El Rol del Tutor en la Formación Sanitaria Especializada en España: Contexto y Funciones

La formación especializada en España es una responsabilidad primordial de las instituciones sanitarias. Estas entidades cuentan con una estructura docente diseñada para regular, supervisar y evaluar la calidad de dicha formación. Dentro de este marco, el tutor se erige como el responsable directo de garantizar una formación adecuada y completa para el residente.

Resumen y Vertiente Educativa de la Tutoría

A pesar de la gran responsabilidad legal y ética que conlleva la figura del tutor, en ocasiones este desafío se acepta sin la experiencia o la formación necesaria para las tareas que la mentoría requiere. Este artículo aborda lo que el tutor debe saber, saber hacer y saber ser. Destacamos la vertiente educativa de la tutoría, fundamental para la formación de profesionales de excelencia tanto en los aspectos científico-técnicos como humanos, y para entender que la tutoría es mucho más que una mera gestión.

Compromiso Ético y Legal del Tutor

El tutor es el responsable directo de la formación del residente, lo que implica un compromiso ético y legal con la sociedad. Esta misión exige un amplio abanico de complejas tareas relacionadas con normativas, planificación, gestión, estrategias pedagógicas y valores profesionales. Esta complejidad ha generado la necesidad de profesionalizar la figura del tutor, requiriendo apoyo, recursos y un reconocimiento institucional que no siempre está presente.

Infografía sobre la evolución del Sistema Español de Formación Sanitaria Especializada

Marco Normativo de la Formación Especializada

El Sistema Español de Formación Sanitaria Especializada, que nació en 1963 y se consolidó en 1984, fue actualizado por el Real Decreto 183/2008, normalizando definitivamente la figura del tutor. Este sistema es regulado por el Ministerio de Sanidad, que se encarga de acreditar a los hospitales, servicios asistenciales y centros de salud. Estos, a su vez, son gestionados por las Comunidades Autónomas (CCAA), las cuales son responsables de acreditar a los tutores y de facilitar el desarrollo de sus funciones. Sin embargo, no todas las CCAA han adoptado las medidas adecuadas ni han desarrollado el marco normativo que la ley exige.

Gestión de Programas Formativos y Contexto Laboral

La formación, que se basa en el principio de “aprender haciendo”, está regulada por un contrato laboral que vincula la formación con la obligación de realizar un trabajo asistencial. La gestión de los programas formativos se lleva a cabo a través de una estructura docente que incluye al jefe de estudios del centro, la comisión de docencia, los comités de evaluación y los tutores de las distintas unidades asistenciales. El contexto laboral aporta un valor positivo para la profesionalización del residente y exige un compromiso explicitado en un plan docente. No obstante, una organización deficiente, una falta de compromiso con la docencia o una preparación docente insuficiente por parte de los profesionales de la unidad pueden dificultar este proceso.

¿Qué Debe «Saber» el Tutor? Fundamentos para su Función

Para desempeñar sus funciones de manera efectiva, el tutor necesita poseer sólidos fundamentos en los siguientes ámbitos:

Legislación y Normativa Aplicable

El tutor debe conocer en detalle las normas que regulan la formación especializada, prestando especial atención a aquellas referidas a su propio rol y al del residente.

El Tutor: Rol, Responsabilidades y Capacidades

  • El tutor es un profesional especialista acreditado y nombrado oficialmente. Es el responsable ante la sociedad de la competencia del especialista a su cargo y el gestor que operativiza el programa de la especialidad.
  • Este rol requiere que se le dote de tiempo, recursos y reconocimiento adecuados.
  • De acuerdo con la normativa, un tutor puede tener a su cargo un máximo de hasta 5 residentes y debe ser el mismo durante toda la formación especializada.
  • Anualmente, debe realizar al menos 4 entrevistas documentadas con el residente.
  • El Real Decreto 183/2008 detalla sus funciones básicas: planificar, gestionar, supervisar y evaluar todo el proceso de formación; proponer la guía o itinerario formativo de cada especialidad; favorecer el autoaprendizaje, la asunción progresiva de responsabilidades y la capacidad investigadora del residente; y asegurar el cumplimiento de los deberes laborales y formativos por parte del residente. Vicent García expone con gran detalle estas funciones y las medidas para desarrollarlas.

El Residente: Deberes y Desarrollo Profesional

El residente debe realizar un trabajo asistencial con responsabilidad creciente y supervisión decreciente hasta alcanzar el ejercicio autónomo de la profesión. Es responsable de su propio aprendizaje, del respeto a la institución y de la defensa de lo público. Entre sus deberes destacan: el respeto a los derechos del paciente, el uso racional de los recursos, acogerse a las indicaciones del tutor y de otros facultativos, consultarles cuando lo considere necesario y contribuir a los fines propios de la institución sanitaria.

