La maternidad a menudo se presenta como un camino idílico, lleno de amor incondicional y momentos de pura felicidad. Sin embargo, existe una cara B de la maternidad, una realidad que se vive con desafíos, humor y, en ocasiones, con altas dosis de incertidumbre y culpa. Las madres de hoy en día comparten sus experiencias para desbancar algunos mitos sobre la maternidad y visibilizar los aspectos menos contados.

Mandatos y Mitos Sociales de la Maternidad
En el mundo patriarcal en el que vivimos, la maternidad se considera inherente a la condición femenina. Una "verdadera mujer" y "realizada" debe tener hijos. El principal mandato de feminidad para las mujeres es la obligación de ser unas excelentes madres y esposas, las denominadas por Marcela Lagarde como "madresposas". Los mitos sobre las "madres perfectas" y las "malas madres" se transmiten de generación en generación, de madres a hijas.
Cumplir con estos mitos y mandatos de la maternidad patriarcal no es tan idílico y maravilloso como se intenta vender. La socialización para ser buenas madres se produce desde los primeros años de vida de las niñas a través de la inducción del deseo maternal, por ejemplo, con juguetes específicos femeninos y el aprendizaje de conductas de cuidados.
Temas de gran actualidad, como la maternidad por vientres de alquiler, la maternidad intensiva, la obligatoriedad de la lactancia materna, y la propuesta feminista para conseguir permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles, demuestran las complejidades y debates en torno a esta etapa. Estos factores impactan directamente en el acceso, promoción y desarrollo de la actividad laboral de hombres y mujeres. Un informe sobre las maternidades, basado en encuestas a miles de mujeres, recoge resultados que invitan a una profunda reflexión.
Un Viaje Personal: Embarazo, Parto y el Peso de la Culpa
La vivencia de la maternidad es profundamente personal, y para muchas, dista mucho de las expectativas idealizadas. Una experiencia particular, compartida de forma muy honesta, detalla el embarazo, el parto, el sentimiento de culpa y cómo puede afectar la crianza.
Las Expectativas Falsas de la Maternidad
Antes del primer embarazo, el concepto de la maternidad suele ser "eso que te pasaba tan sumamente maravilloso". Primero, una llamada a ser madre, seguida de un embarazo donde se gesta una vida y se experimentan sensaciones únicas. Luego, un parto donde uno se enamora profundamente del bebé y siente una conexión nunca antes experimentada. Este concepto, más que una expectativa, era una convicción de cómo la maternidad "era" para todas.
En el entorno social, abundan los relatos de embarazos maravillosos, partos llevaderos, postpartos geniales donde la madre estaba "como si no hubiera dado a luz", y lactancias fantásticas. Los bebés, según estas narrativas, dormían toda la noche desde el principio. La maternidad, en definitiva, se describía como algo tan genial que "no había palabras para describir lo que se sentía". Solo se recordaba un caso de una amiga que confesó un postparto duro a nivel emocional, enfrentándose a comentarios como "es que tiene problemas de antes" o "es que es una blanda".

La Realidad de un Embarazo Complejo
Al recibir la noticia de un embarazo, la mezcla de emociones puede ser brutal: alegría, emoción y ganas, pero también miedo, mucha incertidumbre y vulnerabilidad. El temor a que algo salga mal acompaña hasta el último momento, a menudo en silencio, por el miedo al juicio de los demás. Conforme pasan las semanas, los comentarios de "disfruta el embarazo que es muy bonito" o "aprovecha ahora que luego no podrás descansar" chocan con la realidad de las náuseas y un cansancio agotador.
La consulta con una matrona, en un acto de valentía, puede confirmar que síntomas como las náuseas y el cansancio extremo son comunes. A medida que la barriga crece, aparecen dolores físicos: flexores de cadera, la piel de la barriga, pinzamientos nerviosos, lumbares. A nivel emocional, una "auténtica montaña rusa", con cambios rápidos entre risas y llantos sin consuelo. La repuesta de profesionales suele ser que "es normal", pero para la mujer que lo vive, "muy normal no debe ser porque a mí esto no me parece maravilloso". Único, sí. Maravilloso, no.
