La historia de los llamados «Niños de Écija» constituye uno de los capítulos más significativos de la delincuencia en España durante el siglo XIX. Esta cuadrilla de bandoleros, activa aproximadamente entre 1813 y 1818 en los alrededores de la ciudad astigitana, es un claro ejemplo del fenómeno del bandolerismo de retorno tras la Guerra de la Independencia.

Origen y mito de los «Siete Niños»
La leyenda ha forjado una imagen romántica y mítica sobre este grupo, sin embargo, el nombre encierra una paradoja: ni eran siete, ni eran niños, ni todos eran de Écija. Aunque el imaginario popular los fijó en el número cabalístico de siete, la banda fue un organismo vivo y cambiante por el que pasaron cerca de cuarenta individuos a lo largo de sus años de actividad.
Su origen se remonta a 1808, cuando muchos de sus integrantes comenzaron como guerrilleros patrióticos combatiendo contra las tropas napoleónicas bajo el mando de figuras como el capitán Luis de Vargas. Tras la retirada del invasor, muchos de estos hombres, incapaces de adaptarse a la vida común y acostumbrados a la adrenalina de la guerra, decidieron continuar su existencia «a salto de mata», convirtiendo la violencia y el robo en su forma de vida.
La estructura y el golpe al General Goyeneche
La banda estaba altamente jerarquizada, contando con una red de confidentes y colaboradores entre la población rural que les permitía operar con impunidad. Uno de sus golpes más audaces ocurrió a principios de abril de 1815 en la Venta Nueva, en el camino real entre Carmona y Écija. Allí, la cuadrilla (conocida entonces como la de Padilla) asaltó el equipaje del general José Manuel de Goyeneche y Barreda, robando alhajas y objetos de gran valor destinados al Rey.
Los hechos fueron relatados por los trece arrieros que sufrieron el ataque, quienes testificaron sobre la ferocidad de los siete hombres a caballo que, tras una escaramuza, lograron desvalijar los cuatro carros del convoy. Este suceso provocó una intensa persecución militar y el aumento de las medidas de seguridad en la comarca de Fuentes de Andalucía.

Cronología de los integrantes y el fin de la banda
La lista de miembros fue cambiante debido a las constantes bajas por muerte o detención. A modo de ejemplo, entre 1815 y 1817, la cuadrilla principal estuvo formada por:
- Pablo Aroca, alias «Ojitos»
- José Martínez, alias «el Portugués»
- Francisco Narejo, alias «el Becerra»
- Salvador de la Fuente, alias «Minos»
- Juan José Gutiérrez, alias «el Cojo»
- Diego Meléndez
- Antonio de la Grama, alias «el Fraile»
Para 1817, la situación era insostenible. La Real Audiencia de Sevilla emitió un edicto declarando su persecución total, ofreciendo importantes recompensas. La mayoría de los miembros fueron capturados, ajusticiados mediante ahorcamiento o garrote y sus restos fueron descuartizados y expuestos en los caminos como escarmiento público.
El ocaso de la banda: El caso de Francisco Narejo «Becerra»
Uno de los últimos episodios de la banda ocurrió en septiembre de 1818, cuando Francisco Narejo «Becerra» fue capturado y ejecutado por vecinos de la zona de Fuentes de Andalucía. El bandido, que vagaba en solitario tras la desarticulación de su grupo, fue traicionado por campesinos que conocían su debilidad, poniendo fin a años de temor en el campo andaluz.
ESPAÑA (Historia de Bandoleros) - Documentales
Aunque figuras como Tragabuches han sido vinculadas al grupo, aumentando el halo de misterio, la realidad histórica confirma que los «Niños de Écija» fueron, ante todo, un reflejo del profundo desorden social y la falta de estructuras de justicia efectivas en la España post-napoleónica. Lejos del mito del «Robin Hood» andaluz, representaron una etapa convulsa de la historia rural española.