El vómito con flema en recién nacidos puede ser un síntoma alarmante para los padres, pero es importante comprender sus diversas causas, desde las más benignas hasta aquellas que requieren atención médica urgente. En general, cualquier enfermedad puede producir vómitos en los niños. Para determinar el tratamiento es fundamental conocer su etiología, es decir, su origen.
Diferencia entre Regurgitación y Vómito en Recién Nacidos
Es crucial distinguir entre regurgitación y vómito, ya que sus causas y manejos son diferentes. Los bebés expulsan por la boca pequeñas cantidades de alimento sin digerir poco después de la toma y sin esfuerzo, generalmente tras un eructo. Estas regurgitaciones son normales en el recién nacido.
Regurgitación en Recién Nacidos
La regurgitación ocurre cuando el bebé expulsa parte de su ingesta de leche (materna o de fórmula) durante o justo después de la toma. Esto es completamente normal y se debe a que el anillo muscular en la parte superior del estómago (esfínter esofágico inferior) no se cierra del todo debido a la inmadurez de su sistema digestivo. Con el desarrollo del bebé, las regurgitaciones suelen remitir, desapareciendo alrededor del primer año de vida. Son comunes en bebés sanos; aproximadamente la mitad de los bebés experimentan que el contenido de su estómago regresa al esófago durante los primeros tres meses, una afección conocida como reflujo gastroesofágico o reflujo ácido infantil.

Vómito en Recién Nacidos
El vómito en recién nacidos se diferencia de la regurgitación por ser más violento e implicar la expulsión de un mayor contenido estomacal. Aunque generalmente no implica complicaciones, en algunos casos puede deberse a infecciones u otras patologías peligrosas que requieren tratamiento adecuado. El vómito es la expulsión del contenido gástrico a través de la boca. Los padres experimentados normalmente pueden detectar la diferencia entre regurgitaciones y vómitos, pero los padres primerizos pueden tener que consultar con un médico o enfermera.
En el diagnóstico, se tiene en cuenta la historia clínica del bebé y se realiza una exploración física completa para identificar la causa. Los vómitos pueden presentarse en una variedad de enfermedades de gravedad diversa. Dentro de los datos de la historia clínica, hay que intentar describir sus características: tipo de contenido de los vómitos (gástrico, bilioso, fecaloideo), frecuencia, cantidad, edad de presentación, relación con las tomas, así como síntomas acompañantes como fiebre, diarrea, alteración neurológica, mal estado general, acidosis metabólica o administración de fármacos.
Causas Comunes de Vómito en Recién Nacidos
El vómito del recién nacido puede responder a distintas causas, con mayor o menor gravedad. Por ejemplo, puede deberse a algo tan banal como una postura incorrecta en las tomas, hasta ser consecuencia de una infección viral estomacal o un problema gastrointestinal. Las causas más probables del vómito dependen de la edad del niño.
Sobreingesta y Factores Relacionados con la Alimentación
- Sobreingesta de leche: El bebé toma más cantidad de leche de la que su sistema digestivo puede tolerar. Son frecuentes los vómitos por la administración de una cantidad excesiva de leche, o preparación del biberón con demasiado polvo de leche para el volumen de agua (muy concentrado).
- Nerviosismo en el bebé: Puede provocar que el bebé asimile peor los alimentos.
- Introducción precoz de la alimentación complementaria.
Reflujo Gastroesofágico (RGE)
El RGE sucede cuando el anillo muscular en el extremo superior del estómago no se cierra correctamente, permitiendo que el alimento regrese del estómago al esófago. En recién nacidos y lactantes, esto ocurre por la inmadurez del sistema digestivo. Estos vómitos generalmente mejoran con la introducción de alimentos sólidos. Si persiste, puede causar la enfermedad por reflujo gastroesofágico, donde los vómitos frecuentes con pH ácido pueden dañar la mucosa del esófago, haciendo que el recién nacido rechace las tomas e incluso afectando el crecimiento al impedir la obtención de nutrientes. El diagnóstico se basa en la clínica, historia clínica y exploración física. Aunque se considera un trastorno fisiológico debido a la inmadurez del esfínter esofágico inferior, hay que estar pendientes de la aparición de signos de alarma que sugieran complicaciones del mismo o enfermedades que puedan agravarlo. Ciertos fármacos pueden provocar la disminución del tono del esfínter esofágico, facilitando el reflujo esofágico.