A esta difícil realidad física y emocional, se suma un sentimiento de culpa importante: culpa por no ser capaz de disfrutar de lo que se suponía que todas las mujeres disfrutaban; culpa por desear que naciera y terminara el dolor; culpa por no estar ágil como otras, y culpa por quejarse de algo que se supone bonito y no todas pueden vivir.
Un Parto Diferente: Cesárea de Urgencia y la Ausencia de Conexión Inmediata
El momento del parto puede ser otro punto de quiebre. Si un parto programado se complica y se convierte en una cesárea de urgencia bajo anestesia general, la experiencia puede ser desorientadora. Despertar sin saber qué ha pasado, con angustia y sin poder mover las piernas, es una realidad para algunas madres.
La espera de horas para poder ver y sostener al hijo, y luego no sentir la "conexión" o el "amor a primera vista" del que tanto se habla, genera más culpa. La madre puede sentirse agotada, sin fuerza, sin sentirse madre ni haber dado a luz realmente. La culpa por no haber parido de manera natural, por no haber sentido esa conexión, por no haber podido sostener al bebé al principio, puede ser abrumadora.

El Desafío del Postparto y la Compensación
El postparto también puede ser muy duro, con mareos, dolor en la cicatriz y la necesidad de ayuda para movimientos básicos. La demanda del bebé, como lactancia cada hora y media sin apenas dormir, puede llevar al límite la salud mental. En este punto, la culpa puede llevar a la compensación. Si la lactancia materna se convierte en una obligación dolorosa, con infecciones y mastitis, pero se mantiene por sentir que "era lo menos que podía hacer" después de un parto no natural y sin conexión, el sufrimiento es inmenso. Esta etapa puede generar la sensación de que "si esto es la maternidad, que se pare el mundo que yo me bajo".
Rompiendo el Silencio: La Liberación de la Vulnerabilidad
Inicialmente, el miedo al juicio de los demás, especialmente de otras madres, puede llevar a mantener estas experiencias en secreto, compartiéndolas solo con la pareja y amigas cercanas. Sin embargo, "cuando muestras tu vulnerabilidad, tus miedos y tus emociones, le das pie a los demás a que muestren la suya".
Compartiendo la Experiencia y Descubriendo Similitudes
Al empezar a contar el proceso desde el embarazo hasta el postparto, surgen testimonios y experiencias muy parecidas. Mujeres con embarazos duros y dolorosos, otras que tampoco sintieron esa conexión inmediata tras el parto, y muchas más que describen la presión social para hacerse las "fuertes" cuando lo único que deseaban era descansar. Esta revelación lleva a la conclusión de que a muchas mujeres "se les había caído el mito de la maternidad".
El Camino hacia la Conexión y la Conciencia
A pesar de saber que no se está sola, la culpa puede persistir, manifestándose como agotamiento y una constante preocupación por el bienestar del hijo. El piel con piel, recomendado por profesionales, puede ser clave para que la conexión y el enamoramiento, que "llegó casi 5 meses después de lo que se suponía que tenía que llegar", finalmente afloren.
Este proceso puede llevar a un camino de crecimiento personal, buscando entender las experiencias vividas. Al compartir y escuchar otros testimonios, la culpa disminuye. La comprensión de que no se era "blanda" ni "rara", sino que se había tenido una experiencia diferente a lo mitificado, pero no ajena a muchas madres, lleva a una toma de conciencia. La lactancia prolongada y dolorosa puede ser comprendida como una compensación por el sentimiento de culpa, un intento de reparar lo que no había podido ser. Esta conciencia permite reconducir comportamientos y evitar que la compensación se lleve a otros niveles.
La Culpa en la Crianza: Consecuencias Inconscientes
La compensación, impulsada por sentimientos de culpa no resueltos, puede influir de manera inconsciente en el estilo de crianza. Algunas madres, por no sentir lo que "se supone que debían haber sentido", acaban consintiendo absolutamente todo a sus hijos, haciéndoles regalos, permitiéndoles muchas cosas y cediendo ante sus exigencias. Así, se entra en un bucle del que puede ser difícil salir.
