Cada año, el “Día de la Madre”, también conocido como el “Día de la Familia”, se celebra en la mayor parte de los países de nuestro planeta, como el 18 de octubre en Argentina, fecha que sirve como punto de partida para una profunda reflexión.
El Día de la Madre: Origen y Reinterpretación
De la Antigüedad a la Hegemonía Cristiana
Históricamente, la conmemoración se remonta a la antigua Grecia, donde se rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Posteriormente, con la hegemonía del Cristianismo, la festividad empezó a vincularse a la Virgen María, madre de Jesús. Existen países donde aún hoy realizan la celebración el 8 de diciembre, como en Panamá, y en España durante muchos años también fue así.

La Necesidad de Cuestionar el Concepto
Nos parece importante poner en crisis el concepto y, por ende, los roles y estereotipos que nos destinan a las madres a través de este día. Las tareas de cuidado y reproducción de la fuerza de trabajo, tan feminizadas, se remontan al origen del patriarcado y no al de la humanidad. Si analizamos el desarrollo histórico de la humanidad, vemos inclusive que “la familia” en términos hegemónicos (mamá, papá, hijos) no existió siempre. Antes de las sociedades esclavistas, mujeres y varones vivían en comunidades “nómadas”, compartían labores y no había “división sexual del trabajo”. Respecto al cuidado de lxs niñxs, la comunidad asumía la crianza.
La Maternidad y el Patriarcado: Desafíos y Desigualdades
División Sexual del Trabajo y Origen de la Familia
La conmemoración del Día de la Madre vuelve a poner sobre la mesa una discusión que hace años se viene impulsando desde las calles y que, sistemáticamente, todos los gobiernos se han negado a debatir. Por eso, hoy es una fecha clave para reflexionar sobre las distintas formas de maternar y el carácter político que encierra esta decisión. Por otro lado, el Día de la Madre también es una invitación a repensar las formas y los sentidos, a revisar cómo se distribuyen los tiempos y las tareas de cuidado. Esto trae aparejado una desigualdad en el acceso al mercado laboral, que en muchas ocasiones se ve obstaculizado por esta situación. Y en esa lectura, maternar también es político.

El Derecho a Decidir sobre Nuestros Cuerpos
En este camino, hay cuestiones relativas a derechos tan reales e inmediatos que no podemos dejar de mencionar. El primer lugar, sin lugar a dudas, se lo lleva el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. La maternidad debe ser fruto del deseo y no de una imposición por mandato social o legal. Por portar vulva, padecemos desigualdades que se desprenden de la profunda opresión patriarcal y capitalista, como lo es el acceso a trabajos más precarios, menores salarios por igual trabajo, la dificultad de acceder a cargos de renombre y jerárquicos, y la consecuente feminización de la pobreza; el flagelo sistemático de la violencia de género en todos sus ámbitos, la discriminación, la misoginia, y tantos otros.

Impacto Laboral y Académico de la Maternidad
Tener hijos suma unas cuantas dificultades más. Laboralmente, nos cuesta más conseguir trabajos estables y que se adecuen al cuidado de nuestrxs hijxs: el Estado no garantiza la escolarización desde los 45 días, es casi imposible conseguir un jardín estatal donde poder dejar al cuidado de nuestrxs peques. Si ya tenemos trabajo, se nos deja atrás por las limitaciones propias que impone el sistema cuando se trata de cuidar/criar a alguien más, contamos con licencias totalmente insuficientes, no existen las guarderías, lactarios, ni espacios que visibilicen a les trabajadores que maternan. En relación a la formación académica, de cualquier nivel -primaria, secundaria o universitaria- se nos impide asistir con nuestrxs hijxs y/o no se nos brindan opciones de guarderías dentro de los propios espacios de estudio.
La Carga Social y el Mito de la "Madre Perfecta"
Esta segregación se da inclusive en el aspecto social con la condena que implica la salida por diversión y ocio de una madre -a lo que ya hasta le otorgaron una denominación peyorativa “mamá luchona”-. Consecuentemente con ese mito mujer-madre, se nos dice que la maternidad debe ser full time, madres dedicadas, 100% amorosas y perfectas.
La Maternidad como Trabajo: Un Reconocimiento Pendiente
Desmitificando el "Instinto" y el "Amor Incondicional"
Antes de pensar en el deseo de la maternidad, hay que decir que la maternidad es un trabajo. Es importante decir que la maternidad es un trabajo porque históricamente no ha sido reconocida como tal. En el mundo patriarcal-capitalista, la maternidad ha sido convenientemente concebida como “instinto”, como si se tratara de una función inherente a los cuerpos de las mujeres por el hecho de tener útero, como si de nuestro útero emanara la necesidad de gestación. Si el instinto no basta, la maternidad se nos presenta también como un acto de amor inherente también a los cuerpos con útero. Esta es una idea muy conveniente para el abandono histórico de los hombres hacia los hijos que han contribuido a gestar. Según cierto sentido común, como ellos no tienen útero, no sienten la acuciante necesidad de procrear, sin embargo, lo hacen a diestra y siniestra. El deseo de maternar es real, por supuesto.
La Reproducción Social y el Sistema Capitalista
La pregunta que consideramos importante plantear ahora es: ¿por qué nos es común a las mujeres sentir ese deseo? Para contestar esa pregunta tenemos que mirar a la historia. Federici nos explica que para mantener en marcha un sistema basado en la explotación de la fuerza de trabajo de los hombres que producen en fábricas, es indispensable un trabajo anterior de reproducción: aquellas labores de cuidado que posibilitan la existencia y sostenimiento de esos sujetos productores. La diferencia entre el trabajo de producción (realizado originalmente por hombres) y el de reproducción (realizado a la fecha mayoritariamente por mujeres) está en que el primero sí es reconocido como trabajo y el segundo no. La maternidad se ha revestido en culturas como la nuestra con un aura de misticismo, de bondad incondicional, se le ha asignado incluso un día feriado para darnos un supuesto “reconocimiento” por una labor que nos lleva la vida entera.

