Introducción a la Fertilidad y la Magia
Se suele hablar y relacionar el término fertilidad con el género femenino, con la mujer, no obstante, el hombre también es una de las partes fundamentales de este aspecto.
Un estilo de vida correcto y saludable influye, como no podía ser de otro modo, en la fertilidad del hombre. A pesar de ello, si gozas de buena salud, tienes buenos hábitos y aún así sufres de algún tipo de problema relacionado con la infertilidad, esto puede ser un síntoma de magia negra.
Es cierto que la infertilidad masculina puede deberse a varias causas.
Raíces Históricas y Culturales de la Magia y la Fertilidad
Desde el principio de su Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que oy viven entre los indios naturales desta Nueva España (1629), Hernando Ruiz de Alarcón no oculta su voluntad terapéutica -si podemos calificar de ese modo su intención inquisitorial, moral y médica a un tiempo-, ni deja de señalar la principal “abominación” que cree descubrir en los indios, anterior incluso al empleo de las plantas consideradas diabólicas: “la embriaguez como al presente [...] corre entre ellos”; “perjudicial y cruel enemigo”; “que es oy el mayor de sus vicios, la total destruición de la salud de sus cuerpos”; “la total causa de acabarse los indios”; “peccado manifiesto”, menor al “vicio oculto” de la “ydolatría” (127).
La embriaguez es la turbación de los sentidos causada por la abundancia del vino y su demasiado uso. Es del latino Ebrietas, que significa lo mismo.
Bernardo Aldrete, en sus Antigüedades de España, menciona: “De lo qual vinieron las embriagueces, torpezas impuríssimas, sacrilegios, etcétera”.
Por metáfora, la embriaguez vale transportación y embebecimiento del ánimo causado por algún objeto, lo que principalmente sucede al alma cuando se transporta y embebece en el gozo de cosas espirituales y divinas. En latín: Ecstasis. Santa Teresa, en sus Conceptos del amor de Dios, escribe: “Dichosa embriaguez, que hace suplir a el Esposo lo que el alma no puede” (Dicc. Ebriedad y éxtasis).
Enfermedades del Alma y Males Producidos por Amores Ilícitos
La cuarta parte del Tratado de Alarcón corresponde a las enfermedades del alma -o que tienen su raíz en la pasión- y está compuesta de tres capítulos: “Del conjuro y palabras que usan para aplacar enojo”; “De otro conjuro para atraher y afiçionar” y, en fin, “De los males y enfermedades que proçeden de amores illíçitos”.
El último conjuro involucra una escena psíquica -e incluso psicoanalítica- en los rituales mágicos, por su carácter terapéutico (“la superstición de la cura y remedio de las dichas enfermedades y daños”) y su raíz imaginaria (“la ficçión [subrayo el término empleado repetidas veces por Alarcón] de las enfermedades y males que llaman o intitulan de amores y deseos illíçitos”).
Porque, aduce Alarcón, “entre las supersticiones gentílicas que han quedado entre los indios, no es la menos perjudiçial la ficçión de que ay enfermedades causadas de amor illíçito y deseos prohibidos”. Y de ella se desprenden dos daños: “que aya muchos que apetescan este officio” (el oficio de los “falsos médicos”), y que las gentes se persuadan de “que es bueno peccar”, pues el Demonio “sólo finge este daño corporal y temporal [como la histeria] por partiçipación [o contagio] en los assistentes y occurrentes [pacientes o víctimas del mal], no haciendo caso de los del alma y eternos en los delinqüentes”.
Es decir, “el Demonio” -entidad nada extraña a Freud- sólo “finge” el “daño corporal y temporal”, como supuestamente lo hacían ante Charcot y Freud las histéricas de La Salpêtrière, y lo produce por un fenómeno misterioso y casi mágico que recuerda al “contagio” psíquico y Alarcón llama “participaçión”, el cual opera en el ritual y a consecuencia del ritual: terapéutica y patológica, pero también performáticamente -como lo ha hecho notar Didi-Hubermann en La invención de la histeria-, como operación teatral en el marco hospitalario, es decir, como actuación ante los ojos de los médicos-fotógrafos.
“No haciendo caso de los [castigos] del alma y eternos en los delinqüentes”, anota Alarcón; pues tal es la intención diabólica: “Persuadir males de culpa para evitar los de pena”.
Enfermedades y Causas Mágicas
La gota coral es una enfermedad que consiste en una convulsión de todo el cuerpo, y un recogimiento o atracción de los nervios, con lesión del entendimiento y de los sentidos, que hace que el doliente caiga de repente [...]. Se equipara a la epilepsia (Dicc. Alferecía).
