La Fiesta de Pentecostés: Origen, Significado y Celebración

La Fiesta de Pentecostés es una celebración con profundas raíces tanto en la tradición judía como en la cristiana, y una palabra griega que significa "quincuagésimo". Conmemora eventos de gran importancia para la historia del pueblo de Israel y de la humanidad, ofreciendo también una oportunidad para profundizar el compromiso con Dios y experimentar una transformación espiritual.

Origen de la Fiesta de Pentecostés

El origen de la fiesta de Pentecostés se remonta a tiempos de Jesús y a la antigua tradición hebrea. Cincuenta días después de la Pascua, los hebreos ofrecían a Dios dos panes elaborados con trigo recién cosechado. Con esta fiesta, recordaban el tiempo en que, como pueblo de Dios, vagaban por el desierto sin tener un lugar donde sembrar ni cosechar su propio pan. Pero Dios les dio la tierra prometida, y desde entonces no les faltó qué comer. Ellos mismos sembraban, cosechaban y molían el trigo para preparar su pan, sin depender de nadie, solo de Dios. Por esta razón, con la fiesta de Pentecostés daban gracias a Dios por haber cumplido la promesa de darles una tierra buena.

Pentecostés en la tradición judía: Shavuot

Representación de la entrega de las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí

Para la tradición judía, esta fiesta es conocida como Shavuot, o la Fiesta de las Semanas, y se celebraba 50 días después de la Pascua. Es uno de los tres festivales principales que llevaban a cientos de miles de peregrinos a Jerusalén para una gran celebración. En Shavuot se celebra la entrega por parte de Dios de las Tablas de la Alianza en el Monte Sinaí. Durante la solemnidad de la Pascua se recuerda la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, un evento que no solo representa una liberación física, sino también un primer paso hacia una libertad espiritual.

En el libro de Éxodo (12:17), Dios instruye: “Y guardaréis la fiesta de los ázimos, porque en aqueste mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día en vuestras generaciones por costumbre perpetua”. Después de la liberación de Egipto, el pueblo de Israel llegó al monte Sinaí. El tiempo que tardaron en llegar al monte y recibir los Diez Mandamientos por parte de Dios, coincide con el tiempo que posteriormente Dios les dice que tienen que contar después de la solemnidad de la Pascua para celebrar otra solemnidad: la de las Semanas.

Esas siete semanas que debían pasar no eran un tiempo para esperar sin hacer nada; eran un período de preparación activa. En Éxodo (19:10-11), Dios le dice a Moisés: “Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos; Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, á ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí”. En el Monte Sinaí, Dios entrega los Diez Mandamientos a Moisés y muchas otras leyes y enseñanzas más, marcando un momento muy especial de compromiso, como se lee en Éxodo (20:1-2): “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos”.

Shavuot era originalmente el festival de la cosecha de trigo en la Tierra de Israel. La cebada madura alrededor de Pésaj, mientras que el trigo madura unos 50 días después, precisamente a tiempo para Shavuot. En la antigüedad, los peregrinos ascendían a Jerusalén y llevaban los primeros frutos de la cosecha de trigo al Templo. En Shavuot, también es costumbre leer el Libro de Rut, una historia conmovedora ambientada en los campos de Belén durante la transición de la cosecha de cebada a la de trigo. Rut, una viuda moabita, regresa con su suegra Noemí a Belén y sale a recoger cebada en el campo de Boaz, pariente de Noemí. Este encuentro llevó al matrimonio de Rut y Boaz, y al nacimiento de su hijo Obed, el padre de Jesé y abuelo del rey David. Según la tradición judía, el rey David nació y murió en Shavuot.

Pentecostés en el Nuevo Testamento: La Venida del Espíritu Santo

Qué sucedió en Pentecostés y por qué es importante

Para muchas tradiciones litúrgicas y eclesiásticas, el domingo de Pentecostés ocurre 50 días después de la Pascua y celebra el comienzo de la iglesia. El Pentecostés descrito en el Nuevo Testamento es un acontecimiento del siglo I en Jerusalén donde los apóstoles experimentaron un fenómeno extraordinario.

Lucas, el autor de Hechos, nos relata lo que ocurrió elaborando un relato que se ajusta intencionalmente a patrones y temas repetidos del Antiguo Testamento. Esta no es la primera vez que fuego divino y resplandeciente aparece de la nada y no consume nada. Las historias de Moisés y la zarza ardiente, el Monte Sinaí, el tabernáculo y el templo, todas incluyen un fuego que aparece cuando la presencia de Dios llega y marca su espacio de morada o templo. En Hechos 2, Lucas entreteje hipervínculos con esas escenas anteriores del fuego divino para darle un trasfondo a la historia de Pentecostés.

