La transfusión sanguínea es una práctica habitual y una intervención crítica en obstetricia, especialmente ante hemorragias graves asociadas al parto, la cesárea, el desprendimiento de placenta o la preeclampsia. Estas situaciones representan una causa importante de morbimortalidad materna. Su uso oportuno y adecuado puede prevenir la mortalidad y morbilidad materna. A pesar de sus beneficios indiscutibles, conlleva riesgos que deben ser gestionados adecuadamente, como reacciones hemolíticas, transmisión de infecciones o aloinmunización.
La indicación inadecuada o el retraso en su administración pueden comprometer seriamente la evolución clínica de la paciente. Es esencial seguir protocolos que garanticen la seguridad transfusional y capacitar a los profesionales de la salud en la detección y manejo de posibles eventos adversos.

Metodología de la Revisión
Se ha realizado una revisión sistemática de la literatura utilizando la base de datos PubMed, incluyendo artículos publicados entre 2010 y 2025 en inglés y español. Se seleccionaron estudios, revisiones sistemáticas y guías clínicas centradas en el manejo transfusional obstétrico, combinando los términos de búsqueda "blood transfusion", "pregnancy complications", "hemorrhage" y "obstetrics" con el operador booleano AND.
Definición y Epidemiología de la Hemorragia Obstétrica Masiva (HMO)
La hemorragia es fisiológica después del parto; sin embargo, cuando excede una cierta cantidad, se considera patológica. La cuantificación es particularmente difícil durante el parto o la cesárea debido a que la sangre se mezcla con otros fluidos. Además, en la atonía posparto puede existir una gran cantidad de sangre retenida en el útero.
La hemorragia anormal es aquella que supera los 500 mL tras un parto vaginal y los 1.000 mL tras una cesárea, cantidades que se superan en 1 de cada 20 partos o cesáreas, respectivamente.
La Hemorragia Obstétrica Masiva (HMO) es una de las causas principales de morbimortalidad materna en el mundo. Se define como la pérdida de más de 2.500 mL de sangre y se asocia a una morbilidad significativa, a la necesidad de ingreso en unidades de pacientes críticos y a la realización de una histerectomía obstétrica. Otras definiciones incluyen una caída de la concentración de hemoglobina igual o mayor a 4 g/dL, la necesidad de transfusión de 5 o más unidades de concentrado de hematíes (CH), o la necesidad de tratar una coagulopatía o realizar un procedimiento invasivo para su tratamiento.
La tasa de HMO es de 6 por cada 10.000 partos, mientras que la tasa de mortalidad dentro de estas es de 1 por cada 1.200 HMO. La tasa global de mortalidad por hemorragia obstétrica es de 0,39 por 100.000 maternidades, siendo en la actualidad la tercera causa de mortalidad materna directa en el Reino Unido.
Los signos clínicos clásicos, como taquicardia e hipotensión, pueden ser engañosos en la gestante debido al notable incremento del volumen plasmático, y pueden no manifestarse hasta que la hemorragia no ha sido muy cuantiosa. La hemodilución relativa y el elevado gasto cardíaco, propios del embarazo normal, permiten que ocurra una pérdida hemática cuantiosa antes de que se pueda objetivar una caída en los valores de hemoglobina y/o hematocrito.
Cambios Fisiológicos y Hemostáticos en el Embarazo
En el embarazo, ocurren cambios en el organismo de la mujer que incluyen el sistema hematopoyético y la composición de la sangre. Hay un incremento progresivo del volumen sanguíneo total, que hacia el final del tercer trimestre llega a ser del 60 %. El volumen plasmático aumenta entre 40-50 % y alcanza su volumen máximo a partir de la semana 32, mientras que el incremento en el volumen de eritrocitos ocurre más lentamente y suele ser de 18-25 %. Esto ocasiona una dilución fisiológica de la sangre que permite a las pacientes tolerar una anemia moderada si la normovolemia es mantenida.
Existe un estado hipercoagulable propio del embarazo, con un aumento de la concentración plasmática de casi todos los factores de la coagulación (fibrinógeno y factores VII, VIII y IX), mientras el sistema fibrinolítico disminuye su actividad. El plasminógeno está aumentado, pero su actividad disminuye debido al incremento del inhibidor del plasminógeno tipo II. Además, existe una hiperfibrinogenemia fisiológica propia del embarazo. Los anticoagulantes naturales, como la proteína S, sufren un descenso, contribuyendo al estado protrombótico, con un aumento de la fibrinólisis, especialmente en el útero en el momento de la separación placentaria. Existe una trombocitopenia gestacional fisiológica, sin traducción clínica en forma de aumento de la tendencia hemorrágica.
