La Problemática de la Baja Fecundidad en la Demografía Global

En las últimas décadas, las tasas de fecundidad han disminuido drásticamente en la mayoría de las regiones del mundo. Esta reestructuración radical de los regímenes de fecundidad plantea serios interrogantes para el futuro de las sociedades a nivel global. El descenso mundial de la fecundidad se ha acelerado en los últimos 50 años, pasando de un promedio de 5 nacimientos por mujer en 1950 a 2.3 en 2021.

En un creciente número de países, los políticos expresan su preocupación por el descenso de la tasa de natalidad y la fertilidad, estableciendo los términos de una nueva narrativa. Históricamente, el vocabulario en demografía ha tenido un papel significativo, y términos como “explosión demográfica” o “superpoblación” han predominado desde el siglo XIX. Sin embargo, ahora la preocupación se centra en el descenso demográfico y un posible colapso futuro.

Descenso Global de la Fecundidad: Un Fenómeno Ubicuo

En muchas sociedades de renta alta, e incluso en algunos países de renta media, el número de hijos por mujer se sitúa actualmente muy por debajo del umbral de reemplazo de 2,1. Este es el nivel en que la población disminuiría si no hubiera migración. La fecundidad se retrasa cada vez más en los países de la OCDE y en algunos de los gigantes demográficos. Actualmente, dos tercios de la población mundial vive en contextos de baja fecundidad.

mapa mundial con tasas de fecundidad por debajo del umbral de reemplazo

Diferencias Regionales y Tasas Específicas

Las tasas en el sur de Europa y el este de Asia, por ejemplo, se sitúan por debajo de 1,5. En España, de manera persistente, la fecundidad ha estado entre 1,2 y 1,1 en los últimos años, con una estimación provisional de 1,12 hijos por mujer para 2023, su mínimo histórico. En Corea del Sur, la fecundidad se ha desplomado hasta situarse en torno al 0,7, la más baja del mundo. Incluso Estados Unidos, que había sido considerado un caso atípico por su fecundidad relativamente alta entre las naciones ricas, ha visto bajar sus tasas hasta situarse alrededor de 1,64.

América Latina también ha experimentado un descenso significativo, pasando de un promedio de 5,87 hijos por mujer en 1960 a 1,8 el año pasado. En Chile, nacen hoy 1,18 hijos por mujer; en Costa Rica, 1,32; y en Uruguay, 1,40. Esta tendencia se proyecta que continúe bajando, al tiempo que aumenta la esperanza de vida.

La única región del mundo en la que se espera un descenso global de la población a corto plazo (entre 2022 y 2050) es Europa, donde se vaticina un crecimiento del -7%. Hace décadas que en ningún país de la UE la fecundidad es igual o superior al nivel de reemplazo.

Un estudio publicado en la revista médica The Lancet, que estimó la fecundidad para un par de centenas de países y otros territorios desde 1950 hasta 2021, resalta dos mensajes fundamentales: la fecundidad cae en todo el mundo, no solo en los países más ricos, y en pocos lustros en (casi) todos los países del mundo la fecundidad caerá por debajo del nivel de reemplazo. Según el escenario básico, en Latinoamérica ya se ha llegado a ese punto, en la India está próximo a alcanzarse, en los países de tradición musulmana lo hará hacia 2040, y en el África subsahariana hacia 2075.

Causas y Consecuencias de la Baja Fecundidad

Impacto Socioeconómico del Envejecimiento Poblacional

La baja fecundidad acelera el envejecimiento de la población, ejerce presión sobre los estados del bienestar, pone a prueba los sistemas de pensiones, afecta a la dinámica migratoria y puede provocar escasez de mano de obra y desaceleración económica. En países con una fecundidad muy baja, esto tendrá efectos negativos en el sostenimiento del gasto asociado a las edades avanzadas debido al aumento de las tasas de dependencia de los mayores.

