Mujeres en la Sanidad Vasca: Liderazgo y Brecha de Género

La salud está en manos de las mujeres. En Euskadi, un 65% de médicas y casi nueve de cada diez enfermeras son mujeres. Esta consolidación representa una revolución de vocación y esfuerzo, pero aún quedan luchas pendientes para alcanzar una plena igualdad en el sector.

Existen profesiones donde el Día Internacional de la Mujer Trabajadora cobra un valor especial. Esto se debe al camino que queda por recorrer para reducir la brecha de género, a las batallas ganadas o las perdidas, y al protagonismo femenino, como ocurre en la sanidad. Las mujeres han afianzado su mayoría en la enfermería y año tras año aumentan la distancia con los médicos. Esta conquista en el ámbito de la salud es el resultado de la vocación, los méritos académicos y el esfuerzo.

La Feminización del Sector Sanitario en Euskadi

Predominio Femenino en Medicina y Enfermería

Los últimos datos de febrero de 2021 revelan que casi un 66% de médicas trabajan en Osakidetza. Los colegios oficiales, que aglutinan cifras tanto de la sanidad pública como privada, muestran una profesión cada vez más feminizada. En Bizkaia, seis de cada diez colegiados en activo son mujeres, y en el grupo de menores de 35 años, esta cifra asciende al 70% (1171 mujeres frente a 516 hombres). Este fenómeno se explica porque «se va jubilando una generación principalmente masculina para dar paso a una generación mayoritariamente femenina».

En el ámbito de la enfermería, la presencia femenina ha consolidado su mayoría, representando casi nueve de cada diez profesionales en la sanidad pública vasca. Entre el personal fijo, interino y eventual, suman más de 11.700 mujeres, frente a apenas 1.400 hombres.

Infografía: Distribución por género en profesiones sanitarias en Euskadi

Disparidad en Cargos Directivos y Precariedad Laboral

A pesar de la abrumadora mayoría femenina, este predominio no se ve reflejado en su peso dentro de los cargos directivos. El 80% de las plantillas de Osakidetza están compuestas por mujeres; sin embargo, apenas un 4% de ellas ocupa puestos de mando, en contraste con el 12% de los hombres.

«Esta situación tiene mucho que ver con los mandatos de género. El coste de ser madre para las mujeres es altísimo. ¿Quién quiere llevar una jefatura cuando tiene hijos pequeños?, pues los que no soportan su carga o lo hacen en menor medida», señalan portavoces sindicales. Añaden que, para muchas mujeres, «el desarrollo de la carrera profesional está en segundo plano porque así lo tienen interiorizado».

La eventualidad es un factor que afecta más a las trabajadoras sanitarias. Un 38% de las mujeres que trabajan en Osakidetza tienen contrato temporal, diez puntos porcentuales más que los varones. Además, casi el 89% de los trabajadores con contratos a tiempo parcial o medidas de conciliación en Osakidetza son mujeres. De estas, seis de cada diez renuncian a su carrera profesional por ser madres, acogiéndose a excedencias mensuales, trimestrales o anuales, frente a un 6% de hombres.

Portavoces del sindicato médico ejemplifican el camino que aún queda por recorrer: «Estamos trabajando el control de la imagen utilizada en comunicación. Los médicos se siguen representando con figuras masculinas y la enfermería con femeninas». Incluso en cuestiones como la ropa de trabajo, «hay luchas pendientes» y es imperativo que «tenemos que avanzar y ocupar más cargos de responsabilidad».

Testimonios y Experiencias de Profesionales Sanitarias

Mercedes Fraca y el Techo de Cristal en Ginecología

Cuando Mercedes Fraca, jefa de Obstetricia del Hospital de Basurto y la primera mujer en ocupar el cargo de vicepresidenta del Colegio Oficial de Médicos de Bizkaia, comenzaba su carrera como ginecóloga, era común que al informar a los familiares de los pacientes le preguntaran: «¿y cuándo viene el médico?». La especialista bilbaína subraya la importancia de los avances logrados en materia de igualdad, especialmente gracias a las medidas de conciliación laboral. No obstante, destaca que la batalla actual se centra en «romper los techos de cristal que se ponen las propias mujeres».

