Elsa y Hans: Un Embarazo Inesperado y un Futuro por Construir

Impaciente y con el corazón estrujado dentro del pecho, Elsa levantó la prueba de embarazo que acababa de practicarse y la miró con atención. Sintió que se derrumbaba al contemplar el resultado: positiva. Había salido positiva. La señorita responsabilidad, que siempre pensaba con la cabeza fría y jamás actuaba por impulso, había obtenido un embarazo no planeado a mitad de su quinto semestre en la Facultad de Letras. Simplemente perfecto.

La muchacha comenzó a hiperventilarse. ¿Y ahora qué se suponía que fuera a hacer? ¿Cómo demonios iba a lidiar con aquello?

-Elsa, ¡sal ya! ¿Qué dice? -la voz de Anna afuera del baño la sacó abruptamente de sus dudas. Se encontraban dentro de la pequeña vivienda de la pelirroja, aprovechando que sus padres habían salido a hacer la compra. Si algo necesitaban era privacidad. Desde que la rubia había comenzado a sentir náuseas y mareos, Anna había sido la primera en sugerir que fueran a la farmacia a por un test para confirmar sus peores sospechas, las cuales habían resultado ser realidad.

Iba a ser madre a los veintiún años; ni siquiera había terminado la carrera y ya se había buscado tamaña responsabilidad.

-Bien hecho Elsa -pensó con amargura, al tiempo que se subía los pantalones y salía del baño.

-¿Qué pasa, amiga? Estás más pálida que de costumbre, ¿todo bien? -Anna la miró con preocupación.

-Estoy… estoy embarazada -anunció ella con voz temblorosa, alzando la prueba y mirando como la pecosa abría los ojos como platos.

-¡Oh, vaya! -Anna contempló la pequeña probeta que mostraba dos líneas rojas.

-Embarazada -Elsa repitió la palabra como si fuera una sentencia a muerte-. ¿Cómo fue que ocurrió esto?

-Bueno, ambas sabemos bien cómo ocurrió, parece que tú y Hans hicieron bien la tarea ¿eh? ¿Eh? -Anna soltó una risita y le dio con el codo juguetonamente, haciendo que la platinada la mirara con incredulidad.

-¡¿Pero tienes idea de lo que esto significa?! ¡Tengo solo veintiún años! ¡¿Qué le voy a decir a Hans?! ¡¿A mi madre?! ¡Mi carrera! ¡Dios, ¿cómo pude ser tan irresponsable?! -chilló alterada.

-Oh vamos Els, no es tan malo -la pelirroja le acarició conciliadoramente la espalda para que se relajara, en balde-. No eres la primera chica que se embaraza a esta edad ni serás la última. Sabes bien que lo de los estudios puede arreglarse. Y no es por nada, pero tu madre tampoco creo que tenga mucho que reclamarte si recordamos como fue su situación, je je je…

-¡Es que eso no es excusa! -exclamó la platinada histéricamente-. ¡¿Cómo pasó esto?! ¡¿Con qué cara le voy a decir a Hans que yo… que yo… que nosotros…?!

Volvió a hiperventilarse y se derrumbó contra la pared. Realmente había sido una descuidada.

La Relación con Hans y un Momento de Olvido

Hasta ese momento, tomar la píldora anticonceptiva había sido una costumbre habitual en ella debido a los múltiples encuentros que tenía con el pelirrojo. Su relación había florecido rápidamente con el paso del tiempo, hasta convertirse en algo sólido y más serio de lo que jamás imaginaron. Si bien habían tenido varias discusiones y sus problemas como cualquier pareja, ellos siempre terminaban reconciliándose, ya que nadie podía negar el mutuo amor que se tenían. Un sentimiento que cada vez se hacía más fuerte.

Sin mencionar que el sexo era increíble. No podía evitarlo, simplemente se derretía y se volvía como una muñeca de trapo cuando Hans la tocaba, inclusive las veces que estaban enojados. El pelirrojo era un amante dedicado y ella también había aprendido lo suyo. Tenían tanto deseo el uno por el otro, que lo habían hecho en los lugares más impensables: los baños del supermercado, la encimera de la cocina, el auto del colorado, su auto; una vez en un viaje a París para visitar a sus abuelos, inclusive se habían encerrado en el servicio del avión para hacerlo, adoptando unas posiciones que… por Dios, enrojecía solo de recordarlo.