Las consecuencias de una baja fecundidad sostenida van más allá de la demografía: afectan a las relaciones intergeneracionales, hacen reconfigurar las expectativas culturales y exigen nuevos planteamientos políticos. Las sociedades cada vez más envejecidas enfrentan desafíos en la sostenibilidad de los sistemas de pensiones públicos y la financiación de los Estados del bienestar. Para el caso español, el problema no es tanto la falta de trabajadores como la baja productividad del sistema económico, con un mercado laboral sesgado hacia sectores de baja productividad y poca inversión en I+D. Las generaciones jóvenes más formadas de la historia sufren un mercado laboral muy temporal y salarios bajos, lo que reduce sus contribuciones.

Envejecimiento de la población U. Mayor

Brecha entre Fecundidad Ideal y Real

Un enigma persistente es la brecha entre aquello que la gente dice que quiere y aquello que acaba haciendo. Las encuestas muestran sistemáticamente que, por término medio, las personas de las sociedades con una baja fecundidad siguen afirmando que el “ideal” es una familia con dos hijos. Sin embargo, el número real de niños nacidos está muy por debajo de estos ideales.

Esto subraya la complejidad del fenómeno, ya que la existencia de una brecha persistente entre lo que la gente declara que es el número “ideal” de hijos y la fecundidad “real”. Captar con precisión cómo se sienten las parejas respecto al hecho de tener hijos es más complicado de lo que sugieren las encuestas convencionales. Los encuestados no consideran las ventajas y los inconvenientes a los que se enfrentan en la vida real: estabilidad económica, ocio, promoción profesional, calidad de las relaciones y autonomía personal. Cuando las preferencias se plantean en un contexto que obliga a valorar ventajas e inconvenientes, los individuos muestran menos inclinación a tener más de un hijo.

Un análisis de UNFPA basado en encuestas a 14 mil personas en 14 países revela que una de cada cinco personas encuestadas a nivel global piensa que alcanzar el número de hijos e hijas deseados sería imposible. Esto se debe a que "las personas no dejan de tener hijos porque ya no los deseen, sino porque las condiciones materiales, laborales y de conciliación dificultan llevar adelante proyectos vitales que incluyan hijos e hijas". Otros factores incluyen temores sobre la situación política o social (14%), la ausencia de una pareja adecuada (14%), un replanteamiento de los deseos o cambio de idea (13%), y que la pareja desee menos hijos (13%).

Marcos Explicativos del Descenso de la Fecundidad

Los investigadores han propuesto múltiples marcos para explicar los cambios de la fecundidad a lo largo del tiempo. Destacan tres teorías que ayudan a estructurar el debate respecto a esta cuestión: la nueva economía doméstica, la hipótesis de la equidad de género y la segunda transición demográfica.

La Nueva Economía Doméstica

Un primer marco importante es el enfoque influyente de la nueva economía doméstica de Gary Becker, centrado en los factores económicos y estructurales que influyen en el tamaño de la familia. A medida que aumenta el número de mujeres con estudios que se incorporan a la población activa, estas se enfrentan a la disyuntiva entre las perspectivas profesionales y la crianza de los hijos, lo que esta teoría denomina como coste de oportunidad de tener hijos.

Esta teoría hace referencia también a la existencia de una disyuntiva entre calidad y cantidad, implicando que, a medida que aumentan los ingresos, los padres invierten más (lo que Becker denomina más calidad) en menos hijos. Sin embargo, en muchas economías avanzadas, la reducción de los costes directos e indirectos de tener hijos mediante políticas públicas no ha hecho aumentar sustancialmente la fecundidad.

La Hipótesis de la Equidad de Género

Un segundo conjunto de teorías remarca la importancia de la equidad de género tanto en la esfera pública (educación, mercado laboral) como en la privada (tareas domésticas, cuidados). A medida que progresan las sociedades, aumentan los éxitos educativos y las oportunidades profesionales para las mujeres, lo que incrementa sus expectativas en materia de igualdad de género en las parejas. Cuando las responsabilidades domésticas recaen de manera desproporcionada en las mujeres, la carga de conciliar la vida laboral y familiar se vuelve pesada. Los países que han conseguido un equilibrio de género mayor en las tareas domésticas y el cuidado de personas tienden a tener una fecundidad ligeramente superior.

infografía sobre la distribución de tareas domésticas entre hombres y mujeres

La Segunda Transición Demográfica

El marco de la segunda transición demográfica atribuye el descenso de la fecundidad a cambios culturales e ideológicos. El aumento del secularismo y el individualismo y la búsqueda de la autorrealización han reducido las tasas de matrimonio, han retrasado las uniones y han pospuesto el momento de tener hijos. Esta teoría pone en relieve el papel crucial del cambio de valores, incluyendo unas normas de género más igualitarias y la aceptación de varias formas de familia.

