Existen cuentos y mitos que pasan de generación en generación a través de la cultura popular, del boca a boca, de padres a hijos. Quizás una de esas historias más arraigadas en un colectivo amplio de la población es la que vincula a las cigüeñas con la llegada de un recién nacido. Pocas son las personas que "no saben" que los niños los traen estas aves desde París. A más de un padre ha sacado de un apuro este mito popular, aunque con el paso de los años haya tenido que enfrentarse finalmente con la verdad.
La cigüeña en la historia y la mitología
La relación de la cigüeña con el ser humano es antigua, siendo venerada desde el Egipto faraónico. Nunca ha sido un animal codiciado por su carne, lo que le permitió adaptarse a anidar cerca de los humanos.
Simbolismo y ciclos migratorios

Debido a los ciclos migratorios de la Ciconia ciconia, los pueblos de la antigüedad desarrollaron la creencia de que este animal es un símbolo de buena suerte. Esto se debe principalmente a que las cigüeñas vuelven a dejarse ver en Europa a finales del invierno después de recorrer miles de kilómetros desde África, por lo que se les asocia con la vuelta del calor, el renacimiento de la vida vegetal y el fin de los días cortos.
Además, se interpreta que esta ave es un animal muy familiar, que siempre mantiene a su pareja de por vida, y que cuida a sus pequeños como pocos animales, ya que preparan el mismo nido durante años para recibir de la mejor manera al recién nacido. A esto hay que añadirle que a lo largo de la historia se ha creído que las cigüeñas más jóvenes cuidan a sus progenitores cuando estos tienen una edad avanzada, algo que es al contrario. Sin embargo, de esta creencia, en la Grecia Clásica existía una ley que obligaba a los hijos a cuidar a los padres. Dicha ley se llamaba Pelargonia, del griego pelargos, cigüeña.
Representación en diversas culturas
Debido a estos comportamientos de la Ciconia ciconia, las diferentes culturas con las que ha convivido el animal a lo largo de la historia han ido creando una cultura que ha pasado de generación en generación, y de cultura en cultura, representando a la cigüeña como un animal que atrae la buena suerte y también la fertilidad:
- En el Egipto de los faraones, la cigüeña representaba el Ba, o lo que es lo mismo, el alma, tal y como se puede ver representado en muchos jeroglíficos.
- En Grecia, existía una ley basada en las costumbres del animal e incluso estaba penado con la muerte asesinar a uno. Además, el escritor griego Esopo escribió varias fábulas con el ave como protagonista.
- Para el Imperio Romano, el ave era considerado un animal sagrado que representaba el matrimonio, protegía a las mujeres y a los nacimientos de niños.
- Los pueblos germánicos tienen muy presente a la cigüeña en su mitología. La cigüeña es la mensajera de la diosa Holda, encargada de volver a traer al mundo las almas de aquellos que han fallecido. Las parejas que deseaban ser padres le rogaban a esta diosa que rescatara un alma para volver a darle vida en forma de bebé, la cual era transportada por una cigüeña hasta los futuros padres.
- Durante la era pagana en el norte de Europa, las bodas solían tener lugar en el solsticio de verano, una fecha asociada a la fertilidad. Las cigüeñas, aves migratorias, regresan aproximadamente nueve meses después de volar a África, coincidiendo con la época de muchos nacimientos. En la cultura eslava, se creía que se encargaban de traer a los recién nacidos, y que una cigüeña anidando en el techo de una casa era señal de un nuevo miembro en la familia.
En la ciudad alemana de Dresde, existe una fuente con una cigüeña que lleva un bebé en pañales. Desde el siglo XV, esta fuente es conocida como 'la fuente de la vida', ya que existía la creencia de que beber agua de ella hacía quedar embarazadas a mujeres estériles.

