Isabel Mallo: La Matrona de Benalúa y su Experiencia en la Guerra de Angola

Isabel Mallo, enfermera, matrona y monja, vive actualmente una activa jubilación en Alicante, dedicada al voluntariado social. Su vida ha estado profundamente ligada a la profesión de Enfermería y a su fe religiosa, desarrollándose principalmente entre las misiones en Angola y su trabajo asistencial en Tarazona de la Mancha, en la provincia de Albacete.

Su trayectoria vital es un testimonio de entrega y dedicación hacia los demás, un camino que la llevó a enfrentar situaciones extremas, incluida una guerra, y a servir en diversos contextos, culminando su labor de voluntariado en el asilo de Benalúa, Alicante.

Vocación Misionera y Preparación para Angola

Desde su niñez, Isabel Mallo albergaba el deseo de ser misionera. Su oportunidad surgió en 1969, cuando se ofreció voluntaria para ir a Angola, respondiendo a una petición de vocaciones del obispo angoleño. En aquel entonces, la misión contaba únicamente con hombres, sin presencia de monjas.

A pesar de su ofrecimiento, su congregación se mostró reacia a dejarla ir, ya que Isabel gestionaba la cocina que alimentaba a quinientas personas y por las tardes trabajaba en el hospital de Burgos. No obstante, ella insistió fervientemente para obtener el permiso. Tras conseguirlo, se preparó y aprendió portugués, dedicándose durante doce años a las misiones en Angola.

Mapa de Angola con sus principales ciudades y regiones

La Guerra de Angola: Peligro y Prisión

Durante su estancia en Angola, la situación política y social se deterioró progresivamente, culminando con el estallido de la guerra en 1975, año de la independencia del país. Ante la inminente escalada del conflicto, el obispo y los sacerdotes holandeses que trabajaban con ellos decidieron regresar a Holanda, convencidos de que los misioneros serían exterminados. Sus compañeras monjas también optaron por marcharse.

Isabel, sin embargo, permaneció en su misión. Cuando la guerra finalmente comenzó, corrió un grave peligro. Primero, sus catequistas fueron asesinados. Cinco meses después del inicio del conflicto, los soldados llegaron a su misión. Isabel, pensando que la gente local, gente humilde ajena a la política, no sería objetivo, se encontró de repente rodeada. "Rodearon mi Land Rover y me dijeron 'camarada que venimos a por usted' y les dije, pues aquí estoy", recuerda.

En ese momento, ella estaba asistiendo a una mujer que iba a dar a luz, una muestra de su incansable labor como matrona. Los soldados preguntaron dónde vivía y la acompañaron con blindados a su misión, donde derribaron puertas en busca de armas.

Dos meses después del primer comando, llegó otro y fue trasladada en avioneta a la prisión de Luanda, a más de mil kilómetros de distancia. Estuvo encarcelada durante dos meses, siendo la única mujer entre los reclusos. Fue maltratada, no recibía comida ni cama, y sufrió hemorragias que le provocaron la ausencia de menstruación durante un año entero. A pesar de las difíciles circunstancias, Isabel Mallo destaca el apoyo y la compasión de los otros presos, quienes "lloraban al verme, se quitaban trozos de pantalón para limpiarme las piernas".

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El Rescate Inesperado

Su liberación fue providencial. El obispo encontró su Land Rover en la capital y, al preguntar por el vehículo, le informaron que pertenecía a una "bandida que daba de comer a los enemigos", a quien ya habían matado. Nadie sabía que Isabel estaba en la cárcel. El obispo, lejos de abandonar la búsqueda, investigó para saber dónde la habían "enterrado" y así informar a España y a Roma. Su insistencia lo llevó a hablar incluso con el presidente de la nación, quien, al enterarse de su encarcelamiento y comprobar que aún vivía, ordenó su liberación.

Después de esta traumática experiencia, Isabel regresó a las misiones, aunque ya solo de visita, siendo su última visita hace diez años.

Regreso a España y Servicio en Tarazona de la Mancha

De vuelta en España, Isabel Mallo solicitó permiso a Roma para estar con sus padres. Durante su estancia en Soria, se dedicó a ayudar a las personas mayores de ocho pequeños pueblos de la zona. Tras el fallecimiento de sus padres, su congregación la destinó a Tarazona de la Mancha, una localidad que le era completamente desconocida, al igual que Albacete y Alicante.

Motivada por su vocación de servicio, Isabel se dirigió al director de Sanidad para ofrecer sus servicios como enfermera y matrona. Su llegada fue recibida como "caída del cielo", pues la semana anterior el alcalde y dos concejales habían solicitado una enfermera para el pueblo, que con ocho mil habitantes solo contaba con un practicante. Le pidieron encarecidamente que ayudara con las mujeres embarazadas, reafirmando su crucial papel como matrona en la comunidad, y que se presentara a los médicos y farmacias locales para facilitar su integración.

Jubilación y Voluntariado en Benalúa, Alicante

La conexión de Isabel con Alicante surgió a través de los sacristanes de Tarazona, quienes poseían un apartamento en la ciudad que Isabel utilizaba durante sus vacaciones. Años después, cuando decidieron venderlo, Isabel lo adquirió y lo fue pagando con sus ingresos tras abandonar la congregación dos años después de llegar a Tarazona.

Al jubilarse, Isabel Mallo se instaló definitivamente en Alicante. Su primera iniciativa fue dedicarse al voluntariado en DASI y, posteriormente, en el asilo de Benalúa, al que acudía cada sábado y domingo, continuando así con su vida de servicio y dedicación a los demás, incluso en su retiro activo.

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