La perspectiva feminista sobre el aborto trasciende la mera legalidad o ilegalidad de la práctica, profundizando en conceptos como la autonomía corporal, los derechos reproductivos y la crítica a las estructuras de poder que históricamente han controlado las decisiones sobre el cuerpo de las mujeres. Este enfoque se ha forjado a lo largo de décadas de activismo, reflexión teórica y acción directa, involucrando a diversas autoras y organizaciones en la lucha por una sociedad más justa e igualitaria.
La Lucha Histórica por el Aborto Legal desde el Feminismo
Desde finales de la década de 1960, diversas organizaciones de mujeres en países industrializados, en el marco del feminismo de la segunda ola, centraron su agenda de demandas en los derechos reproductivos. Un número significativo de estas agrupaciones otorgó centralidad a la lucha por el aborto legal, convirtiéndolo en un eje fundamental de su trabajo. Esto implicó un alto involucramiento de las activistas con el objetivo de ofrecer opciones a las mujeres que requerían un aborto clandestino.

Pioneras de la Clandestinidad y la Autoayuda
La búsqueda de soluciones ante la clandestinidad del aborto llevó a estas organizaciones a desarrollar redes de apoyo y servicios, a menudo asumiendo riesgos significativos. La práctica de la interrupción de embarazos realizada por integrantes legas en medicina ha trascendido en la historia, con experiencias documentadas años después de la disolución de los grupos.
El Colectivo Jane en Estados Unidos
Una de las experiencias más notables de organizaciones de mujeres se desarrolló en Chicago, Illinois, desde finales de los años 60. Se trató de la Chicago Women's Liberation Union (CWLU), conocida por sus siglas, con orientación socialista y feminista. Gran parte de sus integrantes eran mujeres blancas de clase media y con estudios universitarios, quienes creían que la igualdad de las mujeres solo podía lograrse combatiendo al racismo, clasismo y sexismo simultáneamente (Lara GRIFFIN, 2015; Cara JEPSON, 1999; Chistine RIDDIOUGH, 2015).
Un área clave de trabajo en CWLU fue la salud. Formalmente llamado Abortion Counseling Service of Women’s Liberation, sería conocido como Jane o "el Servicio". Inicialmente, este colectivo coordinaba un servicio que ofrecía referencias sobre cómo obtener un aborto, facilitando el contacto con médicos que trabajaban en la clandestinidad. Exintegrantes relatan cómo el contacto entre ellas y las mujeres se realizaba a través de un número telefónico donde atendía "Jane", un nombre ficticio utilizado por las activistas.
Durante los primeros 18 meses de funcionamiento, las responsabilidades de las mujeres en el servicio evolucionaron más allá de la consejería. Paulatinamente, las integrantes comenzaron a ofrecer asistencia al médico durante la intervención, lo que les permitió familiarizarse con la técnica y, eventualmente, recibir entrenamiento para realizar las interrupciones de embarazo. El aprendizaje se convirtió en parte del componente político del aborto para las feministas involucradas. Tiempo después, descubrieron que el médico en realidad no era un profesional de la salud habilitado, lo que las animó a prescindir de él y realizar ellas mismas los abortos.
A inicios de 1971, comenzaron a ejecutar todo el procedimiento de dilatación y curetaje (DyC), convirtiéndose en proveedoras del servicio de aborto en el primer trimestre y aplicando otras técnicas para iniciar abortos de segundo trimestre que se completaban en el hospital (BART, 1987). "Claramente, aprender a hacer un DyC nosotras mismas, de principio a fin, fue el último paso para tener un servicio que pudiera ser controlado y administrado por mujeres" (HYDE PARK-KENWOOD VOICES, 1973, p. 19). El cambio de paradigma fue notable: informar a las mujeres acerca de lo que acontecería y hacerlas partícipes activas del evento evidenciaba la distancia entre las prácticas de Jane y el rol convencional de las pacientes en el sistema de salud. La organización era autosustentable, lo que permitió mayor dedicación al servicio (BART, 1987).