Formación Basada en Competencias

La tutoría se orienta al desarrollo de las competencias de la especialidad a través de la supervisión del desempeño y del perfil profesional que el residente va adquiriendo. Este enfoque sitúa en el centro conceptos esenciales de la formación basada en competencias y las claves para su desarrollo. Es fundamental considerar dos aspectos clave:

Diagrama de un perfil competencial con sus dominios, incluyendo competencias científico-técnicas y humanistas
  1. El perfil competencial o marco de referencia: La sociedad actual exige profesionales de excelencia, con competencias que unan los aspectos científico-técnicos, el humanismo y la comprensión de los sistemas públicos de salud. La formación ya no se basa en listados de enfermedades, sino en competencias fundamentadas en las necesidades sociales y de los sistemas de salud. Esto nos lleva a la necesidad de definir un perfil profesional general que sirva de guía para todo el sistema de Formación Sanitaria Especializada (FSE) y sus agentes, un planteamiento que España necesita abordar. Un ejemplo es el modelo de perfil profesional del Hospital Universitario Cruces (Competencias-Cruces 2008), que consta de 7 dominios competenciales con 32 competencias generales, basado en modelos internacionales como CanMEDS 2000 y Outcome Project 1999. Definir un perfil profesional general permite desarrollar los programas formativos de cada especialidad con coherencia.
  2. Significado y concepto de competencia: Las competencias son comportamientos observables o comprobables, es decir, conocimientos en acción, que los profesionales demuestran al resolver con éxito situaciones laborales específicas. "Ser competente equivale a un modo de actuar ante situaciones y problemas a los que las personas se enfrentan con un claro criterio de excelencia, para lo cual se articulan y movilizan recursos internos previamente adquiridos (conocimientos, habilidades, destrezas, valores, experiencias, etc.), estando en condiciones de rendir cuentas de las decisiones adoptadas y de responsabilizarse de las consecuencias éticas y del impacto social de las mismas". Por lo tanto, la competencia es el resultado de un aprendizaje holístico que articula el saber, saber hacer (habilidades), saber estar (actitudes) y saber ser (valores).

Contextos de Aprendizaje y Desarrollo de Tareas

Para una planificación formativa efectiva, el tutor debe tener claro que las competencias se desarrollan en la acción, abordando y resolviendo tareas en contextos laborales o de aprendizaje. Trabajar mediante actividades profesionales confiables (APROC) facilita la planificación de la formación al relacionar las competencias a alcanzar con tareas específicas. Los contextos más habituales incluyen:

  • Ámbito clínico: La hospitalización, las consultas, urgencias, el quirófano, el centro de salud, etc.
  • Simulación: Desarrollada como una exigencia ética y para salvaguardar la seguridad del paciente.
  • Sesiones clínicas: Desarrollan competencias relacionadas con el autoaprendizaje, el conocimiento, la comunicación y el manejo de la información.
  • Seminarios: Espacios en los que se media una tarea específica y colectiva (proyectos, trabajos multiprofesionales, incidentes críticos, etc.), desarrollando competencias relacionadas con el trabajo en equipo, el conocimiento, el manejo de la información, el profesionalismo, entre otras.
  • Producción de conocimiento: Congresos, jornadas, publicaciones, etc., que desarrollan competencias relacionadas con la comunicación oral y escrita, la investigación y el conocimiento.
  • Cursos y talleres: Son espacios expositivos dirigidos a informar y actualizar conocimientos; solo desarrollan competencias si se emplean metodologías participativas.
  • Comités: La participación en ellos expresa un compromiso con el proyecto de la institución.
  • Tutoría: Es un espacio crucial para reflexionar sobre el desempeño del residente, analizar fortalezas y debilidades, y establecer planes de aprendizaje y mejora.

Sistema de Evaluación de Competencias

La evaluación de las competencias es un proceso que genera información a través de la valoración del desempeño del residente, utilizando criterios o parámetros de referencia. Esta información se emplea para formar juicios y tomar decisiones. Requiere información documentada de diferentes fuentes, situaciones y evaluadores (el tutor, colaboradores docentes, compañeros, pacientes y familiares), un juicio profesional y una toma de decisiones por consenso de expertos. Por lo tanto, la evaluación es un proceso que debe planificarse antes del inicio de la formación. Es importante tener en cuenta que los datos cuantitativos (notas) no siempre captan todas las características importantes del desempeño del residente, lo que ha llevado a un mayor uso de datos cualitativos en la evaluación de los profesionales de la salud. En la formación basada en competencias, el objetivo es pasar de evaluar “el” aprendizaje (final o sumativa) a evaluar “para” el aprendizaje (formativa), siendo el feedback un elemento clave.

