Figuras Femeninas y Fertilidad: Un Vínculo Ancestral y Moderno

Un estudio publicado en 2021 sugiere que la interpretación de las Venus paleolíticas como representaciones de mujeres embarazadas es cada vez más plausible. Estas pequeñas estatuillas, fácilmente transportables, habrían transmitido un ideal femenino asociado a la gestación, un concepto que contrasta notablemente con la realidad del siglo XXI, donde el embarazo puede ser estigmatizado en el ámbito laboral y social.

Ilustración de una Venus paleolítica, destacando sus volúmenes corporales.

La centralidad de la condición gestante en la sociedad ha llegado a ser un tema de reflexión, especialmente en un contexto global de creciente desvinculación y polarización. La gestación, considerada el mayor misterio de la alteridad y la vinculación humana, invita a repensar la profundidad del vínculo humano y la dignidad inherente a él. En este sentido, existe un movimiento mundial dedicado a reexaminar todo el fenómeno perinatal, desde la concepción hasta el periodo neonatal.

Las Venus Paleolíticas: Supervivencia y Adaptación Climática

Las famosas figurillas de Venus paleolíticas, que han dominado el imaginario escultórico de la figura femenina, proceden con mayor probabilidad de yacimientos cercanos a los frentes glaciares durante la Edad de Hielo. Aunque las figuras obesas son infrecuentes en el imaginario de pueblos nómadas, se volvieron comunes entre las poblaciones cazadoras-recolectoras del norte europeo durante la glaciación. Curiosamente, los estudios forenses indican que el peso medio de las mujeres de esas épocas estaba lejos de la obesidad representada en estas estatuillas.

Otra característica que aleja la hipótesis de representaciones naturalistas es la desnudez de las Venus en un entorno de temperaturas medias de -6 grados centígrados. Se ha observado que la mayoría de estas figuras fueron creadas durante periodos de descenso de temperatura, por debajo de -10 grados, lo que diezmó las poblaciones humanas. En estas condiciones extremas, sectores de la población como enfermos, ancianos y, especialmente, mujeres embarazadas o lactantes, enfrentaban un mayor estrés alimentario.

Un estudio de Johnson, Lanaspa y Fox, excluyendo figuras talladas en astas de cérvidos, propone que estas estatuillas no son solo divinidades de la fertilidad, sino que cumplían una función relacionada con la adaptación al enfriamiento climático. La hipótesis sugiere que las figuras, centradas en la representación ventral y pectoral, con órganos sexuales acentuados, transmitían información crucial para las mujeres embarazadas: la necesidad de acumular reservas corporales para sobrevivir a la gestación y la nutrición de sus hijos.

El aumento del volumen corporal proporcionaba mayor aislamiento contra el frío, facilitaba reservas de energía para momentos de inactividad física durante el embarazo y aseguraba mayores nutrientes para el feto y el recién nacido. Las duras condiciones polares requerían que el destete se prolongara hasta dos periodos invernales por niño. Por lo tanto, las figurillas de Venus representarían a mujeres embarazadas, preparadas para la maternidad o que habían dado a luz recientemente. Su función sería la de transmitir un ideal de reserva nutricional, promoviendo la acumulación de recursos para la gestación y supervivencia de los recién nacidos en el periodo neonatal.

Infografía comparando las condiciones climáticas del Paleolítico con la representación de las Venus.

La desnudez de las figuras facilitaría la comunicación del ideal de acumulación de grasas, detallando el tronco y prescindiendo de rasgos faciales. Los autores concluyen que estas figurillas actuaron como una herramienta ideológica para mejorar la fertilidad y la supervivencia de madres y recién nacidos, enfatizando la salud y la supervivencia como adaptación a condiciones climáticas adversas. Si además cumplían una función religiosa, la transmisión de esta enseñanza se vería cualitativamente reforzada, convirtiendo el embarazo en un periodo epifánico.

