Hepatitis Fulminante en Lactantes: Un Abordaje Integral

La hepatitis fulminante es una falla aguda de la función hepática, caracterizada por tiempos de coagulación prolongados que pueden presentar o no encefalopatía. Se trata de un síndrome raro, grave y poco frecuente, pero potencialmente fatal, que se presenta en un niño previamente sano. Consiste en la necrosis masiva o submasiva de las células hepáticas, lo que conduce a un deterioro severo y repentino de las funciones de síntesis y detoxificación del hígado. Usualmente, se asocia con ictericia, trastornos graves de la coagulación y encefalopatía, además de una afectación multisistémica que incluye alteraciones hemodinámicas, respiratorias, hidroelectrolíticas, insuficiencia renal e infecciones graves.

En el contexto pediátrico, y especialmente en lactantes, la insuficiencia hepática aguda presenta características distintivas en comparación con niños mayores y adultos. En lactantes, la insuficiencia hepática puede ser la primera manifestación de un error congénito del metabolismo (como galactosemia o tirosinemia), y la incidencia de encefalopatía hepática es menor, apareciendo de forma tardía con manifestaciones neurológicas sutiles e inespecíficas (irritabilidad, decaimiento). Sin embargo, predominan las manifestaciones hemorrágicas debido a la coagulopatía. En los adultos, la aparición de encefalopatía severa y precoz es casi constante, siendo un criterio diagnóstico obligatorio para el FHA en este grupo etario.

Definición y Clasificación de la Insuficiencia Hepática Aguda Pediátrica

La primera descripción de la insuficiencia hepática aguda en la literatura médica data de 1842 por Carl von Rokitansky, quien la denominó "atrofia aguda amarilla del hígado". Aunque inicialmente la definición de FHA en adultos, que incluía la encefalopatía hepática (EH) como criterio diagnóstico obligatorio, se extrapoló a la edad pediátrica, actualmente se acepta internacionalmente la definición de fallo hepático agudo pediátrico según el consenso del Pediatric Acute Liver Failure Study Group (PALFSG), creado en 1999. En esta definición, la EH ya no figura como criterio diagnóstico principal.

En pediatría, la clasificación se basa en el momento de aparición de la coagulopatía, siempre en ausencia de enfermedad hepática previa conocida, y se divide en:

  • Hiperagudo o fulminante: Coagulopatía debida a disfunción hepática aguda de 10 días o menos de evolución. La ictericia puede estar ausente inicialmente y la encefalopatía es variable. Esta forma se observa en FHA secundario a toxicidad por paracetamol, intoxicación por Amanita phalloides, choque y trastornos metabólicos.
  • Agudo: Coagulopatía debida a disfunción hepática aguda de más de 10 y menos de 30 días de evolución. La ictericia suele estar presente y, generalmente, no hay encefalopatía. Cuando esta aparece, indica una situación preterminal.
  • Subagudo: Coagulopatía debida a disfunción hepática aguda de más de 30 días y menos de 6 meses de evolución. La ictericia siempre está presente. La encefalopatía, si ocurre, es un marcador de situación preterminal. Típicamente, esta presentación se asocia con hepatitis autoinmune, enfermedad de Wilson y toxicidad por medicamentos.

Desde el punto de vista pronóstico, los fallos hepáticos hiperagudos presentan mayor edema cerebral, pero también mayor capacidad de regeneración hepática. Por el contrario, los FHA subagudos suelen carecer de encefalopatía, pero la capacidad de regeneración es mínima. Los cuadros de peor pronóstico con una supervivencia del 5-10% son los agudos, caracterizados por una evolución de entre 8 y 28 días hasta la aparición de la EH.

Esquema de las clasificaciones temporales de la hepatitis fulminante en lactantes

Epidemiología y Etiología

La incidencia de FHA en países desarrollados se estima entre 1 y 6 casos por millón de niños. En Estados Unidos, se calculan entre 500 y 600 nuevos casos anuales. La tasa de sobrevida varía según la etiología, haciendo crucial su identificación temprana para iniciar terapias específicas que puedan revertir el cuadro, como en enfermedades metabólicas (galactosemia, fructosemia, tirosinemia, enfermedad de Wilson), autoinmunes o intoxicación por acetaminofén.