Evaluación Formativa (para el aprendizaje)

Esta evaluación se realiza desde el inicio del proceso formativo y se convierte en el verdadero motor del aprendizaje y garantía para la seguridad del paciente. Como métodos destacados que facilitan la reflexión sobre el desempeño, encontramos la observación directa, la entrevista de acogida, las entrevistas de seguimiento y la memoria o libro del residente (autorreflexión).

Evaluación Sumativa (del aprendizaje)

Su propósito es calificar o certificar el nivel alcanzado. Cumple una función fundamentalmente legal para responder a las exigencias del sistema o la institución. Busca garantizar que el residente pueda avanzar a un nivel superior de responsabilidad u obtener el título. La toma de decisiones se realiza por consenso de los facultativos, basándose en la documentación del proceso de evaluación formativa. Los expertos sugieren que "un proceso de síntesis es esencial, y el juicio de expertos puede proporcionar los mejores medios para maximizar la confiabilidad de las decisiones".

Planificación de la Evaluación

La planificación de la evaluación debe responder a las siguientes preguntas: ¿para qué evaluar?, ¿qué evaluar?, ¿cómo evaluar?, ¿quiénes evalúan?, ¿cuándo evaluar?, ¿dónde evaluar?, ¿cuál es la aceptabilidad, la viabilidad y el impacto educativo?, y ¿cómo se controlará la calidad de la evaluación?

Además de lo anterior, el tutor debe adquirir competencias en técnicas de comunicación, negociación, bioética y gestión clínica.

¿Qué Debe «Hacer» el Tutor? Guía para la Acción Tutorial

Sistematización de la Labor Tutorial

La acción tutorial implica numerosas tareas a desarrollar en tres fases clave: antes (planificación), durante (desarrollo de las actividades planificadas) y después (valoración, anual o final, de todo el proceso formativo). Trabajar con este esquema sistematiza la labor del tutor, otorga coherencia al proceso de formación y visibiliza los recursos, el tiempo requerido y las necesidades formativas del propio tutor. El tutor debe revisar continuamente lo que hace en contraste con lo que debería hacer, con el fin de mejorar la formación. Un plan de tutorías bien estructurado para el colectivo del centro sanitario garantizará la equidad, el compromiso y el éxito en la formación.

Planificación Antes de la Formación

Este es el momento previo a la llegada del residente, un período clave que confiere coherencia a todo el proceso formativo. Requiere revisar, reflexionar y crear, tomando decisiones sobre el perfil competencial y las competencias a alcanzar, el tipo de formación a potenciar (holística vs. técnica), las rotaciones y actividades específicas (metodologías), la evaluación, el control de calidad de la formación, entre otros aspectos. Todo esto conforma el plan general de formación, en el que subyace una particular manera de entender la formación y la profesión. Las tareas a realizar incluyen:

  • Contextualizar el programa nacional en el servicio o centro de salud, considerando las necesidades sociosanitarias del entorno y los recursos propios. Este plan individual del residente o guía formativa, dividida por años, debe incluir: la misión y la visión docente, los recursos humanos, las competencias a adquirir, el itinerario, las tareas a desarrollar (asistenciales, docentes y de investigación), la supervisión y la evaluación. Se sugiere organizar las competencias a adquirir en cada área por dominios competenciales, trasladando las competencias del programa de la especialidad a cada dominio.
  • Planificar la evaluación, teniendo en cuenta sus principios y métodos.
  • Elaborar y actualizar los documentos para compartir con el residente: el plan de acogida, el guion de la entrevista, etc.
  • Implicar a todo el equipo en la formación (sanitarios y no sanitarios). La acreditación docente del centro sanitario y los servicios asistenciales compromete a todos con la formación. Para ello, el tutor debe compartir y consensuar el proyecto docente con todos los profesionales (sanitarios y no sanitarios) y residentes, con el fin de implicarles en la formación y la evaluación.

Un buen ejemplo de este tipo de planificación y organización es la Guía del Tutor del Hospital Universitario Fundación Alcorcón (Madrid).

Ejemplo de un plan individualizado de formación para residentes, destacando objetivos y metodologías

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