¿Cuándo exactamente había dejado que sucediera el embarazo? Ah claro, debió ser en aquella ocasión en que Hans la había metido en su cuarto de baño para darse una ducha juntos, aprovechando que no estaban sus padres. Y ella como siempre, simplemente se había dejado hacer como la chiquilla sin fuerza de voluntad que era apenas él le ponía las manos encima.

En aquella ocasión habían estado particularmente emocionados. Por alguna extraña razón, el muchacho se había animado a probar algo de la hierba que le había obsequiado Eugene; la había convencido de dar también unas cuantas caladas al pitillo y lo siguiente que recordaba era sentirse como flotando mientras el agua caliente caía encima de ellos. Ese había sido un episodio sexual memorable, de los mejores que habían tenido, aunque cabía decir que también había sido la única vez que se animaron a fumar de aquello.

Terminó tan desorientada que se había olvidado de tomar la píldora. Se había olvidado como una tonta y ahora estaba embarazada.

-¿Por qué esas cosas tenían que ocurrirle a ella?

-¿A qué te refieres con eso? Hans entenderá -la voz de Anna volvió a traerla de vuelta a la realidad-. No es tan imbécil. ¡Si lo es le voy a patear el culo! -amenazó.

Elsa gimió desconsolada y se dejó caer al suelo.

-Vamos, vamos amiga, es broma -la pecosa se arrodilló a su lado y la abrazó-. Ya en serio, estoy segura de que él no te reprochará nada. Es más, te tratará como un príncipe, recuerda que eres la única que puede sacar a relucir su lado más encantador. Él te ama Elsa, llevan casi tres años juntos y jamás ha dejado de quererte, ¿por qué no habrían de poder con esto juntos?

-Yo, es que… es que no sé si yo estoy lista. No me lo esperaba.

-Bueno, nadie está realmente listo para estas cosas. Ya es algo que sucedió, a menos que estés pensando en… -¡No! -Elsa se volvió hacia ella alarmada, adivinando lo que estaba a punto de insinuar y sintiéndose horrorizada-. No, eso no. Ni soñarlo. Sabes que no lo haría, Anna.

-Bueno, pues me alegro, porque estoy segura de que tendrás un hermoso bebé. En serio, tus genes combinados con los de Hans deben ser como… ¡wow! Además, voy a ser tía -añadió con expresión soñadora.

Elsa suspiró.

-Ni siquiera quiero pensar en lo que van a decir nuestros padres. Ellos nos pidieron comportarnos adecuadamente para proseguir con lo nuestro y mira nada más.

-Oye, ustedes son adultos, ellos ya no les pueden decir que hacer y qué no. ¿Además que van a decir? Hans está a punto de terminar sus estudios y no es como si el dinero fuera un problema. Si su padre no quiere ayudar, tú todavía tienes tu herencia. ¿Pero sabes qué? Conozco al señor Adgar y sé que no les va a dar la espalda -la blonda recargó la cabeza en el hombro de Anna-. Ya amiga, relájate. Todo estará bien.

-Es que no debería ser así, este bebé será responsabilidad nuestra, no suya -Elsa suspiró-. Pero supongo que tienes razón.

-Claro que tengo razón. Y oye, en este momento lo más importante es darle la noticia a Hans. Se va a sorprender mucho cuando lo sepa.

La albina hizo un gesto de ansiedad al escucharla.

-Quisiera no tener que pensar en ese momento.

-Vamos Els, no seas fatalista. No ocurrirá nada malo. Puede que se lleve un susto como tú al principio, pero sé que se comportará a la altura y ya te dije, si no, le pateo el culo amiga. Le pateo el culo.

Elsa y Anna conversando en un ambiente hogareño, Anna reconfortando a Elsa.

La Revelación a Hans

Sentada en la cama de su novio, Elsa ocultó la prueba de embarazo entre sus manos mientras pensaba una y otra vez en las palabras que había ensayado para informarle la buena nueva. Cada vez se sentía más incapaz de hacerlo. Tenía un nudo en el estómago. ¿Y si Hans reaccionaba mal? Ellos nunca habían hablado de tener hijos, eran todavía demasiado jóvenes y había tanto que querían hacer. ¿Y si no soportaba la presión y la dejaba? Si eso ocurría definitivamente no sabría que hacer. No podía imaginarse estando con alguien más que no fuera él, lo quería tanto…

La puerta del dormitorio se abrió, dejando paso al dueño de sus pensamientos.

