La motivación juega un papel fundamental en el rendimiento escolar de un niño. Es una de las grandes incógnitas para muchos padres y madres, ya que, junto con la capacidad intelectual, la motivación es clave para el éxito académico. Tener una motivación alta hacia los estudios les aportará mayor capacidad de esfuerzo y una actitud positiva hacia el aprendizaje. Por ello, es esencial fomentar en los hijos la capacidad de esfuerzo y dedicación, la responsabilidad y una percepción positiva sobre los estudios y todo lo relacionado con el ámbito escolar.
La educación es un componente indispensable de la infancia, que ayuda a desarrollar diversos aspectos de la vida y a preparar a los niños para los retos del futuro en la sociedad actual. Es importante comprender que cada niño es único y necesita un enfoque personalizado durante su proceso de aprendizaje. El objetivo principal es enseñar a los más pequeños a pensar de forma independiente, desarrollar el pensamiento crítico y ampliar su visión del mundo.

El Rol Fundamental de los Padres
Los niños son muy conscientes de cómo los padres los perciben y, muchas veces, ajustan sus expectativas según lo que piensen los padres. Por ello, si esperas que tu hijo triunfe, es muy posible que su motivación y probabilidades de éxito sean mucho mayores. Aumentar la motivación pasa, por un lado, por demostrar la confianza que sus padres tienen en él y reforzar los mensajes positivos, animándole a que continúe esforzándose.
Establecer Expectativas y Metas Claras
Es importante fijar las expectativas adecuadas y acordes a cada niño. Habla con tu hijo: charla abiertamente sobre los campos de estudio que más le gustan y en los que más sobresale, y ofrece tu opinión sobre lo que también has observado. Tener metas es importante para mantener la motivación que les ayude a conseguirlas. Alcanzar las metas será más fácil y motivador si se escriben en un papel. Las metas deben ser:
- Específicas: Por ejemplo, si un trimestre ha sacado un 4 o un 5 en matemáticas, la meta puede ser «estudiar todos los días 30 minutos de matemáticas». No sería bueno que la meta fuese «estudiar más para sacar mejores notas» o «esforzarnos más para sacar un 6».
- Medibles: Debe haber alguna forma de comprobar que esos pequeños objetivos se van logrando, por lo que las metas deben ser cuantificables.
- Visibles: Anota dichas metas y mantenlas siempre visibles para tus hijos.
Para fomentar la motivación de los niños, se pueden concretar objetivos no demasiado ambiciosos. De esa forma, serán alcanzables “y ellos verán que van consiguiendo algo. Por ejemplo, hoy haremos los ejercicios de esta página o estas diez multiplicaciones”. Marcarse metas muy ambiciosas solo conseguirá frustrarlos.
Fomentar la Fortaleza y el Interés
Los niños fuertes son más susceptibles a estar motivados, por ello, es importante promover la fortaleza en tu hijo. Si un niño no es fuerte internamente, su motivación disminuye mucho y ve pocas vías para salir adelante en medio de la adversidad. También es crucial fomentar los talentos e intereses de tu hijo. Por ejemplo, si no tiene resultados positivos en la escuela, pero le gustan mucho las clases de teatro y es lo que más le anima, no le prives de estas actividades por el hecho de que no saque buenas notas. Ayúdale a descubrir sus talentos ocultos o a desarrollar los que ya tiene. Esto lo ayudará a desarrollarse y a tener confianza en sí mismo.
Involucración Activa y Apoyo Emocional
Como padre o madre, tu presencia en la vida académica de tus hijos es crucial para lograr que se comprometan con el trabajo. Haz la tarea con ellos, y hazles saber que estás disponible para responder preguntas. Adquiere el hábito de preguntarles sobre lo que aprendieron en la escuela, y en general involúcrate en la parte académica. Al demostrar tu interés en la vida escolar de tu hijo, le estás mostrando que la escuela puede ser emocionante e interesante. Esto es especialmente efectivo en el caso de niños pequeños que se suelen entusiasmar con lo que sea que a ti te entusiasme.