Estos cambios dan como resultado un acortamiento del tiempo de protrombina (TP) y del tiempo parcial de tromboplastina activada (aPTT), además de un aumento de parámetros tromboelastográficos: máxima firmeza del coágulo y máxima amplitud. Algunas comorbilidades asociadas al embarazo pueden contribuir a la aparición de una hemorragia catastrófica con una coagulopatía de consumo.
Monitorización de la Hemostasia y Fisiopatología de la Coagulopatía
Los test rutinarios de coagulación son los métodos más frecuentes de monitorización de la hemostasia en una HMO, pero son muy lentos en una situación tan dinámica como un episodio de HMO. Además, la sensibilidad de pruebas como el TP y el aPTT puede no ser la más adecuada. Si se usa el nivel de fibrinógeno plasmático, debería ser valorado por el método de Clauss.
El uso de sistemas de point of care
utilizando tromboelastografía (TEG) o tromboelastometría (ROTEM) es poco frecuente en las salas de parto hoy en día. Los test viscoelásticos, TEG/ROTEM, valoran las propiedades viscoelásticas de la coagulación de forma global y presentan los resultados gráficamente, permitiendo valorar la formación y la lisis del coágulo en menos de 10 minutos. Pueden realizarse a pie de cama y aportan ventajas comparándolos con los test convencionales de la coagulación, como la rapidez en la obtención de resultados y una valoración global de la coagulación en una muestra de sangre total, lo que facilita una reposición agresiva y decidida en la HMO.
Las pacientes obstétricas presentan con frecuencia y de manera precoz alteraciones graves de la coagulación, que deben tratarse de forma individualizada. TEG/ROTEM permite la administración individualizada de hemocomponentes (plasma fresco y plaquetas) y de concentrados de factores de coagulación cuando sean necesarios y en la cantidad adecuada.
El tipo, la gravedad y la incidencia de coagulopatía varían en función de la etiología de la hemorragia. En casos de atonía y desgarros del canal genital, la coagulopatía predominante es la dilucional. Por el contrario, si la hemorragia se debe a un desprendimiento de placenta (abruptio), se inicia rápidamente una coagulopatía de consumo, caracterizada por un desarrollo rápido de hipofibrinogenemia y trombocitopenia incluso con pérdidas iniciales de sangre relativamente escasas.
La coagulopatía de consumo auténtica se observa en la embolia de líquido amniótico, en algunos casos de preeclampsia grave o síndrome HELLP y en el desprendimiento placentario grave. Estas mujeres llegarán a tener unos niveles críticos de fibrinógeno plasmático rápidamente. La activación local de la coagulación (en el lecho placentario) y del sistema fibrinolítico también contribuye a la rápida instauración de la coagulopatía por consumo.
Los cambios en la coagulación observados en el embarazo con el uso de ROTEM consisten en una objetivación de la hipercoagulabilidad, lo que se traduce en tiempos de coagulación más cortos y firmezas del coágulo más amplias. Existe una buena correlación entre los parámetros estándares de coagulación y los valores de ROTEM en el posparto inmediato, así como entre el ROTEM FIBTEM y la concentración de fibrinógeno. Un FIBTEM de 15 mm equivale aproximadamente a un fibrinógeno Clauss de 3 g/L; de 10 mm a 2 g/L, y de 6 mm a 1 g/L de fibrinógeno. Aunque hoy día no hay estudios amplios con ROTEM y HMO, su uso podría guiar la reposición de forma rápida y directa y ayudar a diferenciar si la hemorragia se está viendo agravada por una hemostasia alterada.
Código rojo - Hemorragia Postparto | Dr. William Guerrero.
Tratamiento Médico y Estrategias Transfusionales
El correcto reconocimiento de una HMO es vital, ya que el retraso se acompaña de acidosis metabólica, hipotermia, coagulopatía y anemia, una combinación que puede ser letal. Se recomienda la corrección de estos factores con un elevado grado de evidencia.
Comunicación y Trabajo en Equipo
Durante todo el episodio de HMO, debe mantenerse la vigilancia y documentar perfectamente las observaciones y los tiempos. Es importante la comunicación precoz de las sospechas fundadas a otros miembros del equipo.
Medidas Generales y Reanimación con Líquidos Intravenosos
El tratamiento de la HMO comienza con medidas generales y de primera línea: intervenciones manuales y farmacológicas que deben llevarse a cabo de forma precoz, decidida y en menos de 30 minutos.
