La historia de la fertilidad y la infertilidad, unida por su misma esencia a la existencia del hombre, ha sido comprendida con diferentes visiones, siendo al principio relacionada con lo divino para más tarde serlo con lo humano. Desde los albores de la civilización, la infertilidad se ha vivido como una amenaza para la supervivencia, constituyendo un gran problema social y médico.

La Infertilidad en las Civilizaciones Antiguas
En el Neolítico, el cambio de una sociedad nómada y cazadora a otra sedentaria y agricultora otorgó más protagonismo a la figura femenina. La mujer tuvo en esta época un papel central, relacionando directamente la fertilidad con la capacidad de fecundidad de las tierras donde vivían. La copulación se comparaba con la siembra y la lluvia, la concepción con la germinación, la gestación con la maduración y el nacimiento con la cosecha.
En las antiguas Grecia y Roma, existían diferentes danzas de la fertilidad basadas en movimientos de caderas y vientre. En la época romana anterior a la moral cristiana, se afrontaban con cierta normalidad algunos aspectos relacionados con la sexualidad y las representaciones fálicas no solo estaban toleradas, sino que se creía que aportaban suerte y protección, además de fertilidad.
Primeros Avances en el Diagnóstico
El papiro Kahoun (1900 a. C.) es el texto médico más antiguo conocido y, quizá, el primer tratado de ginecología. Los egipcios fueron capaces de desarrollar un diagnóstico precoz del embarazo, cuya técnica consistía en que las mujeres supuestamente embarazadas orinaban sobre una mezcla de trigo y cebada combinada con arena y dátiles. En la civilización egipcia ya se sabía que las causas de la infertilidad no eran solo debidas a la mujer, sino también al varón y, por tanto, no se trataba de un castigo divino, sino de una enfermedad que debía ser diagnosticada y tratada.

La Infertilidad como Castigo Divino
Los hebreos, por el contrario, tenían una mentalidad predominada por la noción del pecado original. En esta civilización, las mujeres no disfrutaban de derechos y libertades y podían ser repudiadas por los varones. La infertilidad se consideraba un castigo divino y era siempre atribuido a la mujer; la infertilidad masculina no era reconocida. En la civilización hebrea, la mujer perdía derechos, pues la infertilidad sí se consideraba un castigo divino y, como no se reconocía la infertilidad del hombre, recaía toda la culpa en la mujer que, si no concebía, era repudiada.
Hipócrates y la Medicina Racional
En Grecia coexistieron las prácticas sagradas y profanas en medicina, tanto antes como después de Hipócrates. El cambio en la comprensión de la infertilidad vino de la mano de Hipócrates, nacido alrededor del año 460 a.C. en la isla griega de Cosa. Él quiso romper con la medicina de su tiempo, más cercana a la magia que a un sistema de observación, y construir un sistema médico coherente basado en un examen clínico que permitiera realizar un diagnóstico seguido de un tratamiento apropiado. La escuela de Hipócrates supuso un cambio realmente importante en la concepción de las afecciones humanas, conocía el problema de la infertilidad y tenía conocimientos basados en los egipcios para diagnosticarla y tratarla.

Causas de la Infertilidad según Hipócrates
En varios tratados escritos por Hipócrates se comentan patologías ginecológicas y obstétricas. Para Hipócrates, la infertilidad podía deberse a distintas causas fisiológicas:
- Una incorrecta posición del cérvix.
- Una debilitación de la cavidad interna de origen congénito o adquirida a consecuencia de una cicatrización tras un episodio de úlceras.
- Una obstrucción del orificio uterino causado por una amenorrea, un flujo menstrual excesivo (que provocaría que el útero fuera incapaz de fijar la semilla) o un prolapso uterino.
Diagnóstico y Tratamientos Hipocráticos
Los tratamientos propuestos por Hipócrates eran numerosos, probablemente poco eficaces y algunos de ellos, incluso, realmente sorprendentes. Los griegos, al igual que los egipcios, pensaban que el tracto genital femenino estaba íntimamente ligado al aparato digestivo.
Así, Hipócrates recomendaba un peculiar método de diagnóstico: que la mujer se introdujese un ajo en la vagina; si al día siguiente le olía la boca a ajo, significaba que la mujer podía tener hijos, pues no habría obstrucciones internas.
Además de estos métodos, los griegos pensaban que la buena salud era la clave para la fecundidad, y que la alimentación a base de frutos secos, legumbres y cereales propiciaba la gestación. Preconizaban también el uso de afrodisíacos, en cuya composición entraban ingredientes como trompa de elefante, pulmones de buitre o pelos de rabo de mula.
La escuela hipocrática y sus tratados médicos daban soluciones también a otros aspectos de la ginecología. Por ejemplo, la técnica más empleada por la obstetricia griega para el tratamiento de los partos laboriosos o difíciles era la sucusión. El método consistía, sencillamente, en agitar enérgicamente a la parturienta. Del mismo modo, con la misma frecuencia y el mismo razonamiento lógico, se recomendaba el reposo para evitar abortos. El razonamiento es simplista pero sigue siendo el tratamiento más extendido actualmente en la práctica ginecológica cotidiana.
Dioscórides, un médico, farmacólogo y botánico de la antigua Grecia, recogió miles de preparados y fórmulas de todo tipo que en muchos casos supusieron la base de la farmacia actual. En ellas describía gran cantidad de plantas que trataban de curar la infertilidad de las mujeres como la mercurial o el cojón de perro.
Creencias Griegas sobre la Fertilidad
A pesar de los avances hipocráticos, en el panteón griego, Afrodita era la diosa del deseo y el amor, la belleza y la fertilidad, y encarnaba el impulso erótico y el placer del sexo. También Artemisa se relacionaba con la fertilidad. Asimismo, las danzas y coros procaces que acompañaban a los novios el día de su boda, además de perseguir la diversión, ensalzaban la fertilidad.
Evolución del Conocimiento de la Infertilidad
La medicina medieval se basaba en la griega, tanto en sus conceptos fisiológicos como en los métodos de diagnóstico y tratamiento, lo que provocó un estancamiento del conocimiento y del estatus social de la mujer. Los tratamientos sobre la infertilidad estaban más cercanos a los ritos o las costumbres y no fue hasta el Renacimiento cuando hubo un progreso real, al estudiarse la anatomía de los órganos genitales.
Reconocimiento de la Infertilidad Masculina
En el mundo árabe destacó Avicena (Abu Ali Ibn Sina), eminente médico del siglo X que se inspiró en los conocimientos egipcios para formular varios de sus tratamientos. Para Avicena, la infertilidad podía tener un origen masculino o femenino, bien relacionado con una anormalidad de los "espermas" producidos por el hombre o con una anormalidad del tracto genital o problemas psicológicos como la melancolía. Esta fue una de las primeras figuras en considerar que la infertilidad también podía ser un problema masculino.
La Edad Media tiene un gran valor en la historia de la fertilidad; en esta época, la procreación se consideraba como algo necesario. Los médicos del medievo ya se dieron cuenta de que la infertilidad afectaba tanto a mujeres como hombres, o al menos eso muestran los textos antiguos. Un remedio curioso para la fertilidad masculina, originado durante la Edad Media, se basaba en moler testículos secos de animales y beberlos mezclados con vino.
Hoy en día sabemos, sin lugar a duda, que las causas de la infertilidad pueden deberse por igual tanto a la mujer como al hombre. La infertilidad ha sido uno de los mayores problemas desde los albores de la humanidad; para muchos, suponía una amenaza para la supervivencia de la familia o la transmisión del poder.