La mama es el único órgano que no se desarrolla plenamente al nacimiento, alcanzando su desarrollo completo durante el embarazo. Desde las primeras semanas de gestación, el ectodermo embrionario inicia un crecimiento hacia el mesodermo, dando lugar a las futuras glándulas mamarias. Hacia las dieciocho semanas, la llamada línea de la leche surge para luego desaparecer, y bajo la epidermis se forma un sistema de conductos rudimentario. Por estímulo de la prolactina materna, los recién nacidos pueden secretar la llamada "leche de brujas" de forma fisiológica durante las primeras semanas tras el nacimiento.
La glándula mamaria se localiza entre la segunda costilla y el sexto espacio intercostal, sobre el músculo pectoral. Se compone de tejido adiposo, tejido conectivo y tejido glandular. El tejido conectivo y los ligamentos de Cooper le dan sostén y forma, junto con el tejido adiposo. El tejido glandular se encarga de producir y transportar leche.
Las unidades donde se produce la leche son los alveolos, formados por células secretoras y células mioepiteliales que ayudan al transporte de la misma. Cada agrupación de alveolos forma un lobulillo, y varios lobulillos, un lóbulo mamario. Desde allí, los conductos galactóforos conducen la leche al pezón. El pezón está formado por fibras musculares, terminaciones nerviosas, glándulas sebáceas y apocrinas, y está rodeado por la areola, la cual se oscurece y crece durante el embarazo. Los tubérculos de Montgomery se encuentran en la areola.
El mayor aporte sanguíneo a la mama se da por parte de la arteria mamaria interna. De la inervación se encargan las ramificaciones del cuarto, quinto y sexto par intercostal. El complejo areola-pezón está inervado por el cuarto par intercostal, el cual llega a los pechos por sus zonas inferiores externas.
Desarrollo y crecimiento del pecho durante el embarazo

A medida que una mujer experimenta todos los cambios físicos que preceden al nacimiento de su bebé, sus mamas se preparan para producir y suministrar leche. Los cambios en las mamas son uno de los primeros síntomas del embarazo, comenzando aproximadamente durante la quinta o sexta semana. Las mamas empiezan a cambiar, sintiéndose hinchadas, dolorosas a la palpación y con una sensación de calor. Los pezones podrían sobresalir más de lo habitual y las mamas aumentan de tamaño.
Alrededor del tercer mes de embarazo, se producen más cambios. Una interacción compleja de varias hormonas como la prolactina, el estrógeno, la progesterona y la hormona de crecimiento humano, produce la proliferación de conductos lácteos y células productoras de glándulas en las mamas, preparando el cuerpo para la producción de leche. A medida que el embarazo avanza, el tejido glandular necesario para producir leche reemplaza gran parte del tejido graso y de sostén, lo que hace que las mamas sean sustancialmente más grandes y pesadas. Las venas en los senos se vuelven más evidentes bajo la piel, y pueden aparecer estrías. La areola se agranda, se oscurece y los pequeños bultos en la areola, llamados glándulas de Montgomery, aumentan de tamaño y también pueden oscurecerse. Estos bultos desaparecerán después del parto. Los pezones y la zona de color más oscuro que los rodea, llamada areola, se agrandan y oscurecen. La areola secundaria también aparece.
A mediados del embarazo, se puede detectar lactosa en la sangre y la orina, indicando el comienzo de la producción de leche. A finales del segundo trimestre, el cuerpo es completamente capaz de producir leche, lo que significa que incluso si el hijo nace antes de tiempo, el organismo podrá producirla.
FISIOLOGIA de la LACTOGENESIS y GALACTOPOYESIS | FACIL | Anatomia en Enfermeria
El calostro: la primera leche
El calostro es la primera leche que se produce, es rica en proteínas que refuerzan el sistema inmunitario, es espeso, algo pegajoso y de color amarillo o naranja. Puede notarse una secreción amarillenta de los pezones ya entre las semanas 16 y 19, lo que significa que los senos se están preparando para la lactancia. Algunas madres no notan la secreción de calostro sino hasta después de que nacen los bebés. El calostro ayuda a proteger al bebé de las enfermedades durante los primeros días de la lactancia. Poco antes del parto, la leche vuelve a ser calostro, preparándose para la llegada del nuevo bebé.
Sensibilidad en los pezones y cuidados
Durante las primeras semanas de embarazo, aumenta la sensibilidad en los pezones debido a la modificación hormonal. Muchas mujeres manifiestan que al principio de sus embarazos dar el pecho les resultaba muy molesto e incluso doloroso. Esta sensación remite en algunas mujeres y en otras no, lo que puede llevarlas a decidir el destete. Los pezones pueden irritarse o agrietarse durante la lactancia, especialmente al principio.