Infecciones
Las infecciones son causas frecuentes de vómitos, y a menudo, si el vómito del recién nacido se acompaña de diarrea, es posible que exista una infección. La causa más común de vómitos en recién nacidos y lactantes es la gastroenteritis (infección del tubo digestivo) causada por un virus.
Gastroenteritis Viral
Es una infección del tracto digestivo, muy común en lactantes y niños, que puede provocar vómitos, diarrea y fiebre en recién nacidos.
Bronquiolitis Aguda
La bronquiolitis aguda es una infección respiratoria muy común que afecta principalmente a los menores de dos años, consistiendo en la inflamación de las vías respiratorias más pequeñas de los pulmones, llamadas bronquiolos. La causa es casi siempre un virus, siendo el Virus Respiratorio Sincicial (VRS) el más frecuente (hasta el 80% de los casos). La enfermedad suele comenzar como un resfriado común, con mocos y tos. No existe un tratamiento que cure la bronquiolitis; el manejo se centra en aliviar los síntomas. Las medidas de soporte, como mantener una buena hidratación y realizar lavados nasales para despejar las vías, son la clave del tratamiento. En esta fase, que suele durar de 7 a 12 días, es cuando aparece la dificultad para respirar. Es fundamental vigilar al niño para detectar signos de que la enfermedad se está agravando. La infección se transmite habitualmente de un niño mayor o un adulto con un resfriado a un lactante.
La bronquiolitis en los niños ¡conoce sus síntomas y su tratamiento!
Agentes Infecciosos
Aunque el VRS es el protagonista (responsable de entre el 50% y el 80% de todos los casos), otros virus que también pueden provocar bronquiolitis incluyen el rinovirus (5-25% de los casos), el virus parainfluenza, el metapneumovirus, el adenovirus y el coronavirus. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basándose el médico en la historia clínica del niño y en el examen físico. El curso natural de la bronquiolitis puede durar entre 7 y 10 días, pero es entre el segundo y tercer día cuando puede darse un empeoramiento. Un signo de alarma es si el niño vomita todo lo que toma y rechaza líquidos, o apenas moja pañales.
Tos Ferina (Tos Convulsa)
La tos ferina o tos convulsa es una infección respiratoria de aparición súbita que afecta los pulmones y el tracto respiratorio superior, causada por la bacteria Bordetella pertussis. Comienza con síntomas parecidos a los de un resfriado (secreción nasal y tos leve). En la segunda etapa, la tos se agrava con episodios repentinos, cortos y rápidos, dificultando la respiración del niño y produciendo un sonido sibilante agudo al inspirar. A menudo el niño se enrojece el rostro. La infección puede producir mucha mucosidad espesa en la nariz y la garganta. La tos puede provocarle vómitos al niño, que pueden contener leche, alimentos y mucosidad. La tercera fase es la de curación y recuperación, con una tos persistente pero menos grave. La tos ferina puede ser muy grave en bebés debido a sus vías respiratorias pequeñas. Es casi siempre prevenible mediante vacunación. El principal factor de riesgo es no estar vacunado contra la tos ferina.
Sepsis
La sepsis es una importante causa de morbimortalidad en los recién nacidos, y ante su sospecha clínica, debe actuarse rápidamente para evitar su progresión. El diagnóstico inicial es clínico, apoyado en analíticas de sangre y cultivos. La procalcitonina es un marcador precoz que se eleva en las primeras 2-4 horas, aunque su valor es limitado en los primeros días de vida debido a un aumento fisiológico. El diagnóstico definitivo se obtiene con la positividad de un cultivo. Se deben tomar muestras para cultivo de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo. En pacientes hospitalizados, se debe descartar bronconeumonía asociada a ventilación mecánica o sepsis por catéter, cultivando el aspirado broncoalveolar y la punta del catéter. La sepsis en los primeros meses de vida suele ser bacteriana, pero diferentes virus pueden dar un cuadro similar a la sepsis. Se inician antibióticos empíricos dirigidos a los gérmenes más frecuentes, modificándose el tratamiento si los cultivos son positivos.