Puede que a los adolescentes se les pongan los pelos de punta si sienten que les estás haciendo demasiadas preguntas, así que asegúrate de compartir tú también los detalles de tu día. Una conversación siempre es mejor que un interrogatorio. Del mismo modo, es importante involucrarte pero dar a los niños mayores un poco más de espacio. Si estás todo el tiempo insistiéndoles en que hagan sus deberes, puede que desarrollen resistencia y sientan una menor motivación para trabajar, sin mencionar la tensión que esto puede añadir a la relación entre ustedes.
Es fundamental conectar con sus emociones y validar el cansancio que pueden experimentar. Por ejemplo, “Entiendo que estés cansado, llevas muchos meses esforzándote, ¿cómo puedo ayudarte?”. Hazle saber que estás con él, que le ayudas, que estás ahí para apoyarle, sin presión y sin juicios.
Recompensas y Reconocimiento del Esfuerzo
Diseñar un método de recompensas puede ayudar a cómo motivar a un niño a estudiar. Opta por recompensas no materiales, como planes divertidos en familia o una celebración donde demuestres a tu hijo tu orgullo por haber alcanzado metas académicas. Las recompensas tangibles se pueden transformar en una pendiente resbaladiza, por lo que es mejor usar refuerzos sociales como los elogios, los abrazos, chocar las palmas y ese tipo de cosas. Después, los niños empiezan a hacer las cosas "solamente porque eso les hace sentir bien". También puedes utilizar actividades gratificantes, que tal vez habrían ocurrido de cualquier manera, pero colocándolas después de un tiempo determinado dedicado a la tarea, como ir a tomar un helado o compartir una barra de chocolate. Dividir el trabajo en partes y utilizar pequeños descansos como recompensa por completar cada parte también es efectivo.
El mensaje que quieres enviar es que respetas el esfuerzo. Elogiar a los niños por seguir adelante cuando las cosas se ponen difíciles, por hacer un esfuerzo sostenido, por probar cosas que no saben si podrán lograr, puede ayudar a enseñarles el placer de esforzarse. Los elogios por las buenas calificaciones que se obtienen fácilmente pueden hacer que los niños sientan que no se tienen que esforzar. Reconoce cada pequeño avance y cada esfuerzo diario. "¡Qué bien, hoy te sentaste a realizar tus tareas tú solo sin recordártelo!", o "Me he dado cuenta de que hoy te has organizado mejor".
Evita las comparaciones, como “tu amigo Jorge estudia todos los días” o “yo a tu edad…”. Estas frases no benefician en nada al niño, al contrario, generan en él una actitud negativa y desafiante. No importa cómo lo hagan los demás, solo importa cómo se sienta él con lo que hace. Asimismo, las calificaciones son importantes en la medida en que representan la calidad del trabajo del niño, pero una mala nota no debería empañar el esfuerzo de tu hijo. Un examen no define todo lo que eres ni todo lo que sabes.
Promover la Autonomía y la Responsabilidad
La responsabilidad es clave para que nuestros hijos afronten el día a día de sus estudios de la forma adecuada. No es algo que podamos pedirles en momentos concretos, es algo que debe educarse desde pequeños. Para desarrollar la responsabilidad de los hijos:
- Asígnale tareas en casa desde pequeño, empezando por tareas sencillas y aumentando su complejidad conforme se haga mayor.
- Sé un ejemplo, explicándole cuáles son tus responsabilidades y por qué las haces.
- Ofrécele posibilidades de decisión. Deja que decidan sobre ciertos temas que les afectan desde bien pequeños, como la ropa que se ponen o las actividades extraescolares.
- Dale independencia y cierta libertad para desenvolverse por sí mismo, lo que le ayudará a desarrollar esta responsabilidad.
- Involúcralos en la toma de decisiones para que sientan que ellos tienen el control sobre sus asuntos personales y que pueden trazar su propio camino.
Cuando un adulto controla cómo y cuándo estudiar y hacer tareas, qué hacer y qué no hacer, y está constantemente encima imponiendo la forma de hacer las cosas, deja poco margen a la responsabilidad del niño. En este caso, el niño no siente que el estudio sea algo suyo, sino algo impuesto. Por ello, es importante darle la oportunidad de elegir y hacerse responsable: "¿Prefieres estudiar antes o después de merendar?".