Para la sensibilidad o dolor en los senos, se recomienda usar un sostén que brinde buen soporte en la espalda y los costados, preferiblemente de algodón. Los tirantes acolchados pueden ayudar. Para la noche, un sostén para dormir suave y ligero puede ofrecer soporte. No se debe lavar la zona alrededor de los pezones con jabón, ya que puede resecar la piel; solo usar agua tibia. Utilizar protectores mamarios dentro del sostén para absorber las pérdidas, ya sean lavables o desechables. Unas cuantas veces al día, después de ducharse, dejar secar los senos al aire por unos minutos.
Fisiología de la lactancia: Producción y eyección de leche

Las etapas del desarrollo mamario van desde la vida embrionaria hasta el retorno a la glándula no secretora tras el amamantamiento. Con la reactivación del eje hipotálamo-hipófisis-ovario en la pubertad, aumenta la secreción de estrógenos y hormona del crecimiento, produciendo el crecimiento de los brotes epiteliales y la maduración de la glándula, conocida como telarquia. Esto consiste en la producción de leche durante el embarazo.
Hormonas y producción de leche
La hormona gonadotropina coriónica (HCG) y la prolactina (PRL) son responsables del crecimiento y diferenciación de la mama al inicio del embarazo. El inicio de la producción láctea requiere también del efecto de la insulina y el cortisol. La prolactina secretada por la hipófisis es regulada por el factor inhibidor de la prolactina (PIF) secretado por el hipotálamo.
En la etapa final de la gestación ocurren cambios hormonales que preparan el pecho, con un importante descenso de estrógenos, progesterona y lactógeno placentario tras el alumbramiento. La lactogénesis II, conocida como "subida de la leche", se da alrededor del segundo o tercer día posparto y precisa del aumento de flujo sanguíneo y de oxígeno, así como del consumo de glucosa. Si se demora más allá del quinto al séptimo día, se hablaría de un retraso en la lactogénesis II.
La prolactina (PRL) es la principal encargada de producir la leche y está influida por numerosas hormonas como estrógenos, progesterona, glucocorticoides, insulina, oxitocina, hormona tiroidea y paratiroidea. El factor inhibidor de la prolactina (PIF) está controlado por las catecolaminas. La regulación de la producción de leche por la prolactina se basa principalmente en la succión del recién nacido, que estimula su síntesis y secreción. La secreción de prolactina es mayor durante las horas nocturnas.
Lactogénesis III o galactopoyesis: el reflejo de eyección

La integridad del eje hipotálamo-hipofisario regulando la secreción de prolactina y oxitocina es esencial para el inicio y mantenimiento de la lactancia. La estimulación del pezón es fundamental tras el parto, siendo el mecanismo principal de secreción de prolactina. A mayor y más temprana estimulación inicial, mayor número de receptores de prolactina y mayor éxito de la lactancia.
Cuando hay succión, se libera oxitocina, y su acción sobre los receptores de la misma hormona en las células mioepiteliales produce la eyección de leche desde los alveolos hasta los conductos lactíferos y al exterior. La secreción de oxitocina es más continua. A nivel local, la producción de leche está regulada por el aumento de la presión intraalveolar y el factor inhibidor de la lactogénesis. Cuando la leche no es removida, aumenta la presión en la mama y disminuye el flujo sanguíneo, comprometiendo la llegada hormonal e incluso provocando la involución de la glándula.
La oxitocina es la hormona más importante para la eyección o vaciado de la leche. Provoca la contracción de las células mioepiteliales que exprimen el alvéolo, permitiendo que la leche llegue a los conductos y senos lactíferos para ser extraída mediante succión. La producción de leche solo aumenta tras el parto con el vaciamiento de la misma; por tanto, hay que mantener un equilibrio entre la producción de leche y el vaciado regular de las mamas. A medida que el bebé succiona, sacando leche de los senos a través del pezón y hacia la boca, aumenta la producción de oxitocina, lo que mueve más leche a través de los conductos en un proceso llamado bajada o reflejo de eyección de leche. La prolactina regula la producción real de leche, especialmente en las primeras semanas de lactancia. A medida que la lactancia continúa, la producción de leche depende cada vez más de la extracción de leche.
Amamantar durante el embarazo
Si una mujer está dando el pecho a otro hijo y se queda embarazada, puede notar que la producción de leche disminuye hacia el tercer o cuarto mes de embarazo, lo cual es normal. Hacia el séptimo u octavo mes, la producción vuelve a aumentar, siendo esta leche de aspecto más licuado, como un suero ligeramente blanquecino. Poco antes del parto, la leche vuelve a ser calostro.
