Ajustar la dosis de fertilización y abonado es vital para el buen desarrollo de las plantas, ya que tanto el exceso como el defecto de nutrientes resultan perjudiciales. La necesidad nutricional de un cultivo varía en función de la cosecha esperada; una planta que produce mucho tiene requerimientos diferentes a una que lo hace poco. Para optimizar la producción y disminuir los efectos del clima, es fundamental conocer las necesidades nutricionales específicas de la vid.
España es el país del mundo con mayor superficie dedicada al cultivo de la vid. Sin embargo, otras naciones como Francia e Italia, con menos superficie, logran una producción mayor. Aunque el rendimiento medio por hectárea ha aumentado, la producción de la vid se ve limitada por factores como el clima y las escasas lluvias, lo que subraya la importancia de una fertilización eficiente para alcanzar el máximo rendimiento.

Factores Clave para Determinar la Dosis de Fertilizantes
Para calcular la necesidad nutricional de un cultivo, es crucial ajustar la dosis de fertilización al máximo de cosecha que se podría obtener, si todo sale según lo previsto. Los análisis foliares y los análisis de suelo son herramientas básicas para determinar el plan de abonado del viñedo y para ejecutar el seguimiento del estado nutricional de la vid. Estos análisis permiten valorar la respuesta de la planta al abonado aplicado y corregir desviaciones. Es recomendable realizar periódicamente análisis foliares (cada 3-5 años), siempre que no existan problemas nutricionales evidentes que convenga determinar para corregirlos. La toma de muestras durante el envero, recogiendo hojas opuestas al segundo racimo y analizando limbos y/o pecíolos, es una metodología propuesta según el fin que se persiga.
Al estimar la dosis de abonado, es importante considerar el objetivo de la explotación vitícola (calidad versus cantidad), el balance nutricional, los factores con incidencia en la nutrición y los métodos que permiten valorar el nivel de nutrición. Es fundamental saber que el fósforo y el potasio permanecen en el suelo, mientras que el nitrógeno es un elemento móvil y, en caso de no ser absorbido, puede perderse de un año a otro.
Nutrientes Esenciales y Sus Requerimientos en la Vid
La vid se caracteriza por un ritmo regular de absorción de elementos minerales a lo largo del ciclo, una ausencia de períodos críticos y unas necesidades relativamente moderadas. La absorción mineral de la vid abarca fundamentalmente el período comprendido entre la brotación y el envero, absorbiendo prácticamente el 100% del nitrógeno y potasio, y más del 90% del fósforo en esta etapa. Al igual que la mayoría de los cultivos, la vid tiene altas necesidades de nitrógeno y potasio, así como de microelementos como el calcio y el magnesio.
Nitrógeno (N)
El nitrógeno es un nutriente esencial que mejora el crecimiento y la capacidad productiva de la cepa, favoreciendo su desborre, la tasa de cuajado y el proceso de inducción floral. Una deficiencia de nitrógeno reduce el crecimiento y la producción, manifestándose por una clorosis de las hojas jóvenes en la punta de los sarmientos que avanza hacia la base, pudiendo llegar a la pérdida total de la producción y la muerte de la cepa en casos extremos. Por el contrario, un exceso de nitrógeno es uno de los mayores inconvenientes en una viticultura de calidad, ya que aumenta el vigor de la planta, deteriora el microclima de hojas y racimos, y estimula un crecimiento vegetativo excesivo, dificultando los procesos de agostamiento y maduración de la uva, con consecuencias negativas en la calidad del vino. Esto puede llevar a maduraciones incompletas y la aparición de hongos de la podredumbre.
