Mujer, Tierra y Fecundidad: Un Análisis Profundo

La Fecundidad en la Tierra del Fuego Chilena

El presente estudio analiza la información obtenida a través de 182 encuestas de fecundidad a mujeres en edad posreproductora de la Tierra del Fuego chilena. La muestra es representativa de la población femenina fueguina desde casi el inicio de la colonización.

Se describen los distintos eventos e intervalos que definen la historia reproductora de estas mujeres, además de sus valores de fecundidad y de fecundidad marital. Su vida reproductiva, toda ella transcurrida en la isla, se caracteriza por un largo intervalo fértil, un corto intervalo fecundo y una reducida fecundidad. Se constata cómo la mayor eficiencia de uso de sus años reproductores se traduce en un tamaño de la progenie mayor.

Finalmente, se realizan dos aproximaciones distintas al estudio de los determinantes de la fecundidad de las mujeres de la población: por un lado, el análisis mediante el modelo agregativo de la fecundidad descrito por Bongaarts y Potter y, por otro, la aplicación del path analysis.

Infografía comparativa de los intervalos fértil y fecundo en mujeres de la Tierra del Fuego chilena y su relación con el tamaño de la progenie.

Evolución Histórica de la Fecundidad y la Infertilidad

La historia de la fertilidad y la infertilidad, unida por su misma esencia a la existencia del hombre, ha sido comprendida con diferentes visiones, siendo al principio relacionada con lo divino para más tarde serlo con lo humano. Desde los albores de la civilización, la infertilidad se ha vivido como una amenaza para la supervivencia, constituyendo un gran problema social y médico.

La Figura Femenina y la Fertilidad en el Neolítico

En el Neolítico, el cambio de una sociedad nómada y cazadora a otra sedentaria y agricultora otorgó más protagonismo a la figura femenina. La mujer tiene en esta época un papel central, relacionando directamente la fertilidad con la capacidad de fecundidad de las tierras donde vivían. La copulación se comparaba con la siembra y la lluvia, la concepción con la germinación, la gestación con la maduración y el nacimiento con la cosecha.

Antigüedad: Danzas, Rituales y Conocimientos Médicos

En las antiguas Grecia y Roma existían diferentes danzas de la fertilidad basadas en movimientos de caderas y vientre. En la época romana anterior a la moral cristiana, se afrontaban con cierta normalidad algunos aspectos relacionados con la sexualidad y las representaciones fálicas no sólo estaban toleradas, sino que se creía que aportaban suerte y protección, además de fertilidad.

El papiro Kahoun es el texto médico más antiguo conocido, y quizá el primer tratado de ginecología (1900 a. C.). Los egipcios fueron capaces de desarrollar un diagnóstico precoz del embarazo. La técnica consistía en que las mujeres supuestamente embarazadas orinaban sobre una mezcla de trigo y cebada combinada con arena y dátiles. En la civilización egipcia ya se sabía que las causas de la infertilidad no eran sólo debidas a la mujer, sino también al varón y, por tanto, no se trataba de un castigo divino, sino una enfermedad que debía ser diagnosticada y tratada.

La Visión Hebrea y la Edad Media

Los hebreos tenían una mentalidad predominada por la noción del pecado original. En esta civilización las mujeres no disfrutaban de derechos y libertades, y podían ser repudiadas por los varones. La infertilidad se consideraba un castigo divino y era siempre atribuido a la mujer; la infertilidad masculina no era reconocida.

En la Edad Media, la procreación se consideraba como algo necesario. Los médicos de esta época desarrollaron técnicas para diagnosticar el origen de la infertilidad, atribuida siempre a la mujer en occidente. Los médicos del medievo ya se dieron cuenta de que la infertilidad afectaba tanto a mujeres como hombres, o al menos eso muestran los textos antiguos. Un remedio curioso para la fertilidad masculina, originado durante la Edad Media, se basaba en moler testículos secos de animales y beberlos mezclados con vino.

El Renacimiento y los Avances Científicos

El Renacimiento supuso un enorme progreso a nivel científico en esta área, sobre todo a partir del siglo XVI. En 1891, Walter Heape fue el primer científico en recuperar un embrión preimplantatorio mediante el lavado del oviducto de una coneja; dicho embrión fue transferido posteriormente a una receptora, en la cual continuó su desarrollo normal. Hasta la primera y segunda década del siglo XX no se empezó a desarrollar la Endocrinología Reproductiva. Hoy en día sabemos, sin lugar a duda, que las causas de la infertilidad pueden deberse por igual tanto a la mujer como al hombre.

