Soledad Salvada por la Partera de Puente Viejo: Intriga y Esperanza en 1903

Comienza el año 1903, un año ha pasado desde que Pepa "Balmes" llegara a Puente Viejo y comenzara a trabajar como partera de Angustias de Castro, Tristán llegara de Cuba y Raimundo comenzara con la taberna. Tantas cosas han cambiado en este periodo, pero en este pueblo ni una Navidad se puede pasar tranquila. Aunque casi todo se ha solucionado, aún quedan muchos interrogantes en el aire, sobre todo respecto al pasado conectado por una sola persona: Salvador Castro, padre de Pepa y Soledad.

Vista panorámica de Puente Viejo en invierno con nieve

El Elenco de Personajes y Sus Entramados

En el corazón de Puente Viejo, una serie de personajes con vidas complejas y destinos entrelazados marcan el pulso del lugar:

  • Pepa Castro y Molero: La valiente partera que lucha por la verdad y por aquellos a quienes ama.
  • Tristán Ulloa Montenegro: El militar retirado cuyo destino se cruza constantemente con el de Pepa.
  • Francisca Montenegro Ezquerro: La matriarca implacable, cuyas decisiones a menudo causan dolor y sufrimiento.
  • Soledad Castro Montenegro: Hermana de Tristán, cuya vida está marcada por las imposiciones de su madre y un amor prohibido.
  • Aarón Abrante Anzuga / Teobaldo Larriñaga Márquez: Un joven maestro con un pasado tormentoso y un papel crucial en la vida de Pepa y Soledad.
  • Águeda Molero, Marquesa de Aguasmansas: Aliada de Pepa, con sus propios secretos y planes.
  • Juan Castañeda: El amor prohibido de Soledad, cuya relación con ella provoca la ira de Francisca.
  • Olmo Mesía Aldaz †: El hombre con quien Francisca desea casar a Soledad.
  • Gregoria Casas: Sustituta como galena del pueblo, ligada a Tristán.
  • Martín Suárez Castro: El hijo de Tristán, por quien Pepa siente un gran afecto.
  • Anelisa de Aguasmansas y Sanxenxo †: Sobrina de Águeda, tutelada por ella y con clases particulares de Aarón.
  • Christian Miguel Carlos Luís Castro y Berenguer: Niño adoptado por Aarón, cuya verdadera identidad lo vincula a la fortuna de los Castro.
  • Valentina Elizalde y Álvarez de San Román: Duquesa ambiciosa y manipuladora que llega a Puente Viejo.
  • Felipe de Voulois, duque de Velasco: El heredero que llega con los duques de Velasco.
  • Mariana Castañeda Pacheco: Sirvienta en la Casona y amiga cercana de Soledad.

La Llegada de Aarón y su Misterioso Pasado

Al pueblo llega Aarón Abrante Anzuga, un joven de tan solo 21 años que consigue el empleo de maestro en la escuela. A pesar de su juventud, es una persona muy sabia. Siendo un recién nacido, su madre lo entregó en un hospicio, donde vivió hasta los 4 años. Tras robar pan, fue echado, y después de varios días a la intemperie, un monje lo acogió y lo instruyó, de ahí su sabiduría. Dos años después, fue entregado a don Gonzalo de Molina, un terrateniente aragonés que se endeudó y vendió al niño, de tan solo 7 años, a un herrero. El herrero lo martirizó, encerrándolo por las noches en un oscuro sótano y maltratándolo, hasta que con 14 años el chico lo mató y huyó. Su carácter, formado por estas cinco etapas vividas (hospicio, monasterio, señor, "esclavo" y correcaminos), lo convierte en una persona de interés para todo el pueblo, especialmente para Pepa y Soledad, con quienes entablará una gran amistad.

Aarón llega a Puente Viejo con un doble motivo, relacionado con la familia Montenegro. Más adelante, se revela que Aarón es hijo de Salvador Castro y heredero de una cuantiosa fortuna. Muere para salvar a Pepa.

Retrato de Aarón Abrante Anzuga, con aspecto sabio pero atormentado

Los Orígenes de la Partera Pepa

En una noche de tormenta, Pepa, una joven analfabeta aprendiz de partera, es traicionada por Carlos, su amo y amante, quien le arrebata al hijo de ambos para entregárselo a su esposa, que acaba de parir un hijo muerto. El destino quiso que allí se cruzara con Tristán, un militar retirado que regresaba a casa tras años de batalla para reencontrarse con su embarazada e inestable esposa, Angustias, quien tuvo un hijo poco después de que él se fuera a la guerra. A pesar de esto, entre Pepa y Tristán nace un amor poderoso a la par que imposible, pues su destino está condenado por un pasado que los une y que se remonta a aquellos hechos que torcieron la vida de Pepa.

