Para muchas parejas, no hay nada más desesperante que perder un embarazo tras otro. Sin embargo, es fundamental entender cuándo esta situación se considera clínicamente anormal. Tener un aborto es un evento fisiológico que ocurre con más frecuencia de lo que se piensa, pero cuando el proceso se repite, es necesario realizar un estudio exhaustivo de la pareja.
El aborto de repetición (AR) se define, según los criterios seguidos en España, tras haber tenido dos o más pérdidas gestacionales consecutivas antes de la semana 20 de gestación, o más de tres no consecutivas. Esta patología es distinta a la esterilidad y afecta aproximadamente al 2-5% de las mujeres embarazadas.

Factores etiológicos: ¿Por qué ocurren los abortos de repetición?
La probabilidad de sufrir un aborto espontáneo en la población general es del 15%. Si ha sucedido una vez, el riesgo asciende al 18%, y tras dos pérdidas, puede alcanzar el 30%. Las causas principales se dividen en varios grupos:
- Factores genéticos: La causa más frecuente es el origen embrionario, donde el embrión recibe un número erróneo de cromosomas (aneuploidía) de forma arbitraria.
- Alteraciones cromosómicas en los progenitores: En un 3-5% de los casos, uno de los progenitores es portador de una anomalía estructural equilibrada.
- Síndrome antifosfolípido: Un trastorno autoinmune que explica el 10-15% de los casos al favorecer la formación de pequeños trombos.
- Causas anatómicas: Malformaciones uterinas como septos, tabiques, úteros en T, miomas o pólipos que interfieren en la cavidad.
- Factores endocrinos: Disfunciones de la glándula tiroides o anovulación.
- Infecciones o inflamación: Como la endometritis.
Alteraciones cromosómicas ¿Qué son y por qué ocurren?
Pruebas diagnósticas recomendadas
El diagnóstico debe ser personalizado según el historial clínico. Las pruebas fundamentales incluyen:
1. Estudio genético
Se realiza mediante el cariotipo de ambos progenitores para descartar alteraciones estructurales. Asimismo, si se produce un nuevo aborto, es vital analizar los restos abortivos para identificar si existió una alteración genética, lo cual aporta información valiosa sobre la causa.
2. Evaluación anatómica
Para descartar malformaciones, se utiliza la ecografía 3D (prueba de elección), la histeroscopia, la histerosalpingografía o la resonancia magnética.
3. Estudio de coagulación y endocrino
Se solicita una analítica especial para descartar alteraciones de la coagulación (trombofilias) y el síndrome antifosfolípido. También se evalúa la función tiroidea y, en caso necesario, se realiza un seminograma o estudios de fragmentación de ADN espermático en el varón.
4. Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP)
Consiste en analizar los embriones mediante fecundación in vitro antes de la transferencia. Esta técnica permite seleccionar embriones cromosómicamente normales, acortando el tiempo para conseguir un embarazo a término.
Opciones terapéuticas y manejo clínico
Afortunadamente, la mayoría de las anomalías detectadas en un estudio básico tienen tratamiento:
| Hallazgo | Tratamiento/Intervención |
|---|---|
| Síndrome antifosfolípido | Aspirina a dosis bajas y heparina |
| Malformaciones uterinas | Resección de septos o extirpación de miomas/pólipos |
| Trastornos tiroideos | Administración de hormona tiroidea |
| Cuello uterino incompetente | Cerclaje o colocación de pesario |
Es recomendable evitar conductas nocivas como el tabaco, el alcohol y el exceso de cafeína. Además, el control cercano durante las primeras semanas, conocido como "tender loving care", ayuda a reducir el estrés y favorece la evolución del embarazo. En pacientes con tres o más abortos, suele recomendarse el refuerzo con progesterona.
Es importante recordar que, incluso sin tratamiento, en parejas con dos abortos previos, el 75% de los casos logran tener un hijo sano. La infertilidad y los abortos de repetición suelen tener solución gracias a la personalización de los tratamientos y el seguimiento en unidades especializadas.