Ilustración de una página del Papiro Kahoun, mostrando antiguos conocimientos médicos egipcios sobre ginecología.

Tendencias Globales de Fecundidad y Población

La población mundial alcanzó el 15 de noviembre de 2022 las 8000 millones de personas, de acuerdo al informe Perspectivas de la Población Mundial. La fecundidad ha disminuido notablemente en las últimas décadas en muchos países. En la actualidad, dos tercios de la población mundial vive en un país o área donde la fecundidad es inferior a 2,1 nacimientos por mujer, nivel aproximado para mantener el nivel de población en lugares con mortalidad baja.

“La relación entre el crecimiento de la población y el desarrollo sostenible es compleja y multidimensional”, dijo Liu Zhenmin, subsecretario general de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. “El rápido crecimiento de la población hace más difícil la erradicación de la pobreza, la lucha contra el hambre y la desnutrición, y la expansión de la cobertura de los sistemas de salud y educación.

Este cambio en la distribución por edad brinda una oportunidad, limitada en el tiempo, para lograr un crecimiento económico per cápita acelerado, conocido como el “dividendo demográfico”. La esperanza de vida al nacer alcanzó 72,8 años en 2019, una mejora de casi 9 años desde 1990. Se proyecta que las reducciones futuras de la mortalidad se traducirán en una longevidad mundial promedio de alrededor de 77,2 años en 2050.

La pandemia del COVID-19 ha afectado a los tres componentes del cambio demográfico. La esperanza de vida al nacer bajó a 71,0 años en 2021. En algunos países, las olas sucesivas de la pandemia podrían haber producido reducciones a corto plazo en el número de embarazos y nacimientos, mientras que para muchas otras naciones hay pocas pruebas de un impacto en los niveles de fecundidad o sus tendencias.

“Debido a la estructura por edad relativamente joven de la población mundial de hoy, las acciones adicionales de los gobiernos destinadas a reducir la fecundidad tendrían poco impacto en el ritmo de crecimiento de la población entre hoy y mediados de siglo.”

“Esta es una ocasión para celebrar nuestra diversidad, reconocer nuestra humanidad común y maravillarnos de los avances en salud que han prolongado la esperanza de vida y reducido drásticamente las tasas de mortalidad materna e infantil”, dijo el Secretario General de la ONU, António Guterres.

Dinámicas Poblacionales en América Latina y el Caribe

La población de América Latina y el Caribe, que se ha cuadruplicado entre 1950 y 2022, se prevé que alcance un máximo de 752 millones de habitantes en 2056 y disminuirá hasta alcanzar los 646 millones en 2100. El impacto de la pandemia hizo que la esperanza de vida al nacer se redujera en tres años entre 2019 y 2021. América Latina y el Caribe fue la región con el segundo nivel más alto de fecundidad adolescente, con 53 nacimientos por cada 1000 mujeres de 15 a 19 años.

Gráfico de barras mostrando la proyección de la población mundial hasta el año 2100, con énfasis en la desaceleración del crecimiento.

La Diosa Madre: Deidades Femeninas y la Fertilidad Universal

Una diosa madre es una deidad femenina que sirve como representación de la energía femenina procreadora y de la fertilidad. En algunas culturas es representada como la madre tierra y la diosa de la fertilidad, siendo la generosa personificación de la tierra y de la vida en general.

Manifestaciones de la Diosa Madre a Través de las Culturas

En las tradiciones occidentales, la diosa madre fue representada de muchas maneras, desde las imágenes talladas en piedra de la diosa Cibeles hasta la Dione que se invocaba junto con el dios Zeus en el oráculo de Dódona (Grecia) hasta finales de la época clásica. Las deidades que encajan con la moderna concepción de «diosas madre» han sido adoradas claramente en muchas sociedades hasta la actualidad.

Se han hallado diversas figuras pequeñas y, a menudo, corpulentas, en el transcurso de excavaciones arqueológicas del Paleolítico Superior, denominadas Venus paleolíticas; siendo quizás la más famosa la Venus de Willendorf (hacia el 22 000 a. C.). Muchos arqueólogos creen que su intención era representar diosas, aunque otros creen que pudieron haber servido a algún otro fin.