La Venus de Willendorf: Un Ícono de la Fertilidad

La Venus de Willendorf, datada entre 27 500 y 25 000 a. C., es una de las representaciones más emblemáticas de la fertilidad. Hallada en 1908 cerca de Willendorf, Austria, esta figura de oolito, teñida con ocre rojo, mide unos 11 centímetros de altura. Su abdomen, nalgas y mamas extremadamente voluminosos han llevado a numerosos estudiosos a deducir una fuerte relación con el concepto de fertilidad.

Sus brazos son delgados y casi imperceptibles, doblados sobre los senos. Carece de rostro visible, con la cabeza cubierta por lo que podría ser un peinado o una capucha, e inclinada hacia adelante. El abdomen presenta un notorio hueco que representa el ombligo, y el abultado pubis se expande sobre unos gruesos muslos. Los pies no están esculpidos, lo que sugiere que la figura era portátil y utilizada en sociedades nómadas, indicando su gran importancia dentro de estas comunidades.

Fotografía de la Venus de Willendorf expuesta en un museo.

El apodo de "Venus" ha generado debate entre algunos estudiosos, que cuestionan la asociación de esta figura obesa con la imagen clásica de la belleza. Su descubrimiento, celebrado en 2008 con la emisión de un sello postal, coincidió con su traslado al Museo de Historia Natural de Viena para conmemorar el centenario de su hallazgo.

Figuras Femeninas en la Historia de la Medicina y la Ciencia

La historia de la fertilidad y la infertilidad ha estado marcada por diversas interpretaciones, desde lo divino hasta lo humano. En el Neolítico, con el paso a sociedades sedentarias, la mujer adquirió un papel central, asociando la fertilidad a la capacidad de las tierras y comparando la reproducción con procesos agrícolas.

En la antigua Grecia y Roma, existían danzas de la fertilidad y las representaciones fálicas eran comunes. El Papiro Kahoun (1900 a. C.) es el texto médico más antiguo conocido y un tratado pionero de ginecología, que incluía el diagnóstico precoz del embarazo y reconocía causas masculinas y femeninas de infertilidad.

En la civilización hebrea, la infertilidad era considerada un castigo divino y recaía exclusivamente en la mujer. Durante la Edad Media, la procreación tenía un gran valor, y los médicos medievales desarrollaron técnicas para diagnosticar la infertilidad, aunque a menudo atribuida a la mujer en Occidente. Curiosamente, un remedio para la infertilidad masculina de la época consistía en ingerir testículos secos de animales mezclados con vino.

El Renacimiento marcó un progreso significativo, y en el siglo XVII, Harvey presentó la Teoría Embriológica, superando la teoría del homúnculo. A. van Leeuwenhoek visualizó los espermatozoides, y en el siglo XVIII se describió el proceso de fecundación. John Hunter realizó la primera inseminación artificial exitosa en humanos en 1785. A pesar de estos avances, la infertilidad seguía atribuyéndose mayoritariamente a la mujer.

Los siglos XIX y XX vieron avances cruciales. En 1884, se documentó la primera inseminación artificial de donante. El desarrollo de la endocrinología reproductiva permitió el uso de hormonas para la estimulación ovárica. En 1944 se comunicó la técnica de fecundación in vitro (FIV), y en 1953 se demostró la capacidad de fertilización de espermatozoides criopreservados. El nacimiento de Louise Brown en 1978 marcó un hito histórico en la reproducción asistida.

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Pioneras en la Ciencia de la Reproducción

En el ámbito científico, figuras femeninas han realizado contribuciones trascendentales, a menudo enfrentando barreras y omisiones históricas.

