Paula Babiano, originaria de Sotogrande (Cádiz, 1984), es una de esas personas que, por mucho que la vida se les ponga cuesta arriba, siempre sacan fuerzas para enderezarla. La creadora de Balbisiana, la marca de tartas que se rifan empresas como Zara, Netflix o Dior en sus eventos, es ante todo una curranta nata. No es raro encontrársela en alguna de sus tiendas poniendo cafés o colocando producto en las vitrinas. "Es la manera de mejorar, de ver errores y de conocer a los equipos", decía hace unos días en el quiosco del aeropuerto de Madrid-Barajas, donde se la encontró por casualidad.

Abrir a pie de pista fue uno de los grandes logros de la marca. "Alguien en la oficina lo comentó y cometimos la imprudencia de presentarnos al concurso", dice entre risas. "El 95% de los negocios del aeropuerto abre de la mano de una franquicia; casi nadie lo hace con una marca propia", explica ella, quien sí lo logró. El reto sacó su "vena opositora"; estudió los pliegos como preparaba las oposiciones a registradora de la propiedad, a las que dedicó más de cinco años antes de volcarse en el universo dulce. "Tenías que entregar tu propuesta en un sobre cerrado, creé hasta un sello para la ocasión", un detalle que, sabe, marca la diferencia. También tenía que hacer una estimación económica de ventas de su proyecto. "Mi apuesta fue cinco veces superior a lo que esperaban". Se veía fuerte, ya tenía entonces un negocio online estable y tres tiendas en Madrid (en las calles de Velázquez, Concha Espina y Génova), más el córner en El Corte Inglés.
Los Orígenes de Balbisiana: De las Leyes a la Repostería
Balbisiana nació con nocturnidad y alevosía. Los años en los que Paula estudiaba 10 o 12 horas al día encontraba su rato de relax haciendo dulces por la noche. "Paraba para comer 30 minutos", recuerda. Tras desistir de sacarse la oposición, entró en el despacho de abogados Cuatrecasas, donde las jornadas laborales no tenían fin. El mundo de las tartas seguía siendo su vía de escape y las visitas al obrador empezaron a restar horas de sueño. Tras un juicio muy importante en el que trabajó noche y día, decidió cerrar su etapa en las leyes y seguir su vocación.
La disciplina y la constancia que se llevó de estas dos etapas la ayudaron a resistir los envites del emprendimiento. Decir adiós al derecho para meterse en un obrador no fue muy bien recibido en casa. "Mi familia no entendió que dejara una empresa importante para montar algo que no sabía si iba a funcionar". Los inicios le dieron un zasca de realidad; tuvo que alquilar su casa en Airbnb y acoplarse en sofás de amigas. "Cuando dejé Cuatrecasas ganaba 500 euros al mes con las tartas". Pese a todo, ella se empeñó en sacar adelante su sueño; cada ocasión era buen momento para darlo a conocer. "Cuando me fui de Cuatrecasas llené la oficina de tartas. Eran clientes potenciales". Y vaya si lo serían.

Crecimiento y Adaptaciones de Balbisiana
Se montó su primer escaparate con una web que le costó 200 euros y una cuenta en Instagram que ella misma alimentaba, bien hecha, con una estética muy cuidada y actualizada permanentemente. Los primeros clientes fueron restaurantes, con su tarta banoffee como estrella, y de ahí su nombre empezó a sonar entre el público en general. Pero llegó la pandemia y aquello que parecía un sueño que tomaba forma se transformó en una pequeña pesadilla. Lloró 24 horas como una magdalena y después se puso a buscar soluciones para sacar a flote Balbisiana. "Tuvimos que crear productos para una situación nueva".
El modelo de negocio cambió; de vender en Madrid, pasó a hacerlo en toda España en cuestión de semanas. "Hicimos un I+D en toda regla". Creó tartas nuevas, kits para hacer bollos en casa... Y el fenómeno Balbisiana explotó, siempre con la cara de Paula como imagen. "Me gusta tener contacto con la gente. Escucho opiniones, sugerencias, críticas... Creo que es positivo para acercar tu historia al público".

