El jabalí, Sus scrofa, es un mamífero omnívoro perteneciente a la familia de los suidos, altamente sociable y adaptable a prácticamente cualquier medio. Es una especie con gran plasticidad ecológica, ya que los cambios de hábitat o climas no representan un problema para él. Su hocico largo y recto es uno de sus rasgos más característicos, dotándole de un olfato extraordinariamente agudo y permitiéndole usarlo como una excavadora cuando busca alimento. Las principales áreas por las que se distribuye el jabalí son Asia, Europa y el norte de África, aunque ha sido introducido por el hombre en América y Oceanía. Prefiere lugares con vegetación alta donde camuflarse y donde abunde el agua para beber o revolcarse en el barro. Es un animal nocturno, durmiendo en su madriguera hasta 12 horas durante el día. Su estudio resulta interesante por su gran crecimiento poblacional.
Estructura Social de la Piara
El jabalí se caracteriza por un comportamiento muy sociable y no es excesivamente territorialista. Vive en grupos de hasta 60 individuos, aunque lo más común en la Península Ibérica es que las piaras estén constituidas por entre 5 a 10 individuos. La piara es la unidad básica familiar y se compone de una o más hembras con crías del año. Todos los individuos que la componen tienen una relación entre sí. Se trata de un grupo de jabalíes en el que una hembra lidera al resto, constituido por sus crías de la anterior temporada reproductora y las crías de la última camada. En esta sociedad matriarcal, otras hembras adultas y sus respectivas crías, normalmente emparentadas con la líder, suelen formar parte del grupo familiar.
Los jóvenes machos de un año, llamados bermejos, viven en la periferia del grupo. Una vez que los machos entran en el estadio de bermejo, comienzan a ser poco a poco apartados, atacados y perseguidos por las hembras del grupo, lo que les lleva a abandonar el seno familiar entre los 9 y 18 meses. En el jabalí, los machos nacen y crecen dentro de una familia hasta que se emancipan para vivir solos. Entonces pasan a denominarse "solitarios", término bien conocido por los cazadores. Investigadores han considerado que la emancipación se inicia cuando los machos jóvenes son observados por primera vez fuera de su piara y termina cuando viven totalmente en solitario, sin contacto con otros miembros de su piara. La llegada del parto supone la salida de las piaras de muchos de ellos, produciéndose a una edad comprendida entre los 11 y 16 meses, con un promedio alrededor de los 14 meses. Parece ser el parto, y no el celo, el hecho determinante para la salida de los machos jóvenes de su piara de origen, produciéndose esta a una edad que oscila entre los 14 y 16 meses, y la gran mayoría de ellos ya viven solos antes de los 18 meses de edad.
Nacimiento y Primeros Días de los Rayones
La hembra del jabalí, o jabalina, se aísla del grupo unos dos o tres días antes del parto, acompañada de sus crías del año anterior, y se dirige a una zona de vegetación baja para preparar el encame. En este periodo, cualquier intento de comunicación por parte de sus crías del año anterior o cualquier otro congéneré, será atajado de manera agresiva por la hembra, impidiendo que nadie se acerque a la cama donde dará a luz, incluso días después del nacimiento de los pequeños.

En un encame fabricado principalmente con ramas, nacen las crías de jabalíes, llamadas rayones o jabatos. El número de rayones oscila entre 3 y 5, aunque puede variar en función del peso, la talla de la madre y su estado nutricional. Su peso al nacer está entre los 600 gramos y el kilogramo. La relación de los sexos en los alumbramientos suele ser proporcional. Los primeros días en el nido son imprescindibles para el reconocimiento entre la madre y los recién nacidos, así como para el establecimiento de interacciones con ella y el resto de hermanos. Todos los lechones de jabalí son de color marrón oscuro con rayas longitudinales pálidas.
Hembra de jabalí con sus rayones ( Sus scrofa ) - HD!
Comunicación y Desarrollo Durante la Lactancia
Desde el momento en que los rayones nacen, la madre se encarga de impregnarlos con su olor, reconociéndolos mediante la vista y el olfato. Durante la lactancia, la madre emite gruñidos entrecortados, al parecer con la finalidad de mantener a los lechones alerta ante la presencia de posibles depredadores, y también con fines puramente afectivos.

Respecto a la comunicación acústica/sonora, en sus primeras etapas del desarrollo, los jabatos emiten más de 106 tipos de sonidos solo para comunicarse con su madre y hermanos, siendo capaces de transmitir su nivel de hambre mediante variaciones en las frecuencias sonoras. Las crías son también capaces de producir señales de alarma identificadas por su madre e incluso por el resto de hembras adultas de la piara, ya que cada progenitora es capaz de distinguir la señal de sus lechones de la de otros, proporcionando un sistema de comunicación tan preciso que desencadena ataques por parte de la madre ante las llamadas de sufrimiento de sus crías.