Alergias e Intolerancias Alimentarias
En algunos tipos de alergia alimentaria, como la alergia a la proteína de leche de vaca (APLV), se producen vómitos de manera frecuente, pudiendo afectar al desarrollo del bebé. La APLV es una reacción de hipersensibilidad mediada por mecanismo inmunológico, cuya prevalencia está aumentando. Suele aparecer en los primeros meses de vida y desaparecer en la mayoría de los pacientes a los 5 años. Los bebés alimentados con lactancia materna exclusiva requieren que la madre excluya la proteína de leche de vaca de su dieta. Aquellos alimentados con leche artificial deberán cambiar a una fórmula extensamente hidrolizada. La intolerancia alimentaria, la alergia a las proteínas de la leche de vaca y ciertos trastornos metabólicos hereditarios poco comunes también pueden causar vómitos en los recién nacidos y lactantes.
Anomalías Congénitas y Obstrucciones
La aparición de vómitos en la primera semana de vida debe siempre hacer pensar en una anomalía congénita del tracto digestivo que cause obstrucción intestinal. Estas son urgencias quirúrgicas debido al compromiso agudo de la vascularización regional.
Estenosis Pilórica Hipertrófica
La estenosis hipertrófica de píloro es la obstrucción al vaciamiento gástrico a nivel pilórico, secundaria a hiperplasia e hipertrofia de las capas musculares. Es típica del lactante pequeño, apareciendo con mayor frecuencia alrededor de la tercera-quinta semana de vida. Los factores implicados incluyen el tabaquismo materno durante el embarazo o la alimentación con biberón. Los vómitos son de carácter propulsivo, de contenido alimenticio, repetidos y se presentan tras las tomas, manteniendo el apetito. En la palpación abdominal, puede apreciarse la "oliva pilórica". El diagnóstico principal es la ecografía abdominal, que visualiza un píloro mayor de 4 mm de grosor y 15 mm de longitud, y el estrechamiento del canal. En la analítica sanguínea, se objetiva alcalosis metabólica hipoclorémica. La cirugía (pilorotomía extramucosa de Ramstedt) no es urgente, y requiere la corrección previa de las alteraciones hidroelectrolíticas.
Obstrucción Intestinal
Existen múltiples causas de obstrucción intestinal en el neonato y lactante pequeño, todas ellas constituyen una urgencia quirúrgica. La clínica principal son los vómitos, que pueden ser biliosos o alimenticios, acompañados de distensión abdominal. El paso de meconio no excluye estos diagnósticos. El vómito y las heces pueden contener cantidades variables de sangre. El grado de deterioro del estado general puede ser crítico. Ante la sospecha, la radiografía de abdomen es la primera prueba, aunque los hallazgos pueden ser inespecíficos. La ecografía abdominal es complementaria para localizar vasos mesentéricos y descartar malrotación y vólvulo. La normalidad de las pruebas de imagen no descarta obstrucción, siendo obligada la vigilancia clínica. La analítica de sangre apoya el diagnóstico de isquemia intestinal. Las causas de obstrucción del intestino incluyen malformaciones congénitas, como la torsión (vólvulo) o estrechamiento (estenosis) del intestino, y el deslizamiento de un segmento del intestino dentro de otro (invaginación intestinal) en lactantes de 3 a 36 meses.
Enfermedad de Hirschsprung
Esta enfermedad produce obstrucción debido a la ausencia congénita de neuronas parasimpáticas en la pared intestinal del recto-sigma o segmentos más amplios. La expresión clínica varía desde el retraso en la evacuación de meconio hasta un cuadro de obstrucción intestinal grave. El diagnóstico incluye el enema opaco y la biopsia intestinal. El tratamiento inicial es la suspensión de la alimentación enteral, colocación de sonda nasogástrica y sueroterapia. La cirugía se realiza de manera urgente.
Enfermedades Congénitas del Metabolismo
Son enfermedades causadas por una alteración genética que provoca defectos en la síntesis de una enzima o cofactor, llevando a déficits o acumulación de metabolitos que causan la sintomatología. El debut neonatal implica mayor gravedad, con un intervalo libre de síntomas de horas a días, siendo una urgencia metabólica. Parte de los pacientes se diagnostican por cribado metabólico, pero en otros la sintomatología debuta sin orientación previa. Se requiere ampliación de estudios con otros líquidos biológicos y biopsias. El tratamiento inicial es la suspensión de la alimentación enteral, aporte de nutrientes por vía parenteral y restricción proteica. En casos agudos y con riesgo vital, se necesita soporte respiratorio, hemodinámico, corrección de alteraciones hidroelectrolíticas o metabólicas, o eliminación de metabolitos acumulados mediante procedimientos de depuración extrarrenal.
Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC)
El déficit de cortisol es el punto común de las diferentes formas de HSC. La forma clásica con pérdida salina, la más grave, debuta en el periodo neonatal con un cuadro digestivo, entre otros síntomas. El déficit de 21-hidroxilasa es responsable del 95% de los casos. La enfermedad debuta en los primeros días de vida con vómitos, disminución del apetito, escasa ganancia ponderal y poliuria. Ante un recién nacido con alteraciones en la diferenciación sexual y neurológicas, se debe considerar esta entidad. Además del tratamiento sintomático, se debe iniciar tratamiento sustitutivo con corticoides (hidrocortisona y 9-fludrocortisona). Ante situaciones de estrés leve, se debe duplicar-triplicar la dosis de glucocorticoide hasta 24 horas después del cese del proceso. La otra parte del tratamiento es la cirugía correctora de los genitales.
Síndrome de Abstinencia Neonatal
Se define como el conjunto de signos y síntomas sistémicos secundarios a la interrupción brusca de la exposición a determinados fármacos o drogas. El inicio, duración y gravedad dependen del tipo de sustancia, dosis y tiempo de exposición. Existen escalas (Lipsitz o Finnegan) para valorar la gravedad. El tratamiento inicial incluye medidas no farmacológicas como ambiente tranquilo, contención, lactancia materna (si no contraindicada) y método canguro. Si no son suficientes, se utilizan medidas farmacológicas.
Cuando Acudir al Pediatra
Si observas que el vómito de tu bebé tiene las siguientes características, es importante que acudas al pediatra para que este haga un diagnóstico que permita iniciar el manejo más adecuado lo antes posible:
- Vómito en proyectil: Expulsión violenta del vómito, que puede indicar estenosis pilórica, una patología que requiere intervención quirúrgica.
- Presencia de bilis en el vómito: Un líquido verdoso indica un bloqueo intestinal, es decir, una obstrucción en el intestino que impide el tránsito del alimento.
- Vómito y diarrea: Posible signo de infección que requiere diagnóstico y tratamiento adecuado.
- Signos de deshidratación: Sequedad de boca y/o piel, ojos y/o fontanelas hundidas, y menor frecuencia en el mojado de pañales (menos de 6 cambios de pañal al día). Los vómitos en el recién nacido, sobre todo si van acompañados de diarrea, pueden provocar deshidratación.
- Letargo o apatía.
- Desconsuelo o irritabilidad y abultamiento de los puntos blandos entre los huesos del cráneo (fontanelas) en los bebés.
- Dolor y/o hinchazón abdominal.
- Vómitos persistentes en niños que no crecen o se desarrollan de la forma esperada.
- Deposiciones sanguinolentas.
- Vómito similar a los posos del café o de color verde brillante.
- Traumatismo craneoencefálico reciente (una semana como máximo).
Los bebés y los niños pequeños que no han orinado en más de 8 horas o que no han querido beber durante más de 8 horas deben ser examinados por un médico. Se debe llamar al médico si el niño tiene más de 6 a 8 episodios de vómito, si los vómitos persisten más de 24 a 48 horas, o si están presentes otros síntomas (como tos, fiebre o erupción).

El Moco y las Flemas en Recién Nacidos
En general, hablamos de moco cuando la secreción viene de la nariz y de flemas cuando sale por la boca o se escucha en el pecho. El moco se produce en nuestro organismo en todo momento y se encarga de proteger nuestro aparato respiratorio de agentes externos como virus, bacterias, partículas inertes (humo, contaminación) y agentes causantes de alergias. Todos estos son atrapados por el moco, luego son expulsados o digeridos unidos a las flemas. Otra función del moco es humidificar, calentar y filtrar el aire que respiramos. Cuando la cantidad es excesiva o el moco es muy espeso, suele incomodar a los recién nacidos, especialmente en casos como resfriado, gripe o sinusitis. El exceso de moco puede descender hasta los bronquios pulmonares, provocando tos y dificultad para respirar, afectando a los bronquiolos, que son las ramas más pequeñas de la vía respiratoria principal.
Cómo Combatir los Mocos y Flemas en Recién Nacidos
No existen medicamentos que curen la bronquiolitis o el exceso de mocos y flemas causados por virus. El manejo se centra en aliviar los síntomas. A continuación, se detallan algunas medidas y recomendaciones:
- Evitar contaminantes: Evita llevar a tu bebé a sitios con contaminación excesiva, donde haya mucho humo o cerca de personas que fuman.
- Limpieza nasal superficial: Puedes utilizar un paño suave para limpiar los mocos que están a simple vista.
