El cólico del lactante es una condición que afecta a muchos bebés durante sus primeros meses de vida, caracterizándose por episodios de llanto intenso y prolongado sin una causa aparente, lo que puede generar preocupación y estrés en los padres. Se define como episodios de llanto intenso que duran más de tres horas al día, al menos tres días a la semana, durante un mínimo de tres semanas en un bebé sano y bien alimentado. Los cólicos del lactante son una de las principales preocupaciones de las familias en los primeros meses de vida del bebé, aunque no todo llanto prolongado es un cólico del lactante.
Para ser considerado cólico del lactante hasta hace poco, debía cumplir con las siguientes características:
- Ocurre en lactantes menores de 4 meses.
- Se presenta al menos 3 días a la semana.
- Dura más de 3 horas al día.
- Se mantiene durante al menos 3 semanas.
- No afecta el peso ni la talla del bebé.
Actualmente, los criterios clínicos se han modificado ligeramente, pero es fundamental destacar que no todo llanto es cólico. En ocasiones, el llanto puede deberse a otros trastornos digestivos que requieren diagnóstico, aunque casi la mitad de los bebés menores de 4 meses pueden experimentar cólicos.

Causas y Factores Emocionales
A pesar de los avances en la investigación, la causa exacta del cólico del lactante no está completamente determinada. Sin embargo, existen múltiples factores que pueden influir, incluyendo la inmadurez intestinal, rutinas irregulares, la ansiedad de los cuidadores y factores emocionales. Los cólicos son un reflejo de una desvalorización en el órgano o función simbólica del mismo. En el caso de los cólicos en el bebé, esto puede interpretarse como una desvalorización en la madre por el hecho de ser madre, quizás esté muy preocupada por ser una buena madre, se sienta muy insegura o insuficiente. Es importante recordar que el vínculo entre la madre y el bebé es muy grande, y el bebé llega a sentir y a vivir esa preocupación y ansiedad.
Un estudio reciente encontró una relación entre la felicidad de la madre y el estado de salud de los más pequeños. A medida que el nivel emocional de la mujer era mayor, sus hijos presentaban menos cólicos y lloraban menos a lo largo del día. Los responsables de este trabajo analizaron los casos de 3.000 madres de entre 18 y 35 años que habían dado a luz recientemente. El 12% de los bebés presentaron estos cólicos. Otro de los datos que encontraron los investigadores es que a medida que aumentaba la felicidad de la madre, menor era la posibilidad de que los pequeños padecieran algún tipo de problema. Este estado emocional era influenciado por el entorno en el que la mujer vive, y quizás el punto que más influye en la felicidad de la madre es la aceptación de su embarazo en el entorno familiar. El doctor Chadran Alexander, principal autor de esta investigación, afirmó que «las parejas de las madres tienen un papel que jugar en la reducción del problema de los cólicos».

Síntomas y Diagnóstico
El cólico del lactante se trata de un llanto incontrolable, que presenta ruidosos gases y el vientre ligeramente hinchado, síntomas inconfundibles de que al pequeño le pasa algo. Se define como un episodio de llanto de inicio súbito, generalmente por la tarde-noche, acompañado de rigidez del tronco o de las extremidades (hipertonía) e inconsolable, es decir, aun cogiéndolo en brazos, el bebé no se calma. Para ser considerado cólico del lactante, hasta hace muy poco, debía cumplir con las características ya mencionadas, aunque los criterios clínicos se han modificado ligeramente. Es importante destacar que no todo llanto es cólico; en ocasiones, se debe a otros trastornos digestivos que hay que diagnosticar, aunque casi la mitad de los bebés menores de 4 meses pueden experimentarlo.
El diagnóstico del cólico del lactante es clínico, basado en los síntomas y en la exclusión de otras patologías. En la mayoría de los casos, no es necesario realizar pruebas adicionales. Sin embargo, si el pediatra sospecha que hay otro problema subyacente, puede solicitar estudios complementarios.