Muchas culturas antiguas adoraron deidades femeninas como parte de sus panteones que encajan con la concepción moderna de «diosa madre». En el contexto de las religiones de la India, el culto a la diosa madre puede seguirse hasta los orígenes del vedismo. En el Rig-veda existe la diosa Áditi, la madre de todos los dioses. En el shaktismo, una forma de hinduismo, la energía femenina (Śakti) se considera la fuerza motriz tras todas las acciones y existencia del cosmos.

La fiesta de Anna Perenna de los griegos y romanos, cerca del equinoccio vernal, puede haber sido una fiesta de la diosa madre. El equivalente de Afrodita en la mitología romana, Venus, fue finalmente adoptada como figura de Diosa Madre. Era considerada la madre del pueblo romano. Magna Dea es la expresión latina para ‘Gran Diosa’, y puede aludir a cualquier diosa principal adorada durante la República o el Imperio romano.

Umai, también conocida como Ymai o Mai, es la diosa madre de los túrquicos siberianos. Se la representa con sesenta trenzas doradas, que parecen rayos de sol. La diosa irlandesa Anann, a veces conocida como Dana o Danu, tiene un impacto como diosa madre. Entre los pueblos germánicos probablemente fue adorada una diosa en la religión de la Edad del Bronce Nórdica, que más tarde fue conocida como Nerthus en la mitología germana, y que posiblemente persistiese en el culto a Freyja de la mitología nórdica.

En la mitología vasca se adoraba a una diosa llamada Mari. En las culturas de América del Sur, los pueblos indígenas andinos contemporáneos de las comunidades quechuas y aimaras sostienen el culto a la gran deidad Pachamama. En la cultura mapuche (sur de Argentina y de Chile) existe la Ñuke Mapu (‘madre tierra’ en idioma mapuche), aunque no es equivalente a una «diosa madre» propiamente tal, sino que es un concepto diferente y más amplio.

Los pueblos indígenas del Caribe, como los taínos, adoraban a una diosa madre bajo varios nombres: Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco. Esta diosa, muy relacionada con la fertilidad, se ha representado de diferentes formas.

La Madre Tierra en Diversas Mitologías

La madre tierra y su equivalencia como Diosa madre es un tema que aparece en muchas mitologías. La madre tierra es la personificación de la Tierra, generalmente además descrita en varias culturas como una diosa fértil, que representa a la tierra fértil; siendo también descrita en algunas culturas como la madre de otras deidades, en la que se las ve como patronas de la maternidad.

Para los antiguos griegos, Deméter fue la diosa de la agricultura, la fertilidad y la tierra. Su principal adoratorio estuvo en la ciudad de Segesta en la isla de Sicilia. La Pachamama es la Madre Tierra dentro de la cosmogonía andina. Para la mitología azteca, Coatlicue fue la madre de todos los dioses. Dentro de la mitología china, la sagrada madre Houtu es la diosa de la tierra y el suelo. Maa Ganga es la diosa que encarna al Ganges, el principal río de la India.

Representación artística de la Venus de Willendorf, un icónico ejemplo de las

La Mujer Germánica: Tradición, Magia y Linaje

La expresión “madre” es una palabra que viene dotada de una significación profunda como la raíz de un árbol anclada en el suelo. Cuando más profunda la raíz, más alta y visible denota el árbol. Pues contemplada en forma humana así se destaca la mujer develando su gran maestría, aunque muy denostada por las religiones judeocristiano-islámicas, la mujer siempre fue sagrada para los pueblos germánicos.

Estas mujeres demuestran participar activamente en su entorno social, contribuyendo a la supervivencia de su pueblo y compartiendo con los varones el poder y prestigio de su grupo familiar, para el que actúa como transmisora del linaje. Los germanos consideraban a las mujeres dotadas de notables capacidades para lo mágico-religioso, y en este marco su consejo era valorado y estimado. Esta influencia de la mujer en el mundo de las creencias del pueblo germano se articulaba a través de un sacerdocio femenino con facultades adivinatorias, dentro del cual algunas mujeres fueron objeto de especial veneración.

Por otro lado, estas mujeres eran también las guardianas de la memoria histórica y de las tradiciones guerreras de su pueblo, que se transmitían de generación en generación contenidas en antiguos versos y canciones de guerra. Así, las prácticas adivinatorias de las sacerdotisas, considerablemente sangrientas, toman su sentido en la necesidad de profetizar el triunfo de su gente en la batalla, cuestión fundamental para una sociedad eminentemente guerrera.