- Lavados nasales con solución salina: Coloca al bebé de lado y aplica 1.5 a 2 ml de solución salina en la fosa nasal que queda arriba. Luego voltea al bebé y aplica la solución en la otra fosa nasal. Los lavados nasales ayudan a despejar las vías. La solución salina nasal ayuda a desprender la mucosidad de la nariz y la garganta. Succionar suavemente con una perita de goma también puede ayudar.
- Humidificación del ambiente: El aire húmedo puede ayudar a aflojar la mucosidad, mientras que el aire seco tiende a empeorar la tos. Un vaporizador o humidificador de vapor frío en la habitación del niño puede ayudar. Cambia el agua y limpia los filtros al menos una vez al día.
- Mantener la hidratación: Es importante que el niño beba pequeñas cantidades de líquidos con frecuencia, especialmente si está vomitando. Se aconseja ofrecer durante 3 o 4 horas pequeñas cantidades de líquidos azucarados y frescos (agua de manzanilla, zumos) o soluciones de suero de venta en farmacias. Cuando el niño tolere el líquido se le ofrecerá comida, tomas frecuentes y pequeñas.
- Posición erguida: Mantén erguido al niño antes y después de alimentarlo para reducir la regurgitación y el vómito. Esta posición le permitirá respirar con mayor facilidad. No esperar a que el bebé llore para darle la toma, ya que el nerviosismo provoca que el alimento le siente peor. Evitar que el bebé esté completamente tumbado durante la toma, ya que esta posición facilita el paso del alimento del esófago al estómago.

Tratamiento del Vómito en Recién Nacidos
El tratamiento para el vómito del recién nacido es distinto según la causa que lo origina y dependerá del diagnóstico del pediatra. Sin embargo, existen recomendaciones generales que pueden ayudar cuando el vómito no se debe a una patología que requiere un manejo concreto:
- Tomas más frecuentes y menos cuantiosas: Hacer tomas con menos cantidad de alimento, pero de forma más frecuente.
- Posición durante la toma: Evitar que el bebé esté completamente tumbado durante la toma, ya que esta posición facilita el paso del alimento del esófago al estómago.
- Evitar nerviosismo: No esperar a que el bebé llore para darle la toma.
Es importante asegurarse de que el niño está bien hidratado. Los líquidos se administran habitualmente por vía oral utilizando soluciones de rehidratación oral que contienen el equilibrio adecuado de electrólitos. Las bebidas para deportistas, bebidas gaseosas, zumos y bebidas similares tienen muy poco sodio y exceso de hidratos de carbono y no se deben usar. Un niño que vomita con frecuencia puede tolerar mejor cantidades pequeñas de solución tomadas frecuentemente, por ejemplo, 1 cucharadita (5 mL) cada 5 minutos, aumentando gradualmente. Con paciencia y ánimo, la mayoría de los niños pueden ingerir suficiente líquido por vía oral para evitar la necesidad de administrar líquidos por vena (líquidos intravenosos). Sin embargo, los niños con deshidratación grave y aquellos que no toman suficiente líquido por vía oral pueden necesitar líquidos intravenosos.
Tratamiento Farmacológico
No es recomendable utilizar fármacos antieméticos (para tratar las náuseas y el vómito) durante el periodo neonatal ni la lactancia, solo emplear aquellos fármacos prescritos por el médico. En la bronquiolitis, no existen medicamentos que curen la enfermedad ni que aceleren la recuperación, por lo que la mayoría de fármacos no están recomendados de forma rutinaria. Los glucocorticoides, aunque son antiinflamatorios potentes, no ayudan en la bronquiolitis. Los antibióticos no sirven porque la bronquiolitis es viral. Los fármacos antieméticos no son usados en el periodo neonatal y en el lactante pequeño, quedando relegados a edades más tardías. Lo importante es intentar descubrir la causa de los vómitos para poder tratarlos de manera adecuada.
Prevención de la Bronquiolitis
La inmunización pasiva mediante anticuerpos monoclonales es una de las principales herramientas de prevención. El palivizumab, un anticuerpo monoclonal aprobado desde 1998, se ha utilizado de forma restrictiva en niños con un riesgo elevado de desarrollar una enfermedad grave por VRS. Recientemente, las estrategias de inmunización se han ampliado, buscando proteger a una población infantil más extensa. La aprobación de nuevos anticuerpos monoclonales de acción prolongada, como el nirsevimab, ha supuesto un avance significativo.