Durante la lactancia, al entrar en contacto con una mama y succionarla, los lechones proceden a masajearla y luego van pasando de una a otra en el llamado «muestreo de tetinas». En esta fase se comportan agresivos, mordiendo o empujando con la jeta o el hombro para apartar a sus hermanos, colocándose además de manera que la tornan inaccesible para otros. Por último, los rayones pasan al periodo de «mantenimiento del pezón», durante el cual presentan plena posesión de su tetina y alternan la lactancia con el sueño. Las crías de jabalí son altriciales, y por tanto muy dependientes, sobre todo en sus dos primeros días de vida. Sin embargo, a partir de la tercera o cuarta semana, comienzan a seleccionar su propia mama y a defenderla del resto de sus hermanos, incluso llegando a pelear por ella. Este orden de posesión de mamas se mantiene hasta el momento del destete y supone un primer establecimiento jerárquico, al alimentarse los más capaces de las mamas que más leche proporcionan.
Integración y Socialización en la Piara
Tras unos 5 a 10 días en estado de aislamiento en el encame de parto, la madre permite que otras hembras de su piara se acerquen, previo reconocimiento sonoro y olfativo mediante contacto nasal. En este punto, los rayones ya están listos para seguir a su madre y reunirse con el resto del grupo. Las últimas en ser aceptadas de vuelta al núcleo familiar son las bermejas del año anterior, que aún no tienen crías y ya se valen por sí mismas, pero que no han alcanzado la madurez sexual.
Una vez restablecida la unión del grupo con los nuevos miembros, la prosperidad de los juveniles está asegurada, ya que en caso de muerte de una de las madres, su progenie pasa a ser adoptada por otra de las hembras. Este fenómeno es considerado una característica propia de los suidos. Debido a este hecho, y a que todo el grupo se mantiene al unísono en cuanto a la realización de las actividades diarias, las relaciones con sus congéneres de las otras camadas comienzan en cuanto la totalidad del grupo se reúne tras los partos, que por otra parte, tienden a sincronizarse.
En el seno del grupo, los rayones son muy activos y juguetones. Muchas situaciones cotidianas suponen juego para ellos, como estar acostados en el encame, removiendo con su jeta los vegetales que lo forman, girando y saltando al tiempo que incitan a otras crías al juego, simulando cargar contra ellas. También, en casi cualquier momento de la jornada, pueden proceder a tirarse o montarse unos encima de otros. Otro de sus juegos consiste en coger con el morro un trozo de algo que tengan a mano, sacudirlo y lanzarlo con fuerza. También se dedican a perseguirse los unos a los otros y, a medida que crecen, van emprendiendo juegos combativos, chocando flanco contra flanco.

El juego cumple una función altamente comunicativa entre ellos, definiendo poco a poco niveles jerárquicos. Aunque no será hasta los 6-7 meses que comiencen a formar parte de la jerarquía del grupo, hasta ese momento, a nivel social, se les permite mucho más que al resto de los adultos y subadultos; corren, juegan en cualquier contexto y momento, no se atienen a reglas, pero no se ven libres de llamadas de atención por parte de otros miembros adultos del grupo. A veces, si el juego molesta a alguna hembra adulta, esta no dudará en darles con el morro, desplazándolos incluso medio metro de distancia, al margen de que sea o no su madre.
La leche la solicitan a gritos, pero no necesariamente a su madre, ya que, al vivir en grupo, todas las hembras adultas que han tenido crías participan en la crianza de los rayones. No obstante, los pequeños tratan de buscar a su madre, identificándola mediante el olor de sus glándulas carpianas y, una vez lo han hecho, le chillan con insistencia para que se tumbe y puedan alimentarse. En otras ocasiones, es la madre la que, mediante gruñidos breves y muy graves, llama a sus crías a la alimentación. Para proceder, la madre se apartará unos metros del grupo, no impidiendo que las crías de otra camada de su piara mamen. Los rayones tenderán a defender su mama. En caso de que haya mamas libres (algo muy común al haber nacido o sobrevivido hasta el momento un menor número de rayones que de mamas), no se darán problemas relacionados con la posesión de las mismas.
Madurez y Ciclo Reproductivo
El destete tiene lugar en torno a los 3-4 meses de edad de las crías. En los días inmediatamente posteriores al destete, el juego locomotor y social disminuye, y después solo vuelve a aumentar el locomotor. Entorno a los 7-10 meses de edad, las crías ya son consideradas bermejos y han de integrarse en el grupo, adoptando un rango social. Aunque los lechones de la jabalina líder o de aquellas con elevado rango siempre se verán beneficiados de los mejores lugares de alimentación al seguirlas, no serán ellos los que necesariamente ocupen los rangos de mayor nivel jerárquico, ya que este se define como resultado de los combates entre individuos de aproximadamente la misma edad. De hecho, se suele dar que las crías de la hembra líder suelen ocupar los puestos de menor rango dentro del grupo.