Amamantar durante el embarazo no provoca problemas si el embarazo va bien. Solo es aconsejable dejar la lactancia durante el embarazo si el médico lo prohíbe debido a un útero irritable, riesgo de aborto o cualquier circunstancia que implique un riesgo. Tras el parto, no hay razón para limitar el acceso al pecho al hermano mayor; hay calostro para ambos. La subida de leche y la bajada de leche son el mismo concepto y se refieren a la eyección.
Patologías mamarias durante el embarazo y la lactancia
Aunque la mayoría de los cambios que ocurren en la mama durante el embarazo y después de este son benignos, es importante saber que el cáncer de mama puede aparecer en mujeres embarazadas y madres recientes. Representa un 3% de todos los carcinomas de mama. Ante cualquier lesión sospechosa, debe realizarse mamografía con protección abdominal y punción percutánea. El estudio de la mama en esta fase es más dificultoso. Se debe informar al médico cualquier síntoma inusual, como una zona irritada o un bulto, de inmediato.
Si se detecta una masa en la mama, es probable que el médico la examine e indique pruebas por imágenes. La mamografía con protección abdominal se considera segura, pero la ecografía, que utiliza ondas de sonido en lugar de rayos X, es lo que se suele indicar. La ecografía puede ayudar a diferenciar entre un quiste (con líquido) y un nódulo con alguna parte sólida. Un quiste puede necesitar ser aspirado (drenado con una aguja fina), y una masa sólida puede requerir ser analizada mediante una biopsia con aguja gruesa para descartar cáncer.
Afecciones benignas comunes
En la mayoría de las mujeres, los cambios en las mamas durante el embarazo y la lactancia resultan ser benignos. Las siguientes son afecciones benignas asociadas específicamente al embarazo y la lactancia, no vinculadas con un aumento del riesgo de cáncer de mama:
- Adenoma de la lactancia: Es la causa más común de una masa en las mamas de mujeres embarazadas o lactantes. Es un tumor compuesto principalmente por tejido glandular, cuya aparición puede deberse a las hormonas asociadas al embarazo y la lactancia. Los nódulos se mueven libremente, tienen bordes bien definidos y suelen ser lobulados.
- Galactoceles: Son quistes que contienen líquido, que se cree surgen por el bloqueo de un conducto durante la lactancia. El primer síntoma suele ser una masa blanda en la mama. La ecografía puede confirmar si es un quiste. En algunos casos, un galactocele se puede drenar para aliviar los síntomas. Las compresas frías o bolsas de hielo y un sostén cómodo pueden ayudar. Si un galactocele regresa, se puede volver a drenar. En algunos casos no frecuentes, puede provocar infección que requiere tratamiento con antibióticos.
- Secreciones de sangre por el pezón: Durante el embarazo o la lactancia, muchas mujeres experimentan secreciones de sangre por el pezón. Esto puede deberse a un traumatismo o a algún tejido interno que puede ser necesario examinar. No se suele encontrar nada anormal, y el médico puede continuar controlando. Si se detectan células anormales o hay una masa en la mama, se pueden indicar más pruebas por imágenes o una biopsia.
Infecciones: mastitis

Durante la lactancia, un problema común es la infección, que puede producir dolor, enrojecimiento e inflamación. Las infecciones en las mamas pueden ser persistentes, pero la mayoría responde al tratamiento con antibióticos. Si los síntomas no mejoran, el médico debe descartar cualquier posibilidad de cáncer de mama inflamatorio, una forma agresiva, pero rara, de cáncer de mama que aparece como enrojecimiento e irritación de la piel en lugar de un bulto distinguible. El médico puede indicar una biopsia de piel o tejido para asegurarse.
La mastitis es una infección causada por bacterias que se pueden multiplicar en la mama e ingresar al cuerpo a través del pezón irritado o agrietado. A medida que el cuerpo intenta combatir la infección, la mama se puede poner roja, sensible e inflamarse. Otros síntomas posibles incluyen fiebre, dolor de cabeza, sensación de malestar general, un bulto en la zona y secreción blanquecina y espesa por el pezón, o un absceso (acumulación de pus).
La mastitis se trata con antibióticos y debería mejorar en 10 días o, como máximo, entre 2 a 3 semanas. Para aliviar el dolor, pueden ayudar analgésicos de venta libre como el paracetamol o ibuprofeno, además de la aplicación espaciada de compresas calientes.