La expresión "un chaval del barrio" evoca una identidad arraigada en orígenes humildes, a menudo marcada por la precariedad y la lucha, pero también por una profunda autenticidad y resiliencia. Este arquetipo cultural se manifiesta de diversas formas en la música y la sociedad, sirviendo como voz para quienes crecen en entornos marginados.
"Un Chaval del Barrio": La Autobiografía de Bobby Gillespie
La autobiografía de Bobby Gillespie, el carismático cantante y líder de la banda Primal Scream, lleva por título en español "Un chaval del barrio" (originalmente "Tenement Kid"). Publicado en 2021 y traducido por Ibon Errazkin, este libro de cuatrocientas páginas es un brillantísimo ejercicio narrativo que abarca las tres primeras décadas de su vida, hasta 1991, momento clave con la gira promocional del influyente disco Screamadelica.

La obra de Gillespie se revela como un relato humilde de un chico cualquiera nacido en Glasgow. El libro es una declaración de principios, dominada por una desnuda sinceridad. Describe su precaria niñez en Glasgow, una realidad alejada del glamour y el lujo. La Escocia que acomete la desindustrialización y la descarnada entrada en barrena del neoliberalismo conforma un trasfondo socioeconómico crucial. Una poderosa conciencia de clase recorre el libro, sin reparos en recalcarla.
Orígenes y Formación de un Rockero
Gillespie es hijo de un sindicalista de base, una persona de izquierdas que lucha por los derechos de los trabajadores. Él proclama esto a los cuatro vientos con orgullo y sinceridad. Su apuesta por la música es una vocación profunda, mamada y adorada, aunque le aterroriza que no pueda convertirse en un medio de ganarse la vida. Tras publicar dos discos de escaso éxito y compatibilizar ser batería de Jesus and Mary Chain y frontman de Primal Scream, aún vive del subsidio del paro.
El libro documenta su consumo de alcohol y drogas, asimilando algunas de estas como integrantes del proceso creativo. Reconoce actuar bajo su influencia, y aunque su vida responde al tópico del rockero, su narrativa no resulta ni grotesca ni engolada. Gillespie se muestra decidido a luchar por su destino, queriendo ser músico, tener una banda y vivir de ello. Su sinceridad y su orgullo de clase son una locomotora que tira del libro a cada párrafo, imbuido de una enorme dignidad.

La melomanía extrema de Bobby Gillespie es un aspecto fascinante de "Un chaval del barrio". Relaciona la violencia en los campos de fútbol con el desencanto político y con el desarrollo de la música punk. Gillespie se integra en esa escena a finales de los años 70, pero con un estilo particular: escucha funk, se interesa por las contribuciones femeninas y muestra una androginia heredada del glam. Su ilusión desmedida por la música lo llevó a ser batería de The Jesus & Mary Chain y a fundar Primal Scream, superando fracasos y la falta de interés inicial de la prensa. "Un chaval del barrio" es, en muchos sentidos, una enciclopedia musical de Glasgow, Brighton, Manchester y Londres entre 1962 y 1991, mostrando la forja completa de un rockero impulsado por la rebeldía, la ambición y la pasión, sin perder de vista sus orígenes obreros.
El Chaval del Barrio en el Trap y Drill Español: Una Voz de la Marginalidad
Desde sus orígenes, la cultura hip hop ha experimentado un proceso de diferenciación de estilos que ha dado lugar al rap, trap y, más recientemente, al drill. El trap se originó en los años 90 en el sur de los Estados Unidos, específicamente en los barrios desfavorecidos de Atlanta, Georgia. El término "trap house" se refiere coloquialmente a las casas donde se producen y venden narcóticos, lo que define el contexto y las letras de este género, inundadas de referencias a la "trap life", la vida de los trapicheros.

Adaptación y Contexto Español
Este nuevo sonido supo conectar con una generación que necesitaba expresar sus experiencias de vida, la realidad y la lucha diaria. La adaptación del trap a España no podía ser una mera copia de las referencias afroamericanas, ya que la narrativa de la trap life estadounidense no refleja la realidad extendida entre los jóvenes españoles. La pregunta clave es cómo se traduce esa narrativa y cuáles son las referencias y temas abordados por los artistas de trap en España.