Las aportaciones de nitrógeno deben ser moderadas. En condiciones medias, las aportaciones se sitúan entre 30-40 kg/ha, y en secano pueden variar de 30 a 60 unidades. Los tallos y las hojas que se reincorporan en el suelo representan aproximadamente el 70% de la absorción de N. Dada su movilidad y facilidad de lavado, se recomienda aplicar el nitrógeno de forma fraccionada y superficial durante el período de primavera-verano (desborre-postcuajado), utilizando abonos nitrogenados adecuados según sus características y fecha de aplicación. La urea, por ejemplo, puede aplicarse mensualmente.

Fósforo (P)
El fósforo es un nutriente muy importante para la vid, aunque sus necesidades sean pequeñas. Participa en los sistemas de almacenamiento y transferencia de energía y azúcares, siendo un factor de crecimiento para brotes y raíces. Ayuda a frenar una absorción excesiva de nitrógeno y mejora la resistencia a enfermedades y sequía. El fósforo es un elemento clave en el desarrollo de las vides jóvenes; cantidades subóptimas en el suelo pueden retrasar el inicio de la etapa de producción. Relativamente poco fósforo se elimina en la fruta. Los tallos y las hojas que se reincorporan en el suelo representan aproximadamente el 60% de P2O5.
Las moderadas necesidades de fósforo de la vid hacen que su aporte se centre casi exclusivamente en sus exportaciones. Se recomiendan aportes de 20-30 kg P2O5/ha. Sin embargo, es necesario considerar las frecuentes inmovilizaciones de este elemento en el suelo y los bajos coeficientes de utilización de los abonos que lo aportan, por lo que estas recomendaciones podrían incrementarse en porcentajes en torno al 25%, adaptándose a las formulaciones comerciales disponibles. Los abonos fosfatados simples más utilizados son los superfosfatos, los cuales se trabajan en el suelo durante el período inactivo de invierno.
Potasio (K)
El potasio, un elemento de gran movilidad, es un factor de calidad que produce mostos equilibrados. Desarrolla un papel destacado en la síntesis, traslocación y acumulación de azúcares en las bayas y partes vivaces. Interviene en la neutralización de los ácidos orgánicos, jugando un importante protagonismo en la acidez y el pH del mosto y del vino. El potasio se requiere principalmente para la formación de conglomerados y durante el período de precosecha. En verano, el plan de abonado debe centrarse en mejorar la calidad de los frutos, por lo que las aportaciones de potasio son cruciales en esta época. Los tallos y las hojas que se reincorporan en el suelo representan aproximadamente el 60% de K2O.
Las necesidades de abonado de potasio son muy variables y pueden oscilar entre 50 y 200 unidades. Un aporte de potasio equivalente a 60-100 kg K2O/ha es una pauta general, variando según el tipo de suelo (lavado, retrogradación), el volumen de cosecha o el riesgo de provocar deficiencias de magnesio. En uva de mesa, estas cantidades pueden llegar a duplicarse. El nitrato potásico debe aplicarse cada mes alterno. El potasio se puede aplicar en forma de sulfato en condiciones normales, siendo este abono recomendado en suelos salinos, poco profundos y sueltos, y en aportes masivos, tardíos y localizados. Otro abono simple común es el cloruro potásico.
Una alimentación potásica elevada ha generado preocupación entre los enólogos por la disminución de la acidez y el aumento del pH en los vinos, lo que lleva a vinos "planos", sensibles a oxidaciones y precipitaciones, con escasa valoración organoléptica y que requieren una enología correctiva importante.
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Magnesio (Mg)
El magnesio favorece el transporte y la acumulación de azúcares. La carencia de magnesio entraña una disminución del rendimiento y de la síntesis de azúcares, así como riesgos de “desecamiento de raspón”. Las circunstancias que favorecen una insuficiente alimentación de Mg incluyen la falta de restitución por la disminución del aporte de materia orgánica, la ausencia de este elemento en los planes de abonado, y todas aquellas situaciones que promueven una alimentación excesiva de potasio, con el que mantiene un evidente antagonismo: elección inadecuada de variedades y portainjertos, fertilización abundante de potasio y buena disponibilidad de agua (riego y/o precipitaciones). El abono con magnesio más extendido es el sulfato magnésico. La aplicación de magnesio, al igual que el potasio, responde a criterios considerados para el fósforo.
