La intolerancia a la lactosa es la incapacidad del organismo para digerir la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche y otros productos lácteos de origen animal. Esta condición se debe a una producción insuficiente de la enzima lactasa, la cual es esencial para descomponer la lactosa en azúcares más simples (glucosa y galactosa) que puedan ser absorbidos por el cuerpo. Aunque la intolerancia a la lactosa no es común en bebés, puede aparecer en algunos casos y presentar síntomas que pueden generar dudas en los padres.
La lactosa es un componente fundamental de la leche y los productos lácteos, alimentos apreciados por muchos niños. Sin embargo, la lista de alimentos que contienen lactosa es extensa e incluye no solo lácteos como yogur helado o quesos, sino también algunos tipos de pan, cereales, alimentos congelados y enlatados. Es importante destacar que la intolerancia a la lactosa es un problema digestivo que, si bien puede causar molestias, no representa un peligro vital para el bebé o niño.
Es crucial diferenciar la intolerancia a la lactosa de una alergia a la leche. La alergia a la leche es una respuesta del sistema inmunitario, a menudo más grave y que tiende a desaparecer durante el primer año de vida, mientras que la intolerancia a la lactosa es una dificultad del sistema digestivo y suele manifestarse después de los tres años de edad, aunque puede presentarse antes en casos específicos.
Tipos de intolerancia a la lactosa
La intolerancia a la lactosa puede presentarse de diversas formas:
Intolerancia secundaria
Según la Asociación Española de Pediatría, cuando la intolerancia a la lactosa es consecuencia de otra enfermedad que daña la superficie del intestino, se denomina intolerancia secundaria. Este tipo de intolerancia suele ser transitorio y se normaliza con el tiempo una vez tratada la causa subyacente.
Intolerancia primaria
En niños mayores y adultos, la forma más frecuente es la intolerancia primaria a la lactosa, que se debe principalmente a la pérdida progresiva de la actividad de la lactasa intestinal. En todos los mamíferos, la actividad de la lactasa tiende a disminuir tras el destete, alcanzando niveles mínimos en la edad adulta. En Europa y Norteamérica, los adultos suelen conservar un nivel de lactasa aceptable, aunque con variaciones individuales. En España, se estima que el déficit de lactasa afecta a aproximadamente el 14% de la población.
Deficiencia primaria congénita de lactasa
Esta es una condición muy rara, que afecta casi exclusivamente a la población finlandesa. Se caracteriza por el inicio inmediato de la sintomatología tras la ingesta de lactosa, ya sea materna o artificial. Los síntomas más frecuentes incluyen vómitos, diarrea, irritabilidad, distensión abdominal, falta de crecimiento, heces ácidas, acuosas y espumosas, eritema glúteo y malnutrición grave.
Deficiencia primaria de lactasa “del desarrollo” o hipolactasia del prematuro
Esta condición se observa en niños prematuros, cuyo nacimiento ocurre antes de que la actividad lactásica alcance su madurez. La sintomatología tiende a mejorar en las siguientes 2 a 3 semanas.
Deficiencia primaria de lactasa de comienzo tardío (tipo adulto)
En el hombre, el descenso de la actividad lactásica con la edad es variable. Los adultos europeos y norteamericanos suelen mantener niveles de lactasa aceptables, aunque con variaciones personales.
Déficit secundario de lactasa
Este tipo de déficit ocurre cuando los depósitos de lactasa desaparecen tras un daño en el epitelio intestinal que destruye las vellosidades. Las causas más comunes incluyen infecciones intestinales, giardiasis, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, sobrecrecimiento bacteriano y cualquier afección que cause daño intestinal, como la ingesta de ciertos fármacos o la exposición a radiaciones.
Síntomas de la intolerancia a la lactosa en bebés y niños
La intolerancia a la lactosa se produce cuando el intestino no genera suficiente enzima lactasa. Como resultado, la lactosa no se digiere por completo y permanece en el intestino, pasando al colon. Allí, es fermentada por la flora intestinal, lo que genera gas y otras sustancias. Esto puede provocar heces más líquidas y malestar gastrointestinal.
Los síntomas relacionados con la malabsorción o intolerancia a la lactosa suelen manifestarse entre 30 minutos y 2 horas después del consumo de productos lácteos. Los más comunes incluyen:
- Náuseas
- Vómitos
- Diarrea
- Gases
- Cólicos estomacales
- Ruidos estomacales

Si la intolerancia a la lactosa no se diagnostica a tiempo, la irritación constante del tracto digestivo puede afectar la calidad de vida y generar deficiencias nutricionales, especialmente de calcio y vitamina D, si se eliminan los lácteos sin una planificación adecuada.
Diagnóstico de la intolerancia a la lactosa
Para diagnosticar la intolerancia a la lactosa, el pediatra generalmente recopilará información sobre antecedentes médicos familiares y hábitos alimenticios. En algunos casos, se recurre a pruebas específicas para confirmar el diagnóstico.