Las integrantes de Jane siguieron activas hasta la legalización del aborto en Estados Unidos en 1973. Sin embargo, la detención de siete de ellas en mayo de 1972 contribuyó a acelerar el proceso de desintegración, y el grupo finalmente se disolvió. Parte de las mujeres que trabajaron en Jane continuaron participando en otros proyectos de acción feministas, fundamentalmente vinculados con la defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

El MLAC en Francia: Protesta y Desmedicalización
El Mouvement pour la Liberté de l’Avortement et de la Contraception (MLAC) inició sus actividades en varias ciudades de Francia en abril de 1973. En su carta de presentación se plasmaron dos pilares de la futura Ley Veil de 1975, que legalizaría el aborto: "la decisión pertenece a la mujer" y "el aborto es un acto médico" (Michelle ZANCARINI-FOURNEL 2003, p. 286).
Desde sus inicios, el MLAC se constituyó como un movimiento mixto, promovido por la iniciativa conjunta de médicos, activistas feministas y militantes de izquierda, quienes articularon redes de colaboración para que las mujeres pudieran realizarse abortos clandestinos. Se estableció como una organización nacional, con núcleos militantes en barrios, hospitales y universidades, que funcionaban de manera autónoma pero respetando la carta fundacional (ZANCARINI-FOURNEL, 2003).
El avance técnico que significó la implementación de la técnica Karman para abortos por aspiración en Francia fue resultado del trabajo de redes feministas transnacionales y su dedicación a promover la circulación de conocimientos. La estrategia del MLAC de proveer abortos fue una "acción de protesta sin precedentes" (PAVARD, 2009, p. 80), que no solo buscaba la autonomía de las mujeres o resolver embarazos no planeados de manera segura, sino también subvertir el orden establecido. Adoptaron la realización de abortos clandestinos como una forma de protestar contra la legislación restrictiva y cuestionar la medicina, el activismo tradicional y las normas de género (cfr. PAVARD, 2009).
La decisión de un grupo de militantes de proveer ellas mismas el servicio, prescindiendo del control masculino y médico sobre sus cuerpos, las condujo a aprender a realizar los abortos. Mujeres de izquierda del MLAC, no médicas, en Aix-en-Provence, inspiraron el documental Regarde elle a les yeux grand ouverts (1980), dirigido por Yann Le Masson. Este filme muestra el acompañamiento feminista en un aborto con la técnica Karman y partos vaginales sin intervención médica, constituyendo una alegoría de la trayectoria reproductiva de las mujeres atendida y acompañada exclusivamente por otras mujeres. Se trató de una práctica desmedicalizante, que promovía prescindir de intervención médica y en su lugar estimular el acompañamiento entre mujeres.
La Ley Veil, aprobada en enero de 1975, despenalizó parcialmente el aborto, lo que debilitó al MLAC. Sin embargo, en 1977, seis militantes fueron procesadas por violar la ley y acusadas de intento de aborto, complicidad y práctica ilegal de la medicina (Paul CHOVELON, 1977), evidenciando las complejidades en la relación entre movimientos sociales y el Estado.
Francia da el primer paso para blindar el derecho al aborto en su Constitución • FRANCE 24
El Movimento di Liberazione della Donna (MLD) y CISA en Italia
En Italia, colectivos de mujeres, como el Movimento di Liberazione della Donna (MLD), contribuyeron a inscribir los principios de una nueva política del cuerpo, centrada en la autodeterminación femenina. El lema "Io sono mia" representó la demanda por el derecho al aborto, mientras que la noción de "libertà femminile" se consolidó en el discurso feminista italiano (BRACKE, 2017).
El MLD, una afiliación autónoma del Partido Radical en 1971, inicialmente proporcionaba información sobre parteras que realizaban abortos y la alternativa de buscar atención médica en países donde era legal. En 1973, apoyó la creación en Milán del Centro d'informazione sulla sterilizzazione e sull'aborto (CISA) en la sede del Partido Radical (Adelle FACCIO, 1973, 1978; Emma BONINO, 1990). CISA se constituyó en una estructura extensa y eficiente, ampliando sus servicios a otras ciudades italianas a través de clínicas vecinales que ofrecían anticoncepción y planificación familiar.
La publicación "Aborto: facciamolo da noi" de 1975 detallaba el uso del método Karman, describiendo que el aborto podía ser realizado por personal no médico en presencia de un médico. El texto funcionaba como un manual, recomendando un espacio doméstico y reuniones previas al aborto para favorecer el encuentro entre mujeres, conocer sus historias y recibir información sobre el procedimiento, anticoncepción y sexualidad, pensando la compañía y conversación con pares como una forma de distender y generar confianza.