Creando un Entorno de Estudio Propicio
Crear un ambiente adecuado de estudio es clave para el éxito académico. Si mostramos a los hijos nuestro propio interés y entusiasmo por la educación, ellos adoptarán la misma actitud. Si tu hijo observa que percibes las tareas escolares de una manera positiva e interesante, él lo percibirá de la misma manera. Favorece en casa un clima que motive al aprendizaje.
Espacio Físico Adecuado
Asegúrate de que tu hijo dispone de un lugar tranquilo y bien iluminado en casa para hacer los deberes y estudiar. Su zona de estudio debe ser cómoda y no puede tener distracciones que le alejen de los estudios y le entretengan. Asigna un lugar de estudio específico para tu hijo. En la medida de lo posible, debe ser un espacio personal. Evita que su lugar de estudio coincida con estancias de la casa comunes como la cocina, el salón o el comedor. Si intentamos que estudien en un espacio lo más aislado posible, con todo el material necesario, les estaremos ayudando a reducir estímulos externos. Así se evitarán interferencias de otras personas y que tengan que levantarse para buscar material. Algunos niños suelen distraerse, por lo que es importante proporcionarles un lugar tranquilo para estudiar sin excesivos estímulos. Otros peques necesitan un espacio estimulante.
Rutinas y Hábitos de Estudio
Diseña una rutina de estudio. Desde muy pequeños, debemos educar a los niños en esta disciplina. Cuando se llega a casa por las tardes, hay tiempo para merendar, para hablar de cómo ha ido el colegio, con los amigos y con los profesores, y para comentar las anécdotas, pero después de ese pequeño descanso, es importante establecer una rutina clara y constante de estudio. Para esto no hay discusión. Si al principio cuesta, se puede poner un sistema de premios por acuerdos. Los refuerzos motivadores ayudan a que el niño relacione el esfuerzo con una sensación positiva.
Es importante no subestimar los descansos. Como ocurre con el deporte, en el estudio los descansos también son importantes para mantener los niveles de concentración altos. Asegúrate de que mantiene una buena rutina de descanso. Dormir bien por las noches contribuirá a que tu hijo pueda concentrarse mejor. Es recomendable realizar pausas activas durante la realización de tareas y el estudio. Ayúdale a realizar descansos cortitos para tomar un pequeño snack, beber agua y desconectar para recargar energía.

Gestión de Distracciones
Evita la música para estudiar de niños, a menos que se haya comprobado que beneficia la concentración del niño en particular. Evitar que el lugar de estudio coincida con zonas comunes ayuda a minimizar las distracciones. A edades tempranas, la rutina es esencial para los niños, y un horario de estudio definido les dará seguridad y evitará distracciones.
Comprender y Adaptarse a Cada Estudiante
Estilos de Aprendizaje
Cada niño tiene una manera predilecta de estudiar y aprender, que es más natural y motivadora. Ayúdale a descubrirla y fomenta que la utilicen de la mejor manera posible:
- Estudiante auditivo: Aquel que aprende más fácilmente mediante actividades en las que tiene que escuchar.
- Estudiante visual: Retendrá más la información mediante actividades visuales como, por ejemplo, leyendo un libro o analizando un gráfico.
- Estudiante quinesiológico: Estará más motivado a aprender a través de ejercicios prácticos que teóricos. Suele tratarse de niños muy movidos y participativos.
Adaptación a las Necesidades Individuales
Las necesidades, los intereses y las formas de aprender de cada niño son distintas, y tenerlo en cuenta es una ventaja a la hora de motivarlos. No todos los niños tienen la misma capacidad de atención ni la ponen en práctica de la misma manera. Hay niños que en movimiento retienen más, otros lo hacen pintando, a algunos lo que les funciona es aprender a partir de enseñar a sus peluches o “trabajando” junto con sus padres. Con los descansos también hay que adaptarse a cada niño, ya que la capacidad de concentración varía. Por eso es importante que los padres se adapten a las necesidades de sus hijos y se les pregunte a ellos mismos.