La etiología del FHA en la infancia es variada y depende en gran medida de la edad del paciente y la región geográfica. En niños mayores y adolescentes, las causas más comunes de FHA de origen conocido son las intoxicaciones (principalmente por paracetamol), la hepatitis autoinmune y la enfermedad de Wilson. En los lactantes, las etiologías más prevalentes son la enfermedad hepática fetal aloinmune (hemocromatosis neonatal) y las enfermedades metabólicas, seguidas por las infecciosas.

Un estudio multicéntrico pediátrico (1999-2008) reveló que la hepatotoxicidad representó el 19% de los casos de IHA, principalmente debido a sobredosis de acetaminofén o paracetamol. En contraste, en países endémicos para hepatitis A y E, la causa viral es la más frecuente.

Causas Específicas en Lactantes

1. Infecciones Virales

En las hepatitis agudas, se observa un proceso inflamatorio difuso del parénquima hepático, de gravedad variable, secundario a la respuesta inmune a un agente agresor, casi siempre un virus, con destrucción de las células hepáticas infectadas. Los virus de la hepatitis (VH, hepatotropos) A, B, C, D, E y G, son los principales responsables de enfermedad específica hepática. Otros muchos virus causantes de enfermedad sistémica pueden afectar también al hígado, produciendo una hepatitis aguda de intensidad menor, como el virus Epstein-Barr, citomegalovirus, herpes simple, parvovirus B19, echovirus, coxsackie, adenovirus, virus de la rubéola, sarampión y varicela.

  • Virus de la Hepatitis A (VHA): Aunque menos del 1% de las infecciones por VHA evolucionan a FHA, sigue siendo la causa infecciosa más común. En Argentina, la vacunación universal implementada en 2005 redujo drásticamente su incidencia. El VHA se transmite por vía fecal-oral, siendo más común en países en desarrollo o en condiciones sanitarias deficientes. La infección anictérica es más habitual en niños, favoreciendo la transmisión. El diagnóstico se realiza mediante la detección de anticuerpos IgM específicos contra el VHA.
  • Virus de la Hepatitis B (VHB): Puede causar FHA en el 4% de los casos, con una mortalidad del 70-90%. La transmisión vertical es una vía importante, y los recién nacidos infectados rara vez presentan sintomatología clínica. El diagnóstico se basa en la detección del antígeno HBs en suero y la positividad de los Ac HBc. La inmunoprofilaxis universal ha sido clave para su control.
  • Virus de la Hepatitis C (VHC): Aunque tiene poca importancia como expresión de hepatitis aguda, puede transmitirse verticalmente. La mayoría de los niños con infección por VHC son asintomáticos o tienen síntomas leves inespecíficos. El diagnóstico definitivo es la detección del RNA del VHC por PCR.
  • Enterovirus (especialmente Echovirus serotipo 11): Más frecuentes en recién nacidos, entre los 4 y 7 días de vida, con compromiso multisistémico grave.
  • Virus del Herpes Simple (VHS): La infección neonatal por VHS puede ser adquirida durante o después del parto, desarrollando síntomas a partir de los 5 días de vida. El FHA puede ocurrir con enfermedad diseminada o como manifestación única. La terapia con aciclovir es recomendable, aunque el pronóstico es desfavorable con una alta mortalidad (85%).

2. Enfermedades Metabólicas

Representan la causa más frecuente de FHA en lactantes. Es crucial el seguimiento de estos pacientes debido al riesgo aumentado de hepatocarcinoma.

  • Intolerancia Hereditaria a la Fructosa: Trastorno autosómico recesivo cuyos síntomas aparecen con la introducción de fructosa en la dieta, pudiendo causar FHA funcional sin necrosis significativa.
  • Tirosinemia Hereditaria Tipo 1: Trastorno autosómico recesivo que causa acumulación de metabolitos tóxicos, afectando el hígado y la función tubular renal. Los lactantes presentan coagulopatía precoz y signos de FHA entre 1 y 6 meses de vida. El tratamiento con nitisinona y dieta libre de tirosina/fenilalanina es exitoso en el 90% de los casos.
  • Deficiencia de Δ4-3-oxoesteroide 5β-reductasa: Principal defecto reconocido dentro de los errores innatos en la síntesis de ácidos biliares, asociado con FHA y colestasis neonatal.
  • Enfermedad de Wilson: Es la enfermedad metabólica más frecuentemente vinculada con la evolución a FHA en niños y adolescentes. Se caracteriza por anemia hemolítica Coombs-negativa, coagulopatía, bilirrubina sérica marcadamente elevada y fosfatasa alcalina normal o baja. El diagnóstico rápido se puede realizar por la observación de anillos de Kayser-Fleischer en el examen oftalmológico.