Hans dejó su bolso en el suelo y le sonrió al verla esperándolo. Se quitó la chaqueta de cuero marrón y la colocó también sobre el respaldo de la silla antes de avanzar hacia ella.

-Hola, gatita -la saludó inclinándose para besar su frente y luego le dio un beso en los labios-. Se me hizo tarde hablando con un profesor, esto de la tesis se está complicando.

La rubia apenas y fue consciente de cómo la levantaba para colocarla encima de su regazo.

-¿Tienes hambre? ¿Quieres que hagamos algo para cenar?

-Hans, hay algo que debo decirte -consiguió murmurar, cada vez más insegura con su decisión.

-¿Qué pasa? -el pelirrojo la miró extrañado-. ¿Te sientes bien? No me asustes.

Lo había dicho en tono de broma, pero la preocupación que se leía en su mirada era sincera.

-Estás pálida, ¿te sientes bien? -el joven puso una mano en su frente para verificar que no tuviera fiebre. Siempre estaba al tanto de su salud. El invierno pasado, cuando había adquirido un resfriado (cosa rara en ella), prácticamente no se había despegado de su lado ni aunque se pasara todo el día en cama. Realmente apreciaba ese lado considerado que solo se hacía evidente cuando estaban juntos.

-Hans, ¿recuerdas la vez en que nos bañamos juntos? Cuando fumamos de eso…

-¿Y cómo olvidarlo? -el aludido esbozó una sonrisa torcida-. Fuiste una fiera esa noche, copo de nieve -se acercó a su oído y mordisqueó su lóbulo-. Es algo que tenemos que repetir un día de estos, ¿sabes?

Elsa contuvo un gemido, tratando de mantenerse enfocada en la situación.

-Incluso puedo ver si ese hippie de Eugene sigue teniendo un poco más de esa hierba… ¿quién diría que serviría de algo? Ahora entiendo porque la fuma todo el tiempo, condenado cabrón…

-Hans -lo interrumpió ella tímidamente-, no estás entendiendo, yo… me olvidé de tomar la píldora esa vez.

-Oh -el colorado se puso serio y la miro a los ojos-. Sí, yo… fue solo esa vez, me olvidé por completo y bueno… -desvío la mirada como una niña avergonzada-. Tú sabes que nunca se me pasa por alto. Pero es que ocurrió todo tan rápido y yo… el punto es… el punto es que…

-¿Qué pasa, Elsa?

La platinada levantó la prueba de embarazo, revelando su resultado ante los orbes verdes del cobrizo.

-Estoy embarazada -confesó.

Hans se quedó paralizado.

-¿Cómo dices? -lo escuchó murmurar con incredulidad. De repente se había puesto tan pálido como ella al principio.

La rubia no pudo soportarlo más y se echó a llorar agachando la cabeza y cubriéndose la boca con una mano. Sintió como él le quitaba con suavidad la prueba de embarazo de la otra para comprobar el resultado con sus propios ojos, repentinamente tenso.

Elsa se sintió como una tonta. Lo había echado todo a perder. Sollozo más fuerte.

-Hey, hey, calma copito, shhh -el bermejo la estrechó entre sus brazos con fuerza y la arrulló-. No llores por favor, sabes que odio verte así.

-¿Y cómo no quieres que llore? -hipó Elsa-. Lo arruiné todo. Somos tan jóvenes para esto… tú apenas vas a terminar tu carrera y yo… yo no… oh, ¡fui tan tonta!

-Oye, no digas eso. Hasta donde sé esto lo hicimos los dos -Hans besó una de sus sienes-. Todo estará bien, copo de nieve.

-¿Cómo sabes? ¡Nosotros no podemos lidiar con algo así!

-¿Y quién dice que no? Mírame -le levantó la barbilla para que lo mirara a la cara-. Te prometo que todo va a estar bien.

-¿No estás molesto? -Elsa parpadeó y lo miró con confusión.