Aprendizaje Lúdico y Creativo
Si el niño no quiere aprender o no tiene éxito en algo, siempre puedes idear un juego en el que pueda realizar determinadas tareas mientras juega. Puede ser cualquier juego que implique aprender material nuevo, mejorar la memoria, la lógica o la creatividad. Aprender de forma lúdica ayudará al niño a mantener el interés por el aprendizaje y a comprender mejor la materia. A los niños siempre les interesan más las acciones de las que obtienen un determinado resultado. Por ejemplo, si tienes que enseñar a un niño a contar, puedes idear un juego en el que reciba puntos por las respuestas correctas a las preguntas de matemáticas.
Una estrategia eficaz para lograr la motivación de los niños es promover actividades de aprendizaje que incluyan las cinco ‘C’:
- Contexto: Conectar el aprendizaje con los conocimientos y las experiencias previas, articulando lo que se aprende con la realidad que se está viviendo.
- Creatividad: Estimular la resolución creativa de problemas reales y significativos.
- Curiosidad: Procurar despertar el interés del estudiante por lo que está aprendiendo.
- Control: Permitir que los alumnos puedan influir en lo que aprenden y elegir cómo lo aprenden.
- Colaboración: Promover la interacción y el trabajo en equipo.
Abordar Dificultades y Retos Comunes
Identificación de Causas de Desmotivación
“Mi hijo no quiere estudiar” es una reclamación frecuente de muchos padres. Para ayudar a estudiar a tu hijo es elemental conocer los motivos que le llevan a no estar académicamente tan involucrado:
- Falta de interés: La motivación muchas veces está relacionada con el interés que esa materia produce en el niño.
- Recompensa por estudiar: En ocasiones, los niños deciden no estudiar porque no encuentran una recompensa por hacerlo. Es importante que los padres gestionen el tipo de premios que ofrecen a sus hijos a cambio de realizar sus tareas.
- Dificultad excesiva: Algunos niños pierden rápidamente la motivación cuando sienten que no son capaces de realizar la tarea. En estos casos, se recomienda indagar si se trata de un bache puntual, o por el contrario, el niño manifiesta dificultades en su desarrollo. No hay que imponerles tareas difíciles de resolver, ya que pueden desmotivarles.
- Rutina: A edades tempranas, las rutinas son esenciales para los niños, y su ausencia puede afectar la motivación.
- Trastornos del aprendizaje: La falta de concentración es una de las razones más frecuentes que pueden conducir a malos resultados académicos o incluso el fracaso escolar. Algunos niños son diagnosticados con trastornos de concentración.
- Problemas en su estado de ánimo: Los problemas emocionales también pueden influir en la motivación.
Afrontar el Bajo Rendimiento
Si tienes un hijo que tiene dificultades en la escuela y parece que no tiene la motivación para esforzarse, lo primero que querrás hacer es averiguar si hay algún obstáculo que esté interfiriendo en su camino. Dificultades de aprendizaje, desafíos sociales, problemas emocionales o de atención pueden hacer que los niños se desconecten de la parte académica. Pero no todos los niños que tienen un bajo rendimiento escolar (y que claramente no están alcanzando su máximo potencial) tienen un problema diagnosticable.
Como madre o padre, es normal que el progreso académico de tu hijo te preocupe. Aun así, recuerda que todos los niños tienen margen de mejora. En la vida, el esfuerzo es algo innegociable; sin esfuerzo, nunca hay resultados. Es bueno para nuestros hijos que les enseñemos desde pequeños que para conseguir algo, por pequeño que sea, deben esforzarse. El potencial que llevan dentro y el valor que tienen no se mide por una nota.
Una forma de aliviar un poco la tensión de la relación con tu hijo es encontrar un estudiante mayor (ya sea en su escuela o en una universidad cercana) que le pueda ayudar con el trabajo. La mayoría cobrará tarifas bastante bajas, y el hecho de que estén más cerca de la edad de tu hijo puede hacer que sea más probable que escuche lo que le dicen. Contratar un profesor particular no implica que debas delegar el seguimiento de su progreso.
Mi hijo no quiere hacer los deberes
Mi hijo no quiere hacer los deberes
Estrategias y Técnicas de Estudio Efectivas
Las técnicas de estudio para niños son una herramienta muy eficaz para ayudar a estudiar a tu hijo, ya que existen maneras muy eficaces para reconducir su motivación escolar.