La primera especie de enfermedades convulsivas, que consiste en una lesión y perturbación de las acciones animales en todo el cuerpo, o en alguna de sus partes, con varios accidentes, como son el de apretar y rechinar los dientes, echar espumarajos por la boca. Epilepticus morbus, Epilepsia, etcétera (Dicc.).
Es el caso del susto: el de “los niños que suelen asombrarse y dar gritos como que viesen alguna cosa espantoça; quando despiertan dando voçes y llorando como espantados; quando, sin acçidente esterior, suelen perder el sentido y quedar como muertos” -“y otros”, añade, “hiriendo”-. Y así, cualquiera enfermedad o achaques de los [que] nuestros médicos comúnmente juzgan por incurables, estos embusteros diçen que provienen por exçeso de delitos en el consorte, o ya sea su muger o marido, o ya sea su amigo o amigos.
Esa frase -“por exceso de delitos en el consorte”- se reitera poco más adelante, en una suerte de etiología médico-judicial que ve en el “exçeso” amoroso o sexual el origen de todos los males. Lo que opera aquí, por lo tanto, es una transferencia de la culpa a través del deseo. Así, sobre las causas de “estos daños y enfermedades” se dice que, cuando los adultos están “casados o amançebados”, son “el exçeso de adulterios o amançebamientos en el conçorte”.
En esta explicación se trasluce una nosología médica que describe a la enfermedad como una forma de la “melancolía y tristeça” que perturba, como ya vimos, no sólo la vida psíquica del paciente, sino también su circunstancia exterior, semejante a la de un apestado. Una compleja red de correspondencias subyace a ese sistema explicativo y descriptivo. Así, “por simpatía y redundancia” (elementos mágicos, analógicos, repetitivos, que sería posible asociar a una poética) se producen las enfermedades, surge el mal: por sobra, “abundancia” o “excesso” de deseo. “Excesso” -como también se escribe la palabra exceso- que infecta, “inficiona”, contagia, como define aquella época el vocablo inficionar (inficere): “llenar de calidades contagiosas, perniciosas u pestíferas, u ocasionarlas” (Dicc. Aut.), causando “aquel mal de irse enflaquesiendo y secando” al “compañero”.
Netepalhuiliztli se traduce como “melancolía y tristeça”.
Rituales de Curación y Conjuros
A todas estas enfermedades, afirma Alarcón, aplican los indios una misma “fingida cura” y “un mismo remedio, que es el que llaman tetlaçolaltiloni, como si dijésemos: baño para enfermedad causada por amores o por aficçión”. Aquí no intervienen, aparentemente, ni el ololiuhqui ni el peyote. Ni siquiera el tabaco o piçiete -al que el fraile llama “levadura general de estos amacijos” (162)- es empleado en el caso de esos males por los curanderos, de acuerdo con los detalles bastante precisos y posiblemente exhaustivos que el pesquisidor inquisitorial vierte en su informe acerca de la ceremonia de curación y la performance ritual del conjuro.
El conjuro se recita o pronuncia de modo ritual, en voz alta o en forma de salmodia, conforme a un ritmo sonoro, interior, encantatorio. Las imágenes son fundamentales en un conjuro en que el traductor se expresa casi exclusivamente a través de metáforas y alegorías, o de una “metáfora continua”, como dice Alarcón en su prólogo (128).
Al pronunciar ciertos nombres, el médico ejecuta una serie de gestos terapéuticos en los que pone en movimiento la fuerza de los elementos rituales -fuego, agua, copal, “lienzo limpio” y estera-. El nombre posee fuerza mágica y los elementos se ungen como “dioses”: “Y en nombrándolos, coge luego el fuego y échale el copal y sahúma el enfermo, como que le ofrese aquellos dioses que ha nombrado”. El agua lo limpia: “Y luego le baña con el agua preparada y le passa inmediatamente sobre el lienço que está sobre la estera como que ya ba limpio del mal que tenía, o por lo menos en mejor disposición”.
El Diablo es el “príncipe de los encantos”, y el agente formal de estas curaciones mágicas. Su mandato es en sí mismo demoníaco, inconsciente, infernal, imperativo y extrasubjetivo o sujeto a las obediencias hipnóticas propias de un sueño ritual. Es una fuerza exterior que provoca la enfermedad en el paciente, pero también es exterior al curandero: es una pura exterioridad mágica, descontrolada y autoritaria a un mismo tiempo.
