Recomendaciones nutricionales para el manejo de la desnutrición en lactantes

El estado nutritivo es uno de los indicadores más importantes de salud en los primeros años de vida. Un niño con un buen estado nutricional no solo presenta un crecimiento y desarrollo saludables, sino que posee una mayor resiliencia frente a enfermedades, lo cual es fundamental para mejorar la supervivencia infantil.

Infografía: Ciclo de la desnutrición y su impacto en el desarrollo infantil (sinergia desnutrición-enfermedad).

Evaluación y diagnóstico de la desnutrición

La desnutrición está íntimamente ligada a la enfermedad, creando un círculo vicioso que aumenta la susceptibilidad a infecciones graves. Es imprescindible evaluar el estado nutricional de todos los niños que acuden a asistencia sanitaria, independientemente del motivo de la consulta, para detectar problemas de forma precoz.

Tipos de desnutrición

  • Desnutrición aguda: El niño presenta una talla adecuada pero un peso inadecuado (delgadez).
  • Desnutrición crónica: El peso puede ser adecuado, pero la talla está afectada (talla baja).
  • Marasmo: Desnutrición proteínico-energética severa; los niños están muy delgados, con pérdida de grasa subcutánea y masa muscular, irritables y hambrientos.
  • Kwashiorkor: Desnutrición debida a la falta de ingesta de proteínas. Se caracteriza por edemas, alteraciones cutáneas y apatía.

Indicadores antropométricos

Para el cribado de la desnutrición, especialmente en entornos con recursos limitados, se utilizan:

  • Perímetro braquial (PB): Medido en el punto medio entre el acromion y el olécranon. Es una técnica rápida de cribado de masas.
  • Índice PB/PC: El cociente entre el perímetro braquial y el cefálico, útil para valorar el estado nutricional de niños de 1 a 5 años.
  • Curvas de crecimiento: Relacionan peso, talla y edad, comparándolas con los estándares de la OMS.
  • Índice de Shukla: Relación entre el peso/talla real del niño y el percentil 50 de las tablas de crecimiento.
Esquema: Algoritmo de diagnóstico y cribado nutricional mediante perímetros y gráficas de peso-edad.

Lactancia materna: pilar de la nutrición inicial

La lactancia materna es la mejor forma de alimentación en las primeras etapas de la vida. Si el parto no fue complicado, se debe poner al recién nacido al pecho lo antes posible para aumentar el éxito de la lactancia y proteger al neonato de infecciones.

Beneficios y prácticas recomendadas

  • Inicio temprano: Protege contra infecciones gastrointestinales y reduce la mortalidad neonatal.
  • Lactancia exclusiva: Se recomienda durante los primeros seis meses de vida. Aporta nutrientes y anticuerpos que favorecen el desarrollo inmunológico.
  • Continuidad: Debe mantenerse hasta los 2 años o más, complementada gradualmente con otros alimentos.

Es fundamental el apoyo familiar y profesional para detectar complicaciones precozmente. Se recomienda realizar una primera cita de control entre las 48 a 72 horas tras el alta hospitalaria para prevenir deshidratación o abandono de la lactancia.

Alimentación complementaria (AC)

Alrededor de los seis meses, las necesidades de energía y nutrientes del lactante superan lo que aporta la leche materna. La introducción de la alimentación complementaria debe ser gradual y adaptada al desarrollo psicomotor del niño.

Pautas clave para la introducción de sólidos

  • Consistencia: Iniciar con triturados y avanzar hacia texturas más sólidas cuando el niño muestre interés y habilidades motoras (sedestación, masticación).
  • Alimentos esenciales: Introducir carnes (hierro y zinc), frutas y verduras (vitaminas), pescados (omega 3) y legumbres.
  • Seguridad: Evitar el uso de alimentos como consuelo emocional y no forzar al niño a comer, para respetar su autorregulación de hambre y saciedad.
  • Evitar: Alimentos azucarados, ultraprocesados, refrescos y, antes de los 12 meses, la leche de vaca entera.
Tabla: Necesidades nutricionales de micronutrientes (Hierro, Zinc, Vitamina D) durante la fase de alimentación complementaria.

Gestión del entorno alimentario

El pediatra debe asesorar a los padres en la creación de un ambiente favorable: planificar menús, cuidar la presentación de los alimentos, apagar la televisión y compartir la comida en la mesa. La educación nutricional debe centrarse en los cuidadores, quienes son responsables de transmitir pautas alimentarias saludables que perdurarán toda la vida.

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