Pepa descubre que el pequeño al que dio a luz se convirtió en el hijo de Elvira tras un mal nacimiento. Al intentar recuperarlo, Pepa es descubierta y se ve obligada a marcharse con el corazón y el alma rotos. Desde entonces, su vida ha sido una constante lucha por la justicia y la verdad.

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Capítulo III: La Cena de Nochebuena

Esa noche había helado y todo el pueblo estaba cubierto bajo un manto de nieve. Que el agua estuviera al borde de la congelación no impidió que Aarón se diera su baño matutino. El pueblo, a pesar del frío, era un no parar; todos se preparaban para la gran fiesta de Nochebuena. Los niños pedían aguinaldos cantando villancicos, los Mirañar habían subido alarmantemente los precios para los rezagados, Raimundo había conseguido hacer ponche de huevo y hasta Francisca mandó a Mariana a comprarle un poco. No había duda de que esa Navidad iba a ser memorable para todos, excepto para los Montenegro.

Francisca solo podía contar con la doctora Casas para la cena, ya que Soledad se iba con Olmo al Jaral, los Mirañar también, los Ulloa y hasta el maestro había sido invitado, aunque eso a Águeda no le terminaba de gustar, y en cierto modo tampoco a Aarón, que no tenía traje de gala para la altura. También acudirían los duques de Velasco acompañados del heredero, Felipe de Voulois. Juana no había podido ir a llevarle al niño debido a que el camino no era transitable, así que debía esperar.

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El Misterioso Traje de Aarón

Aarón estaba cosiendo un traje como podía, todavía le quedaba mucho trabajo, cuando entonces entró una mujer de pelo moreno, mediana edad y mirada angelical. Ella le puso un traje nuevo en las manos. Aarón, anonadado, le preguntó quién era. La mujer se presentó como "una especie de hada madrina" y salió para preparar la calesa. Aarón despertó, la puerta estaba abierta y en la silla estaba el traje que esa mujer le había dado con un sobre. Lo abrió y leyó: "Corre a la fiesta y diviértete, afuera te espera la calesa. De Flora". Salió fuera y vio una calesa tirada por cinco caballos, uno de ellos el suyo, que le aguardaba con cochero y lacayo incluidos. El suceso lo dejó perplejo.

El Baile en El Jaral

El Jaral estaba con sus mejores galas, adornado hasta el más mínimo detalle, y todos los invitados lucían sus mejores vestimentas. El mayordomo anunció: "Don Aarón Abrante Anzuga", y el susodicho entró. Dolores exclamó: "¡Madre mía, madre mía, le llego a coger yo con 20 años menos!", e Hipólito añadió: "¡Y 20 kilos menos también, madre!", lo que le valió un par de collejas.

Águeda, fingiendo felicidad, presentó a Aarón a Felipe de Voulois, duque de Velasco. El ambiente en la casona era bien distinto, con Francisca, Gregoria y Tristán en una mesa sencilla, sin adornos y con luz tenue, experimentando la Navidad más triste de sus vidas.

Finalmente, llegó el momento del vals. Pepa avanzó, pero no hacia Felipe como se esperaba, sino hacia Aarón. Águeda se puso roja de ira, sin poder impedirlo. Los músicos empezaron a tocar y Pepa y Aarón abrieron el baile. Se les unieron Dolores y Pedro, Águeda y Raimundo, Emilia y Alfonso, Mariana e Hipólito, Rosario y José, y Olmo y Soledad, junto a Enriqueta y Carlos el mayordomo.

Mientras bailaban, Aarón le dijo a Pepa al oído: "Estás preciosa". Ella respondió: "Tú también, pensé que no vendrías tan engalanado". A lo que Aarón contestó: "Tengo un hada madrina particular". Ambos rieron. La pareja principal se desvió del centro de la sala y siguió bailando, saliendo al jardín, pasando por el estanque y el puente. Se olvidaron de todo, ella de Tristán y él de sus preocupaciones. En un momento, Pepa y Aarón vieron a Flora, el hada madrina, pero hicieron como si no la vieran. Entonces, la mujer comenzó a cantar: "Llegó el amor, el sueño tan dulce de ayer." El estanque comenzó a brillar, y la pareja paseó, olvidándose de la presencia del fantasma.

