Introducción
La placenta es un órgano fetal transitorio que juega un papel crucial en la salud y el bienestar del feto y de su madre. Funcionalmente sostiene el crecimiento del feto, realiza el aporte de oxígeno y nutrientes, y se encarga de la eliminación de los productos de desecho. Su estudio y experimentación han generado numerosas opciones terapéuticas en la actualidad.
Más allá de esta definición fisiológica, la placenta ha tenido una serie de connotaciones mágicas y de rituales culturales a través de la historia, que aún hoy perduran alrededor del mundo. Su importancia trasciende lo meramente fisiológico para convertirse en un símbolo de vida en muchas culturas. Actualmente, el uso de la placenta tras el parto depende del entorno donde se produzcan los nacimientos.
En los hospitales, existe una demanda creciente de mujeres que solicitan la placenta para cumplimentar determinados ritos culturales y religiosos. Es fundamental garantizar la dignidad y autonomía de las madres en este proceso.
La Placenta: Un Órgano Fetal Crucial
La placenta es un órgano que se forma en el vientre o útero durante un embarazo. Está conectada al bebé en desarrollo por el cordón umbilical, una estructura similar a un conducto. A través del cordón umbilical, la placenta le proporciona oxígeno y nutrientes al bebé en desarrollo, y también elimina los productos de desecho de la sangre del bebé.
La placenta está unida a la pared del útero, generalmente en la parte superior, lateral, delantera o trasera. En casos poco frecuentes, puede adherirse a la zona inferior del útero, lo que puede bloquear el cuello del útero.
¿Qué hace la placenta?
- Proporciona oxígeno y nutrientes al bebé.
- Elimina los productos de desecho de la sangre del bebé.
- Se une a la pared del útero para sostener el embarazo.

Factores que pueden afectar la salud de la placenta
Diversos factores pueden afectar la salud de la placenta, incluyendo:
- La edad de la persona embarazada: Algunas afecciones de la placenta son más comunes en personas mayores, especialmente después de los 40 años.
- La ruptura de la fuente antes del trabajo de parto: Si el saco amniótico tiene fugas o se rompe antes de que comience el trabajo de parto, aumenta el riesgo de problemas con la placenta.
- Presión arterial alta: Esta afección puede hacer que llegue menos sangre a la placenta.
- Embarazos múltiples: Cursar un embarazo de gemelos, mellizos u otro tipo de embarazo múltiple podría aumentar el riesgo de desarrollar algunas afecciones relacionadas con la placenta.
- Afecciones relacionadas con la formación de coágulos: Las afecciones que hacen que la sangre coagule muy poco o demasiado aumentan el riesgo de desarrollar algunos problemas placentarios.
- Cirugías previas del útero: Una cesárea, una cirugía para extirpar fibromas o tumores, y otras cirugías uterinas aumentan el riesgo de desarrollar algunas afecciones que dañan la placenta.
- Afecciones previas de la placenta: El riesgo de tener problemas médicos con la placenta podría ser mayor si ya hubo problemas en un embarazo previo.
- Consumo de sustancias adictivas: Fumar o consumir cocaína puede aumentar la probabilidad de afecciones que dañan la placenta.
- Lesiones en la zona del abdomen: Un golpe fuerte puede aumentar la probabilidad de que la placenta se desprenda del útero demasiado pronto, incluyendo traumatismos por accidente de auto o una caída grave.
Afecciones y preocupaciones comunes
Las afecciones que pueden dañar la placenta incluyen:
- Desprendimiento de la placenta: Ocurre cuando la placenta se desprende parcial o totalmente de la pared interna del útero antes del parto. Esto puede privar al bebé de suficiente oxígeno y nutrientes, y causar sangrado vaginal.
- Placenta previa: Se presenta cuando la placenta cubre el cuello del útero de forma parcial o total. Es más común al principio del embarazo y a menudo mejora por sí sola. Puede causar sangrado vaginal intenso y, si persiste, puede requerir una cesárea.
- Placenta adherida: En esta afección, parte de la placenta o la totalidad de esta permanece unida al útero con firmeza después del parto. Esto puede causar una pérdida de sangre grave. En casos donde la placenta invade profundamente los músculos del útero o crece a través de la pared uterina, puede ser necesaria una cesárea seguida de una histerectomía.
- Placenta retenida: Si la placenta no se expulsa en el plazo de 30 minutos después de dar a luz, se considera placenta retenida. Esto puede deberse a que queda atrapada detrás del cuello del útero parcialmente cerrado o sigue unida a la pared uterina. Sin tratamiento, puede causar una infección grave o una pérdida de sangre que pone en riesgo la vida.