  • Trótula de Ruggiero (siglo XI): Médica y profesora en la Escuela de Salerno, se especializó en ginecología y obstetricia. Sus tratados revolucionarios, como el “Passionibus mulierum curandorum”, desafiaron ideas preconcebidas sobre la salud femenina, como la supuesta relación de la menstruación con todas las dolencias o la atribución exclusiva de la infertilidad a la mujer.
  • Rose Epstein Frisch: Tras una pausa en su carrera para criar a sus hijos, retomó su investigación en Harvard. Sus estudios sobre mujeres, especialmente atletas, concluyeron que se requiere un mínimo porcentaje de grasa corporal para la menarquia y la regularidad menstrual. A pesar del escepticismo inicial, sus hallazgos se convirtieron en un pilar de la endocrinología reproductiva.
  • Karen Sermon: Pionera en el diagnóstico genético preimplantacional (DGP), desarrolló técnicas para detectar embriones con enfermedades monogénicas como la Tay-Sachs. Ha sido una fuerza impulsora en la mejora continua de estas técnicas y ha ocupado puestos de responsabilidad en organizaciones internacionales como la ESHRE.
  • Anna Veiga: Figura referente en reproducción asistida, dirigió el laboratorio de FIV que logró el primer bebé nacido por esta técnica en España. Sus investigaciones se extendieron al campo de las células madre, con más de cien publicaciones y una activa participación en sociedades científicas.

Estudios de Fertilidad en la Mujer Moderna

En la actualidad, la búsqueda de un embarazo puede requerir la intervención de especialistas y la realización de estudios de fertilidad. Se recomienda acudir a un especialista si una pareja lleva un año manteniendo relaciones sexuales sin protección y no ha conseguido el embarazo, o seis meses si la mujer tiene más de 35-38 años.

Pruebas Básicas de Fertilidad Femenina

El estudio de fertilidad femenina suele incluir:

  • Análisis hormonal: Evalúa niveles de hormonas como FSH, LH, estradiol, prolactina, progesterona y hormona antimülleriana (AMH) para valorar la reserva ovárica y la funcionalidad del ciclo menstrual. Se realizan extracciones de sangre en momentos específicos del ciclo.
  • Ecografía transvaginal: Permite observar el útero y los ovarios, detectar malformaciones uterinas y realizar un recuento de folículos antrales (RFA) para evaluar la reserva ovárica. También se suele realizar una citología vaginal para descartar infecciones.
  • Estudio del cariotipo: Análisis de sangre para detectar posibles alteraciones cromosómicas que puedan causar infertilidad. Es especialmente importante en casos de abortos de repetición o fallos de implantación.
  • Histerosalpingografía (HSG): Prueba de rayos X con medio de contraste para evaluar la estructura y permeabilidad de las trompas de Falopio y el útero. Puede diagnosticar malformaciones, miomas, pólipos o patologías tubáricas.
Diagrama del sistema reproductor femenino con puntos indicando dónde se realizan las pruebas de fertilidad.

Otras Pruebas Complementarias

En casos más complejos, se pueden realizar:

  • Histeroscopia (HSC): Exploración endoscópica del útero para diagnosticar anomalías no visibles en otras pruebas.
  • Biopsia endometrial: Muestra de tejido del endometrio para examinar anomalías celulares, o para realizar tests de receptividad endometrial (ERA) o evaluar el microbioma uterino (EMMA y ALICE).

El coste de un estudio de fertilidad femenino básico puede oscilar entre 150 y 400€, con pruebas adicionales como la histerosalpingografía o el análisis hormonal sumando entre 100 y 150€ cada una.

La Fertilidad: Un Viaje Histórico y Científico

La comprensión de la fertilidad ha evolucionado desde una asociación con lo divino hasta un profundo entendimiento científico. Desde la antigüedad, la infertilidad ha sido un desafío social y médico. Las "Venus" paleolíticas, con su énfasis en la figura femenina y la gestación, reflejan una preocupación ancestral por la continuidad de la especie.

Las técnicas de reproducción asistida y los avances en el diagnóstico genético preimplantacional han revolucionado la medicina reproductiva, ofreciendo nuevas esperanzas y modelos familiares. La preservación de la fertilidad femenina, a través de técnicas como la vitrificación de ovocitos, permite a las mujeres planificar su maternidad. La fertilidad, intrínsecamente ligada a la supervivencia y la perpetuidad, continúa siendo un tema central en la medicina, la sociedad y la ética.

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