Este comportamiento no siempre se debe al mismo motivo; otros padres, por ejemplo, pueden compensar la culpa por no pasar suficiente tiempo con sus hijos o por haberlos dejado en la guardería muy pequeños. Sin embargo, esta compensación, cuando proviene de experiencias difíciles de embarazo, parto o postparto, puede tener consecuencias negativas: los niños pueden volverse exigentes, irresponsables, intolerantes y caprichosos.
Tabúes y Realidades Silenciadas: Infertilidad y Duelo Perinatal
Más allá de las experiencias personales del embarazo y el parto, la maternidad tiene otras caras que permanecen silenciadas: la infertilidad, los abortos de repetición y los duelos en solitario. Los problemas reproductivos afectan aproximadamente a 80 millones de personas en todo el mundo, y uno de cada cuatro embarazos acaba en aborto. ¿Por qué algo tan frecuente no se normaliza y sigue siendo un tabú en pleno siglo XXI?
La Infertilidad y la Presión Social
La sociedad suele transmitir el mensaje de que quedarse embarazada es "fácil". No se habla de infertilidad, abortos, reserva ovárica o del corto periodo fértil mensual. Cuando la realidad se impone, se siente sorpresa y frustración, "como perder la inocencia", porque se da por hecho que se podrá ser madre "cómo y cuándo queramos".
Reflexiones como "¿Soy mala persona por no alegrarme por embarazos de personas a las que quiero?", "¿Es mi culpa?", "¿Por qué para los demás es tan fácil y para mí no?" son comunes. La maternidad se da por supuesta hasta que los planes se truncan, momento en el que se inicia una crisis vital a todos los niveles: identidad, futuro y la necesidad de despedirse de planes ideados. A esto se suman la presión social y el silencio.

El Duelo Gestacional y Perinatal: Un Dolor Incomprendido
Existe una costumbre social de comunicar el embarazo solo pasado el primer trimestre para que, en caso de aborto, "el daño sea menor". Esto es un gran error, ya que "el daño es el mismo lo sepa quien lo sepa". Una de cada cuatro mujeres embarazadas sufre un aborto espontáneo, siendo las 12 primeras semanas las más delicadas.
El duelo gestacional y perinatal es un proceso doloroso y natural que sigue a una pérdida. No es un trastorno mental, sino un proceso emocional con características específicas: es frecuentemente incomprendido, silenciado y desautorizado. No es un duelo públicamente reconocido, lo que lleva a las parejas a sentir que no se les permite hablar de su pérdida. Sin embargo, tienen derecho a expresar su dolor y la sociedad debería hablar más de esta realidad. Los profesionales deben validar este dolor, respetar el tiempo del duelo y ofrecer apoyo constante, comprendiendo las necesidades y dificultades sin prisa. Desde el momento del embarazo, las parejas empiezan a imaginar un futuro y sentir amor, que se trunca con la pérdida, dejando un vacío inmenso.
Abrazar la Intensidad: Desafíos y Respaldo en la Maternidad
La maternidad es, a la vez, maravillosa y muy dura. Ambas realidades son compatibles y a menudo van de la mano, pero la visión predominante solo muestra la parte positiva. Por ello, muchas madres chocan con la falta de tiempo o la soledad que acompañan la crianza. Una madre, María Besteiros, recuerda sus primeros años como madre como una etapa de aislamiento y soledad, incluso viviendo en una aldea rural.
La Maternidad Real: Dura y Maravillosa
"Cuando tienes un hijo todo cambia, también los horarios. De repente, las cosas que te definían ya no tienes tiempo para hacerlas, o no tanto", señala María. Después de ser madre, es necesario "volver a ser persona", un proceso que implica aceptar que el propio cuerpo deja de ser tuyo, especialmente con la lactancia. Estos sentimientos de pérdida de identidad y tiempo personal, y la necesidad de "recuperar mi cuerpo" o "el espacio para ser yo", se intensifican con cada hijo.
La sociedad nos pone "todos los focos de control" durante el embarazo, pero una vez que se pare, "dicen 'estáis bien y ya está'". Persiste la idea preconcebida de que las mujeres deben sentirse realizadas al ser madres, pero la realidad a menudo muestra que "no todo es tan feliz". La depresión posparto afecta a muchas, ya que "confrontas expectativas con la realidad. Hay un abismo y puedes ver que no estás tan feliz como se supone que deberías estar." Es crucial hablar tanto de lo bonito como de lo menos bonito y lo preocupante.