También, según la tradición en la Edad Media, se creía que las almas de los bebés no nacidos descansaban en los humedales, hábitat natural de estos animales, lo que aumentaría aún más la relación entre cigüeñas y bebés.
La contribución de Hans Christian Andersen
Fue el famoso escritor de cuentos danés Hans Christian Andersen, quien en el siglo XIX escribió el cuento "Las Cigüeñas" (1839). En este relato, las cigüeñas llevaban bebés a las casas de los niños buenos y bebés muertos a la casa de los niños malos. A pesar de que Disney suavizó los cuentos de este escritor danés, sus obras originales combinan los elementos fantásticos de las películas infantiles y otros elementos macabros que la factoría del ratón decidió omitir.
Esta obra popularizó aún más el mito de la cigüeña y la natalidad. Según el cuento de Andersen, hay un "estanque en el que yacen todos los niños chiquitines", hasta que las cigüeñas van a "buscarlos para llevarlos a los padres". A pesar de este horrible final, la historia de Andersen se extendió rápidamente por el mundo. En su forma benigna, el mito de la cigüeña aún persiste en la cultura popular. Hasta el día de hoy, la Nevus flammeus nuchae, una marca de nacimiento común en la piel de los recién nacidos, todavía se llama coloquialmente "mordedura de cigüeña", resaltando la influencia del cuento.

El origen de "los bebés vienen de París"
Como todo lo que pasa en estos casos, el mito de que las cigüeñas traen a los niños de París viene de una historia exagerada que fue pasando de boca en boca hasta nuestros días.
La leyenda de Kindelesbrunnen y la influencia germánica
En el norte de Francia era muy conocida la leyenda de Kindelesbrunnen, una leyenda con una marcada influencia germánica donde una cigüeña tenía poderes mágicos. A esto se añadieron los elementos históricos ya mencionados. Muchas cigüeñas anidaban al lado de chimeneas cerca de los distritos de París para resguardarse del calor que desprendían.
Una leyenda francesa cuenta que unas cigüeñas anidaron en uno de los tejados de las afueras de la ciudad. Esta pareja de animales, en vez de emigrar a África, se marcharon a un lugar cercano en París. Cuando volvieron, la pareja que vivía en aquella casa había tenido un bebé, por lo que los vecinos, en tono de broma, comenzaron a decir que el bebé había sido llevado por las cigüeñas. A partir de ahí, este suceso fue corriendo de boca en boca, de país en país, y se sigue utilizando para resolver la pregunta más difícil que le pueden hacer a un padre.
París: la ciudad del amor
La creencia de que los bebés vienen de París también tiene distintos orígenes. La capital francesa recibe el nombre de la ciudad del amor, algo que contribuyó a que fuera el destino favorito para multitud de recién casados. Al regresar de la luna de miel, muchas mujeres volvían embarazadas. Así surgió la expresión "traer un bebé de París".
Una leyenda medieval en Alsacia
Existe una leyenda que se hizo popular en la Edad Media relacionada con Francia y las cigüeñas. La historia cuenta que un matrimonio de Alsacia, al noreste del país, deseaba tener un hijo. Una pareja de cigüeñas hizo su nido en la chimenea de su casa. El hombre, al ver que el humo no salía, subió al tejado para examinar el lugar y encontró a un recién nacido.
Otros mitos y su impacto en la educación sexual
"Aún hay muchos niños que reciben historias populares o respuestas míticas sobre el origen de los bebés", dice Lucy Emmerson, directora ejecutiva del Sex Education Forum en Reino Unido. El de la cigüeña es uno de los más presentes, representado en películas, dibujos animados, tarjetas y libros ilustrados.
La grulla que roba bebés

El mito original se remonta a la antigua Grecia, donde las grullas, que comparten muchas similitudes con las cigüeñas, estaban asociadas con el robo de bebés. En la mitología griega, Hera, la diosa del parto, convirtió a su rival Gerana, la reina del pueblo pigmeo, en una grulla porque estaba teniendo una relación con su marido Zeus. No dispuesta a separarse de su hijo recién nacido, Gerana levantó al bebé, lo envolvió en una manta y se fue volando con el bebé en el pico. Con el tiempo, la grulla se fusionó con la cigüeña. "Hay un vínculo con la domesticidad porque las cigüeñas anidan en los techos de las casas", explica Paul Quinn, profesor titular de literatura inglesa en la Universidad de Chichester.
Bebés en repollos
Una confluencia similar de creencias antiguas y aprensión de los padres se esconde detrás de otro colorido mito sobre de dónde vienen los bebés: la idea de que crecen en huertos de coles o repollos. El mito posiblemente se origina en varias creencias y prácticas en torno a las plantas y la fertilidad. En Escocia, era común que los niños pusieran hojas de col fuera de sus casas para pedirle a las hadas que les trajeran un hermano. Y las mujeres solían comer repollo para ser más fértiles y tener buenos embarazos. En francés, el término cariñoso para un niño pequeño es "mon petit chou" ("mi pequeño repollo"). Cuentos similares de niños que crecen en jardines y huertos existen en todo el mundo, como un mito popular japonés entrañable sobre un niño que emerge de un melocotón.