«Muchas rechazan puestos directivos porque culturalmente tenemos interiorizado que somos menos ambiciosas y damos más importancia al ámbito familiar», apunta Fraca, quien considera necesario evolucionar. «Debemos asumir el liderazgo y lograr que en un futuro no muy lejano los cargos de responsabilidad estén también ocupados por mujeres», anima. Asimismo, valora que la sanidad «funciona muy bien» en manos de las mujeres, quienes han introducido «cambios» significativos en la profesión médica.

Foto: Mujer médico en un puesto de liderazgo

Desafíos en Neumología y Percepción de Género

«En Medicina se penaliza a las mujeres con ambición de ocupar cargos», afirma la jefa de sección de Neumología en la OSI Araba y presidenta de la Sociedad Vasco Navarra de Patología Respiratoria. Ella recuerda que, cuando inició su residencia en los años 90, casi todos los neumólogos eran hombres. «Íbamos a los congresos nacionales y nos trataban con condescendencia, como si fuéramos un adorno o las azafatas del compañero», explica. Actualmente, las tornas han cambiado y las mujeres representan más del 50% en esta especialidad.

«Tenemos que demostrar que estamos ahí porque valemos cuando al hombre se le presupone», subraya la doctora, quien observa en sus compañeras una menor voluntad de asumir una jefatura. «Creo que muchas no se plantean hacer algo más allá de cuidar de los pacientes, porque tienen vocación para ello, y que ellos están más dispuestos a postularse a los puestos de gestión. Y cuando una mujer llega con esa aspiración, se ve como algo negativo y se suceden los comentarios.» La desigualdad que perciben las doctoras también se manifiesta en el trato de los pacientes, quienes a veces muestran "lagunas" al dirigirse a ellas.

El Rol de la Enfermería y los Cuidados

«Las profesiones sanitarias las sostienen en gran parte las mujeres y muy bien», asegura Karmele Araujo, directora de Enfermería del Hospital de San Juan de Dios de Santurtzi. Se siente orgullosa de que estas profesionales ofrezcan una atención «de calidad» tanto «en lo profesional como en la parte humana».

Araujo considera que la profesión de enfermería, al igual que la de medicina, está feminizada porque posee un componente muy importante de atención a los demás. «El papel que se ha asignado a la mujer siempre es el de los cuidados. Este trabajo es muy vocacional y necesita mucha entrega personal y mucha empatía con los pacientes», comenta. A la vocación se le añade, en la actualidad, el atractivo de ser una de las carreras más demandadas y con las notas de acceso más altas, ofreciendo «muy buenas» posibilidades de empleo y «estabilidad» laboral, lo que atrae a muchas jóvenes brillantes. Durante la pandemia, el trabajo de las enfermeras se hizo más «visible» ante la sociedad, aunque Araujo cree que aún se necesitan «muchos pasos» para que su estatus laboral «se promocione y reconozca».

Foto: Equipo de enfermeras brindando atención

«Nuestros compañeros se sienten orgullosos de ser 'enfermeras'», afirma Hosanna Parra, presidenta del Colegio de Enfermería de Álava, quien considera irónico que en el Consejo General de Enfermería la mayoría de presidentes sean hombres. «La nuestra es una profesión eminentemente femenina. Nuestros compañeros se sienten orgullosos de ser 'enfermeras' y se refieren así a sí mismos en las asambleas», señala.

Parra denuncia la discrepancia en la categoría profesional: «Estudiamos un grado de cuatro años y dos de especialidad, más que otras profesiones como psicólogo y, sin embargo, estamos en la categoría A2 y no en la A1». Tampoco comprende que algunos sigan refiriéndose al colectivo como ayudantes técnicos sanitarios, enfatizando que «Enfermería es una carrera universitaria». Concluye que, si bien la relación con el resto de compañeros ha mejorado mucho, «antes parecía que estábamos para servir al médico», y celebra la buena valoración que reciben las enfermeras en las encuestas del CIS desde antes de la pandemia. «La enfermera es quien está en el hospital las 24 horas, los 365 días del año», resume, citando como ejemplo la carta que el fallecido cantante Pau Donés les dedicó.

Auxiliares de Enfermería y la Carga de Trabajo

«Hace falta dar visibilidad a nuestra labor, asumimos una gran carga de trabajo», advierte Emilia Hernando, técnica en cuidados auxiliares de enfermería en Santa Marina. Este colectivo es fundamental en el funcionamiento de un centro sanitario, al recaer sobre ellas el peso de la atención directa al paciente. «Hay cada vez más personas mayores y dependientes, que precisan muchos más cuidados y más específicos», subraya Hernando. En su planta de trabajo, la media de edad de los pacientes es de 90 años, y muchos sufren «muchas patologías físicas, psicológicas y problemas sociales».