La soledad en la crianza no es exclusiva de entornos aislados; también afecta a madres en ciudades. Expresar el malestar, ponerle nombre, es el primer paso para mejorar y tomar conciencia de la necesidad de tiempo para una misma. Esto implica priorizar y aceptar que "no es humano pedir el 10 en todas las facetas". La culpabilidad está más presente en las mujeres que en los hombres, quienes se culpabilizan menos cuando los niños enferman. Hay una crítica a las leyes que equiparan las bajas de maternidad y paternidad sin invisibilizar el proceso de nueve meses de embarazo, el parto y la lactancia que los hombres no experimentan, considerando que "nos ponen a cero cuando nace el bebé, como si fuesen procesos idénticos los de la madre y del padre."
La Voz de los Hijos y los Cambios Corporales
A menudo cuesta escuchar a los hijos cuando comunican sus necesidades, intentando que "no se les oiga, que no molesten". Sin embargo, los bebés han sobrevivido haciéndose escuchar y entender, y sus madres les han escuchado. Han llorado por resguardo, alimento, ayuda para dormir y contención emocional. En cuanto al cuerpo, se exige a las madres estar "estupendísimas a los cinco minutos de haber dado a luz", haciendo tareas de casa y compras. El embarazo, el parto y la maternidad producen cambios corporales que forman parte de la historia de los hijos y deberían ser motivo de recuerdo amoroso, no de vergüenza o intento de evitarlos.

La Intensidad Multifacética de la Maternidad
Si algo define la maternidad, es la intensidad a todos los niveles y en todas las direcciones: felicidad intensa, cansancio intenso, amor intenso, frustración intensa, fuerza intensa, nostalgia intensa, motivación intensa. Es fundamental abrazar esta intensidad multifacética y aceptar la realidad del cuerpo de la madre. Propuestas como el libro de Jade Beall, "A Beautiful Body", muestran fotografías de madres reales, con sus vientres y pechos albergando las huellas de la gestación y la lactancia, destapando la honra de sus cuerpos sin tapujos ni pudor, ofreciendo una visión alternativa a la idealización.
Cómo Acompañar y Gestionar los Desafíos de la Maternidad
Apoyo a Quienes Enfrentan Dificultades Reproductivas
Para acompañar a personas que están pasando por procesos de infertilidad o pérdida, es fundamental el respeto. Si una pareja no tiene hijos, hay dos opciones: no pueden o no quieren. En ambos casos, esa información les pertenece. Si deciden compartirlo, hay que demostrar interés, respetando sus límites, y preguntar cómo se puede ayudar. Un abrazo, desconectar o simplemente acompañar en el proceso puede ser de gran ayuda. Es importante mantener un equilibrio entre ayudar y no invadir su espacio, y apoyar sus decisiones si deciden dejar de intentarlo, ya que no serán fáciles.
Claves para el Bienestar Emocional de la Madre
Para aquellas que se sienten identificadas con estas experiencias, es crucial pedir ayuda psicológica. Esto permite liberar, sentir y compartir emociones difíciles como el miedo a no conseguirlo, la culpa, la ansiedad por la incertidumbre, el dolor por cada negativa, la envidia o la frustración al darse cuenta de que no todo depende de uno. Reconocer que estas emociones existen, aunque se crea que duelen menos al no hablarlas, es liberador.
No estás sola. Existen comunidades, foros y personas cercanas que pasan por lo mismo. Romper el silencio con personas seguras es vital, ya que "nada duele igual cuando te sientes comprendido y acompañado". La madre es la única que debe marcar los tiempos, no la sociedad, y tiene derecho a cuidarse y decidir cómo y cuándo parar. Si el entorno no ayuda, es importante explicar cómo se desea ser apoyada y por qué es importante. Libros como "Ser madre, saberse madre y sentirse madre" de Pepa Horno o "Hope: no todos los bebés los trae la cigüeña" de Elodie López, pueden ofrecer consuelo y comprensión.