3. Enfermedad Hepática Fetal Aloinmune (Hemocromatosis Neonatal)

Trastorno perinatal infrecuente caracterizado por el almacenamiento anormal de hierro intra y extrahepático. Se presenta en los primeros días o semanas de vida con coagulopatía severa (INR >3), ascitis y fallo multiorgánico. El tratamiento precoz con exanguinotransfusión e infusión intravenosa de IgG inespecífica alcanza una supervivencia del 75-80% sin necesidad de trasplante hepático.

4. Linfohistiocitosis Hemofagocítica

Enfermedad infrecuente que implica la activación inapropiada de los macrófagos, pudiendo presentarse como FHA neonatal. Puede ser primaria (genética) o secundaria (asociada a infecciones o deficiencias inmunes). El manejo inicial incluye quimioterapia, pero la supervivencia a largo plazo requiere trasplante de médula ósea.

5. Hepatitis Autoinmune

Causa importante de hepatitis en el niño, con curso fluctuante y expresión clínica heterogénea. Puede debutar como FHA (20% de los casos). Se produce por una disfunción en la regulación de los linfocitos T y macrófagos, generando autoanticuerpos (ANA, SMA, LKM). El tratamiento se basa en corticoides a dosis altas y, posteriormente, inmunosupresores.

6. Hepatotoxicidad inducida por Fármacos

Puede causar hasta el 15% de los FHA, siendo el paracetamol el fármaco más frecuente. La lesión hepatocitaria depende de la dosis administrada. Otros fármacos como amiodarona, isoniazida, anticonvulsivantes, amoxicilina con ácido clavulánico y macrólidos también pueden causar FHA. El tratamiento para la intoxicación por paracetamol es la N-acetilcisteína (NAC), la cual es más eficaz si se administra dentro de las 8 horas post-ingesta.

Tabla de etiologías de FHA en lactantes clasificadas por grupos

Fisiopatología

La patogenia de la hepatitis fulminante implica la exposición a un agente capaz de causar injuria extensa a las células del parénquima hepático o de inducir una respuesta del huésped que ocasione dicho daño. La necrosis hepatocítica es extensa y el mecanismo preciso es desconocido en la mayoría de los casos. La activación de las células de Kupffer participa en este proceso, activándose por factores elaborados por hepatocitos dañados y endotoxinas circulantes, lo que lleva a la liberación de citoquinas como el factor de necrosis tumoral α (TNF-α) e interleucina-6, que pueden causar más necrosis.

La regeneración hepática ocurre a través de varios factores de crecimiento, pero niveles elevados de inhibidores circulantes pueden resultar en una necrosis hepática "hiporregenerativa", conduciendo a FHA terminal. La injuria hepatocelular severa compromete las funciones metabólicas del hígado, afectando la homeostasis de la glucemia, la síntesis de factores de coagulación y la eliminación de toxinas. Como resultado, ocurren hipoglucemia, acidosis y coagulopatía, lo que incrementa el riesgo de sangrado gastrointestinal, encefalopatía hepática y disfunción miocárdica. La falla multiorgánica es frecuente y se atribuye a una lesión microvascular.

Manifestaciones Clínicas

Excepto en el fallo hepático hiperagudo, de comienzo brusco, los pacientes suelen presentar inicialmente la sintomatología de una hepatitis, con un período prodrómico inespecífico, seguido de hepatomegalia e ictericia. La persistencia o empeoramiento de los síntomas previos debe hacer pensar en una progresión a insuficiencia hepática. La complicación más temida es la hepatitis fulminante, con necrosis hepatocelular masiva y disfunción grave.

Los signos de gravedad incluyen hemorragia por venopunciones o tracto gastrointestinal, aparición de signos de encefalopatía, disminución del tamaño del hígado y oliguria. Las pruebas de laboratorio suelen mostrar hiperbilirrubinemia, transaminasas extremadamente elevadas (a menudo con predominio de GOT sobre GPT), coagulopatía grave, hiperamoniemia e hiperlactacidemia. También son frecuentes las alteraciones hidroelectrolíticas y la hipoglucemia.

