La figura femenina en el Neolítico ha sido un punto central de estudio para comprender las creencias y estructuras sociales de las civilizaciones antiguas. En particular, los ídolos asociados a la fecundidad revelan una profunda conexión con la naturaleza, la vida y los misterios de la existencia humana.
El Ídolo de Almargen: Un Testimonio de Fertilidad y Creencia
En la localidad de Almargen, en la comarca del Guadalteba (Málaga), se descubrió un notable ídolo neolítico que se ha convertido en objeto de culto y peregrinación. Esta pieza, que mide 22 centímetros de alto y pesa más de 30 kilos, está tallada en mármol blanco y tiene más de cinco mil años de antigüedad.

Descubrimiento y Características del Ídolo
- Fue hallado por una familia hace treinta años durante unas reformas en su casa.
- Inicialmente, la dueña lo desenterró, lo encaló y lo utilizó como adorno en un macetero.
- El ídolo es considerado ambiguo, con una marcada parte masculina en forma fálica en la zona inferior y una protuberancia que evoca un vientre en el centro.
- En la parte superior, la talla de unos ojos y lo que podría ser una melena sugieren su femineidad.
- Es un ídolo antiguo con un enfoque más reproductivo que sexual, simbolizando la fecundidad de la tierra y de los hombres.
Atribuciones Mágicas y Culto
Desde su descubrimiento, muchas personas atribuyen al ídolo propiedades mágicas, especialmente relacionadas con la fecundidad. Parejas acuden a él con el ferviente deseo de quedarse embarazadas, buscando en su tacto suave y límpido la fertilidad. Un libro de visitas certifica esta creencia, con firmas de décadas atrás de personas provenientes de toda Málaga, Andalucía e incluso más allá.
La guía del Centro de Interpretación Tartessos en Guadalteba, Trini, confirma que desde su descubrimiento, muchas personas atribuyen a la figura propiedades mágicas que, según parece, ayudan a la fecundidad y la reproducción. Incluso se han documentado casos de mujeres que atribuyen sus embarazos a las supuestas cualidades mágicas del ídolo.
El Contexto Neolítico y la Diosa Madre
La raíz de la religión durante el Neolítico en todo el planeta se fundamentó en el culto a la Diosa Madre. Desde esta era, el ser humano consideraba la capacidad de gestar vida como un acto sobrenatural. La mujer, al ser la portadora de esta nueva vida, fue representada generalmente desnuda, embarazada, mostrando los pechos que alimentaban al recién nacido con la “leche cósmica” y con los brazos abrazando su vientre maternalmente.
Representaciones de la Diosa de la Fecundidad
- Figuras esteatopigias: Numerosas estatuillas femeninas esteatopigias, con senos, nalgas y vientres enormes, se han encontrado desde el Auriñaciense. Ejemplos incluyen figuras de Arabia (una de basalto, casi una abstracción femenina) y de las Cícladas.
- Venus Neolíticas: En Francia, se han hallado varias venus neolíticas, algunas bastante rellenas, con caderas anchas y piernas gruesas. La Diosa Madre de Malta es otro ejemplo de similitudes en diferentes áreas del Mediterráneo.
- La Venus de Gavá: Una pieza única de 4000 a.C. encontrada en Gavá (Barcelona), destacada por tener ojos oculados “como soles”. Las minas de Gavá, donde se comerciaba con minerales como la variscita y la turquesa, resaltan la importancia de estas piedras como elementos sagrados en collares y adornos.
- Ídolos oculados: Se han encontrado ídolos oculados en el sur, como el ídolo oculado de Valentina de la Concepción y en Huelva. Los museos arqueológicos de Sevilla y Huelva exhiben muchos ídolos oculados de forma cilíndrica.

Simbolismo y Significado
La escultora Ana Béjar ha dedicado años al estudio del universo femenino en el Neolítico y el culto a la diosa como fuente de vida. Su exposición "La voz de la diosa" presenta 25 esculturas que se dividen en tres grandes grupos, inspirados en las obras artísticas del Neolítico europeo:
- Diosa Madre o la Gran Diosa: Concebida como fuente de vida y fertilidad, representaba la vida, la muerte y el renacimiento, destacando por su corpulencia en torso, nalgas, cadera y muslos.
- Diosas del agua o diosas de pájaro serpientes: Cargadas de una simbología que representaba el poder vivificante del agua.
- Diosas de la naturaleza o preñadas de vegetación: Representando la tierra fértil, llevaban en el vientre una “semillita o puntito”.
Estos hallazgos sugieren que las representaciones de la mujer durante el Neolítico eran rituales, místicas o utilitarias, más que conscientemente artísticas, y que el ojo era un elemento recurrente en muchas de ellas, simbolizando una mirada protectora y de cohesión comunitaria.
La Evolución de las Representaciones Antropomorfas
Desde la corpulenta forma prehistórica, la representación de las mujeres siguió dos caminos: uno hacia lo abstracto y otro naturalista.
- Sendero abstracto y geométrico: Emblemático de las figuras cicládicas conocidas, con formas sencillas, triangulares y esquemáticas.
- Representaciones naturalistas: Como la figura femenina de pie de brazos cruzados de Egipto (periodo predinástico Naqada III), hecha de lapislázuli, o la mujer de arcilla de Baluchistán (Indo) con senos generosos y talle delgado, que puede recordar a un tipo mesopotámico.
Ambivalencia de Género en Algunos Ídolos
Algunos objetos encontrados en Chipre muestran una sexualidad ambigua o hermafrodita. Un ejemplo es un tronco de caliza cuya base es una vulva y la cumbre un pene. Otro es la Dama de Lemba, una figura de mujer-diosa con cuello y cabeza en forma de falo adornado con dos ojos de botones y una barra nasal.
Surgimiento del Poder Masculino
Las primeras ciudades en Mesopotamia, alrededor del 3300 a.C. (como Uruk), trajeron consigo una estructuración del poder y nuevos valores, dando mayor protagonismo a la figuración de los hombres de poder. Antes de esta fecha, las representaciones masculinas eran raras. Un arquetipo de esta época es el rey-sacerdote mesopotámico, representado desnudo y orando antes de rituales sagrados, marcando un cambio civilizatorio hacia un mayor protagonismo masculino en el arte y la religión.
Conexiones y Rutas Transculturales
La exposición y el estudio de los ídolos entre el 4000 y el 2000 a.C. (del Neolítico a la Edad de Bronce) en una vasta zona geográfica que va desde Iberia hasta el Indo, revelan paralelos entre civilizaciones fuertemente alejadas. Esto sugiere la existencia de circulación de ideas y rutas transculturales que influyeron en las creencias y representaciones artísticas de los pueblos antiguos.
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