La ictericia neonatal es una condición frecuente en los recién nacidos, caracterizada por una coloración amarillenta de la piel y la esclerótica de los ojos. Se manifiesta cuando un bebé presenta un nivel elevado de bilirrubina en la sangre, una sustancia que el organismo produce al descomponer glóbulos rojos viejos. Aunque en la mayoría de los casos es inofensiva y se resuelve de manera espontánea, es fundamental comprender sus mecanismos para prevenir complicaciones.

Factores fisiológicos y patológicos
La ictericia suele clasificarse según su origen en dos grandes grupos:
Ictericia fisiológica
Es la forma más común. Ocurre porque, durante el embarazo, la placenta elimina la bilirrubina del bebé, pero tras el nacimiento, el hígado del recién nacido debe asumir esta función. Debido a su inmadurez, puede tardar tiempo en realizar este proceso de manera eficiente. Suele ser más notoria entre los 2 y 4 días de vida y desaparece habitualmente a las dos semanas.
Ictericia patológica
En casos menos frecuentes, la ictericia puede ser un signo de una afección subyacente que aumenta la destrucción de glóbulos rojos o dificulta la eliminación de bilirrubina, tales como:
- Incompatibilidades del grupo sanguíneo (Rh o ABO) entre la madre y el bebé.
- Infecciones congénitas o sepsis.
- Trastornos hereditarios o metabólicos.
- Presencia de cefalohematomas o lesiones por parto difícil.
Asimismo, existen tipos específicos relacionados con la lactancia: la ictericia por lactancia (debida a una ingesta insuficiente en la primera semana) y la ictericia por leche materna (que aparece después del séptimo día y puede prolongarse por un mes).
Diagnóstico y evaluación
La detección comienza con la observación clínica, donde la ictericia progresa de manera cefalocaudal (de la cara hacia las extremidades). Los niveles de bilirrubina se confirman mediante:
- Medición transcutánea: Cálculo a través de la piel mediante sondas.
- Exámenes de sangre: Conteo sanguíneo completo, prueba de Coombs y niveles de bilirrubina total.

Opciones de tratamiento
El tratamiento depende de la edad gestacional, la rapidez con la que aumentan los niveles y la edad del bebé. Las estrategias incluyen:
Medidas de soporte
La hidratación es clave. Se recomienda alimentar al bebé con frecuencia (hasta 12 veces al día) para estimular las deposiciones, lo cual facilita la eliminación de la bilirrubina.
Fototerapia
Es el tratamiento estándar cuando los niveles son elevados. Consiste en exponer al bebé a luces azules especiales que ayudan a descomponer la bilirrubina en la piel. Puede realizarse en el hospital o, en casos seleccionados, en el domicilio mediante mantas de fibra óptica bajo supervisión de enfermería.
Procedimientos avanzados
En situaciones graves, se recurre a la exanguinotransfusión (reemplazo de la sangre del bebé) o a la administración de inmunoglobulinas por vía intravenosa (IV) para reducir la hemólisis.
Complicaciones y secuelas
Aunque la mayoría de los casos no son dañinos, un nivel extremadamente alto de bilirrubina puede derivar en kernícterus, un tipo de daño cerebral. Entre las posibles complicaciones, aunque poco comunes, se encuentran:
- Parálisis cerebral.
- Sordera neurosensorial.
- Déficit intelectual y trastornos del aprendizaje.
Manejo de fototerapia neonatal
Prevención y recomendaciones para padres
El monitoreo durante los primeros 5 días de vida es la estrategia preventiva más eficaz. Se recomienda que los recién nacidos sean examinados por un profesional de salud en los plazos establecidos tras el alta hospitalaria.
Se debe contactar al proveedor de salud de inmediato si se observa:
- Ictericia de color amarillo intenso o que afecta a las plantas de los pies.
- Prolongación de la ictericia por más de 2 semanas.
- Letargia, fiebre o dificultades severas en la alimentación.