La placenta es un órgano vital que se desarrolla durante el embarazo, alojado en el útero y cuya función primordial es nutrir y oxigenar al feto, además de permitir la eliminación de sus desechos. Su correcta implantación es crucial para un embarazo saludable. Normalmente, la placenta se adhiere a la parte superior o lateral del útero, lejos del cuello uterino. Sin embargo, en determinadas circunstancias, pueden surgir anomalías en su posición, siendo la placenta previa una de las más significativas.
La placenta previa se produce cuando este órgano crece en la parte más baja del útero, cubriendo total o parcialmente la abertura hacia el cuello uterino. Esta condición puede presentar diversos grados de afectación, desde una implantación baja hasta una cobertura completa del orificio cervical.

Tipos de Placenta Previa
A medida que el embarazo avanza y el útero se expande, la placenta tiende a desplazarse hacia la parte superior. Al inicio de la gestación, es común que la placenta se encuentre en la zona inferior del útero. No obstante, hacia el tercer trimestre, lo ideal es que esté situada en la parte superior para facilitar el parto. Cuando esto no ocurre, se habla de placenta previa, la cual se clasifica en diferentes tipos según el grado de obstrucción del cuello uterino:
- Placenta de inserción baja: La placenta se encuentra en el segmento inferior del útero, pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
- Placenta previa marginal: La placenta se sitúa al lado del cuello uterino, sin llegar a cubrir la abertura.
- Placenta previa parcial: La placenta cubre una parte de la abertura cervical.
- Placenta previa completa u oclusiva total: La placenta cubre por completo la abertura cervical. Este tipo también se conoce como placenta previa oclusiva.
Algunos especialistas diferencian únicamente entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor, basándose en la severidad de la obstrucción.
Factores de Riesgo Asociados a la Placenta Previa
Aunque la causa exacta de la placenta previa es desconocida, se han identificado diversos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar esta complicación. Estos factores pueden estar relacionados con la estructura uterina, el historial reproductivo de la mujer o hábitos de vida:
- Malformaciones uterinas o útero anormalmente formado.
- Edad materna avanzada, especialmente a partir de los 35 años.
- Embarazos múltiples, como gemelos o trillizos.
- Haber tenido varios embarazos previos.
- Poco tiempo entre dos embarazos.
- Antecedentes de cirugías uterinas previas, como cesáreas, legrados o miomectomías.
- Cicatrización del revestimiento del útero debido a cirugías o abortos previos.
- Antecedentes de placenta previa en un embarazo anterior.
- Tabaquismo y consumo de cocaína.
- Fertilización in vitro.
La placenta previa ocurre aproximadamente en 1 de cada 200 embarazos en el tercer trimestre.
Diagnóstico de la Placenta Previa
El diagnóstico de la placenta previa se realiza principalmente mediante ecografía. Durante el segundo trimestre del embarazo, es común que se detecte una placenta en la parte baja del útero. Sin embargo, es importante destacar que en más del 90% de los casos, la placenta se desplaza hacia la parte superior a medida que el útero crece y la gestación avanza. Por ello, un diagnóstico de placenta previa antes de la semana 24 de embarazo no suele ser motivo de alarma, ya que es muy probable que la posición de la placenta cambie.
Si una mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20 de gestación, es fundamental acudir al ginecólogo para realizar una ecografía que confirme o descarte la placenta previa. Si la placenta aún cubre parcial o totalmente el cuello uterino después de la semana 30 de gestación, la probabilidad de que persista en esa posición al momento del parto aumenta significativamente, especialmente si se trata de una placenta previa completa.

Síntomas de la Placenta Previa
Si bien algunas mujeres con placenta previa no presentan ningún síntoma, otras experimentan señales que requieren atención médica:
- Sangrado vaginal súbito e indoloro: Este es el síntoma principal y suele ocurrir después de las 20 semanas de embarazo. El sangrado es de color rojo brillante y su intensidad puede variar. A veces, puede haber manchado previo a una hemorragia mayor.