Microelementos
En los viñedos, no es raro detectar deficiencias de hierro (Fe), manganeso (Mn), boro (B) e incluso zinc (Zn), dada la dependencia de la disponibilidad de estos elementos respecto del pH más bien básico de los suelos dedicados al cultivo de la vid. El manganeso influye positivamente en la fertilidad de las yemas, la tasa de cuajado y la síntesis de clorofila. La carencia de boro se manifiesta primeramente en las hojas con una clorosis difusa antes de la floración; los sarmientos tienen los entrenudos cortos y, en casos graves, se detiene el crecimiento del meristemo terminal, formando ramificaciones. La fecundación es mala y los racimos presentan uvas de tamaño normal o superior junto a una mayoría mucho más pequeñas. Los aportes al suelo de microelementos son escasos y se reducen casi exclusivamente a la aplicación de hierro en forma de quelatos.
Tipos de Fertilizantes y Sus Dosis
Una vez calculadas las necesidades nutricionales, se obtendrá el cálculo en unidades fertilizantes de cada nutriente por separado. La riqueza de los fertilizantes comerciales se expresa en % de unidades fertilizantes, mientras que el grado de un fertilizante se etiqueta con un código de tres números de los tres macronutrientes primarios: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K).
Fertilizantes Orgánicos
Engloban aquellos fertilizantes cuyos nutrientes provienen de material orgánico, ya sea animal, vegetal u otro. Existen varios tipos de fertilizantes orgánicos, según su forma de preparación y aplicación. Los fertilizantes orgánicos (estiércol y purín) tienen riquezas mucho menores, expresadas en su mayoría en UF/T o UF/m³. Los resultados se obtienen en toneladas (T) o metros cúbicos (m³), por lo que para compararlos con otros fertilizantes y saber su riqueza en el formato N-P-K, se debe dividir por 10 esa riqueza. Además, los estiércoles y purines se van mineralizando a lo largo de los 3 años siguientes a su aplicación, liberando aproximadamente un 50% de los nutrientes el primer año, un 35% el segundo y el 15% restante el tercero. Es importante considerar estos porcentajes y multiplicarlos por la riqueza para saber qué aportarán cada año.
Como pauta, la aplicación de 25 t/ha de un estiércol tradicional, distribuido superficialmente y enterrado mediante labores superficiales, puede ser una referencia. En términos generales, la aportación de 10 t/ha de un estiércol clásico satisface las necesidades y las pérdidas anuales de materia orgánica, estimadas entre 300 y 1.200 kg/ha según las condiciones naturales y de cultivo. La incorporación de sarmientos puede compensar cerca del 40% de la pérdida anual de materia orgánica, aportando un valor fertilizante medio por hectárea de 7 kg N, 2 kg P2O5, 8 kg K2O, 9 kg CaO y 2 kg MgO. Además de los estiércoles tradicionales, se puede optar por una amplia gama de especialidades comerciales con base diversa, sin olvidar otras fuentes de materia orgánica como cortezas, paja, restos vegetales y subproductos de la vid (sarmientos y orujos), ya sea incorporados directamente o compostados previamente. El compost urbano y los lodos de depuradora no encuentran suficiente acomodo en el cultivo de la vid.