Cuando vemos el primer Pentecostés (en Hechos 2) en contexto, no se trata solo de que Dios le da a la gente habilidades multilingües al instante o la señal ardiente de la presencia del Espíritu Santo. Yahweh se le presenta a Moisés mediante el fuego de un arbusto ardiente llamado árbol de seneh (que se parece mucho a la palabra "Sinaí" y prefigura lo que sucederá allí más adelante). En esa famosa escena, Dios habla en el idioma de Moisés y le dice que está parado en tierra santa, lo que implica que ese lugar es como un templo. Moisés libera a su pueblo de la esclavitud y viajan al Monte Sinaí, donde un gran fuego arde en la montaña mientras se desata una tormenta de viento y fuego (relámpagos) (Éxodo 19:18-20). Al igual que antes, este fuego es señal de la presencia de Dios y marca esa montaña como la morada de Dios y un templo simbólico.

Más tarde, cuando se construye el tabernáculo sobre ese mismo Monte, Dios aparece en una enorme columna de fuego que sobrevuela por encima de aquel lugar. El fuego es señal de la presencia de Dios y marca ese espacio como su morada. Cuando Israel construye un templo permanente, el mismo fuego aparece como la "gloria de la morada" de Dios. Esta es una señal tangible de que la presencia de Dios se había establecido en su templo, en medio de la vida comunitaria de su pueblo.

El evento en Jerusalén

Ilustración del descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en Pentecostés

De acuerdo con el libro de Hechos de los Apóstoles (2:1-4), el día de Pentecostés todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente, vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchó toda la casa donde estaban sentados. Entonces aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.

Por aquellos días había en Jerusalén judíos devotos, llegados de todas partes del mundo. Estos, al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa?” Cada quien los oía hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua. En griego, "lenguas" puede referirse a idiomas humanos reales, y ese parece ser el punto de Lucas en Hechos 2:8. Los apóstoles de Jesús eran judíos y eran oriundos de la parte norte de Galilea de Israel, hablaban el mismo idioma. Llevar las buenas noticias de Jesús a todo el mundo solo con ellos iba a ser complicado, a menos que el mundo entero fuera a donde estaban ellos y ellos rápidamente se volvieran multilingües.

Lucas dice que había judíos que se encontraban en Jerusalén por la fiesta de Pentecostés, hombres piadosos procedentes "de todas las naciones bajo el cielo" (Hechos 2:5). El "mundo entero" había llegado a ellos. Cuando apareció viento y fuego, todos "estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar (a cada apóstol) en su propia lengua" (Hechos 2:6).

El fuego de Dios brilla con poder y no daña a nadie y enciende una revolución cósmica: la iglesia. La historia nos cuenta que Dios ahora mora dentro de la comunidad de seguidores de Jesús. Este templo vivo está formado por personas que actúan como Jesús; ponen fin al miedo y a la opresión con amor y le enseñan a la humanidad cómo amarse y bendecirse unos a otros en paz. Este es el momento en que el fuego divino de Dios identificó el nuevo templo, el nuevo lugar donde el Cielo y la Tierra se superponen, que es la comunidad de la iglesia formada por el pueblo de Jesús. No es una montaña ni un edificio hermoso ni un lugar o espacio sagrado: el templo de Dios se construye con hombres y mujeres inesperados.

Significado para la Iglesia Católica

Pentecostés significa en griego “cincuenta”, y hace referencia al número de días transcurridos después de la Pascua. Con Jesús, la fiesta tuvo un nuevo significado, pues el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, marcando el nacimiento de la Iglesia Católica. Este evento no es solo un recuerdo, sino que el Espíritu Santo sigue presente en la Iglesia actual, uniéndola, iluminando al Papa y a los obispos, santificándola y actuando a través de los Sacramentos. Sigue presente cuando los fieles elevan oraciones a Dios, cuando hacen el bien y forman comunidad.

El apóstol Pablo nos recuerda que este pacto en la época de los Apóstoles no es como el anterior en la época de Moisés. Hebreos (8:10) dice: “Por lo cual, este es el pacto que ordenaré á la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, Y sobre el corazón de ellos las escribiré; Y seré á ellos por Dios, Y ellos me serán á mí por pueblo”. En Efesios (1:13-14), Pablo escribe: “En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, Que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria”.