Las primeras manifestaciones de música trap en España comenzaron a verse en 2012-2013 con el grupo KEFTV VXYZ (Kefta Boys), formado por Yung Beef, Khaled, Hakim y El Mini, jóvenes criados en el Albayzín, Granada. Ernesto Castro, en su libro El trap. Filosofía millennial para la crisis en España (2019), destaca a estos artistas como pioneros, señalando que algunos de ellos, como Yung Beef y El Mini, habían migrado fuera de España en busca de trabajo, pero la música los mantenía conectados. La llegada del trap a España se produce en un contexto de un futuro sombrío y desesperanzador para muchos jóvenes, convirtiéndose en un salvavidas al que aferrarse.

En 2013, año de máximo desempleo juvenil en España, artistas que cantan sobre la desesperación, la ruina, el trapicheo como medio de subsistencia, la vida en la calle, la fiesta y las drogas comenzaron a ganar popularidad. La música trap se erige como una plataforma democratizadora, permitiendo a jóvenes crear música rudimentariamente desde sus habitaciones, producir videoclips amateur y compartirlos en redes sociales, abriéndose camino sin depender de los canales tradicionales.
El Barrio como Vínculo Común y Plataforma de Reivindicación
Aunque las realidades del día a día son distintas, el vínculo común que los artistas de trap y drill españoles han logrado transmitir es el barrio. Estos artistas se caracterizan por sus orígenes humildes y por haberse criado en la periferia. Criarse en España siendo hijo de personas migrantes implica "vivir en un estado de doble conciencia", según W.E.B. Du Bois, viéndose siempre a través de los ojos de una sociedad blanca y europea y lidiando con los conflictos de una identidad híbrida.
En los barrios de las ciudades, estos jóvenes han encontrado en la música un altavoz para hacerse oír, una plataforma para compartir sus experiencias y culturas. Lo mismo ocurre en el deporte, como se vio en la Eurocopa con Lamine Yamal y Nico Williams, quienes se convierten en fuente de esperanza e inspiración para las nuevas generaciones, abriendo camino para que otros puedan soñar con salir de sus barrios.
Trap en Argentina: artistas del barrio que revolucionaron el mundo 🇦🇷
Drill: Temáticas Oscuras y Expresión de una Realidad
El drill es otro subgénero del hip hop popular entre los jóvenes, originado en Chicago a principios de la década de 2010 y con un posterior desarrollo en Brighton (Inglaterra). Se caracteriza por sus temáticas oscuras y escépticas, similares al trap pero con un tono más sombrío, a menudo glorificando la violencia y la vida en la calle. El UK drill se ha convertido en un referente internacional y en España.
Aunque se hable de barrios marginales, es fundamental reconocer que la situación de un barrio marginado en Chicago, donde la venta de drogas y la violencia armada pueden ser necesidades para sobrevivir, no es equiparable a la de un barrio marginal en una gran ciudad española o un pequeño pueblo. Sin embargo, el punto común es el de los orígenes humildes: la precariedad, la marginalización, las dificultades para llegar a fin de mes y el sentirse abandonados por la sociedad.
En España, esta temática se aborda de una manera menos agresiva, aunque a veces emulando lo que hacen los artistas de EE. UU. o Reino Unido, sin haber experimentado necesariamente el mismo nivel de exposición a la violencia callejera.
Artistas Españoles y sus Narrativas del Barrio
No se puede hablar de trap y drill en España sin nombrar a Morad, de La Florida, Hospitalet de Llobregat, cuyas letras resuenan con los jóvenes de barrios de todo el país. En su canción "M.D.L.R (Mec De La Rue, Chico De La Calle)" (2019), Morad presenta referencias que reflejan las dificultades de crecer en situaciones desfavorables, dignificando esas vivencias al afirmar "pobre pero no pobrecitos", rechazando ser vistos como víctimas pasivas. Además, denuncia el acoso policial y la sensación de invisibilidad que experimentan estos jóvenes: "Policía te molestan, pero solo e' por interés".
