años, a partir de que se abriera la posibilidad de localizar sus restos. Ian Gibson, su biógrafo más conocido, no ha cesado de criticar la actitud de los herederos de Lorca y su negativa para encontrar su cadáver. Este comportamiento, calificado de «obstruccionista» por muchos y no suficientemente explicado, ha alentado todo tipo de teorías respecto al conocimiento que tendría la familia en relación con un desenterramiento del poeta ocurrido después de su fusilamiento.
La búsqueda de los restos mortales de Federico García Lorca no ha tenido éxito. En un momento dado, la consejera de Justicia de Andalucía, Begoña Álvarez, se dio por vencida y declaró finalizadas las labores de localización de los restos del poeta en la fosa de Alfacar, en Granada, reconociendo que «no se ha encontrado ningún resto humano». Para Manuel Fernández-Montesinos, uno de sus sobrinos, «lo que hay que hacer con Lorca es leerlo y saber por qué está en una fosa común».
Aunque los herederos del poeta siempre se mostraron contrarios a la realización de estos trabajos, no siempre la familia ha permanecido unida en relación con este asunto. En septiembre de 2008, los seis herederos de Lorca dieron un giro radical a su postura de oposición y, tras una reunión celebrada en la Residencia de Estudiantes, determinaron aceptar el derecho de las familias de dos de los tres compañeros de martirio de su tío (Dióscoro Galindo y Francisco Galadí) para que se abriera la fosa donde, supuestamente, estarían enterrados junto a Federico. Sin embargo, posteriormente, Manuel Fernández-Montesinos criticó el intento de Baltasar Garzón de abrir desde la Audiencia Nacional la fosa de Alfacar, calificando de «profanación» esta iniciativa. Para muchos, el desenlace de esta historia ha venido a dar la razón a los herederos del poeta: la excavación compulsiva de las seis fosas de Alfacar ha dañado la memoria del poeta. Mientras que los familiares de los fusilados junto a Lorca han reconocido estar desilusionados al no hallarse ningún tipo de restos, los sobrinos de Federico no han disimulado su particular satisfacción ante un desenlace tan vacío.

Emilia Llanos Medina: Un Amor Secreto y la Hipótesis de un Hijo
Uno de los mayores misterios en la vida personal de Federico García Lorca concierne a una relación sentimental temprana con Emilia Llanos Medina (1885-1967). Esta estrecha relación ha sido revelada a través de exposiciones como ‘Emilia Llanos Medina. El arte de la amistad’ y ‘Emilia Llanos Medina y Federico García Lorca. Pasiones compartidas’, comisariadas por el investigador José Javier García Montero. Estas exposiciones, basadas en fondos de su archivo personal, muestran una conexión que iba más allá de la mera amistad, desafiando las convenciones sociales de la Granada de la época y dando un vuelco a lo que muchos afirmaban sobre los gustos amorosos del poeta.
Este amor primerizo y secreto, marcado por la capacidad de Lorca de vivir entre la realidad y el misterio, se manifestó en cartas y poemas. Ya en 1918, Federico le dedicó a Emilia Llanos el poema Deseo y su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes. En este último, le escribió: «A la maravillosa Emilia Llanos, tesoro espiritual entre las mujeres de Granada. Divina tanagra del siglo XX. Con toda mi admiración y mi fervor. 28 de agosto de 1918». Cartas de 1920 y 1921 desde Madrid revelan un Federico enamorado, que se declara y pide perdón por su comportamiento, sintiéndose solo y viviendo «la casta canción de mi corazón». Emilia, por su parte, se confesaba «paralizada y sofocada» al recibir sus requiebros líricos.
El Niño que no Nació, o que Sí
La hipótesis más sorprendente que surge de esta relación es la posibilidad de que, fruto de este amor «prohibido», naciera un niño en el verano de 1923, que fue abandonado en una inclusa de Barcelona. Esta teoría es planteada por investigadores como Lola Manjón, basándose en las memorias de Emilia Llanos, Suspiros del pasado, y en la propia obra de Lorca.