Perspectivas Feministas y Conciencia Colectiva
Lo Personal es Político: Un Llamado a la Reflexión
Les feministas sabemos que «el reclamo es político y la lucha: cultural», expresó Ro Ferrer, y es desde ese lugar que tenemos que mirar. Por otra parte, existe un poder patriarcal ejercido por personas que descalifican estas voces e infunden cierto temor a hablar. Carol Hanisch, justamente en su texto de 1969 «Lo personal es político», se refiere a las expresiones de las mujeres en los grupos de autoconciencia, a los miedos y a la suya propia: «participo en estas reuniones no es resolver cualquier problema personal». Un poco más acá en el tiempo y en el mismo sentido, Valeria Donato expresa sobre la importancia de juntarse y reflexionar en «La Revolución de los vínculos»: «En nuestros grupos, compartamos nuestros sentimientos y juntémonos. Dejémonos ir y ver a donde conducen nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos nos conducirán a ideas y luego a acciones». Y agrega: «Alguna forma de escucha activa, identificación, empatía, sororidad interseccional o el nombre que decidamos ponerle, porque sé que algunas de estas denominaciones nos provocan algún tipo de alergia por los usos que se le dieron. No sería la primera vez que creemos una nueva categoría, vivimos haciéndolo. Quizá hasta se creen diferentes y con diferentes nombres. Tampoco sería la primera vez. Las mujeres tomamos conciencia, individual y colectiva y emprendimos la lucha. Tomamos decisiones en todos los ámbitos de la vida. También si queremos maternar o no.
La Persecución Histórica de las Mujeres y la Maternidad Forzada
Federici nos dice que entre los siglos XIII y XVI los nobles feudales de Europa, poseedores de la riqueza, aliados con la Iglesia, con la finalidad de acallar las revueltas herejes que defendían lo común, llevaron a cabo una persecución sistemática de mujeres, mediante las formas más terribles de tortura, creando el estigma de “La Bruja”: la aliada del diablo, la que se niega a parir, la que conoce las hierbas que sirven para abortar, la que destruye las cercas que parcela las tierras de las que todxs comían. Durante esos tres siglos varios millones de mujeres fueron obligadas a procrear y otras asesinadas por abortar. Estas formas de sometimiento fueron traídas por los conquistadores a los territorios de América.

Maternar en Contextos de Crisis: Un Deseo Cuestionado
Desafíos Actuales y la "Huelga de Úteros"
¿Cómo maternar en un país como México donde nos están desapareciendo y explotando sistemáticamente? ¿Cómo maternar en este contexto cuando seguimos luchando por el derecho a una vida libre de violencias, por el derecho a una vivienda digna, por el derecho al agua, a la educación? ¿Cómo desear maternar en un mundo que está pereciendo, donde enfermamos masivamente? ¿No será el momento de parar, para pensar de manera seria, en una huelga de úteros -como sugiere Federici- y voltear nuestra mirada hacia los miles de niños y niñas huérfanas a causa del crimen organizado, la pobreza, y los feminicidios que se cometen a diario?
La Urgente Tarea de la Paternidad Responsable
Por supuesto, los hombres aquí tienen una tarea histórica pendiente. Es urgente que ejerzan paternidades responsables, amorosas y no-violentas.