Pepa y Aarón bailando bajo la luz de la luna en un jardín nevado

Un Beso Inesperado y un Peligro Latente

De repente, la mujer desapareció, y con ella la magia creada. La pareja se separó. Aarón le dijo a Pepa: "Pídemelo y me quedaré". Pepa lo miró a los ojos y por un momento le pareció mirar a Tristán. La partera se dio la vuelta dispuesta a marchar, pero él la agarró por el brazo. Pepa se giró y se besaron. Un beso que le pareció infinito, hasta que se separaron y ella se fue a la casa.

Mientras Pepa caminaba hacia el Jaral, sintió pasos detrás. Se giró y vio a Felipe, quien se acercó y la agarró por los dos brazos, con tono amenazador: "¿Te crees que me vas a dejar en ridículo, perra?". Pepa gritó socorro, lo que le valió un puñetazo. Felipe la arrastró, diciendo: "A mí nadie me deja en ridículo, ¡nadie! Y menos una sucia partera venida a menos; venga, vamos al bosque, que vamos a hacer mucho ruido y no quiero que se entere nadie". Pepa intentó liberarse en vano, hasta que sus ojos brillaron al ver al maestro Aarón, que corría y le dio con un palo en la cabeza a Felipe. El duque cayó y no se movió más. Aarón le preguntó a Pepa si estaba bien, pero no dio tiempo a contestar, pues, por el ruido, los invitados se habían acercado. Muchas preguntas quedaban por contestar aquella noche.

Soledad le relató a Tristán lo acontecido esa noche, resaltando lo cómoda que estaba Pepa con el maestro. Tristán, tras unos instantes de silencio, dijo finalmente: "No me importa. Ella es libre de rehacer su vida igual que yo soy libre de rehacerla con Gregoria". Soledad, incrédula, apenas podía articular palabra. Otro que se iba a la cama era Aarón.

La Desesperación de Soledad y la Ayuda de Pepa

La vida de Soledad Castro Montenegro estaba marcada por la tiranía de su madre, Francisca. Rosario se preocupaba por la relación de Soledad y Juan, y Tristán mostraba su disconformidad. Francisca no dudaba en castigar físicamente a su hija Soledad tras confesarle su amor incondicional por Juan, y Mariana comprobaba sus heridas, ayudando a curárselas, horrorizada por la situación. Soledad permanecía encerrada tras el castigo físico que le practicó su madre y no dejaba que nadie la viera, ni siquiera Tristán. Además, la amenaza de Francisca era clara: si Juan se volvía a acercar a Soledad, expulsaría a toda la familia de sus tierras. Francisca incluso ve a Juan salir de la habitación de Soledad y monta en cólera, ordenando a Mauricio que le dé una paliza que no olvide nunca.

Soledad, rota de dolor y sin poder imaginar su vida sin Juan, prefería cualquier alternativa a su situación actual. En medio de esta desesperación, Soledad quiere fingir una enfermedad para salir hospitalizada de la Casona, buscando escapar de las garras de su madre.

Pepa, la partera, al principio se niega a participar en tal engaño, pero ante la evidente angustia y el maltrato que sufre Soledad, acabará ayudando a la chica. Su compasión y su deseo de ver la justicia prevalecer hacen que Pepa se involucre en este arriesgado plan. Esta acción se enmarca en las continuas ayudas de Pepa a quienes sufren por la intransigencia de Francisca, incluyendo la salvación de Angustias en el pasado.

En otro momento, Pepa avisa a Tristán del maltrato que está sufriendo su hermana a manos de su madre y le cuenta de la paliza que ha recibido con el cinturón, mostrando su preocupación por el bienestar de Soledad.

Ilustración de Pepa la partera atendiendo a Soledad, quien parece enferma

Otros Eventos Relevantes en Puente Viejo

Mientras tanto, Tristán, con la ayuda de Pepa, consigue salvar a Angustias in extremis de una muerte segura. El joven tiene que asumir que ha llegado el momento de tomar medidas y acepta ingresar a Angustias en un sanatorio recomendado por Don Julián. Sin embargo, Don Julián, el médico, agoniza y muere, con Francisca asistiendo impasible a su muerte, lo que genera más incertidumbre en el pueblo.

En otros frentes, los Castañeda intentan superar la muerte de Juan, ahora con Ramiro y José de vuelta tienen un apoyo más. Francisca por otra parte decide que Soledad se case con Olmo y lo amaña todo para que así sea, su salud se resiente y es consciente de lo poco que le queda.

La vida en Puente Viejo sigue su curso, llena de secretos, amores prohibidos y la constante lucha entre la maldad de Francisca Montenegro y la esperanza que representa Pepa, la partera, siempre dispuesta a tender una mano a quienes más lo necesitan.

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