Una de las principales incertidumbres a las que se enfrentan los pacientes que se someten a un tratamiento de fecundación in vitro (FIV) es comprender qué ocurre dentro del laboratorio desde la punción ovárica hasta la transferencia al útero materno. Durante estos días, el equipo de embriólogos trabaja intensamente en la fecundación y selección de los mejores embriones para lograr la gestación.

El desarrollo embrionario día a día
El día de la punción se denomina Día 0, momento en el que se obtienen los ovocitos y se procede a la fecundación mediante FIV convencional o ICSI, dependiendo de la valoración de los gametos.
Día 1: Valoración de la fecundación
Se comprueba si la fecundación ha sido correcta. La información genética se reorganiza formando los pronúcleos materno y paterno, visibles entre las 16 y 19 horas post-fecundación. En este estadio, el embrión se denomina cigoto.
Días 2 y 3: Primeras divisiones celulares
El cigoto comienza sus divisiones celulares. La calidad embrionaria se evalúa según el ritmo de división y parámetros morfológicos. En el día 2, el embrión suele tener cuatro células, llegando a ocho células en el día 3.
Día 4: La formación de la mórula
Entre el tercer y cuarto día se produce un hecho crucial: la activación del material genético del embrión. Aumenta el número de células y comienzan a establecerse uniones entre ellas en un proceso denominado compactación celular. Este fenómeno determina el estadio de mórula. La formación de la mórula es un paso indispensable para la posterior formación del blastocisto.

Días 5 y 6: Estadio de blastocisto
El embrión alcanza el estadio de blastocisto, previo a la implantación. Se diferencian dos estructuras principales: la masa celular interna (que dará lugar al futuro bebé) y el trofoectodermo (implicado en la implantación en el endometrio).
Transferencia embrionaria: ¿Un embrión o dos?
Aunque históricamente se realizaban transferencias en día 3, la tendencia actual apuesta por el cultivo largo (a blastocisto) y la transferencia de un único embrión.
- Reducción de riesgos: La transferencia de dos embriones aumenta significativamente la tasa de embarazo múltiple, pero aporta poco beneficio en la tasa de gestación global.
- Selección natural: El cultivo hasta blastocisto permite una selección más eficaz, descartando embriones que no tienen potencial de desarrollo.
- Sincronización endometrial: El blastocisto ofrece una mayor receptividad endometrial, ya que es el estadio en el que el embrión llega naturalmente al útero.
La decisión de transferir uno o dos embriones debe ser personalizada, considerando la edad de la paciente, la calidad embrionaria y los ciclos previos. En pacientes jóvenes con buen pronóstico, la transferencia de un solo blastocisto es la práctica recomendada para evitar complicaciones obstétricas.
Transferencia del embrión en día 3 o día 5. Ventajas e inconvenientes
Consideraciones finales sobre el proceso
La transferencia es un procedimiento sencillo e indoloro. Se recomienda acudir con la vejiga llena para facilitar el acceso al útero. Tras la transferencia, no existe riesgo de "perder" el embrión al realizar actividades cotidianas como ir al baño; la cavidad uterina es una estructura virtual que se mantiene cerrada.
Si tras el proceso existen embriones de buena calidad sobrantes, estos se vitrifican para futuras transferencias. La criopreservación permite disponer de nuevas oportunidades sin necesidad de repetir la estimulación ovárica y la punción, optimizando así las probabilidades de éxito acumuladas.