Encefalopatía Hepática

La encefalopatía hepática es frecuente en niños mayores, pero más rara en lactantes. Sin embargo, en este grupo de edad, su presencia es de muy mal pronóstico, apareciendo en fases terminales de la enfermedad. Se produce por la formación de edema cerebral, donde el amonio juega un papel esencial. La encefalopatía hepática se clasifica en 5 grados:

  • Grado 1: Confusión, cambios en el estado anímico.
  • Grado 2: Somnolencia, alteraciones de la conducta.
  • Grado 3: Estuporoso, obedece a órdenes simples.
  • Grado 4 A: Coma con respuesta a estímulos dolorosos.
  • Grado 4 B: Coma profundo, sin respuesta a ningún estímulo.

El electroencefalograma (EEG) es de gran ayuda para el diagnóstico de la encefalopatía, especialmente en pacientes bajo ventilación mecánica y sedación, mostrando trazados más lentos y de menor voltaje a mayor grado de encefalopatía.

Encefalopatía Hepática: Alternativas Dietéticas en su Manejo.

Infecciones

Las infecciones son frecuentes en pacientes con FHA debido a la inmunodepresión que produce. El manejo y tratamiento del FHA predisponen a infecciones nosocomiales. Los cocos grampositivos son los microorganismos más frecuentes, aunque los hongos pueden causar hasta un tercio de las infecciones. El control riguroso de los signos de infección es fundamental.

Manejo y Tratamiento

Es importante transferir de forma temprana a todo niño con FHA a un centro con programa de trasplante hepático, preferiblemente antes de que aparezcan signos de encefalopatía hepática. El FHA requiere un abordaje multidisciplinario en la unidad de cuidados intensivos pediátricos.

Medidas Generales de Soporte

  • Acceso Venoso Central: Para seguimiento, administración de fármacos y fluidos, y extracciones de sangre.
  • Soporte Hemodinámico: Tratamiento con coloides y/o cristaloides, y en algunos casos, catecolaminas para garantizar una perfusión adecuada.
  • Control Glucémico: Mantener valores normales de glucemia mediante perfusión de glucosa (6-8 mg/kg/min).
  • Soporte Respiratorio: Intubación y ventilación mecánica tempranas, antes del fallo respiratorio o encefalopatía grave.
  • Manejo de la Coagulopatía: Administración de vitamina K durante 3 días. Plasma fresco congelado según la evolución. En casos de hemorragia clínica o coagulopatía persistente, complejo protrombínico y/o factor VII activado.
  • Manejo de la Encefalopatía Hepática: Control atento del estado neurológico. Manitol como fármaco más eficaz para el edema cerebral, manteniendo natremia entre 145 y 155 mEq/l con suero salino hipertónico. La hipotermia moderada también es una opción.
  • Equilibrio de Líquidos y Función Renal: Control riguroso de los trastornos electrolíticos, especialmente la hiponatremia. Diuréticos en caso de oliguria con normovolemia. Hemofiltración venovenosa continua puede ser necesaria.
  • Prevención y Tratamiento de Infecciones: Controles rigurosos con cultivos frecuentes. Antibióticos de amplio espectro para tratamiento empírico. Se debe considerar el tratamiento antifúngico en caso de fiebre persistente.

Tratamiento Específico

El estudio etiológico debe iniciarse lo antes posible, ya que la identificación de la causa puede conducir a un tratamiento específico (por ejemplo, terapia con aciclovir para VHS, nitisinona para tirosinemia, o N-acetilcisteína para intoxicación por paracetamol). La N-acetilcisteína (100 mg/kg/día en perfusión continua) se utiliza cada vez más en FHA de etiología distinta a la intoxicación por paracetamol.

Trasplante Hepático

El trasplante hepático urgente es la medida más eficaz para la supervivencia del paciente en FHA. El objetivo es identificar qué pacientes pueden recuperarse espontáneamente y cuáles necesitan un trasplante. El principal dilema es decidir el momento adecuado para incluir al paciente como candidato a trasplante, basándose en la experiencia clínica y criterios pronósticos como los del King's College. Los pacientes que se curan espontáneamente tienen una recuperación completa, mientras que los trasplantados dependen de por vida de medicación inmunosupresora.

Tratamientos Regenerativos y de Sustitución Hepática

Actualmente, se están desarrollando otras posibilidades terapéuticas, como sistemas de soporte artificial basados en la hemoperfusión con carbón activado, que ya se practican en algunos centros.

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