Más del 90% de estos puestos en los centros sanitarios vascos están ocupados por mujeres. «Y cada vez asumimos una mayor responsabilidad», añade Emilia, reivindicando la necesidad de dar más «visibilidad» a su trabajo. Lamenta que «una parte de la sociedad y de los responsables sanitarios no conoce bien nuestra función» y destaca que su profesión, una titulación de FP, debe tener «un mayor reconocimiento» profesional en el ámbito sanitario. Advierte que aún queda mucho camino por recorrer en el reparto de tareas en la sociedad para avanzar en la igualdad, ya que «los cuidados en la familia todavía son asumidos de forma mayoritaria por las mujeres» y aunque «los cuidados se han atribuido a la mujer, ellos deben incorporarse».

Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería

A Imaz, técnica en cuidados de enfermería en la residencia Sallurtegi de Agurain, dependiente del Instituto Foral de Bienestar Social, le parece que los hombres siguen llegando «con cuentagotas» al cuidado de las personas mayores. Expresa preocupación por las condiciones laborales de otras compañeras que no trabajan en el sector público. «En la calle solemos ver a mujeres cuidando de personas mayores. No sé si sus familias consideran que un perfil femenino está más capacitado para cuidar de alguien frágil, pero tenemos compañeros que son grandes profesionales», señala. Describe la labor como «dura mental y físicamente», con muchas trabajadoras que llegan a la jubilación «con lesiones en los hombros y las muñecas que ya no se solucionan con intervenciones».

Celadoras: Rompiendo Estereotipos Físicos

El trabajo de celador es uno de los pocos en centros sanitarios que no están ocupados mayoritariamente por mujeres, tradicionalmente asociado a tareas más físicas que durante mucho tiempo pudieron frenar su incorporación. Sin embargo, las celadoras están ganando terreno, sumando ya más de un millar en Osakidetza y representando el 47% del colectivo.

Elena Llanera, celadora en el Hospital de Galdakao, se confiesa «feliz» con su labor. «No tenemos limitaciones. Hacemos el mismo trabajo que los hombres, nos vemos tan capacitadas como ellos y nada nos echa para atrás. Movemos a los pacientes, y ahora hay muchos mayores y dependientes lo que lo hace más difícil; movemos camas de 250 kilos...» Le gusta conversar con los pacientes durante los traslados para pruebas, aunque a veces le preguntan: «¿ya vas a poder conmigo maja?» Llanera ha sido testigo del cambio en Osakidetza desde 1989, habiendo trabajado en limpieza, cocina y ahora como celadora en varios hospitales. Resalta que «ahora hay muchas médicas y se ven hombres en enfermería. Antes no había chicos en la limpieza y ahora hay muchos. Y también hay más celadoras y hasta operarias en mantenimiento». Concluye que «todos tenemos derecho a trabajar, hombres y mujeres, en igualdad de condiciones».

Foto: Celadora moviendo un paciente en un hospital

«La mayoría son hombres, pero tenemos la fuerza para hacer este trabajo», afirma Mar Corrales, celadora en los quirófanos del hospital Vithas San José. Nunca imaginó trabajar de celadora hasta que se quedó sin empleo: «Me preparaba para ser técnico de administración y finanzas cuando surgió la oportunidad y me lancé». Con experiencia previa, Corrales lleva un mes en esta posición. Se pregunta por qué no hay más compañeras en su profesión, algo que desconoce, pero admite que al principio sentía «cierto recelo».

Corrales considera que su profesión está infrarrepresentada, lo que no contribuye a que más mujeres se vean desempeñando este puesto. «Los quirófanos no se preparan solos. Hay que colocar las mesas de tracción, trasladar cuerpos de unas camillas a otras... tenerlo todo dispuesto para las cirugías y atender a las preferencias de cada cirujano», resume. Destaca que la vocación de cuidado al paciente es una constante entre todos sus compañeros, independientemente de su profesión o sexo. «Algo que me atrajo mucho de este trabajo es que somos la primera persona que recibe al paciente antes de una cirugía. Les recibimos, les acompañamos al encuentro con el cirujano y apaciguamos sus nervios», confiesa Corrales, quien nunca se ha sentido discriminada en su trabajo.

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