A medida que avanzaba la década de 1970, exintegrantes de CISA continuaron prestando el servicio de aborto sin ser médicas en Milán, buscando también "incidencia política entre mujeres de clases populares" (Luciana PERCOVICH, 2005, p. 309). Otras activistas abrieron sus propios espacios en Padova, Milán y Trieste, profundizando en la propuesta de prescindir de la atención médica, ofrecer reuniones colectivas en lugar de consultas individuales, promover la autoayuda y "continuar con las discusiones políticas al interior del grupo, que rechaza convertirse en un servicio social" (PERCOVICH 2005, p. 309).
Hacia una Definición Feminista del Aborto: Perspectivas Teóricas
La definición feminista del aborto se construye no solo desde la acción, sino también desde una profunda reflexión ética y jurídica que desafía las normativas y los discursos dominantes.
La Perspectiva Jurídica Feminista: Patricia Gonzalez Prado
Patricia Gonzalez Prado, en su obra, propone repensar el concepto de autonomía en clave feminista, nutriéndose de los feminismos indígenas y académicos de la región. Su análisis de decisiones de los más altos tribunales de justicia en Argentina, Colombia, España y Estados Unidos revela una multiplicidad de déficits interpretativos desde un enfoque feminista.
Desde esta perspectiva, su análisis rastrea la diversidad de encuadres de justificación puestos en práctica por los tribunales de los países seleccionados, indagando sobre una variedad de cuestiones regulatorias discutidas en sede judicial y foros del poder ejecutivo para garantizar la provisión de abortos legales. En sus palabras, una perspectiva feminista implica "comprometerse seriamente con el abandono del derecho penal como mecanismo de contención de las decisiones reproductivas de las mujeres".
El cambio legal en los últimos años, con las reinterpretaciones del modelo de aborto no punible por parte de la sociedad civil, tribunales, Cortes Supremas y Ministerios de Salud, parece haber dejado claros sus propios límites, señalando la necesidad de un cambio social y legal más profundo.
Ética con Perspectiva de Género y el Aborto
Dominio Masculino en la Ética Tradicional
A lo largo de su historia, la ética ha estado dominada por los hombres, con teorías que reflejan explícita o implícitamente puntos de vista y valores masculinos, presentándolos a menudo como universales y neutros en términos de género. La filosofía moral ha expresado muy poca preocupación por los intereses de las mujeres (véase Holland 2010).
La bioética no ha sido ajena a este dominio masculino, adoptando en gran medida el enfoque masculino de las disciplinas de las que ha surgido, como la medicina, el derecho, la teología y la psicología (véase Crosthwaite 2009). Este sesgo solo se ha hecho evidente a partir del avance de teorías desarrolladas por mujeres que han enfatizado la perspectiva de género.

Distinción entre Ética del Cuidado y Ética Feminista
Las teorías éticas desarrolladas por mujeres, sobre todo a partir del siglo XX, han enfatizado otro tipo de valores, propiamente femeninos, dando lugar a lo que algunas pensadoras han llamado ética del cuidado o ética femenina. Esta se ha propuesto como una teoría ética autónoma y completa, aplicable a problemas de la salud, reproducción asistida, genética y aborto.
Sin embargo, la ética femenina debe distinguirse de la ética feminista. Aunque ambas comparten una preocupación por los intereses y puntos de vista de las mujeres, argumentar desde una perspectiva femenina no es necesariamente equivalente a feminismo. Mientras que la ética femenina intenta desarrollar una filosofía moral a partir de lo que considera una perspectiva y valores propiamente femeninos, la ética feminista se propone analizar y criticar cualquier forma de injusticia de género y poner fin a la discriminación, desigualdad, exclusión y opresión de las mujeres.
Ética del Cuidado: Carol Gilligan y Nel Noddings
La psicóloga del desarrollo Carol Gilligan, con su libro de 1982 In a Different Voice. Psychological Theory and Women's Development, rompió los esquemas dominantes sobre el desarrollo moral. Criticó la teoría de Lawrence Kohlberg, que sugería que las mujeres eran menos desarrolladas moralmente que los hombres, argumentando que las mujeres tenían una "voz moral diferente" (Gilligan 1982: 120).