Síntomas de problemas con la placenta
Se debe contactar a un profesional de atención médica si se presentan los siguientes síntomas durante el embarazo:
- Sangrado vaginal, especialmente si es abundante.
- Dolor en la zona del estómago o abdomen.
- Dolor de espalda.
- Contracciones uterinas.
¿Cómo disminuir el riesgo de afecciones placentarias?
La mayoría de los problemas médicos relacionados con la placenta no se pueden prevenir directamente. Sin embargo, se pueden tomar medidas para aumentar las probabilidades de tener un embarazo sano:
- Asistir a todos los controles de rutina del embarazo.
- Trabajar con el profesional de atención médica para controlar cualquier afección, como la presión arterial alta.
- No fumar ni usar drogas.
- Informar al médico sobre cirugías previas del útero o problemas con la placenta en embarazos anteriores al planificar uno nuevo.
¿Cómo se expulsa la placenta?
Si el parto es vaginal, la placenta se expulsa poco después del bebé, en la tercera etapa del trabajo de parto. Se pueden presentar contracciones leves y se puede administrar oxitocina para ayudar a la contracción uterina y disminuir el sangrado. Si se realiza una cesárea, el profesional de atención médica extraerá la placenta del útero durante el procedimiento. Después de la expulsión, la placenta se revisa para asegurar que esté intacta y que no queden partes dentro del útero, lo que podría causar sangrado o infección.
Perspectiva Histórica y Cultural de la Placenta
En la antigüedad, la placenta era descrita como animista o poseedora de mente o espíritu. La transición del animismo al funcionalismo comenzó con los griegos, atribuyendo a Diógenes de Apolonia (480 a. C.) la idea de que la placenta es un órgano de nutrición fetal. Hipócrates creía que el feto "succionaba" los nutrientes, y Aristóteles fue el primero en postular la administración de nutrientes a través del cordón umbilical.
El Renacimiento marcó el inicio de un rápido progreso en la comprensión de la estructura y la función de la placenta. J. C. Arantius fue el primero en describir la circulación materno-fetal separada, y John Mayow propuso que la placenta era el órgano respiratorio del feto, cambiando el concepto de heparuterinum a pulmouterinus.
El siglo XIX fue testigo de un rápido avance, con William Hunter ofreciendo una descripción sofisticada de su estructura y Biscoff realizando contribuciones a la comprensión de la barrera placentaria. Charles Sedwig Minot publicó una descripción detallada de las placentas de diferentes especies. En el siglo XX, la placenta fue reconocida por primera vez como un órgano endocrino, y el enfoque se centró en la transferencia de solutos a través de ella.
Nomenclatura y primeros conceptos
La palabra placenta fue usada por primera vez por Mateo Realdus Columbus en su libro De re anatómica, quae orbucularis fit placentæ in modum, publicado en 1559. Es una palabra latina derivada de la palabra griega placous que significa plato plano o torta plana, siendo actualmente el término científico utilizado para nombrar a este órgano. Históricamente, en la literatura médica, se ha usado el término secundina, que implica el sentido de "segundo parto".
La placenta en diversas culturas y tradiciones
En muchas culturas indígenas, el nacimiento de un nuevo ser no se resuelve hasta la correcta eliminación de la placenta. Globalmente, diferentes culturas honran, aprecian y eliminan las placentas dependiendo de sus creencias tradicionales, que han pasado de generación en generación, mientras otras la eliminan como residuo clínico.
Desde tiempos remotos, ha sido considerada como una prolongación y continuidad de la vida del recién nacido, por ello había que cuidarla, generalmente enterrándola y protegiéndola de seres adversos, lo que podría ir en detrimento de la madre y sobre todo de la criatura. Este entierro simboliza la conexión con la tierra y los ancestros, con múltiples asociaciones a bendiciones y salvaguarda de la nueva criatura, pero también para la madre y su futura fertilidad. Ha sido valorada como un elemento sagrado entre la tierra y la vida en numerosas culturas, siendo una característica particular en las sociedades Maorí, Navajo, Liu (Kenia), Thai y Kikuyo, entre otras. La diferencia entre las distintas formas para desprenderse de la placenta depende de aspectos sociales y religiosos en los que tenga lugar el nacimiento.
En otras culturas, como en la región de Tamil Nadu en la India, tras el nacimiento el cordón umbilical se corta, se seca y se pulveriza para ponerlo dentro de un amuleto de plata u oro que protegerá la salud del niño a lo largo de su vida.