Tácito indica que, antes de los combates, los germanos acostumbran un canto guerrero, al que llaman barritum, que se considera como augurio. El barritum parece pertenecer al círculo de la cultura mágica, que integra a todos estos pueblos bárbaros y que se expresa en la guerra, que significa la posibilidad de penetrar en un mundo sobrenatural y, por eso, sobrecoge un éxtasis guerrero. Al lanzar este grito, puede ser que aterroricen a sus enemigos o que sean ellos los que tiemblen, y esto se debe a que, con él, invocan y provocan a los espíritus de sus antepasados, y los convocan a combatir, codo a codo, con los actuales representantes de su estirpe.

La guerra no la emprenden sólo los vivos; es un asunto que atañe a toda la comunidad, la de los vivos y los muertos, porque está en juego la continuidad y persistencia de toda la estirpe. Añade, por otra parte, las costumbres matrimoniales de los germanos, e indica que el marido es el que debe ofrecer la dote, consistente en «bueyes», un caballo enfrenado y un escudo con una lanza y una espada»; la mujer, por su parte, presenta a su marido alguna arma, y, «en estos, se juzga que consiste el vínculo máximo, los misterios sagrados y las divinidades conyugales».

Tácito mismo da su explicación a esta costumbre: también la mujer ha de vivir dentro de ese clima de esfuerzo y de belicosidad que caracteriza al germano, y para indicarle que ha de ser la compañera en los trabajos y en los peligros es que se le hacen estos presentes. Pasan los años, y debe hacer entrega a sus hijos, a medida que van contrayendo matrimonio, de los presentes que un día ella recibió; pero, por una parte, bueyes y caballos ya pueden haber muerto y no habrá dificultad en reemplazarlos por otros, de acuerdo con la riqueza de la familia, para poder darlos a todos los hijos varones; en cambio, el escudo, la lanza y la espada es indudable que pueden conservarse inviolata ac digna , a través del paso de los años, y que son los únicos que efectivamente pasan -siendo los mismos- de generación en generación, conservados por las mujeres, pero transmitidos por los hombres.

Ilustración de guerreros germanos preparándose para la batalla, con énfasis en el ritual del

Consideraciones Contemporáneas sobre la Fecundidad y el Futuro Poblacional

El descenso de las tasas de fecundidad copa los titulares últimamente y, en demasiadas ocasiones, se culpa a las mujeres de estos cambios demográficos. Con la colaboración de YouGov, el UNFPA llevó a cabo una encuesta en 14 países para averiguar si los participantes tenían la familia que querían. Las personas jóvenes manifiestan, de forma abrumadora, preocupación e incertidumbre sobre su futuro y muchas prevén que este será peor que el de sus padres.

"Quiero tener hijos, pero se hace más difícil a medida que pasa el tiempo. Comprar una casa o conseguir un alquiler asequible en mi ciudad es imposible."

"El futuro parece sombrío a pesar de las medidas que está adoptando el gobierno. Además, muchas políticas en todo el mundo van en contra de la atención de la salud de las mujeres. "Antes de traer un hijo al mundo, tengo que luchar por el derecho a hacerlo bajo mis propios términos: por el matrimonio entre personas del mismo sexo, por la gestación subrogada, por los derechos de adopción y el reconocimiento parental en mi lugar de origen."

"Tengo un hijo, pero no preveo tener más."

"En la Tierra hay recursos suficientes para sustentar a todas las personas e incluso más, el problema es que están distribuidos de forma pésima y eso es algo en lo que deberíamos trabajar con empeño como sociedad."

"Traer un hijo al mundo solo es un paso. El verdadero desafío es criarlo."

Afganistán tiene una de las más altas tasas de mortalidad materna en el mundo. Alrededor de 638 mujeres mueren por cada 100.000 nacidos vivos. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) apoya un programa de educación de partería comunitaria. Estas parteras trabajan en las casas de salud familiar establecidas por el UNFPA, que proporcionan los únicos servicios médicos disponibles en las zonas más remotas y de más difícil acceso de Afganistán.

Se prevé que la tasa de población mundial seguirá creciendo en los próximos 50 a 60 años, hasta alcanzar un máximo de 10.300 millones de habitantes a mediados de 2080. Tras alcanzar este pico, se estima que disminuirá gradualmente hasta situarse en torno a los 10.200 millones a finales de siglo.