“Eso diçen aquellas últimas palabras: “Verde y blanca terrestridad, no os levantéis contra mí, etcétera”. De ahí el poder de esas órdenes vehiculadas, como en ventriloquía, en forma de un conjuro diabólico. En esas palabras se expresa un mandato mágico, la prohibición dirigida a las fuerzas de la enfermedad para que no contagien mágicamente al hechicero. Eso diçen aquellas últimas palabras: “Verde y blanca terrestridad, no os levantéis contra mí, [ni de rrecudida enbistáis conmigo]”.
Aquí también opera lo que el pesquisidor designa, en el título que le da al conjuro, como los “daños del deseo”. Concluido el conjuro, apunta Alarcón, y “estando ya el enfermo sobre el lienso que está este.ndido sobre la estera” -lo que parece indicar que el paciente se ha recostado-, y así, yacente ya y con la mirada dirigida al cielo, el médico “convierte la plática” o cambia la dirección de su interlocución mágica “hassia el cielo”, “encomendando”, como interpreta el fraile, “a la Vía Láctea, que es lo que llamamos Camino de Santiago, a el enfermo”. Aquí el curandero habla como si el paciente estuviera en trance de convertirse en cadáver.
La cura “remata”, concluye Alarcón, “con haçer ayre al enfermo con el huipil, si es muger la curandera, y si es varón háçele ayre con la manta con que de ordinario se cubren”, y ello a modo de purificación, “como quien le soplase para quitarle el polvo exterior, y para comunicarle buenos y saludables ayres y librarse de los inficionados en que está embuelto”.
Esta cura puede repetirse “todas las veçes que les pareçe” y dos resultados pueden derivarse de ella. “Çi el enfermo acaso sana, quedó el tal embustero acreditado por el mejor médico y zahorí del mundo”. Pero “si el enfermo, o no mejora o muere, que es lo más ordinario [y no deja de asombrar la afirmación de que los “daños del deseo” tengan como consecuencia, ordinariamente, la muerte], se escusa el tal curandero inventando [porque aquí todo es cosa de ficciones, fingimientos e invenciones] otro embuste a su imaginación”.
Este otro embuste tiene cuatro posibilidades: “o que el enfermo no se guardó” (no se cuidó o no respetó las prohibiciones), “o no tuvo fe con la cura” (efecto placebo), “o que comunicó con otros de mal vivir” (lo que automatiza nuevamente el efecto de contagio, reactivado en el momento o en el plano ya no de lo patógeno sino de lo terapéutico), “o que andaba en malos pasos” (lo que reactiva la infección originaria, pecaminosa o culpable).
Hechizos Específicos para la Fertilidad Masculina
Amores, o por redundançia y excesso de delitos en el consorte [...].
Hechizo para Invocar a Cernunnos
Para hacer este hechizo es necesario reunir una serie de elementos. Se trata de cosas sencillas de adquirir para cualquier persona.
Ofrendas para el dios Cernunnos (generalmente son alimentos; los más adecuados son: bellotas, frutas, especialmente manzanas, cereales, vino y cerveza.
Existen algunos hechizos que sólo son efectivos si se realizan en un lugar determinado, a menudo, lugares de poder. Dado que este hechizo conlleva una invocación a un dios celta relacionado con los animales y la naturaleza, es conveniente llevar a cabo el conjuro en un bosque, el lugar propio de Cernunnos. Si te resulta difícil desplazarte a un bosque o no tienes ninguno cercano, puedes probar a realizar el conjuro en tu casa, preferiblemente en el jardín, si es posible.
Pasos del hechizo:
- Enciende la vela de color verde.
- Siéntate en silencio dentro de tu círculo, medita durante unos minutos, sereno y calmado. Despeja tu mente y deja fluir todos los pensamientos, sin prestarles atención.
- Cuando liberes tu mente, conectarás con el espíritu de la naturaleza. Si te encuentras al aire libre, en la naturaleza, sólo tienes que sentarte con el conocimiento de que estás conectado con todo lo que te rodea, árboles, animales, plantas… Si te encuentras en un lugar interior, debes visualizar poderosamente un bosque. Imagínate sentado rodeado de naturaleza pura. Siente la poderosa conexión que existe entre tu y los árboles, la hierba y los arbustos de tu alrededor. Eres consciente de que formas parte de un todo y que estás unido a la naturaleza, proceden de ella. Mantén ese estado, esa sensación durante un tiempo.
- Ahora es el momento de invocar a Cernunnos.
- A continuación, mantente sentado en silencio durante un rato más, mientras conectas directamente con el espíritu salvaje y lúdico de Cernunnos.