Usos medicinales y nutricionales ancestrales
El uso de la placenta como nutriente o como elemento de la medicina tradicional ancestral fue bien utilizado en China medieval, durante la dinastía Ming, donde la placenta era secada, ahumada o cocinada para que fuera consumida por la mujer. Las matronas jugaban un papel estelar en la preparación de estas recetas. Asimismo, se puede encontrar un uso similar en literatura farmacéutica.
Placentofagia: historia y evidencia científica
Otro acontecimiento registrado desde la antigüedad y que tiene lugar tras el parto y el alumbramiento es la placentofagia, costumbre que se puede encontrar en diferentes culturas originarias de América, África, y Asia. Esta práctica podría considerarse natural en el ser humano, ya que aparece en casi todos los mamíferos placentarios.
No es hasta los años 70 en Norteamérica que se describe la placentofagia en humanos, mencionándola como una práctica que puede beneficiar la recuperación de la madre tras el parto. Esta práctica comenzó a extenderse en algunos grupos de mujeres, con la creencia de que reponía nutrientes, prevenía la depresión posparto y fortalecía el vínculo entre madre e hijo.
Sin embargo, la investigación empírica controlada no ha podido constatar estas afirmaciones. Aunque en las décadas de 1910 y 1950 se realizaron algunos estudios sobre los efectos beneficiosos de la placentofagia en la lactancia, estos han sido desacreditados debido a su diseño de investigación defectuoso. Una revisión de 2015 concluyó que los datos existentes no respaldaban las afirmaciones de que la placentofagia "ayuda a mejorar la lactancia, reducir el dolor, facilitar la contracción uterina o reponer las hormonas asociadas con la recuperación posparto". Los autores añadieron que los informes positivos sobre el consumo de placenta podrían deberse a "efectos placebo, que podrían abordarse mediante un ensayo clínico aleatorizado y controlado con placebo".
En 2017 se publicaron los resultados de los primeros ensayos aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo, que evaluaron los efectos de la placentofagia en las hormonas salivales maternas, el estado de hierro y el estado de ánimo, el vínculo afectivo y la fatiga. Estos estudios revelaron pocos o ningún beneficio concreto, como una mejoría en el estado de hierro posparto o el estado de ánimo en las personas que consumieron sus placentas, en comparación con las que ingirieron un placebo.

La Placenta en el Contexto Moderno: Usos y Desafíos
Comercialización y uso farmacéutico
Desde que los partos pasaron a ser un asunto de obstetricia en el hospital, la placenta es considerada un desecho biológico que directamente se tira a un contenedor para su incineración, a menudo sin preguntar a la madre.
En otros casos, al ser considerado un producto de desecho clínico, empresas como Pasteur Mérieux, una compañía farmacéutica francesa, ofertaban a hospitales de 45 países europeos (incluido España) desde 1976 hasta 1993, y también en Sudáfrica, recoger las placentas de sus maternidades. La empresa proporcionaba congeladores y contenedores para su almacenamiento y posterior recolección en camiones frigoríficos para su uso con fines médicos y no cosméticos, como la fabricación de:
- Proteína albúmina: Utilizada en emergencias, especialmente en personas que han sufrido quemaduras graves.
- Enzima glucocerebrosidasa: Prescrita para personas que padecen un trastorno genético raro llamado enfermedad de Gaucher, por el que su sistema digestivo es incapaz de descomponer las grasas.
En contraprestación, los hospitales que suscribían el acuerdo se veían exonerados de la incineración de estos residuos biológicos y recibían exiguos ingresos destinados a mejoras en la unidad de maternidad o eventos sociales. Otras compañías, como la belga Promedy S.A. y la inglesa Recolte, también participaron en estos usos con la placenta. Se ha documentado que, por ejemplo, las placentas recogidas en el Hospital Saint Finbarr de Cork (Irlanda) se vendían a precios muy bajos, lo que sugiere que el ánimo de lucro no era el principal impulsor para los hospitales.
Reino Unido fue el primer país, seguido por el resto de países europeos, que a partir de 1992 prohibió la recogida de placentas debido a nuevas regulaciones sobre el análisis de productos sanguíneos para evitar la infección por VIH. Sin embargo, no existe ni existió una normativa explícita de la Unión Europea (UE) que prohibiera la recogida de placenta específicamente para prevenir la infección por VIH. La principal preocupación se relaciona con la transmisión materno-infantil durante el embarazo y el parto, y los reglamentos de la UE sobre manipulación de tejidos y células para trasplantes (Reglamento SOHo) no se centran específicamente en la recolección de placenta para este fin.

Uso cultural y social actual
Actualmente, el uso de la placenta tras el parto depende de la sociedad donde tenga lugar el nacimiento.