En el poemario El Jardín de las Toronjas de Luna, escrito precisamente en 1923, Lorca evoca «el jardín de las posibilidades», «el jardín de lo que no es, pero pudo (y a veces) debió haber sido», incluyendo la reveladora Cancioncilla del niño que no nació: «¡Me habéis dejado sobre una flor / de oscuros sollozos de agua!». Además, en una carta del 30 de julio de ese año a Ciria y Escalante, el poeta describe su «jardín de las posibilidades» como un lugar donde también se encuentran «los niños que no han nacido». Más tarde, en el Diván del Tamarit, escrito entre 1931 y 1934 y publicado póstumamente, se puede leer la Gacela del niño muerto: «Todas las tardes en Granada / todas las tardes se muere un niño». Federico no publicó en vida los poemas dedicados al niño muerto.
Según la hipótesis, Emilia Llanos, junto a su amiga Emilia Aragón, viajó a Barcelona ya embarazada de Federico el 12 de mayo de 1923, hospedándose en la pensión Inglaterra de Rambla de Cataluña 79. Tras permanecer allí hasta octubre, Emilia Llanos decidió alejarse de Federico, motivada por sus obligaciones familiares. El poeta, al regresar Emilia a Granada, intentó mantener el contacto, llegando a regalarle un libro simbólico, El silencio, de Eduardo Rod, que reflejaba el tipo de relación que mantenían.
Esta información, planteada como hipótesis abierta por la investigadora y profesora Lola Manjón en sus libros Relaciones. Emilia Llanos y Federico García Lorca y Emilia Llanos Medina. Una mujer en la Granada de Federico García Lorca, y de la que también se ha hecho eco Ismael Ramos Jiménez en El mundo esotérico de Federico García Lorca, es muy difícil de comprobar y resolver a falta de más pruebas. La importancia de Emilia en la vida de Lorca se subraya con el hecho de que su madre, Vicenta, la buscó a ella primero para interceder por su hijo la noche de su detención.
Otras Relaciones Femeninas
Aunque la relación con Emilia Llanos destaca por la hipótesis de un hijo, Federico García Lorca mantuvo otras conexiones significativas con mujeres. Tuvo relación con María del Reposo Urquía -a quien llamaba “amiguita Reposo”-, a quien conoció en un viaje a Baeza. También con María Luisa Egea, una de las jóvenes más bellas de Granada y habitual de la tertulia del Rinconcillo, y con Agustina González López la Zapatera, dramaturga y pintora conocida entre los poetas, que también fue fusilada en 1936 en Víznar. Hay constancia de que hasta 1924, Federico mantuvo relaciones con mujeres, como se evidencia en una carta de junio de 1921 a Melchor Fernández Almagro, donde confiesa estar «enamorado de Marichu Zamora».
Historia del Mundo. Especial: Federico García Lorca (1ª parte) | Podcast Diana Uribe
Memoria Viva: Los Recuerdos de Vicenta Fernández-Montesinos (Tica)
La voz de Vicenta (Tica) Fernández-Montesinos, sobrina del poeta, es un valioso testimonio de la memoria familiar. Ella es una de las últimas personas vivas que recuerda la voz de Federico, evocando cómo le oía recitar el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías por la radio en diciembre de 1934. Tica guarda recuerdos de un tío especial, que «reía de pronto, bromeaba cuándo yo convalecía de una infección de oídos», y que al regresar de Nueva York y Cuba, le dijo a su madre embarazada: «¡Si es niña, se llamará Tica!», en honor a su abuela Vicentica.
La tragedia de la guerra y la muerte de su padre y tío marcaron su infancia. Tica tenía «5 años y siete meses cuándo mataron a mi padre y a tío Federico... Sí, en casa se dejó de cantar. Se dejó de reír». La familia sobrellevó el dolor en silencio, y nadie hablaba de Federico en casa. Su abuela, Vicenta Lorca Romero, nunca quiso regresar a Granada tras el exilio en Nueva York, donde a veces se la oía deambular por el pasillo repitiendo «¿Por qué?, ¿por qué?». Solo a los 17 años a Tica se le permitió leer la obra de su tío. La familia Lorca se embarcó hacia Nueva York al acabar la guerra, y Vicenta Lorca Romero regresó a España en 1951, falleciendo en Madrid en 1959.
Tica afirma tener muy buena memoria y oír la voz de su tío dentro de su cabeza, recordando frases como «Ya se murió el burro que acarreaba el vinagre» o «El pájaro era verde, las plumas de color, y el piquito encarnado más bonito que el sol». Su hijo Claudio le ha dicho: «Mamá, es muy duro ser acusado sin pruebas...», reflejando la complejidad de la gestión de la memoria familiar y el legado de uno de los poetas más queridos y enigmáticos de España.