Sin embargo, aunque esta teoría apunte al cambio de valores como motor central, no resulta tan útil para dilucidar el valor específico que las personas dan a los hijos. Los costes económicos por sí solos no pueden explicar del todo por qué la fecundidad ha bajado tan drásticamente. En cambio, las personas parecen sopesar los costes y los beneficios intangibles de tener un segundo o un tercer hijo frente a otras dimensiones de la vida que también se valoran.

Contextos Regionales Específicos

Asia Oriental: Hipercompetencia y Normas de Género

Japón, Corea del Sur, Singapur y otros países del Asia oriental presentan las tasas de fecundidad más bajas del mundo. Las razones de estos niveles excepcionalmente bajos son complejas y están interconectadas. En primer lugar, tener hijos en estas sociedades sigue estando estrechamente ligado al matrimonio, y tenerlos fuera del matrimonio es muy poco habitual y no está muy bien visto socialmente. En segundo lugar, la hipercompetencia y la hiperinversión en la educación y la crianza de los hijos hacen que tener más de un hijo sea económicamente prohibitivo. En tercer lugar, las normas de género conservadoras hacen que a menudo se espere que las mujeres asuman responsabilidades desproporcionadas en el hogar y en el cuidado de otras personas, incluso cuando llegan a niveles más altos de educación y aspiran a trabajos bien remunerados.

Muchas mujeres con estudios superiores retrasan o renuncian completamente al matrimonio para evitar entrar en acuerdos matrimoniales que limiten sus perspectivas profesionales y su autonomía personal. Los intentos de los gobiernos de fomentar el matrimonio o reducir la carga económica de la crianza de los hijos no han aumentado sustancialmente la fecundidad.

Sur de Europa: Penalización por Maternidad y Políticas Familiares Insuficientes

Países del sur de Europa como Italia, España y Grecia también han tenido una fecundidad persistentemente baja desde la década de 1990. Las mujeres que se ausentan del trabajo por la maternidad se arriesgan a sufrir penalizaciones importantes en su carrera profesional, tanto en términos salariales como de empleo, lo que se denomina a menudo penalización por maternidad. En estos mercados de trabajo duales, en los que es difícil conseguir un trabajo estable, el coste percibido de tener hijos, a largo plazo, es sustancial.

Aunque muchos gobiernos del sur de Europa han aprobado políticas familiares, estas suelen ser menos generosas que en el norte. Las empresas más pequeñas tienen dificultades para ofrecer acuerdos favorables a las familias, y los presupuestos públicos ajustados limitan el alcance de las intervenciones. Los cambios culturales, como la reducción de la religiosidad y la evolución de la percepción del valor de tener hijos, también han contribuido de manera muy diferente en estos países.

Países Nórdicos: Un Modelo en Cuestión

Ni siquiera los países nórdicos se han salvado del descenso reciente de la fecundidad. Durante décadas, muchos observadores señalaron los países nórdicos como un modelo de “buenas prácticas” en el fomento de una fecundidad más alta a través de estados del bienestar generosos, una amplia oferta de jardines de infancia y leyes de género progresistas. Sin embargo, la recuperación de Suecia en la primera década de este siglo se desvaneció, alcanzando en 2023 un mínimo histórico de 1,45 hijos por mujer. De manera similar, Finlandia ha experimentado un desplome que la condujo a su mínimo histórico de 1,26 en 2023. Dinamarca ha seguido un patrón similar, aunque su cifra para 2023 (1,5) es algo superior a su mínimo de 1983 (1,3).

Los expertos señalan que, aunque las políticas nórdicas reduzcan muchos los obstáculos económicos y logísticos, no pueden contrarrestar totalmente los cambios de valores y los estilos de vida que restan prioridad al hecho de tener hijos.