-¿Y cómo podría? Estoy… sorprendido, no te negaré que no me imaginaba algo así -Hans suspiró y volvió a besarla-. Está bien, Elsa. No te preocupes. Ya no hay más que hacer así que nos haremos cargo. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

-Quedarnos atados por mera obligación.

-¿De verdad crees que vaya a pasar eso?

La blonda negó con la cabeza. Al menos de su parte, estaba segura de que Hans era el hombre de su vida. Lo amaba con todo su corazón.

-Pues yo tampoco -dijo él con determinación-. Te amo, Elsa. Quiero estar toda la vida contigo. Y puedes estar segura de que a este bebé no le va a faltar nada -el colorado posó su mano encima de su vientre, aún plano-. Voy a cuidarte y a él.

-¡Oh, Hans! -la chica le rodeó el cuello con los brazos aliviada, mientras un par de lágrimas volvían a abandonar sus ojos.

Había tenido tanto miedo de que quisiera dejarla, que de pronto el cúmulo de emociones le hizo sentirse mareada.

Hans consolando a Elsa, ambos sentados en una cama en un dormitorio.

Un Futuro Compartido y Planes para el Bebé

-¿Sabes en que he estado pensando estas últimas semanas? -prosiguió él, acariciándole en círculos la espalda para que se desahogara-. Ya que estoy a punto de terminar con mis estudios y todo eso, me había gustado la idea de alquilar un departamento, juntos. Para no tener que reprimirnos más en frente de nuestros padres. Ya es tiempo de abandonar el nido, ¿no crees?

Elsa lo miró sorprendida.

-Creo que después de saber esto, definitivamente no tendremos opción -Hans sonrió de lado y le retiró un mechón rubio de la frente-. Puedo pedirle a papá un puesto administrativo en la empresa. No era lo que tenía pensado para después de la universidad, pero funcionará para empezar.

La muchacha asintió con la cabeza. Sabía que él odiaba depender de Adgar para todo y que lo único que quería era tener una empresa propia; pero al menos contarían con algo seguro si trabajaba en la de la familia. Y si no era posible, todavía les quedaba la parte que su propio padre le había dejado de herencia. El negocio de sus abuelos daba muy buenas ganancias y sabía bien que a ellos y a su hermano les alegraría la noticia de un nuevo bebé.

Con todo esto en mente comenzó a relajarse, a la vez que Hans continuaba acariciando su espalda. Las cosas no estaban tan mal pero aún la ponía nerviosa el hecho de tener que comunicar todo aquello a sus padres. Iban a pensar que eran unos irresponsables.

-¿Cómo vamos a decirle esto a nuestros padres? -inquirió apesadumbrada.

-¿Te preocupan ellos? Ya deberías saber siempre se toman las cosas con más calma de lo que imaginamos -en eso tenía que darle la razón. Hans le besó la punta de la nariz-. Yo hablaré con ambos y luego le pediré trabajo a papá. No quiero que te preocupes por nada.

-Deberíamos decírselos juntos. Después de todo fue un descuido mío.

-No te eches más la culpa. Sé que a veces te instigó demasiado para tener intimidad. Debería controlarme, pero no puedo.

Elsa soltó una risita ahogada.

-Yo se los diré, recuerda que sé como manejarlos -eso era verdad; las dotes de manipulación de Hans podían ser muy útiles hasta con los adultos. Hubo una pausa antes de que una sonrisa esperanzada se dibujara en los labios masculinos-. Vamos a ser padres -musitó, dándose cuenta de lo terrible y maravilloso que sonaba a la vez-. Vamos a ser padres.

Elsa rió en voz más alta y aceptó el beso que depositó en sus labios, sintiéndose también repentinamente feliz con la noticia. A pesar de todo, tenía el presentimiento de que iban a ser muy dichosos.

Por días estuvieron pensando en el momento más apropiado para hablar con sus padres sobre el estado de Elsa. A pesar de todo, debían admitir que el hecho les ponía bastante nerviosos; especialmente al pelirrojo, que seguía insistiendo en hacerse cargo de todo. Decidieron esperar a que se graduara por completo, cosa que ocurrió...

Frozen Finalmente y como Nunca (Reprise) Español Latino

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