La Caña es un cante flamenco de gran arraigo, cuya estructura lírica se compone de coplas de cuatro versos octosílabos. En estas coplas, el segundo y el cuarto verso riman entre sí, creando una musicalidad característica. Su desarrollo musical es notablemente similar al del polo, otro palo flamenco. A lo largo de la historia, diversos autores han planteado teorías sobre su enigmático origen.
Orígenes y Teorías sobre la Caña
Un grupo de autores, basándose en similitudes etimológicas y culturales, se remiten al origen árabe de la Caña. En esta posición coinciden figuras como Richard Ford, quien la describió como "la verdadera gannia o canción árabe". De igual manera, Serafín Estébanez Calderón, conocido como “El Solitario”, señaló: "Desde luego haremos notar que la Caña, que es el tronco de estos cantares, parece con poca diferencia la palabra “Gannía” (sic), que en árabe significa “canto”".

Por su parte, el musicólogo Manuel García Matos atribuye el nombre de este cante al estribillo de una canción andaluza que aludía a la caña de azúcar. Esta canción fue recogida por Isidoro Hernández en su obra "Tradiciones Populares y Flores de España". García Matos argumenta que "de tal estribillo, mejor que de la gannia árabe habría salido el nombre de la especie, ya que es suceso natural y corriente el que la muchedumbre de canciones populares tomen su denominación de una palabra o frase del estribillo o refrán que en multitud de casos las acompaña".
Desarrollo Histórico e Intérpretes Fundamentales
En su obra "Escenas Andaluzas" (“Un baile en Triana”), Serafín Estébanez Calderón trató a la Caña como el verdadero tronco original del cante, una afirmación que, aunque después se ha demostrado inexacta, seguramente se basó en lo escuchado y en lo que le contaron sobre el mismo. Sea como fuere, Estébanez Calderón nos la describe como un cante de grandes dificultades: "Los cantadores andaluces, que por lo general lo son la gente de a caballo y del camino, dan la primera palma a los que sobresalen en la Caña, porque viéndose obligados a apurar el canto como ellos dicen, o es preciso que tengan mucho pecho y facultades, o que pronto den al traste y se desluzcan".
En cuanto a sus primeros intérpretes, en la citada obra de Estébanez Calderón aparece El Fillo como cantaor de cañas, hoy considerado como el más antiguo cultivador de este cante. Según contaba Pepe el de la Matrona, al parecer tenía distintas variantes por la costumbre de ligar la caña con el polo. De aquella época se citan recreaciones estilísticas atribuidas a Curro Pabla y a Tío José el Granaíno, quien fue el verdadero artífice de la primera reforma de la caña al reducir su duración y desgajarla del polo. Enrique Ortega "El Gordo" completó el arreglo musical, sustituyendo el polo por el macho de la caña, que hoy se canta con la letra: “Arsa y viva Ronda, / reina de los cielos, / eso no lo manda la ley”.
La Caña - Ricardo Fernández del Moral - Cante y guitarra
"Yo no te obligo serrana": La Caña en el Siglo XX
La evolución de la Caña continuó con figuras destacadas, siendo Antonio Chacón quien, según Blas Vega, "logró dotar a la caña de una cuadratura musical perfecta". Si bien el maestro de Jerez no grabó este cante, coincidiendo con su muerte, fue Cayetano Muriel "Niño de Cabra" quien la registró con la misma estructura pero con letras distintas. En la parte de la caña, Muriel interpretó la conocida frase: “Yo no te obligo serrana”, mientras que en la soleá final, cantó “Ni contigo ni sin ti”.
Tampoco podemos dejar de mencionar la importante grabación, realizada años antes, por Diego Bermúdez Cala "El Tenazas de Morón". Esta grabación tuvo lugar después de su actuación en el Concurso de Cante Jondo de Granada en 1922, la cual impresionó profundamente al propio Chacón. No es de extrañar, puesto que por la fecha de su nacimiento (1854) el viejo cantaor bien pudo escuchar los cantes de El Fillo y El Planeta.
Posteriormente, tras muchos años en los que el cante de la Caña estuvo prácticamente desaparecido, se produjo un nuevo auge y una justa revalorización. Esto fue, sobre todo, a partir de la grabación de la antología de Hispavox en 1954, en la que Rafael Romero dejó grabada una magnífica interpretación de este valioso cante.