Para los padres, estos mitos ofrecían una "manera de explicar cosas a sus hijos que de otro modo no podrían explicarles", dice Quinn. "Muchos padres no entendían su propia anatomía así que les habría costado explicarle los hechos a sus hijos", señala Marina Warner, profesora de inglés y escritura creativa en Birkbeck College. Los cuentos los sacaban de apuros.
Mitos dañinos y la importancia de la educación sexual
Aunque la cigüeña sigue siendo un motivo popular en las tarjetas de felicitación y los regalos, puede ser difícil imaginar a los padres del siglo XXI tratando de persuadir a sus hijos de que así es como nacen los bebés. Pero otros mitos y eufemismos siguen siendo sorprendentemente comunes, asegura Spring Chenoa Cooper, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Una de las razones es simplemente que muchos padres todavía no saben bien cuándo y cómo hablar del tema.
Sin embargo, esos eufemismos pueden ser confusos para los niños, dice Emmerson. Además, a los padres les puede resultar difícil corregir la historia más adelante y admitir que mintieron. Y, subraya Cooper, "cuando la gente hace suposiciones basadas en mitos y desinformación, el resultado puede ser perjudicial". Un ejemplo es la vacuna contra el VPH en Australia, que se conoce coloquialmente como la "vacuna sexual", llevando a algunas niñas a creer erróneamente que las protegía de las enfermedades venéreas y que sus parejas no necesitaban usar condones.
Mitos sobre la sexualidad
Otro peligro de usar eufemismos es que se puede establecer un patrón de no hablar abiertamente sobre sexo, dicen los expertos, lo que dificulta que los niños y adolescentes confíen en sus padres. "Pueden sufrir agresiones y sentir que no pueden hablar al respecto, quedar embarazadas y no decírselo a nadie o contraer una enfermedad de transmisión sexual y no tratarla", dice Cooper. "El miedo a hablar de estas cosas puede tener ramificaciones para toda la vida".
Recomendaciones para los padres
Las escuelas, por otro lado, no necesariamente resuelven lagunas y malentendidos. "Si los padres están pensando 'si no digo nada, lo entenderán cuando lleguen a la escuela', probablemente ese no sea el caso", advierte Emmerson.
Para los padres que no pueden imaginar un nivel de franqueza y detalles fácticos, los investigadores sugieren comenzar poco a poco, con charlas breves y sencillas en lugar de una gran conversación. "[Se trata] de darse cuenta de que se presentarán muchas oportunidades para darles a sus hijos un poco de vocabulario sobre sus cuerpos y también sobre sus emociones", dice Emmerson.
Por ejemplo, si un niño pequeño pregunta cómo nacen los bebés, "basta con decir que el bebé crece en la barriga de la madre y sale por la vagina". "No hay que explicar las relaciones sexuales. Simplemente proporcionar una respuesta fáctica que no sea una invención". "Cada vez que un niño te haga una pregunta sobre sexo, respóndela de manera muy simple y directa", recomienda Cooper. "No es necesario que los sientes y los sermonees durante una hora... eso podría intimidarlos y llevar a que no vuelvan a preguntar más al respecto". Los conceptos vitales como el consentimiento y los límites se pueden enseñar desde el principio. Los mitos pueden disfrutarse por lo que son: coloridas hazañas de la imaginación, transmitidas por generaciones anteriores, pero no como sustituto de la información veraz.