En Estados Unidos, su utilización para uso humano es legal, pero muchas mujeres tienen dificultades para poder llevarse a casa su placenta. Paradójicamente, mientras a algunas pacientes se les niega el acceso a sus propias placentas, otras pueden adquirir cosméticos y terapias a base de placenta mal reguladas. Se propone proteger legalmente el derecho de las pacientes embarazadas a decidir qué hacer con su placenta y regular de forma más estricta los cosméticos que incluyan placenta: transformación, comercialización, etiquetado y otros aspectos. En el estado de Hawái, la sensibilidad hacia las culturas nativas se tradujo en la modificación de una ley que permite a la mujer llevarse su placenta a casa si así lo desea.
En Europa, la placenta fue considerada un alimento novel en enero de 2015 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), lo que significa que no se consumía ampliamente antes de mayo de 1997. Por lo tanto, no puede ser comercializada ni evaluada por los procedimientos definidos en esta regulación y, consecuentemente, no puede ser utilizada como un ingrediente de la cosmética o de la industria farmacéutica.
Usos específicos solicitados por las mujeres
Entre los usos que las mujeres solicitan para su placenta se encuentran:
- Placentofagia: Consiste en cocinar la placenta humana preparando distintas recetas para luego ingerirla. Puede ser en forma de batidos o licuados, mezclándola con otros alimentos, o incluso en estofado o sashimi.
- Esencias o cremas: La cosmética es muy popular, atribuyendo a las placentas provenientes de animales un gran poder regenerativo. Se elaboran desde cremas hasta lociones o esencias.
- Cápsulas o pastillas: Quienes no se atreven con la placenta cruda o cocinada, suelen recurrir a las cápsulas creadas a partir de la placenta. Se hace polvo molido y se encapsula, e incluso se venden kits para hacerlo en casa.
- Enterrarla: En determinadas zonas de África, las mujeres entierran todas las placentas de sus bebés en el mismo lugar, un sitio sagrado donde honran a este órgano. Según la cultura mapuche, la placenta debe ser enterrada debajo de un árbol para dar protección al bebé.
¿Cómo funciona realmente la placenta?
Marco Normativo y Jurídico
No se detecta ni en la legislación nacional ni en la internacional impedimento legal para entregar la placenta a la mujer. Sin embargo, el tratamiento legal de la placenta varía entre distintos países.
Necesidad de regulación y protocolos hospitalarios
Es necesaria legislación que regule la retirada de las placentas en los centros hospitalarios. En su defecto, son necesarios protocolos hospitalarios que recojan el procedimiento para la entrega de las placentas a las mujeres si así son requeridas.
Consideraciones sobre la propiedad y libertad ideológica
A la hora de decidir qué se hace con la placenta, el ordenamiento jurídico debería tomar en consideración factores no regulados en los reglamentos y leyes sanitarias y de policía mortuoria actuales, como la propiedad privada (el cuerpo es, al fin y al cabo, una propiedad del paciente) y la libertad ideológica recogida en la Constitución Española. Esta libertad, entendida como visión del mundo, no debe tener más limitación en sus manifestaciones (los ritos y usos privados de la placenta bien pueden ser considerados como manifestaciones de las ideas que cada cual tiene del mundo) que las propias del orden público protegido por la ley.
El orden público que limitaría ese derecho sería la protección de la salud y el medio ambiente o "orden público higiénico-sanitario". No obstante, si el uso en cuestión no amenaza el orden público higiénico-sanitario, desaparecería el motivo por el cual las placentas no son entregadas. Por otro lado, la OMS dice que los aspectos "culturales" deben ser respetados en la atención al parto.
Métodos para conservar la placenta
Al no existir un procedimiento claro con respecto a la placenta en muchos lugares, si una mujer desea conservarla, debe presentar un documento por escrito expresando su deseo de que se le entregue, o especificarlo dentro de su Plan de Parto, una manifestación de voluntad escrita acerca de su alumbramiento.
Para conservarla, se debe colocar en un contenedor de vidrio o de cerámica, o puede usarse una doble bolsa tipo zip-lock grande, e introducirla en una nevera o conservadora con hielo. Si la placenta va a ser procesada dentro de las siguientes 48 horas, puede permanecer refrigerada. Sin embargo, si el procesamiento será posterior, debe congelarse y luego descongelarse en la nevera desde la noche anterior al día escogido para procesarla. Muchas mujeres desean enterrarla o realizar cualquier otro ritual con la placenta; en ese caso, se mantiene congelada hasta que llegue el momento.

tags: #normativa #sobre #utilizacion #de #placenta