Ejemplo de Fertilización en Viñedo Ecológico con Compost
La fertilización ecológica del viñedo no suele ser problemática, ya que la aportación de nutrientes a través del compost permite controlar la demanda de nitrógeno, fósforo y potasio durante todo el ciclo productivo, realizando su aplicación de forma localizada en las líneas de cultivo. La siguiente tabla recoge las necesidades nutricionales y la cantidad de compost a emplear para una fertilización equilibrada en un viñedo de alta calidad:
| Necesidades (Unidades Fertil.) | Mínimo | Máximo | Media | Compost requerido (TN/Ha) |
|---|---|---|---|---|
| Nitrógeno | 20 | 25 | 22.5 | 221 |
| Fósforo | 3 | 5 | 4 | 70.2 |
| Potasio | 25 | 40 | 32.5 | 291.1 |
Ejemplo de Fertilización en Viñedo No Ecológico con Compost
La fertilización tradicional en viñedos de gran calidad puede complementarse con una fertilización natural que incremente la calidad de los vinos gracias a la movilización de nutrientes fijados en los suelos por acción del compost. Para un viñedo con un rendimiento que oscila entre 5 y 8 toneladas por hectárea y una vida superior a los 6 años, con unidades fertilizantes extractivas estimadas de 25 unidades de Nitrógeno, 5 de Fósforo y 40 de Potasio, se presenta el siguiente ejemplo:
| Necesidades (Unidades Fertil.) | Mínimo | Máximo | Media | Compost requerido (TN/Ha) |
|---|---|---|---|---|
| Nitrógeno | 20 | 25 | 22.5 | 270.8 |
| Fósforo | 3 | 5 | 4 | 270.1 |
| Potasio | 25 | 40 | 32.5 | 291.1 |
Para este tipo de viñedo, con aproximadamente 1.100 kilogramos de compost convencional sería suficiente para satisfacer las necesidades.
Fertilizantes Minerales (Inorgánicos)
Los fertilizantes inorgánicos son elaborados por la industria y contienen elementos nutritivos esenciales para el desarrollo de las plantas, sin materia orgánica. Se distinguen fertilizantes simples (con contenido declarable en un solo nutriente: nitrógeno, fósforo o potasio) y complejos (que combinan varios de ellos).
Una propuesta general para el abonado mineral de fondo puede responder a los siguientes intervalos: 100-400 kg P2O5/ha, 200-600 kg K2O/ha y 50-150 kg MgO/ha. Los niveles más elevados se corresponden con suelos poco fértiles y/o de textura arcillosa. Si se realiza subsolado como labor preparatoria del terreno, los abonos se distribuyen en superficie y se entierran con una labor superficial; si se practica una labor de desfonde, los abonos se reparten en superficie y se incorporan en profundidad. El P2O5 y K2O se trabajan en el suelo durante el período inactivo de invierno.
Métodos de Aplicación
Abonado de Fondo
El abono profundo, en cantidades de 30-80 ton/ha, proporciona minerales poco móviles en el suelo (P2O5, K2O, MgO) y corrige la alta acidez que puede inducir toxicidad de Al o Cu en campos con pH bajo. El fósforo y el potasio son elementos clave en el desarrollo de las vides jóvenes, y cantidades subóptimas de estos nutrientes pueden resultar en un retraso en el inicio de la etapa de producción.
Fertirrigación
Fertilizar viñedos con potasio (K) a través del sistema de goteo (fertirrigación) se ha convertido en una práctica común. Las vides responden mejor al potasio aplicado mediante fertirrigación entre marzo y junio (hemisferio norte) o septiembre y diciembre (hemisferio sur). Los productores a menudo aplicarán de 10 a 15 libras de potasio por acre por semana, poco después de la brotación y durante cinco a diez semanas. La aplicación por fertirrigación puede ser de 5-10 l/ha para soluciones nutricionales. Al aplicarse mediante riego, se consiguen beneficios para el suelo como la mejora de su estructura, el aumento de la disponibilidad de nutrientes y el aporte de microorganismos beneficiosos que eliminan patógenos por competencia activa. Hasta fechas recientes, la condición de secano que ha caracterizado al viñedo español y las limitaciones legales sobre el uso del riego, han limitado la fertirrigación, pero se espera que esta técnica adquiera un importante protagonismo en el futuro.