África Subsahariana: Fecundidad Elevada y Desafíos Estructurales

Mientras que la mayor parte del mundo lucha contra una fecundidad bajísima, África subsahariana sigue destacando con tasas de fecundidad que superan a menudo a los cuatro hijos por mujer. La máxima fecundidad deseada en estos contextos refleja normas culturales y religiosas profundamente arraigadas que dan valor a las familias numerosas. En muchos contextos africanos, los niños se consideran un activo, una fuente de seguridad para la vejez, mano de obra familiar y la continuación del linaje.

Esta región también tiene niveles más bajos de educación femenina y una incertidumbre económica mayor. La debilidad de las instituciones políticas, la inestabilidad y los conflictos reducen la eficacia de los programas de planificación familiar y los servicios sanitarios. En estos entornos, suele haber poca voluntad política para promover la planificación familiar de una manera contundente, ya que las encuestas de opinión pública revelan una preferencia elevada hacia las familias numerosas. En algunas zonas, los conflictos dificultan el acceso a los servicios de salud reproductiva, y las poblaciones desplazadas siguen siendo atendidas de manera insuficiente. Estas condiciones crean un contexto en que la fecundidad sigue siendo relativamente alta: ha ido bajando, pero lo ha hecho más lentamente.

La Eficacia de las Políticas Pronatalistas

Si abordar las cargas económicas del hecho de tener hijos fuese suficiente, ya habríamos visto un giro en el descenso de la fecundidad. Muchos países han introducido políticas pronatalistas para animar a las familias a tener más hijos, desde transferencias directas y bonificaciones por el nacimiento de un hijo hasta jardines de infancia subvencionados y permisos de paternidad y maternidad generosos. Sin embargo, el éxito de estas intervenciones ha sido limitado. Las políticas públicas han influido a menudo en el momento de la vida en que las personas tienen hijos, más que en el número total.

La correlación entre el gasto en políticas familiares y la fecundidad, que era positiva en 2012, prácticamente había desaparecido en 2022. En la década transcurrida entre 2012 y 2022, varios países aumentaron su gasto en prestaciones familiares, con resultados diversos en términos de la fecundidad de sus mujeres. En siete casos aumentó el gasto y la fecundidad, pero en ocho creció el gasto a la vez que disminuía la fecundidad. Esto cuestiona la eficacia de las prestaciones como instrumento para aumentar la fecundidad y subraya la complejidad del fenómeno.

Envejecimiento de la población U. Mayor

Hacia Nuevos Enfoques Políticos

La disminución de las tasas de fecundidad "debe alertarnos, pero no ser motivo de alarma. Es una preocupación legítima, pero no puede abordarse desde la alarma ni con discursos simplistas. No se trata solo de cuántas personas nacen, sino de cómo está estructurado el sistema de cuidados, de pensiones, de salud. Es evidente que el envejecimiento demográfico, desde una perspectiva exclusivamente económica, supone un coste.

“Decidir si tener hijos e hijas o no, con quién, cuántos, cómo y cuándo es un derecho humano.” En vez de inducir a las mujeres a tener más hijos, los estados debieran generar políticas que garanticen este derecho. Entre otros aspectos, es fundamental promover servicios públicos de cuidados universales y accesibles, la conciliación de la vida laboral y personal, la protección social para maternidad y crianza, la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, y la regularización y dignificación del empleo del hogar y los cuidados remunerados. "Si no se garantizan los derechos a cuidar y ser cuidados en condiciones de dignidad, igualdad y sostenibilidad, la organización social se resiente, y con ello también la estructura demográfica."

Lo que ha demostrado ser más eficaz es avanzar hacia un nuevo equilibrio familiar, en el que se reduzca la penalización de la maternidad, se promuevan sistemas públicos de cuidados y se impulse la corresponsabilidad. Ante los acusados descensos de la fecundidad en Europa, este debate es particularmente necesario. La sociedad debería abordarlo en toda su complejidad, cobrando conciencia de las variadas causas y consecuencias de la caída de la fecundidad y juzgando la conveniencia y oportunidad de alterar lo que hoy parece una inercia natural.

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