Impacto Emocional en los Cuidadores
El llanto prolongado y los cólicos en bebés pueden generar un alto nivel de estrés en los padres, creando un ciclo en el que el malestar del bebé y la tensión de los padres se retroalimentan. El estrés parental puede afectar la capacidad de los padres para manejar la situación y, en algunos casos, puede incluso aumentar el malestar del bebé. Cuando los padres experimentan estrés, pueden transmitir inconscientemente su tensión al bebé, quienes son extremadamente sensibles al ambiente y pueden percibir la ansiedad y el nerviosismo. Esto puede aumentar el llanto y el malestar del bebé, especialmente en aquellos que son propensos a los cólicos.
Es fácil decir que hay que mantener la calma, pero cuando el bebé, al que se ha esperado durante 9 meses, empieza a llorar de forma descontrolada, los padres pueden experimentar:
- Culpa: Aparecen pensamientos como: "¿haré algo mal? ¿soy mala madre o mal padre nada más empezar?"
- Frustración: "Haga lo que haga, llora... ¿le dejo llorando y no hago nada? ¿le cojo en brazos a pesar de que no sirva para calmarle?"
- Irritabilidad: Aparecen conflictos y discusiones con los demás, sobre todo con la pareja.
- Desesperación: A pesar de saber que solo dura unos meses, los días se convierten en meses y años. Además, la depresión posparto también puede influir en aumentar esa tristeza que de otra forma, quizás no se habría sentido.
Estrategias para Aliviar el Cólico y Gestionar el Estrés
Aunque no hay un tratamiento específico que haga desaparecer el cólico de la noche a la mañana, hay estrategias que pueden ayudar a calmar al bebé meciéndole y acunándole, ya que los movimientos rítmicos le relajarán. Es fundamental que los padres busquen la orientación de un pediatra para confirmar el diagnóstico, recibir recomendaciones personalizadas y evitar complicaciones. Es esencial que los padres aprendan a manejar su estrés para reducir el impacto negativo en el bebé. Algunas estrategias incluyen:
- Mantener la calma y estar tranquilos, repitiéndose mentalmente que al bebé no le pasará nada.
- Comprobar que no lleva el pañal sucio, que no tiene calor o frío, hambre o sed.
- Intentar darle de comer (lactancia materna o biberón) en un lugar tranquilo, sin ruidos ni gente, y favorecer que expulse el eructo a continuación.
- Probar con medidas posturales: ponerlo boca abajo sobre el brazo con la cabeza apoyada en la flexura del codo, de tal manera que la barriguita descanse en el antebrazo; balancearlo; o hacerle masajes abdominales suavemente mientras se le elevan las piernas.
- Portearlo, cogerlo en brazos y darle palmaditas en la espalda, besarlo y acariciarlo.
- Cuando esté en plena crisis de llanto, se puede probar a ponerlo boca abajo en la cama, vigilándolo y acariciándole la espalda. No obstante, es crucial recordar que, durante los primeros seis meses de vida, los bebés deben dormir boca arriba para prevenir la muerte súbita del lactante, así que, en cuanto se calme y se duerma, se debe darle la vuelta.
- No frustrarse ni sentirse culpable, ya que no se puede hacer nada más que mantener la calma y coger al hijo en brazos hasta que ceda el dolor.
- Pensar en el tipo de padre o madre que se quiere ser, lo que ayudará a decidir si cogerle en brazos, ignorarle o enfadarse. El bebé no tiene nada personal contra los padres; le duele y se expresa. No hay nada que los padres estén haciendo mal, sino que se debe a la inmadurez de sus órganos.
- Pedir ayuda a la familia y amigos y quejarse si esto produce alivio. Llevar una doble vida en la que se finge que todo va bien cuando en realidad no es así, empeora el problema. Hablar sobre cómo se siente uno, no hace que se quiera menos al bebé, sino todo lo contrario: produce cierto alivio y ayuda más al bebé de lo que se cree. Algunas investigaciones concluyen que la situación de los cólicos empeora cuando los padres y madres son muy ansiosos o demasiado cansados.
- Turnarse con la pareja cuando no se pueda más y no tratar de afrontar este momento solo.
- Cuidarse, ya que más horas no convierten a alguien en mejor madre. Es importante cuidarse para prevenir, entre otras cosas, la depresión posparto.
- No fijarse una fecha. No hay nada peor que controlar lo incontrolable.
- Cambiar al bebé de posturas, recostándolo boca abajo sobre las rodillas o sobre el brazo con la cabeza cerca del codo y la barriga en el antebrazo, para que presione el estómago. A veces, esto les consuela momentáneamente y se calman unos instantes.
- Buscar soluciones activamente, descartando causas que puedan provocar más gases como alergia a las proteínas de leche de vaca, reflujo gastroesofágico, darle de comer mucho o poco, estreñimiento o problemas de flora intestinal.
- Considerar el uso de probióticos, previa consulta con el pediatra.
- Aprender a realizar masajes infantiles o llevar al bebé a sesiones de masajes infantiles con un fisioterapeuta puede ayudar.
- Consultar a un especialista: En centros especializados ofrecen orientación para padres sobre cómo manejar el estrés.
- Evitar el exceso de estímulos: Un entorno sobrecargado de luces, sonidos y actividad puede afectar al bebé y aumentar su irritabilidad.
Consejos para tratar el cólico del lactante - #CuidaTuSalud Clínico San Cecilio
Aunque el cólico del lactante puede ser una experiencia desafiante para las familias, es una fase temporal. Si tu bebé llora con frecuencia sin una causa clara y no consigues calmarlo, es importante consultar con un especialista. Un pediatra podrá evaluar su estado de salud, descartar otras posibles afecciones y ofrecerte estrategias para aliviar su malestar. Recuerda, los cólicos del lactante no duran para siempre. Aunque en el momento parezcan interminables, con paciencia, apoyo y las estrategias adecuadas, esta etapa pasará y tu bebé irá regulando su sistema digestivo.