La madurez sexual es alcanzada por ambos sexos de jabalíes a partir de los 7-8 meses de vida, siendo un factor determinante para el grupo, ya que comenzará a desencadenar una serie de hechos que darán lugar a la reestructuración del grupo, como lo son el celo, los enfrentamientos, la monta y el coito y los partos. La edad del primer celo en las hembras puede presentarse desde los 8 a los 24 meses de edad, en función de factores tróficos y del ritmo estacional del funcionamiento ovárico. El celo tiene lugar hasta dos veces al año (año bifásico). El primero, que sucede todos los años, comienza a mediados de noviembre y dura hasta mediados de enero, siendo uno de sus detonantes la disminución de horas de luz y de su intensidad.
Como consecuencia de este cambio lumínico, se ve afectada la glándula pineal de los machos, que segrega mayor número de hormonas sexuales, aumentando la liberación de melatonina. Esta cadena de sucesos internos es observable en la hipertrofiación de los testículos de los machos adultos, lo que supone en sí un acto comunicativo, al informar a otros machos y hembras de su estado reproductor. Además, para indicar el comienzo de su estado reproductor, las hembras marcan con sustancias olorosas las ramas más bajas de los árboles o los troncos mismos, habiendo previamente mordido y pelado la madera (en la resina los olores se potencian y su durabilidad aumenta). Después frotan y esparcen la saliva con las glándulas cercanas a sus ojos, todo esto a fin de depositar sustancias atractivas a nivel sexual. Las hembras en celo también frotan la región perianal contra el suelo en el denominado «frote anogenital», con la finalidad de comunicar a los machos su disponibilidad para el apareamiento y de establecer sus límites territoriales, para evitar el posible acoso de otros machos. A nivel corporal, se mantienen erguidas con la melena en punta y los mechones de la región sacra levantados, independientemente de los de la cresta dorsal, en señal de excitación.
Por su parte, los machos olfatean la zona y proceden a marcar con una saliva densa y espumosa que segregan a ambos lados de la boca en las glándulas submaxilares, y restriegan sobre la parte más alta posible de los troncos que, además, golpean con los colmillos varias veces al día. Este marcaje está destinado a los otros machos, que tratarán de depositar su saliva a una altura superior al resto, mostrándoles su tamaño y fortaleza. Mientras olfatean el suelo y el aire en busca de sus potenciales parejas reproductoras, van dejando tras de sí una serie de marcas olfativas y visuales consistentes en raspar el suelo con sus patas delanteras y orinar sobre el rascado, con el contenido añadido de las glándulas prepuciales.
Seguido del periodo de celo invernal suceden el de gestación, el parto, la lactancia hasta el momento de destete y el de reposo sexual o anestro. Este patrón se repite todos los años, excepto aquellos en que, principalmente debido a la abundancia de comida y condiciones favorables para la piara, el periodo de reproducción se adelanta a septiembre. El celo es clave para la comunicación y el comportamiento social de los jabalíes, puesto que es el único periodo en que los machos adultos se acercan a las piaras, a fin de tratar de reproducirse con sus hembras sexualmente maduras. Es además el único lapso de tiempo en que las hembras van a permitir dicho acercamiento, no sin cierta reticencia. Además, las féminas se muestran agitadas, irritables y muy activas.
Características Físicas y Hábitat
El jabalí (Sus scrofa) es un mamífero de tamaño mediano provisto de una cabeza grande y alargada, en la que destacan unos ojos muy pequeños. Sus pelos, llamados cerdas, son gruesos y negros, midiendo entre 10 y 13 cm en la cruz y unos 16 cm en la punta de la cola. El color de la capa o pelo es muy variable y va desde colores grisáceos al negro, pasando por colores rojizos y marrones. Las patas y el contorno del hocico son más oscuros que el resto del cuerpo. La crin que recorre el lomo a partir de la frente se eriza en caso de cólera. Es un omnívoro, predominando en su alimentación los vegetales y los animales (invertebrados, anfibios y micromamíferos). Hozando la tierra, busca lombrices y, a oscuras, carroña. Si el buitre es el carroñero del día, el jabalí lo es de la noche.
El jabalí se adapta a todo tipo de hábitats siempre que disponga de una mínima cobertura y alimento, aunque prefiere los lugares con una vegetación alta donde poder camuflarse (carrasca, aulagas, junqueras, espinos, etc.), y donde abunde el agua (para beber, revolcarse en el lodo o el barro y regular su temperatura). Sus hábitats predilectos son los encinares y los macizos forestales caducifolios o mixtos, sobre todo si están poco visitados y su nivel inferior es rico en maleza, zarzas y espinos donde pueda revolcarse en seco y al abrigo del viento. También se le encuentra en el matorral mediterráneo y marismas, sin desdeñar las áreas de cultivo, siempre que mantengan una mínima cobertura de arbolado o arbustos donde protegerse. En caso necesario, nada bien y durante mucho tiempo.