La corrección de la hipovolemia mediante la administración intravenosa de cristaloides y/o coloides es prioritaria ante cualquier tipo de hemorragia aguda. Una vez que se superan los 1.000 mL de hemorragia estimada y esta continúa, se recomienda tener dos vías venosas periféricas de grueso calibre canalizadas y comenzar con la administración de cristaloides calentados, así como enviar una muestra al Banco de Sangre para la realización de grupo y escrutinio de anticuerpos irregulares.
La reanimación con líquidos intravenosos debe comenzar con rapidez y no confiarse a un simple resultado de hemoglobina, que solo sirve para ver cuál es el punto de partida. El volumen máximo a infundir debería limitarse y no exceder de 3,5 L (hasta 2 L de cristaloides calentados tan rápido como sea posible), ampliable a otros 1.500 mL mientras se espera a que llegue la sangre compatible, sin olvidar que la administración excesiva de líquidos lleva de forma inexorable a una coagulopatía dilucional.
Los cristaloides más empleados son la solución salina isotónica al 0,9%, la solución de Ringer y otras soluciones "balanceadas" como la de Hartmann (Ringer lactato). Habitualmente, solo el 25% del volumen administrado permanece en el espacio intravascular. Son baratas, no alteran la hemostasia ni la función renal, y hay una gran experiencia en su empleo. Los coloides tienen un mayor efecto sobre el volumen intravascular, pero pueden inhibir la agregación plaquetaria e interactuar con la medición correcta de los niveles de fibrinógeno. Los coloides disponibles son los hidroxietil-almidones, las gelatinas y la albúmina humana. La infusión de albúmina al 5% produce una expansión plasmática del 75% del volumen infundido. Las gelatinas tienen una vida media intravascular corta (2-3 h) y su capacidad expansora es limitada (70-80%). Los hidroxietil-almidones al 6% tienen una vida intravascular media más larga (6-8 h) y una mayor capacidad expansora (80-120%).
Lineamientos para el Uso de Componentes Sanguíneos
La función prioritaria de la sangre es el transporte de oxígeno a los tejidos; durante una hemorragia masiva, esta función se ve comprometida. La transfusión de concentrado de eritrocitos es el tratamiento ideal para corregir este defecto. La administración de concentrado de eritrocitos debe realizarse en función del volumen de sangre perdido, del volumen total circulante y de la sintomatología clínica.
- Las pérdidas menores del 20% del VST son bien toleradas por las pacientes previamente sanas y en ellas el tratamiento debe ser dirigido a restaurar la normovolemia con soluciones cristaloides y coloides.
- En pacientes previamente afectadas por enfermedades cardiovasculares o pulmonares es conveniente monitorizar la aparición de síntomas de hipoxemia y, de estar presentes, la transfusión de concentrado de eritrocitos debe ser indicada.
- Las pérdidas de sangre entre el 20-40% del VST suelen ser importantes y ocasionan sintomatología como taquicardia e hipotensión. Es aconsejable reponer el volumen perdido mediante soluciones cristaloides y coloides, así como monitorizar los signos vitales y el grado de oxigenación. La persistencia de la sintomatología, las pérdidas de sangre mayores de 1.500 mL, el descenso del hematocrito mayor de un 15% y de la hemoglobina mayor de 5 g/dL son indicaciones de la transfusión de componentes eritrocitarios.
- Las pacientes con enfermedades cardíacas, pulmonares o hemoglobina previa menor de 100 g/L se deben tratar de forma similar, pero con la particularidad de que las pérdidas mayores de 1.000 mL, un descenso del hematocrito mayor del 10% y/o hemoglobina mayor de 3 g/dL, ya son indicaciones de transfusión.
- Las pérdidas mayores del 40% del VST tienen una repercusión importante sobre el organismo. Los signos más frecuentes son síncope, disnea de reposo, taquicardia sostenida, hipotensión e incluso pérdida de conciencia. Se debe transfundir concentrado de eritrocitos rápidamente, procurando mantener cifras de hemoglobina por encima de 8 g/dL para garantizar una correcta oxigenación de los tejidos.
Transfusión de Eritrocitos y Pruebas de Compatibilidad
Siempre que sea posible, se administrarán unidades ABO y RhD isogrupo y se realizarán pruebas cruzadas con el plasma de la receptora. En casos de urgencia, se transfundirán unidades ABO y RhD isogrupo sin pruebas cruzadas. Si la urgencia es extrema y se desconoce el grupo sanguíneo ABO y RhD, se transfundirán dos unidades de grupo O negativo. En estos casos, la tipificación debe ser realizada cuanto antes para garantizar en lo sucesivo la administración de sangre con el fenotipo correspondiente y así ahorrar las unidades O negativas. Además, a cada bolsa que se transfunda se le tomará una muestra para realizar las pruebas cruzadas, incluso si ya se ha concluido su transfusión. Después de transfundidas 10 o más unidades de concentrado de eritrocitos, las pruebas cruzadas son innecesarias porque la sangre de la paciente ha sido totalmente recambiada.