Aplicación Foliar
La aplicación foliar de nutrientes y bioestimulantes es otra técnica importante. Se procede a la foliación del conjunto de plantas, mojando bien, pero sin que llegue a gotear. Por ejemplo, una solución nutricional con alto contenido en potasio, de total disponibilidad para la planta, puede aplicarse foliarmente para actuar en la acumulación de hidratos de carbono y grasas en los frutos, y en la regulación de la apertura y cierre de estomas.
Además, experimentos recientes han demostrado el efecto beneficioso de la interrupción de la latencia invernal por aplicaciones foliares en la vid cuando la acumulación de frío no está asegurada. Estas pulverizaciones, que tradicionalmente usan compuestos específicos, han mostrado reducir costos al reemplazar parte del agente fisiológicamente activo por nitrato potásico, lo que resulta en una ruptura de la latencia más temprana y uniforme.
Aplicación Superficial y Enterrado
Para la aplicación de fertilizantes de origen orgánico, se recomienda el uso de esparcidores de banda que puedan administrar el producto sobre la superficie de implantación del viñedo. De esta forma, se consiguen concentrar los nutrientes en las zonas de mayor desarrollo radicular. También existen inyectores de compost que pueden emplearse siempre y cuando se apliquen cerca de la zona de desarrollo radicular. No se aplicarán abonos orgánicos o minerales en momentos o con sistemas que puedan suponer una contaminación directa de la uva.
Corrección del pH del Suelo
Aunque la mayor parte de los suelos dedicados al cultivo de la vid presentan valores de pH más bien alcalinos, en ocasiones se requieren enmiendas de tipo mineral (“encalado”) para la corrección del bajo pH que caracteriza a los suelos ácidos (pH < 6). Para ello, se pueden realizar aportes entre 2.000 kg CaO/ha en suelos arenosos y 6.000 kg CaO/ha en suelos muy arcillosos.
Bioestimulantes y Aminoácidos
Los aminoácidos son de gran importancia para el cultivo de la vid, especialmente en verano para mejorar la calidad de los frutos. Un bioestimulante a base de aminoácidos libres, obtenidos por hidrólisis de proteínas de origen animal, puede actuar como nutriente orgánico y aumentar la actividad del cultivo en situaciones de estrés. Además, favorece la precocidad de la recolección y pone en forma asimilable elementos fijados en el suelo. Mezclando este producto con herbicidas, fitosanitarios u otros abonos, se potencia su eficacia y se optimiza el resultado. Los bioestimulantes con aminoácidos son concentrados 100% libres y totalmente asimilables, diseñados para aumentar la calidad y el rendimiento de las cosechas, ayudando a las resistencias naturales de la planta en momentos de estrés como golpes de calor, heladas, pedrisco o ataque de plagas y enfermedades. Estos abonos orgánicos, ricos en proteína noble y aminoácidos, penetran rápidamente en la planta y pueden aplicarse vía foliar y/o radicular durante todo el ciclo vegetativo, especialmente en estados críticos antes y después de la floración.
Que se puede aplicar para hacer un aporte masivo de potasio a los 65 dias #hortalizas #agricultura
Consideraciones Adicionales
Para una fertilización eficiente es necesario tener en cuenta muchos valores, incluyendo los aportes pasados. Para facilitar esta tarea, existen herramientas para llevar un registro de fertilización, que permiten tener todo bien apuntado y ordenado, y que además realizan de manera automatizada los cálculos de riquezas y fertilizantes. Determinar las dosis es más fácil y rápido que nunca, lo que permite obtener siempre las cantidades más ajustadas, ahorrar tiempo, esfuerzo y optimizar el rendimiento de los cultivos. Cabe destacar que el potasio en el agua de riego puede retardar la infiltración. Las cifras mencionadas en las tablas pueden servir como pautas generales para el desarrollo de un régimen de fertilización, aunque la vid no es muy exigente a este respecto.