Lucas dice que, después de resucitar, Jesús se les apareció a los apóstoles y les habló "de lo relacionado con el Reino de Dios" (Hechos 1:3). Eso seguramente los encendió con emoción y esperanza. Durante siglos, Dios venía prometiendo que algún día acabaría con los imperios humanos dañinos estableciendo su propio imperio con nosotros: integrando plenamente su forma de vida en el Cielo con nuestra forma de vida en la Tierra. Con la unión completa del Cielo y la Tierra, el mal no tiene ningún lugar donde quedarse. Establecer el Reino de Dios significa ponerle fin al mal, lo cual no sucede mediante la fuerza violenta ni las amenazas coercitivas, sino a través de la bondad y el perdón paciente.

Emocionados con esas buenas noticias, ¡los apóstoles estaban listos para actuar! Pero Jesús hace eco del profeta Isaías y les dice que se queden en Jerusalén. Él quería que esperaran el tiempo en que "serían bautizados con el Espíritu Santo" haciendo eco del profeta Isaías (ver Isaías 32:15) y agregando que eso sucedería pronto (Hechos 1:4-6).

Los apóstoles preguntaron: "¿Señor, restaurarás en este tiempo el reino a Israel?". Y Jesús les dijo: "no les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas" (Hechos 1:7). Ellos estaban desanimados y confundidos, pero Jesús les aseguró que el bautismo del Espíritu Santo los empoderaría para que ser sus testigos en todo el mundo: en todas partes y, finalmente, a todas las personas (Hechos 1:8). Es el comienzo de un nuevo mundo. El mundo viejo crea enemigos y divide a las personas, afirmando falsamente que algunos son dignos de ser amados y que otros son desechables, ¡pero no es así en el Reino de Dios!

El Pentecostés provocó un esfuerzo internacional para incluir a todos, judíos y no judíos, en la familia de Dios. Isaías habló por Yahweh cuando escribió sobre este tipo de misión de antemano: "También te haré luz de las naciones, para que Mi salvación alcance hasta los confines de la tierra" (Isaías 49:6). Dios tiene su morada en las personas que dan testimonio de Jesús resucitado cuando eligen vivir en su camino de amor.

¿Cómo celebra la Iglesia Católica Pentecostés?

Detalle de vestimentas litúrgicas de color rojo

La Iglesia Católica celebra la fiesta de Pentecostés con gran solemnidad, pues con ella se corona y concluye la cincuentena pascual. Se celebra 50 días después del Domingo de Pascua.

Estas son algunas particularidades de la fiesta:

  • En las Misas se leen pasajes bíblicos que destacan la acción del Espíritu Santo y se enfatiza en la importancia de la comunión en Cristo.
  • Uno de los símbolos litúrgicos más importantes de esta fiesta es el uso de vestimentas sacerdotales de color rojo para simbolizar el fuego del Espíritu Santo, que, como fuego, penetra hasta lo más profundo del hombre.
  • Este día también se realiza la invocación al Espíritu Santo mediante la secuencia “Veni, Sancte Spiritus” (Ven Espíritu Santo).
  • Además de la novena de oración (que inicia después de la Ascensión de Jesús a los cielos) son comunes las Vigilias de Pentecostés. En ellas, las Iglesias reúnen y congregan a los discípulos de Jesús en la espera del Espíritu Santo.

Los fieles se reúnen en esta gran fiesta, como comunidad, para orar juntos, como una sola familia, con un solo corazón. Renuevan su compromiso evangelizador, dispuestos a anunciar a Jesús, que, habiendo muerto ha resucitado, y los envía a ser sus testigos, sostenidos con sus dones.

Oración al Espíritu Santo en Pentecostés

Espíritu Santo, prometido por Cristo Resucitado; origen y fuente de todos los dones; te pedimos en esta fiesta de Pentecostés que nos envíes tus Sagrados Dones para sostenernos, iluminarnos y así poder comprender y vivir mejor los misterios de nuestra redención. Amén.

Un compromiso de transformación

La Fiesta de las Semanas o del Pentecostés, además de ser una solemnidad en la que nos recuerda acontecimientos muy importantes para la historia del pueblo de Israel y de la humanidad, es también una oportunidad para profundizar nuestro compromiso con Dios y experimentar una transformación espiritual que nos acerque más a Él. La Fiesta de Pentecostés nos recuerda que estamos llamados a un compromiso profundo y continuo con Dios. No se trata solo de recordar eventos históricos, sino de vivir una vida marcada por su Ley y guiada por su Espíritu. El Pentecostés es una invitación a vivir una vida de compromiso y transformación. Al igual que los israelitas en el Sinaí y los discípulos en Jerusalén, estamos invitados a prepararnos, a santificarnos y a recibir con alegría y reverencia la presencia de Dios en nuestras vidas. Mientras participamos de esta solemnidad, renovemos nuestro compromiso con Dios. Permitamos que su Ley se inscriba en nuestros corazones y que su Espíritu nos guíe en cada paso.

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