Manejo de la Hemostasia
Las alteraciones de la coagulación suelen aparecer después de haber perdido de 1 a 1,5 volúmenes sanguíneos de la paciente. Por ello, se debe establecer un estricto chequeo clínico y de laboratorio para corregir los defectos de la hemostasia precozmente:
- La transfusión de unidades de plaquetas debe iniciarse si la cifra de plaquetas es inferior a 50.000 μL o en presencia de sangramiento microvascular difuso y conteos de plaquetas no disponibles. Un conteo de plaquetas inferior a la cifra señalada es esperable cuando aproximadamente dos volúmenes de sangre han sido reemplazados por concentrados de eritrocitos. La dosis recomendada es de 1 unidad por cada 10 kg de peso.
- La administración de plasma fresco congelado se realizará si los tiempos de protrombina o parcial de tromboplastina activada son superiores 1,5 veces a los valores normales o en presencia de sangramiento microvascular difuso y coagulograma no disponible.
- El crioprecipitado está indicado cuando los niveles de fibrinógeno son inferiores a 1 g/L o cuando se sospecha coagulación intravascular diseminada (CID).
Sangre Total o Terapia con Componentes
El uso de la sangre total ha disminuido gradualmente, y la terapia con componentes ha sido aceptada como método racional para el reemplazo en la hemorragia masiva, lo que permite individualizar la transfusión a las necesidades del paciente, al ofrecer componentes cuantitativa y cualitativamente superiores en un volumen menor. Sin embargo, algunos médicos defienden el empleo de sangre total, argumentando que el defecto de factores de la coagulación se asocia con el uso de concentrado de eritrocitos, que la sangre fresca contiene factores desconocidos depletados durante el fraccionamiento, que el paciente se expone a menor número de donantes y que la actividad normal de las plaquetas en la sangre fresca es un factor importante en el tratamiento de la coagulopatía.
La evolución de la hemoterapia en la HOM ha incidido en los trastornos de la hemostasia: mientras que con la sangre total la causa fundamental era la trombocitopenia, actualmente con el uso de concentrado de eritrocitos, el déficit de factores de la coagulación tiene un papel predominante y se sugiere el uso precoz de plasma fresco. Cuando el deterioro de la hemostasia es esperado o evidente, la rápida infusión de 4-5 unidades de plasma fresco logra el efecto terapéutico deseado. Una alternativa posible es la administración de 4 unidades de plasma después de 6 unidades de concentrado de eritrocitos; si los niveles de fibrinógeno se mantienen críticamente bajos, el uso del crioprecipitado es una opción racional.
La calidad superior de los componentes se basa en que la separación en componentes realizada en el momento adecuado y posteriormente almacenados en temperaturas óptimas garantiza que los concentrados plaquetarios (almacenados de 20-22 °C en agitación continua) contengan las plaquetas en las mejores condiciones funcionales y de concentración, y que el plasma fresco congelado contenga todos los factores de la coagulación. Esto no sucede con la sangre total, donde a partir de las 6 horas de extraída comienzan a disminuir las concentraciones de los factores lábiles de la coagulación y las plaquetas. Además, las plaquetas almacenadas de 2-6 °C sufren alteraciones en su capacidad funcional. La sangre total fresca no suele estar disponible debido a los múltiples controles que se le realizan actualmente a la sangre donada para garantizar su seguridad biológica, los cuales requieren tiempo.

Síndrome de Transfusión Masiva (STM)
Como consecuencia de la administración masiva de componentes de la sangre, se desarrollan complicaciones que afectan el equilibrio hidroelectrolítico y ácido-básico, la hemostasia y el funcionamiento de múltiples órganos; este cuadro se reconoce con el nombre de STM.
Trastornos del Equilibrio Hidroelectrolítico y Ácido-Básico
En el proceso de donación, la sangre se mezcla con una sustancia anticoagulante-preservante, el CPDA (citrato, fosfato, dextrosa y adenina). En la TM, se infunde gran cantidad de citrato, el cual produce un descenso sustancial del calcio sérico ionizado, provocando hipocalcemia que rara vez es significativa, debido a que el citrato se metaboliza rápidamente en el hígado. Sin embargo, la afectación de este órgano por daño propio o por la hipotensión y la hipotermia puede favorecer la aparición de manifestaciones severas de hipocalcemia.