Según Gilligan, la voz moral de las mujeres se caracteriza por sentimientos de empatía y compasión, siendo concreta, específica, colaborativa y poniendo énfasis en las relaciones interpersonales. Mientras que la voz masculina tiende a resaltar la imparcialidad, la justicia, los derechos y la aplicación de reglas universales, la voz femenina se enfoca más en el cuidado, la responsabilidad hacia los otros y la preocupación por su sufrimiento. La identidad de las mujeres se construye a partir del apego y la interdependencia, en contraste con la autonomía y la independencia masculinas.
Esta perspectiva moral propiamente femenina es la ética del cuidado, que enfatiza valores como el cuidado mutuo y la responsabilidad en las relaciones, por encima de valores como la imparcialidad y los derechos. Inicialmente, Gilligan la describió como una actitud moral, no como una teoría normativa completa. Sin embargo, otras partidarias como Virginia Held (1990) y Nel Noddings (1984) sugirieron convertirla en una teoría normativa autónoma, capaz de dar cuenta de la totalidad del mundo moral sin necesidad de recurrir a conceptos deónticos como obligación o ley moral, sino a respuestas afectivas a la vulnerabilidad de otros seres.
Ética Feminista Liberal y los Derechos Reproductivos
La ética feminista, particularmente la ética feminista liberal, argumenta básicamente a partir de los derechos de las mujeres, lo que la convierte en un enfoque universalista. Para el feminismo liberal, una de las funciones principales de la ética en lo que respecta al aborto es la justificación moral de los derechos reproductivos.
Aunque la ética del cuidado y la ética feminista pueden llegar a conclusiones similares sobre la consideración moral del aborto, tienen diferencias significativas y pueden entrar en conflicto. El enfoque particularista de la ética del cuidado, donde la evaluación moral del aborto depende de las circunstancias específicas, contrasta con el enfoque universalista de la ética feminista liberal, centrado en los derechos. Se argumenta que apelar a relaciones interpersonales y cuidado, aunque valioso, no es suficiente para proteger el espacio de decisión y libertad individual de una mujer que desea practicarse un aborto en un mundo real, haciendo necesario proteger ese espacio a través del lenguaje de los derechos.
Por tanto, se propone optar por un enfoque feminista liberal sobre el aborto, complementándolo con el enfoque de la ética del cuidado.
Narrativas Feministas sobre el Aborto
En la literatura, las historias sobre aborto han sido un espacio de resistencia, disputando el derecho a decidir desde la palabra escrita y reimaginando la historia de miles de mujeres que se enfrentan a la criminalización. En conmemoración del 28S, Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Seguro y Gratuito, es fundamental recordar que la revolución también surge desde el arte. A lo largo de la historia, muchas escritoras han narrado, desde la ficción y la memoria, las historias de mujeres y personas menstruantes que se han enfrentado a la violencia sistémica, la clandestinidad y el prejuicio por decidir sobre su cuerpo. Estos libros registran una realidad latente y abren caminos de reflexión colectiva y política sobre el derecho a decidir y la autonomía corporal:
- Contame cosas, de Laura Rosso (Chirimbote, 2021): Cuenta la historia de Amanda, una joven que decide realizarse un aborto en Argentina, reflejando la revolución de los feminismos masivos y populares en Latinoamérica y la voz de mujeres que buscan cambiar las reglas de un sistema que ha ignorado sus existencias.
- Tienes que mirar, de Anna Starobinets (Impedimenta, 2021): Una memoria valiente e intensa sobre la pérdida y la resistencia, narrando la experiencia personal de la autora en 2012 al descubrir que el hijo que esperaba tenía un defecto congénito incompatible con la vida.
- Malnacidos, de Natalia Villamil (Hasta Trilce, 2023): La escritora argentina explora la maternidad desde diferentes perspectivas, la sensación de encierro y la precariedad de la vida rural. Cuenta la historia de Marta, quien decide realizarse un aborto con la ayuda de la curandera local, exponiendo a los personajes a lo desconocido en un contexto de pobreza.
- La brecha, de Mercedes Valdivieso (Planeta, 1961): Considerada una de las primeras novelas feministas latinoamericanas.
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