Otros artistas que contribuyen al desarrollo de esta música incluyen:
- Cyril Kamer (Besòs i el Maresme, Barcelona): En "Santos" (2021), describe la prevalencia de actividades delictivas en su entorno: "Porque veo mucho traficante, mucho pandillero y mucho sicario / Fiscalía parece el Spoty porque muchos cantan como canario".
- Moha The B (Barcelona): En "Millo" (2020), aborda el anhelo de prosperar económicamente y la preocupación por ayudar a la familia: "Negro no quiero que cuentes historias, solo estoy aquí pa’ contar el dinero / Porque el dinero es lo único que puede hacer que yo saque a mi madre del ghetto".
- El Patron 970 (Madrid): "Spotify" (2020) refleja la realidad de crecer en un entorno marcado por la violencia y las dificultades, donde la vida puede ser efímera.
- KG970 (Madrid): En "Benzema" (2022), introduce la figura recurrente de los futbolistas y aborda cómo las dificultades del barrio a veces llevan a la cárcel.
- Hustle Boys (Sabadell): Fusionan afrobeats y trap, inspirando a perseverar a pesar de los desafíos y afirmando positivamente su identidad racial: "Dice joder con el negrito / Llámame negro no soy clarito".
La Teoría de Abdelmalek Sayad: Del Estigma al Emblema
La recepción del drill en España es un fenómeno musical integrado fundamentalmente por jóvenes inmigrantes extracomunitarios. Para comprender este fenómeno, es útil la teorización de Abdelmalek Sayad sobre los hijos de las familias inmigrantes. Sayad subraya la condición de los hijos, quienes "ocupan una posición todavía más dominada y más crítica que la de los padres" al no poder desentenderse de la lógica social del estigma.
La Provisionalidad Duradera y la Doble Exclusión
El pensamiento de Estado produce y naturaliza la imagen del inmigrante como "otro", externo y provisional. Esta provisionalidad duradera se extiende a los hijos de migrantes, quienes, aunque nacidos o criados en la sociedad de acogida, son señalados con el estigma migrante. Esta "activación de la condición (in)migrante como estigma hereditario" surge de la incapacidad de la sociedad de prever y aceptar el paso de una inmigración de trabajo a una inmigración de población con implicaciones culturales y políticas.
Separados de sus padres (construidos en torno al trabajo) y de sus coetáneos nativos, estos jóvenes se enfrentan a una doble exclusión: étnica y urbana. No pueden "dejar la partida en la que están comprometidos" ni ignorar el proceso de estigmatización. Desde este reconocimiento, se les ofrece la opción de disimular y ocultar el estigma o aceptarlo. En contextos de segregación urbana, étnica y económica, muchos jóvenes de origen migrante fundamentan en el estigma su identidad cultural. La estigmatización del territorio acaba por producir "un territorio propio, un territorio reivindicado como territorio estigmatizado y territorio de estigmatizados".
El Drill como Estrategia de Dignificación
La música drill se convierte en una práctica social que aborda las estrategias de vida de los hijos de familias migrantes, quienes adoptan el género desde un sentido práctico de adquisición de bienes sociales en un contexto de segregación. El drill, con su exhibición de la violencia y el consumo o tráfico de drogas, puede parecer contradictorio con la búsqueda de reconocimiento, dignidad social y respeto. Sin embargo, la investigación sociológica y etnográfica evidencia la importancia de los discursos sobre el respeto frente a la exclusión, el racismo, la violencia policial y la dejación institucional.
Para estos jóvenes, al igual que para la mayoría, la búsqueda de dignidad y realización personal es tan importante como el sustento físico. El drill se convierte en una forma de expresión política y un "ticket" para salir de la pobreza. Permite a los jóvenes convertir el estigma en emblema, "afirmar públicamente el estigma que se constituye así en emblema de la propia identidad". En el discurso musical y visual del drill, esta doble exclusión se incorpora con el objetivo de dignificar el barrio, la vida de barrio y a sus vecinos, transformando la banda sonora de la precariedad en una exigencia de reconocimiento y respeto.