- Cólicos o contracciones uterinas prematuras: Acompañan al sangrado en algunas mujeres.
El sangrado puede detenerse por sí solo y reaparecer días o semanas después. En ocasiones, la hemorragia no se manifiesta hasta el inicio del trabajo de parto.
Tratamiento y Manejo de la Placenta Previa
El manejo de la placenta previa depende de la intensidad del sangrado, la semana de gestación y el bienestar de la madre y el feto. Las recomendaciones generales incluyen:
- Reposo relativo: Reducir actividades físicas y evitar esfuerzos.
- Reposo pélvico: Abstenerse de mantener relaciones sexuales, usar tampones o realizar duchas vaginales. No se debe introducir nada en la vagina.
- Hospitalización: En casos de sangrado abundante o persistente, puede ser necesaria la hospitalización para una monitorización continua de la madre y el bebé.
- Transfusiones de sangre: Pueden ser necesarias si hay una pérdida de sangre importante.
- Medicamentos: Se pueden administrar para prevenir un parto prematuro o para ayudar a la maduración de los pulmones del feto (corticosteroides) si se prevé un parto prematuro.
- Inyección de Rhogam: Si la madre tieneRh negativo, se administra para prevenir la enfermedad hemolítica del feto.
PLACENTA PREVIA: CLASIFICACIÓN, DIAGNÓSTICO, 🩸SÍNTOMAS🩸, MANEJO... - Ginecología y Obstetricia -
Parto con Placenta Previa
La forma de dar a luz con placenta previa se determina en función de su tipo y gravedad:
- Parto vaginal: Es posible si la placenta está baja pero no cubre el cuello uterino (placenta previa marginal o baja, con el borde inferior a más de 2 cm del orificio cervical). Sin embargo, si surgen complicaciones o sangrado durante el parto, se procederá a una cesárea de emergencia.
- Cesárea: Es el método de parto más común y recomendado en la mayoría de los casos de placenta previa, especialmente si la placenta cubre parcial o totalmente el cuello uterino (placenta previa parcial o completa). Un parto vaginal en estas circunstancias podría causar una hemorragia intensa y potencialmente mortal para la madre y el bebé.
Generalmente, el parto se programa alrededor de la semana 37 de gestación si no hay complicaciones. Si se presenta una hemorragia grave, se puede adelantar el parto. En casos de placenta previa complicada con sangrados abundantes, y si el feto no ha alcanzado las 36 semanas, la madre puede permanecer hospitalizada hasta que sea seguro el parto, o se puede optar por una cesárea de emergencia si la situación lo requiere.
Complicaciones de la Placenta Previa
La placenta previa puede acarrear diversas complicaciones:
- Hemorragia intensa: Es el riesgo más grave, pudiendo ser potencialmente mortal para la madre y el feto.
- Parto prematuro: El riesgo de parto prematuro se incrementa significativamente. Si el bebé nace antes de tiempo, sus órganos pueden no estar completamente desarrollados.
- Placenta acreta, increta o percreta: La placenta previa está asociada a un grupo de afecciones denominadas espectro de placenta acreta. En estas condiciones, la placenta se implanta de forma anormalmente profunda en la pared uterina, lo que puede dificultar o imposibilitar su desprendimiento natural tras el parto. Esto puede provocar hemorragias masivas y requerir una histerectomía (extirpación del útero) de urgencia.
- Posición anómala del feto: La placenta previa puede influir en la posición del bebé dentro del útero.
- Restricción del crecimiento intrauterino: El feto puede no crecer al ritmo esperado.
- Vasa previa: Los vasos sanguíneos que conectan el cordón umbilical y la placenta pueden encontrarse en una posición que bloquee la salida del feto por el cuello uterino.
La monitorización prenatal y un equipo médico preparado son esenciales para minimizar los riesgos asociados a estas complicaciones.