En 2021 abrió su primera tienda física en pleno barrio de Salamanca. A estas alturas, en casa se tomaban más en serio eso de los dulces. Las trufas -hacen unas 2.000 al día por turno- no tardaron en meterse a la clientela en el bolsillo y las tartas -la de zanahoria, la de limón y la de chocolate, principalmente- no hicieron más que amplificar la fama de Instagram. Hasta hoy el crecimiento ha sido muy meditado y todo orgánico. "No tenemos ningún fondo de inversión detrás y no hacemos publicidad. Todo lo hemos hecho nosotros, reinvirtiendo lo que ganábamos y trabajando bien las redes", cuenta orgullosa. Después abrieron los locales de Concha Espina, frente al Santiago Bernabéu, y Génova. Y el punto de inflexión llegó con el aeropuerto, momento que coincidió con una de las etapas más duras de la vida de Paula tras el inesperado fallecimiento de su madre.
Resiliencia y Expansión en Momentos Críticos
"Fue un shock brutal y cambió la situación por completo", recuerda Paula. Aquello la desconectó del mundo durante cuatro meses. "Al reincorporarme, la situación era preocupante: los alquileres empezaron a vencer, teníamos una situación difícil en caja...". Había que ponerse las pilas porque el proyecto había crecido muy rápido y había muchas nóminas que pagar. "En 2024 aprendimos a operar en hostelería y a movernos en cada uno de los negocios". Coincidió con un cambio de equipos que también dio un empujón al proyecto. "De 30 pasamos a ser 100". En 2025 inauguraron el quiosco de Pozuelo, localidad cercana a Madrid, y poco después el espacio de Aravaca, con tienda y cafetería. Hoy son 163 personas en plantilla y en breve, si no lo han hecho ya cuando esta entrevista esté publicada, abren sucursal en Caleido, zona comercial y de oficinas del norte de la capital.

Colaboraciones Estratégicas y Apoyos Clave
En todo este engranaje ha habido una figura importante: Ignacio Ortega, marido de Paula, sibarita empedernido y dueño de Casa Ortega, tienda gourmet de referencia con base de operaciones en Alcázar de San Juan. "Es una persona que ha viajado por todo el mundo y tiene una cultura gastronómica increíble. Se fija hasta en el más mínimo detalle y me aporta muchas ideas". Cuando las decisiones dan vértigo, siempre está ahí para apoyar y calmar los ánimos. Hace seis meses se sumó al equipo Mercedes, una hija muy buscada que ha puesto patas arriba el mundo de esta pareja. "Es lo mejor que nos ha pasado sin duda", asegura ella, sentada en el local de Velázquez una mañana de viernes con todas las mesas ocupadas. Su historia de amor empezó en Instagram, con los emoticonos del fuego como aliciente y la resistencia de ella al principio. "Le costó lo suyo que yo aceptara la primera cita", comenta Paula entre risas. La insistencia tuvo su recompensa al final.
Las colaboraciones con otras firmas se han convertido en habituales. De las últimas, Netflix y Zara. Inditex reabría la tienda de Serrano por todo lo alto y querían que su producto estuviera en el espacio. "Contactaron con nosotros tres o cuatro meses antes. Me dijeron: 'Todo el mundo nos habla de ti y queremos contar contigo'". No lo dudó ni un momento, pese a estar en la recta final del embarazo y tener poco tiempo para hacerlo: "Dos semanas después de dar a luz estaba inaugurando la tienda". Con la plataforma estadounidense, la unión llegó de la mano de Los Bridgerton. "Estuvimos más de un año trabajando en la idea. Todo se aprobaba en EEUU. Las indicaciones fueron muy claras y apenas hubo que cambiar nada de lo que presentamos". El afternoon tea se ha convertido en uno de los hits de Balbisiana.
Visión de Futuro
Con tantas emociones en el camino, 2026 se lo toma como un año para asentar todo lo conseguido y disfrutar de su bebé. "Estoy muy obsesionada con la digitalización y con la mejora del orden en los procesos". Anda a vueltas con potenciar además los productos que no necesitan frío, como los huevos de Pascua. Y, sí, le encantaría en el futuro ver su marca fuera de Madrid, pero aún no sabe dónde: "Quizá en Málaga, quizá en Londres o quizá en Dubái.