En el almacenamiento de los concentrados de eritrocitos, se produce un aumento del potasio plasmático a razón de 4-6 meq/unidad, debido a que durante la conservación se produce una disminución progresiva del ATP intra-eritrocitario, que afecta la bomba de sodio/potasio. La hiperpotasemia ocasionada por la transfusión suele ser pasajera, ya que disminuye cuando los eritrocitos transfundidos recomienzan el metabolismo activo con captación intracelular del potasio, además de su consecuente excreción urinaria. En pacientes con alteraciones renales y en aquellos con isquemia tisular o necrosis muscular extensa, la hiperpotasemia puede estar presente, actuar de forma sinérgica con la hipocalcemia y la hipotermia en la generación de complicaciones cardiovasculares; en estos casos, el papel de la transfusión es secundario.
El pH de los componentes eritrocitarios disminuye progresivamente, siendo de alrededor de 7,16 en el momento del fraccionamiento y de 6,73 a los 35 días de su conservación. Ello, unido a los niveles de lactato incrementado, proporciona una carga ácida de 30-40 mmol/L. Cabría esperarse en la TM una acidosis metabólica, pero se observa con más frecuencia alcalosis debido a la rápida metabolización del citrato y del lactato que genera bicarbonato. La acidosis metabólica suele presentarse en pacientes que mantienen una baja perfusión tisular y se debe más a la acidosis láctica que a la toxicidad electrolítica del hemocomponente.
Alteraciones de la Hemostasia
La coagulopatía asociada a la TM y embarazo es un intrincado evento multifactorial y multicelular. La interacción entre los niveles de eritrocitos, fibrinógeno y plaquetas son particularmente importantes, pero la contribución de los fluidos de reemplazo, la hipotermia, la presencia de sustancias procoagulantes y la deficiencia de factores de la coagulación son determinantes.
Importancia de los Protocolos y el Rol de Enfermería
Los estudios revisados coinciden en señalar que la principal indicación para la transfusión sanguínea en obstetricia es la hemorragia posparto, que afecta aproximadamente al 5% de los partos. Nigam et al. (2013) destacan que el uso de sangre completa se reserva para casos críticos, mientras que los componentes sanguíneos se emplean de manera individualizada según el déficit identificado. En España, el protocolo de transfusión obstétrica contempla el uso temprano de tranexámico para prevenir sangrados, seguido por la administración de hemoderivados según criterios de laboratorio y clínicos.
Las complicaciones descritas en la literatura incluyen reacciones hemolíticas, reacciones febriles no hemolíticas, anafilaxia, coagulación intravascular diseminada (CID), sobrecarga de volumen y riesgo de sensibilización Rh, especialmente en mujeres Rh negativas. Muchos artículos destacan la importancia de protocolos de seguridad en transfusiones obstétricas, especialmente en partos de alto riesgo. Además, otra estrategia relevante es la implementación de programas de manejo de hemorragias masivas (MHP), que coordinan el uso rápido y protocolizado de hemoderivados mediante la activación inmediata de bancos de sangre y unidades de cuidados intensivos.
El seguimiento postransfusional también ha cobrado relevancia en obstetricia, sobre todo en pacientes que reciben múltiples transfusiones durante el embarazo o el parto. En cuanto al papel de enfermería, se enfatiza la vigilancia continua antes, durante y después de la transfusión, con especial atención a signos precoces de reacciones adversas. Algunas publicaciones resaltan la importancia de las consultas preconcepcionales en mujeres con antecedentes de hemorragias o trastornos hematológicos. Por último, varios artículos recalcan la necesidad de auditorías internas periódicas en los centros hospitalarios, que analicen los tiempos de respuesta, la adecuación de las transfusiones y la aparición de efectos adversos.
La transfusión sanguínea en obstetricia sigue siendo una herramienta esencial para el manejo de situaciones de riesgo vital. No obstante, su uso debe ser prudente y ajustarse a protocolos clínicos actualizados que prioricen la seguridad de la paciente. El rol de enfermería resulta crucial, tanto en la ejecución técnica como en la detección de complicaciones. La transfusión en obstetricia no debe contemplarse como una práctica aislada, sino como parte de un protocolo integral de atención a la mujer embarazada, que prioriza la prevención, la rapidez en la actuación y la vigilancia activa del equipo enfermero. Se recomienda la realización de una histerectomía si las medidas médicas y quirúrgicas se han mostrado ineficaces.
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