Prueba del hidrógeno espirado
Esta es la técnica más utilizada para el diagnóstico de la intolerancia a la lactosa. El fundamento de la prueba radica en que, si la lactosa no se digiere en el intestino delgado debido a la ausencia de lactasa, llega al colon donde las bacterias la fermentan. Este proceso produce grandes cantidades de hidrógeno libre, que en parte es absorbido por la mucosa del colon, llega a los pulmones a través de la circulación sanguínea y se elimina con la espiración. El 80% restante se elimina por vía rectal.
La prueba consiste en medir el nivel de hidrógeno en el aliento del paciente antes y después de ingerir una bebida que contiene una cantidad específica de lactosa. Un aumento significativo en los niveles de hidrógeno se considera un resultado positivo.

Normas a tener en cuenta para evitar resultados falsos
Para asegurar la fiabilidad de la prueba del hidrógeno espirado, es fundamental seguir ciertas pautas:
- Ayuno previo: 6-8 horas para lactantes y 8 horas para niños mayores.
- Evitar comidas copiosas o de digestión pesada el día anterior.
- Lavarse los dientes antes de la prueba y después de ingerir la lactosa.
- Los adultos no deben fumar ni antes ni durante la prueba.
- El paciente no debe dormir durante la prueba.
- No tomar antibióticos durante las 3 semanas previas al estudio.
- Evitar laxantes y dietas ricas en fibra días antes de la prueba.
- Se recomienda una dieta pobre en lactosa días antes de la prueba.
Técnica de la prueba del hidrógeno espirado
Antes de la ingesta de lactosa, se realiza una determinación basal de hidrógeno espirado. Luego, se administra al paciente una dosis de lactosa (2g/kg, máximo 50g, en solución acuosa al 20% o al 1% en lactantes menores de 6 meses). Se le pide al niño que inspire profundamente y exhale lentamente el aire el mayor tiempo posible a través de una boquilla. Estas mediciones se repiten cada 15-30 minutos durante 4 horas, y un aparato detector cuantifica la concentración de H2 espirado en cada muestra.
Interpretación de los resultados
Una elevación de 10-20 ppm en relación a la cifra basal se considera patológica. Si esta elevación se detecta entre los 60 y 90 minutos después de la ingesta, puede indicar sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Si el aumento de H2 aparece determinaciones posteriores a los 120 minutos, es muy probable que se trate de malabsorción de lactosa.
Determinación de la acidez en la materia fecal
Los pediatras también pueden examinar la acidez en las heces de bebés y niños pequeños que no pueden realizar la prueba del hidrógeno. La presencia de glucosa en las heces podría indicar lactosa no digerida.
Biopsia del intestino delgado
En algunos casos, si los síntomas persisten, puede ser necesario remitir al niño a un gastroenterólogo pediátrico. Se puede realizar una endoscopia para medir los niveles de lactasa en el intestino y evaluar la actividad de la enzima.
Estudio genético
Existe la posibilidad de realizar estudios genéticos para clasificar a los pacientes como "lactasa-deficientes" o "lactasa-persistentes".
Prueba de tolerancia a la sobrecarga de lactosa
Esta prueba mide la variación del nivel de glucosa en sangre tras la ingesta de lactosa. Si los niveles de glucosa no aumentan significativamente después de consumir lactosa, podría indicar intolerancia. Sin embargo, en personas con diabetes, la glucosa en sangre puede aumentar independientemente de la intolerancia a la lactosa.
Test intolerancia a la Lactosa - En el Punto de Mira
Tratamiento y manejo de la intolerancia a la lactosa
El tratamiento de la intolerancia a la lactosa dependerá de la gravedad de los síntomas. En algunos casos, los bebés y niños pueden consumir pequeñas cantidades de productos lácteos sin experimentar síntomas. Sin embargo, si los síntomas son graves, el pediatra puede recomendar la supresión total de la lactosa de la dieta.
En estos casos, puede ser necesario consultar a un nutricionista, quien podrá sugerir alimentos alternativos que aporten los nutrientes necesarios o recomendar suplementos vitamínicos. La lactosa es un azúcar presente en la leche de todos los mamíferos, y su correcta digestión es fundamental para la absorción de nutrientes esenciales como el calcio y la vitamina D.
Si el Test de Aliento de VIVOLABS indica intolerancia a la lactosa, el siguiente paso es adaptar la dieta para reducir o eliminar los productos lácteos que provocan síntomas, priorizando alternativas sin lactosa o fuentes de calcio y vitamina D. Esto ayuda a aliviar las molestias digestivas y a prevenir problemas nutricionales a largo plazo. También es recomendable consultar con un profesional de la salud o nutricionista, quien puede orientar sobre sustituciones alimentarias, suplementación si es necesaria y estrategias para mejorar la digestión.