Organización y Planificación
- Elaborar un calendario: Esta técnica de estudio consiste en elaborar un calendario con todas las actividades distribuidas a lo largo de la semana, ideal para aquellos niños con facilidad para distraerse. Realizar juntos un plan de rutinas y descansos.
- Usar una agenda escolar: Hazte con una agenda escolar que le facilite su propia organización de estudio.
- Tener un horario fijo: La constancia ayuda a que el cerebro se acostumbre a concentrarse a la misma hora.
Métodos de Comprensión y Retención
- Lectura activa: A edades tempranas, el esfuerzo que supone leer un texto es, en sí, motivo de una pérdida de concentración. Para ello, deberá realizar una primera lectura más superficial. Acto seguido, procederá a una segunda lectura detallada donde identifique ideas clave del texto.
- Subrayado: Es una de las técnicas de estudio más eficaces para los niños. Solo funciona si tu hijo asume un papel activo destacando las ideas clave del texto. El objetivo es que aprenda a identificar la información relevante del texto.
- Toma de apuntes: Otra manera de abordar la falta de concentración en niños es enseñarles a tomar apuntes durante la clase. Esta técnica de estudio conseguirá mantener la atención de tu hijo durante la explicación del profesor.
- Juego de preguntas y respuestas: El objetivo de los niños y adolescentes no es que memoricen la materia, sino que puedan interiorizarla. Una buena técnica de estudio una vez repasados los temas pasa por “jugar” a las preguntas y respuestas.
Uso de la Tecnología Educativa
La tecnología puede ser útil para enseñar a los más pequeños, sobre todo a los que tienen dificultades en algunas asignaturas. Por ejemplo, lecciones en vídeo, libros de texto en formato electrónico, cursos en línea y programas de autoaprendizaje pueden ayudar a comprender mejor la materia y a interesarse por el aprendizaje.
Colaboración con la Comunidad Educativa
Relación Padres-Profesores
Los profesores de tu hijo juegan un papel fundamental en su motivación. Por este motivo, conviene que los padres tengan una relación cercana con los docentes. Concierta reuniones con sus tutores y profesores para conocer cómo se comporta tu hijo en clase. De la misma forma, conversen sobre su rendimiento y las áreas de mejora del niño. Realizar un seguimiento del desempeño y evolución de tu hijo te ayudará a comprobar si la evolución es positiva o si debes reforzar algún aspecto. Opta por acordar con sus profesores áreas de mejora: podría ser leer todos los días 30 minutos, mejorar la letra o repasar por las tardes la materia que se ha visto durante el día. Como hemos comentado, sus profesores son grandes aliados para ayudar a estudiar a tu hijo. Evita contradecir el discurso del profesor con tu hijo delante.
Asimismo, es importante colaborar con el maestro. El maestro puede tener información adicional sobre cómo motivar a tu hijo o sobre el tipo de dificultades que podría estar teniendo. Tú también puedes compartir cualquier estrategia o información que tengas, como pequeños consejos útiles que hayas encontrado, por ejemplo, escribir instrucciones de varios pasos en la pizarra o darle golpecitos en el hombro para asegurarse de que presta atención. Asegúrate de que tanto la escuela como el hogar estén coordinados.
Participación en Eventos Escolares
Acudir a los eventos y reuniones escolares te permitirá conocer a otros padres y personal del colegio. Aprovecha para compartir experiencias con ellos. Estar en contacto con el profesor te permitirá conocer mejor el aprendizaje de tu hijo y garantizar su éxito.
Grupos de Apoyo para Padres
Si sientes que te estás enojando o frustrando demasiado con tus hijos, da un paso atrás y pon las cosas en contexto. A menudo los padres se sienten juzgados por tener un hijo al que le cuesta tanto la escuela. Algunas escuelas tienen grupos de apoyo para padres de niños que tienen una menor motivación. Es muy reconfortante saber que no estás a solas en esto y escuchar a personas que ya han pasado por la experiencia hablar sobre cómo moverse a través del sistema escolar, encontrar un terapeuta y hablar con los maestros. También es útil mantener tus objetivos en perspectiva: tal vez tu hijo no se convierta en un estudiante estrella, pero lo importante es enfocarse más en el esfuerzo que hace y en el compromiso que muestra, que en el resultado que logra.