- Finalmente, ofrécele como ofrenda la comida y bebida que has reunido para él (si has realizado el hechizo de fertilidad para hombres en un espacio interior, pon las ofrendas en un plato y luego sal a la calle para dejarlos en un lugar adecuado, cerca de la naturaleza si es posible, como un parque, un jardín, un arroyo cercano…). Si le has llevado como parte de la ofrenda una botella de vino o cerveza, vierte el contenido en el suelo.
Terminado el hechizo de fertilidad, tómate un momento para visualizar esa vida que quieres crear, ese bebé que deseas concebir con todas tus fuerzas. Siente el espíritu de Cernunnos llenandote a ti y a tu futuro bebé. Así concluye este hechizo de fertilidad para hombres.
Si eres una mujer y deseas hacer este hechizo en nombre de tu hombre, puedes hacerlo. Solo tienes que modificar las palabras del conjuro para dejarle claro al dios Cernunnos que le haces las ofrendas en nombre de tu pareja.

Hechizos de Unión Erótica en el Antiguo Egipto
Un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago está traduciendo un papiro egipcio de 1.800 años de antigüedad al que han descrito como un característico "hechizo para una unión erótica". En el texto, una mujer llamada Taromeway intenta atraer mediante la magia a un hombre llamado Kephalas.
En el papiro, un dibujo muestra al dios con cabeza de cánido Anubis disparando una flecha a Kephalas, que aparece desnudo. La flecha de Anubis tiene la intención de insuflarle un profundo deseo por Taromeway, según los estudiosos.
El hechizo está escrito en demótico (la escritura dominante en el antiguo Egipto a partir de 600 a.C.) e invoca a un "fantasma" (el noble espíritu del hombre de la necrópolis) para encontrar a Kephalas y "procurarle una gran ansiedad por la mañana, por la tarde y todo el tiempo" hasta que Kephalas busque desesperadamente a Taromeway con "su órgano masculino buscando su órgano femenino".
"En el papiro se destaca el pene y el escroto de Kephalas, el 'órgano masculino' que Taromeway pretende conseguir invocando poderes mágicos", dice Robert Ritner, profesor de Egiptología de la Universidad de Chicago.
El hechizo invoca a un espíritu para encontrar a Kephalas y "procurarle una gran ansiedad por la mañana, por la tarde y todo el tiempo".
El hechizo hace asimismo alusiones astronómicas. En una ocasión llama a Kephalas a atravesar la Osa Mayor, una constelación que nunca se pone debajo del horizonte, hasta que esté "rondando a [Taromeway] mientras no hay otra mujer en la Tierra a la que él desee, ya que la persigue locamente".
Se conocen otros "hechizos de unión erótica" en el antiguo Egipto, aunque normalmente eran más usados por los hombres cuando querían lograr a la mujer de sus sueños, según cuentan Ritner y Scalf.
Contexto Cultural y Social de los Hechizos Egipcios
No sabemos porqué Taromeway deseaba tan desesperadamente a Kepahalas o si ella al final logró su objetivo. "Taromeway debió de haber tenido tanto una gran motivación como medios a su alcance", comenta Ritner, que piensa que esta mujer seguramente pagó a un especialista para que escribiera el hechizo, tal vez un sacerdote.
Otra cosa que han destacado los investigadores es que es muy posible que Taromeway y Kephalas pertenecieran a grupos étnicos diferentes. "Mientras que ella seguro que era egipcia, Kephalas y su madre tienen nombres griegos", comenta Ritner. Egipto estaba bajo el dominio romano en la época en que se redactó el hechizo; durante ese tiempo, los egipcios adoptaron nombres griegos, "pero podría ser que la fijación sexual de Taromeway por Kephalas cruzase las distancias étnicas", apostilla el investigador.
Una vez escrito, el papiro fue probablemente colocado en una tumba, y el "espíritu" invocado en el hechizo habría sido el de la persona allí enterrada, concluye Ritner.

Consideraciones sobre Hechizos y Su Efectividad
Alicia Collado, referente en hechizos de amor en España y Latinoamérica, nos enseña qué son los hechizos de amor y cómo hacer un hechizo para que pudiera llegar a funcionar. ¿Quieres tratar de mejorar tu vida amorosa o intentar recuperar a tu ex pareja? Los hechizos de amor podrían ser aquello que necesitas.
En este artículo exploraremos el mundo de los hechizos de amor efectivos, sus tipos, ingredientes comunes y rituales básicos. Con el potencial poder de los hechizos de amor, podrías llegar a atraer el amor de nuevo a tu vida o tratar de recuperar a tu ex pareja. Experimentar una relación satisfactoria y feliz podría ser posible si confías en auténticos profesionales esotéricos.