Las tasas de fertilidad disminuyen: las mujeres tienen, de media, un hijo menos que en 1990, lo que se traduce en una tasa mundial de fertilidad de 2,3 nacimientos vivos por mujer en 2024. La esperanza de vida vuelve a aumentar tras la pandemia de COVID-19, alcanzando los 73,3 años en 2024, con previsiones de 77,4 años para 2054. Cabe destacar que, para 2080, se prevé que el número de personas de 65 años o más supere al de menores de 18 años, y para mediados de la década de 2030, las personas de 80 años o más superarán en número a los lactantes.

El 15 de noviembre de 2022 la población mundial alcanzó los 8000 millones de personas: todo un hito en el desarrollo humano. En tan solo doce años la población mundial ha pasado de 7000 a 8000 millones de habitantes. Se estima que harán falta quince años -en 2037- para alcanzar los 9000 millones, signo de que el crecimiento se ha ralentizado. Sin embargo, los niveles de fertilidad siguen siendo elevados en algunos países. Por otro lado, los países con mayores niveles de fecundidad suelen ser los de menor renta per cápita.

Aunque existe cierta incertidumbre sobre el volumen de la población mundial en el futuro, se estima que hay un 80 % de probabilidad de que alcance su punto máximo durante este siglo, probablemente en algún momento entre mediados de la década de 2060 y el año 2100. Estas previsiones de máxima población mundial se deben a varios factores, entre ellos los niveles de fertilidad más bajos de lo esperado en los últimos años en algunos de los países más grandes del mundo, sobre todo China, y los descensos de fertilidad ligeramente más acelerados de lo previsto en algunas zonas del África subsahariana.

Se prevé que los países del África subsahariana experimenten un importante aumento de población, con proyecciones que indican un incremento del 79 %, hasta alcanzar los 2.200 millones en 2054. A finales de siglo, la población podría alcanzar los 3.300 millones, lo que supondría más de una quinta parte del total mundial. Es probable que nueve países, entre ellos Angola, la República Democrática del Congo y Níger, dupliquen su tamaño entre 2024 y 2054.

La tasa de fecundidad de todos los países europeos está hoy en día muy por debajo de la necesaria para garantizar el reemplazo de la población a largo plazo. Se estima que China, el segundo país más poblado del mundo en la actualidad, experimentará probablemente la mayor pérdida absoluta de población entre 2024 y 2054 (204 millones), seguida de Japón y la Federación de Rusia (21 y 10 millones, respectivamente). Debido a su gran tamaño y a su bajo nivel sostenido de fecundidad, también es probable que China registre el mayor descenso de población de todos los países hasta finales de siglo (786 millones de personas).

El futuro crecimiento de la población depende en gran medida de la tendencia que vayan siguiendo las tasas de fecundidad. Según los datos del estudio Perspectivas de Población mundial (revisión de 2024), se estima que el nivel mundial de fecundidad se sitúa en 2,25 nacidos vivos por mujer, un hijo menos que hace una generación. En general, se estima que la esperanza de vida al nacer aumentará, de manera global, de 72,8 años en 2019 a 77,2 en 2050. La esperanza de vida mundial al nacer alcanzó los 73,3 años en 2024, lo que supuso un aumento de 8,4 años desde 1995.

La migración internacional tiene un efecto limitado sobre el cambio demográfico en la mayoría de los países. Sin embargo, sí se prevé que mitigue el decrecimiento de la población debido a la baja fecundidad y al envejecimiento demográfico en algunas zonas. De aquí a 2054, la inmigración será el principal motor del crecimiento demográfico en 52 países, entre ellos Australia, Canadá, Qatar, Arabia Saudí y los Estados Unidos de América.

El Papel del UNFPA y los Derechos Reproductivos

La División de Población se encarga de recoger información acerca de cuestiones como la migración internacional y el desarrollo, urbanización, perspectivas y políticas de población mundial, y datos estadísticos de matrimonio y fecundidad. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) comenzó su actividad en 1969 con el objetivo de asumir el liderazgo en la promoción de programas de población, basados en los derechos humanos del individuo y las parejas a decidir libremente el número de miembros de su familia. En la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo celebrada en El Cairo en 1994, se detalló su mandato para dar un mayor énfasis a los aspectos relacionados con el género y los derechos humanos presentes en las cuestiones de población. Se confió al UNFPA el liderazgo en la misión de ayudar a los Estados a llevar a cabo el Programa de Acción expuesto en la Conferencia. El Día Mundial de la Población se celebra el 11 de julio.

Gráfico que muestra la proyección de la población mundial por continentes hasta 2050, destacando el crecimiento en África.

Los Desafíos Ambientales Más Grandes del Siglo XXI

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